[R-P] 60 años de Bretton Woods y el FMI
INFOR-MET
rmermet en yahoo.com.ar
Lun Jun 28 06:40:27 MDT 2004
Esto se le escapó a nuestro imprescindible fascista de
cabecera, quizas por estar abocado ahora a temas de
"genero". Saludos
Rolo
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CLARÍN SUPLEMENTO ECONOMICO Domingo | 27.06.2004
LA CREACION DEL FMI Y EL BANCO MUNDIAL
Bretton Woods, sesenta años atrás
Hace sesenta años, semanas después del Día D del
desembarco en Normandía, 44 países se reunieron en un
hotel de montaña de Estados Unidos para negociar el
orden económico de la posguerra.
Hace sesenta años, se sentaban las bases para una
etapa inédita de cooperación económica internacional.
Semanas después del Día D del desembarco en Normandía,
y de la lluvia de bombas V1 sobre Londres ordenada por
Hitler, representantes de 44 países se reunieron en el
mes de julio en Bretton Woods, Estados Unidos, con el
fin de negociar planes para el orden económico de la
posguerra.
La Segunda Guerra Mundial tardaría otro año en
terminar, pero desde hacía muchos años Estados Unidos
y Gran Bretaña venían haciendo aprontes para un "nuevo
orden" que acabara con el descalabro económico de
entreguerras, descalabro que, en gran medida,
contribuyó al estallido de la guerra.
Los organismos creados como resultado de la
conferencia de 1944 —el Fondo Monetario Internacional
y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento
(más conocido como el Banco Mundial)— pasaron a la
historia como las Instituciones de Bretton Woods, por
el hotel de montaña de New Hampshire donde los Tres
Grandes de las negociaciones se reunieron con sus
delegaciones.
Los Tres Grandes eran Henry Morgenthau, secretario del
Tesoro estadounidense, su negociador clave Harry
Dexter White, y Lord Keynes , por el Reino Unido. Como
Armand Van Dormael escribió en Bretton Woods: el
nacimiento de un nuevo sistema monetario (Macmillan,
1978), Bretton Woods en sí "no era más que un apeadero
de tren". Pero era la dirección postal del Mt
Washington Hotel donde "la belleza majestuosa del
lugar contrastaba enormemente con el alboroto
suscitado por el arribo de casi 700 personas de más de
40 países".
Una idea de Alemania
La cuestión del orden económico de la posguerra ya
había sido planteada por el Gobernador del banco
central de Alemania en 1940. Si bien la idea de que
los alemanes dominaran esos planes era risible (porque
los Aliados habían ganado la guerra), el episodio
impulsó al gobierno británico a hacer sus pro pios
preparativos.
La mayor parte del trabajo del lado europeo fue obra y
acción de Keynes, quien desde 1940 se abocó a las
negociaciones de "préstamo y arriendo", por las cuales
Estados Unidos ayudó a Gran Bretaña con fondos y
provisiones (si bien los términos de esta asistencia
en tiempos de guerra fueron el tema de fuertes y
prolongadas discusiones). Las negociaciones de
préstamo y arriendo condujeron a discusiones sobre las
relaciones de posguerra y sobre la necesidad de
garantizar que el orden económico posterior a 1945
mejorara el cuadro de deflación, proteccionismo y
devaluaciones competitivas de los años 20 y 30.
El objetivo principal del acuerdo de Bretton Woods fue
que las políticas de empobrecer al vecino dejaran
lugar a un sistema de tipos de cambio "fijos pero
ajustables". Esta meta debía ser acompañada por la
abolición, a su debido tiempo, de los controles de
cambios de la etapa bélica sobre los movimientos de
divisas.
Las negociaciones dieron lugar a muchas diferencias de
opinión sobre el margen adecuado para el ajuste de los
tipos de cambio, sobre el equilibrio del poder de
decisión entre gobiernos soberanos y el proyectado
Fondo Monetario Internacional, y sobre el calendario
del desmantelamiento de los controles de cambio. (Esto
fue con respecto a las transacciones corrientes; los
controles sobre los movimientos de capitales iban a
ser durante mucho tiempo, en la práctica, una parte
fundamental del mecanismo de Bretton Woods.)
Detrás de todo estaba el traspaso, durante la guerra,
del peso del poder financiero desde una Inglaterra
casi quebrada a unos Estados Unidos todopoderosos.
Keynes consideraba al oro una "reliquia bárbara" y
quería que su importancia se redujera en el nuevo
concierto económico. White sabía bien que los
banqueros estadounidenses querían que el mundo se
rigiera por un patrón dólar y que Nueva York, no
Londres, fuera la capital bancaria mundial. Pero White
y el gobierno de los Estados Unidos fueron menos
sensibles a las preocupaciones por el vínculo entre el
oro y el sistema monetario internacional que Keynes y
los británicos, que todavía tenían fresco el recuerdo
del desastroso retorno de Gran Bretaña al patrón oro
en 1925.
Técnicamente complejo
Lo que iba a conocerse como el acuerdo que condujo a
una "edad dorada" de crecimiento económico y
cooperación internacional acarreó todo tipo de
problemas en el Congreso estadounidense y el
Parlamento británico. Como señala Van Dormael:
"Redactado en un lenguaje que los economistas
profesionales admitían no entender, ya de por sí
materia de diferencias por el significado de ciertas
cláusulas, el acuerdo de Bretton Woods, lleno de
tecnicismos complejos, estaba muy por encima de las
posibilidades de prácticamente todos los
legisladores."
Hubo desavenencias en cuanto al grado de influencia
que un país debía ejercer sobre la magnitud de
cualquier devaluación que el acuerdo prescribiera, y
sobre el alcance de medidas de emergencia, como los
controles de importaciones, que se permitiría aplicar
a los países.
Al final, la ofuscación y la ambigüedad desempeñaron
un rol decisivo para que el acuerdo de Bretton Woods
fuera ratificado por el Congreso y el Parlamento.
Uno de los puntos clave que Keynes tuvo que hacer
entender a los británicos fue que, pese al hecho de
que el sistema de Bretton Woods sería conocido como
"un patrón oro" de las monedas, éste no implicaba una
vuelta al viejo patrón oro. Las políticas
gubernamentales frente al nivel de producción y empleo
serían determinadas por la necesidad de evitar la
deflación, no por la magnitud de las reservas de oro
de un país ni por el nivel de producción de oro de las
minas de Sudáfrica.
Pero aunque la leyenda impresa en los billetes
bancarios británicos "páguese al portador a la vista
la suma de equis libras" hacía mucho que había dejado
de significar que el Banco de Inglaterra entregaba oro
a cambio de billetes, el sistema de Bretton Woods
conservó la "reliquia bárbara" porque, según White,
"no estaba en cuestión una posible incapacidad de
cambiar dólares por oro para establecer equilibros
internacionales".
El principio del fin
Pero sí estaba. El sistema de Bretton Woods funcionó
bien en los años 40 y 50, pero sufrió presiones en los
60. Los británicos devaluaron en 1949 y 1967. Alemania
revaluó a fines de los años 60. El crecimiento
económico fue impresionante. Pero a comienzos de 1960,
cuando Estados Unidos pasó de ser superavitario a ser
deficitario en sus pagos internacionales, el
economista estadounidense Robert Triffin cuestionó la
capacidad de EE.UU. de mantener un déficit de cuenta
corriente por tiempo indefinido. En algún momento,
otros países se cansarían de poner su dinero en letras
del Tesoro estadounidense. Cuando aumentó el costo de
la Guerra de Vietnam, fueron los franceses, bajo de
Gaulle, quienes exigieron oro por sus dólares.
Estados Unidos abandonó el patrón oro en diciembre de
1971 y devaluó el dólar, bajo el Acuerdo Smithsoniano.
El presidente Nixon lo describió como el acuerdo
monetario más importante de la historia. Para febrero
de 1973, con Nixon nuevamente en el poder, el resto de
los acuerdos de Bretton Woods fueron anulados y el
mundo adoptó un régimen de monedas flotantes.
Hasta hoy, pese a todas las crisis petroleras y
financieras, no hemos vuelto a los años 30. Pero las
fluctuaciones de las monedas ahora son tan extremas
que se plantea este interrogante: ¿es tiempo de otra
reunión en Bretton Woods?
TRADUCCION DE SUSANA MANGHI
El Fondo Monetario cambió de tarea
Cuando el sistema de cambios fijos de Bretton Woods
cayó, el FMI se recicló como asesor y supervisor de
países subdesarrollados con crisis de deuda.
El sistema de "cambios fijos aunque ajustables"
colapsó en década de 1970, pero eso no significó que
la famosa institución creada para manejar el viejo
sistema cayera junto con él. Así como el Banco de
Pagos Internacionales —creado en entreguerras para
manejar las reparaciones alemanas— sobrevivió en
Basilea como "el banco de los bancos centrales", el
FMI evolucionó y se adaptó al nuevo mundo de los tipos
de cambio flotantes, la inflación y las problemáticas
surgidas de las dos crisis petroleras de los años 70.
Sorprende al recordarlo, pero desde la inauguración
del sistema de Bretton Woods poco después de la
Segunda Guerra Mundial hasta el Acuerdo Smithsoniano
de diciembre de 1971, los tipos de cambio, excepto
cuando se los devaluó o revaluó (al alza)
concertadamente, se mantuvieron dentro de un rango del
1%, en más o en menos, de los tipos "centralmente
acordados".
Para febrero de 1973 estaba claro que la devaluación
del 10% del dólar en 1971 no era suficiente para
restablecer el equilibrio de la economía
internacional; el yen subía, y el secretario del
Tesoro estadounidense George Shultz declaró que EE.UU.
"no asume obligaciones de intervenir en los mercados
de divisas", y abolió los controles de capital. El
presidente del Bundesbank, Otmar Emminger, anunció que
los mercados financieros, al poner una presión
insoportable sobre el "sistema" habían hecho sonar "el
toque de defunción del sistema de paridades de Bretton
Woods".
Las monedas de la Comunidad Europea también flotaron
frente al dólar. Shultz añadió: "Santa Claus murió".
En palabras del historiador del FMI Harold James,
"EE.UU. no iba a actuar como salvador monetario
internacional si eso implicaba alterar las
perspectivas de reelección del presidente Nixon".
Los europeos —y los franceses en particular— buscaron
toda la estabilidad que pudieron ante un mundo que
cambiaba y ante el "desinterés benigno" de EE.UU. En
marzo de 1972 formaron una "serpiente monetaria" según
la cual las divisas de los países de la CEE sólo
podían moverse unas respecto de las otras dentro de un
margen del 2.25.
Los intentos, en los 70, de reanimar el sistema de
Bretton Woods resultaron inútiles, Entre septiembre de
1972 y enero de 1974, el Comité de los 20 (C20)
examinó alternativas, pero llegó a la conclusión de
que "los altos niveles de inflación hacen difícil
mantener los valores o, más en general, tener un
sistema internacional ple namente estructurado".
Las posiciones habían cambiado respecto de la
inmediata posguerra. Los europeos querían la
convertibilidad de los dólares en oro y monedas
extranjeras; EE. UU. prefería limitarla. EE.UU. quería
un mecanismo automático para obligar a los países con
superávits a reducir esos superávits de divisas
externas, pero los europeos —especialmente los
alemanes— se oponían a los planes de medidas
expansionarias de los grandes países acreedores.
Shultz insistía: "Las desproporcionados avances o
retrocesos de las reservas pueden ser el indicador más
equitativo y efectivo que tenemos para guiar el
proceso de ajustes". El C20 acordó en marzo de 1973
que había "necesidad de una estabilidad del del
mercado y de una vigilancia del Fondo sobre las
políticas de tipo de cambio".
Pero a la OPEP —la Organización de los Países
Exportadores de Petróleo— no le gustaba el modo en que
sus ganancias (el petróleo cotizaba en dólares) se
habían devaluado con el dólar. Recurrieron al "arma
petrolera". El precio del crudo se quintuplicó entre
1973 y 1974. Eso aceleró una ya peligrosa inflación en
los países industriales.
Para enero de 1974, Johannes Witteveen, director
ejecutivo del FMI, decía, mientas el C20 tiraba la
toalla: "en la actual situación una medida grande de
flotación es inevitable y hasta deseable". Para Paul
Volcker, para entonces un alto funcionario del Tresoro
estadounidense, el FMI podría pasar a ser más
importante en un sistema no Bretton Woods.
En 1976, Inglaterra tuvo que resignarse a la ignominia
de un pedido de ayuda a la entidad. Entre 1973 y 1974
las ganancias de la OPEP habían pasado de US$ 33.00
millones a US$ 108.000 millones. Muchos de esos
productores, en especial Nigeria, eran del "área de la
esterlina" y tenían sus fondos en Londres. Esa
práctica mantuvo la libra artificialmente alta en 1974
y 1975, pero la crisis de la esterlina surgió cuando
Nigeria y otros diversificaron sus fondos en 1976.
Vigilar y enderezar
Gran Bretaña fue el último país grande que le pidió al
Fondo. Después, el FMI se involucró cada vez más en
los países en desarrollo y en una serie de crisis de
deuda que afectaron a México, Brasil y otros en los
años 80. Una de las principales razones para esas
crisis fue que, con aliento oficial, los bancos
"reciclaban" el excedente de fondos de la OPEP hacia
países en desarrollo, por lo general sin tomar en
cuenta los riesgos o la calidad de las políticas
económicas y financieras de los países tomadores.
El proceso de reciclado tuvo un nuevo impulso en 1979,
cuando la OPEP anunció otro gran aumento del petróleo.
Como señala el historiador del FMI Harold James, la
crisis de la deuda devolvió al FMI al centro del
sistema financiero internacional "primero como
coordinador (de préstamos y rescates) y luego como
fuente de información, asesoramiento y advertencia
sobre la coherencia mutua de las políticas económicas
de los países" .
En ese simple enunciado se encierran varias décadas de
controversia sobre el FMI, sobre el impacto de sus
políticas y sobre la sensibilidad (o lo contrario) de
su enfoque. Entre los críticos figura el
estadounidense Joseph Stiglitz, ex economista jefe del
Banco Mundial, quien dice en su best seller Los
fabulosos noventa: "Combatimos la privatización de la
seguridad social en nuestros países, mientras la
presionábamos en el exterior. En casa combatíamos
contra la enmienda del equilibrio presupuestario, que
hubiera limitado nuestra capacidad de usar políticas
fiscales expansionarias en caso de un revés; pero en
el exterior, imponíamos políticas fiscales
contractivas a países que estaban cayendo en
recesiones".
El rol del FMI post Bretton Woods pasó al "manejo de
crisis y prevención de crisis". Su historial, tanto en
América latina como en Asia, por ejemplo, es mixto.
Más de una economía en desarrollo ha desesperado por
su ayuda, pero Malasia se las arregló sin las
prescripciones del FMI-Tesoro estadounidense después
de la crisis asiática de 1997. Y el rescate de la
economía surcoreana ese año dependió más directamente
de las negociaciones del tesoro de EE.UU. con los
bancos comerciales.
En palabras de Paul Krugman, el FMI, en el mundo de
los tipos flotantes "viene a ser casi como una especie
de calificadora de bonos". Da el "sello de aprobación
de buen manejo de la casa a los programas de los
países".
TRADUCCION DE CLAUDIA GILMAN
gentileza de Pablo D.Peker.
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