[R-P] Derrota del invasor brasilero
Silvia y Rodolfo Parbst
drparbst en ciudad.com.ar
Sab Jun 26 12:35:20 MDT 2004
Derrota del invasor brasilero
Quiero hoy evocar otra epopeya del pueblo argentino poco difundida.
Desconozco porque la historia oficial se empeña en mantener en el olvido
actos heroicos como éste, o como le defensa de Martín García enviado hace
poco también a la lista.
Se trata de la defensa de Carmen de Patagones ante la invasión de Brasil.
Carmen de Patagones, pintoresca ciudad ubicada en el lugar más austral de la
Provincia de Bs. As. cuenta con una rica historia, desconocida para la
mayoría de los habitantes de nuestro país.
Francisco de Viedma y Narváez, integrante de la expedición de Juan de la
Piedra, funda esta población un 22 de abril de 1779, sobre la margen derecha
del río Negro, pero una creciente lo decide a cambiar el asiento de "El
Carmen" trasladándolo a la orilla izquierda, más alta y segura. Las familias
colonizadoras comienzan a llegar el 2 de octubre del mismo ano, desde León,
Galicia, Asturias y La Maragatería, (de allí que a los nacidos en Patagones
se los llama maragatos). Estas familias iniciaron una vida dura, penosa y
erizada de peligros, especialmente por la enorme distancia que los separa de
todos los centros poblados.
La agricultura, la ganadería, la sal, la grasa, el pescado, la harina, la
carne salada, los lobos marinos, el cuero, los jamones, fueron su fuente de
recursos. Su puerto fue de gran importancia, ya que a él llegaban barcos
pesqueros de todas las banderas.
Esta ciudad adoptó su denominación en homenaje a su Patrona, Ntra. Sra. del
Carmen y a los Patagones, indígenas que poblaban el sur, así llamados por
Hernando de Magallanes.
Con relación a Nuestra Sra. del Carmen hemos de decir que con fecha 4 de
julio de 1779, el fundador Francisco de Viedma, desde el primitivo asiento
de esta población solicitaba al Virrey Vértíz una efigie de esta Virgen por
haberla elegido como Patrona: además de la devoción que inspira pudo haber
influido en su elección la denominación de Nuestra Sra. del Carmen y Animas
que llevara el primer bergantín que navegó el Río Negro, piloteado por
Basilio Villarino, que integraba la expedición fundadora.
Para el día 16 de junio de 1780 la efigie ya estaba colocada en el altar de
la pequeña Capilla del Puerto y asiento del Carmen.
Según la tradición alrededor de esta virgen se apretó la población entera en
los momentos de angustia y peligro, frente al malón, al alzamiento de
confinados y muy especialmente ante la invasión brasileña.
El Carmen de Patagones, asentado a horcajadas sobre la gran corriente
fluvial rionegrina, vivió largos años en plena soledad. Pero a pesar de ello
tuvo momentos de grandes urgencias, de tremendas responsabilidades, tales
los vividos en el año 1827 cuando supo enfrentar y vencer una bien
organizada expedición brasileña integrada por 6l3 hombres bajo el mando del
capitán de fragata inglés James Shepherd.
Un día de 1825, presagiando los acontecimientos que viviría el Fuerte del
Carmen en el futuro cercano, aparece frente a la barra del río Negro un
bergantín brasilero de guerra, disfrazado de mercante. Los brasileros, con
dos botes, desembarcan una pequeña fuerza. El comandante del Fuerte,
Lacarra, la pone en fuga y persigue vía terrestre por la margen norte,
mientras el juez de paz, Alfaro, lo hace por el sur. Alfaro logra rendir a
los invasores.
Recién en enero del año siguiente, llega al fuerte la noticia de la
declaración de guerra al Brasil.
El gobierno nacional otorga varias patentes de corso para dañar el tráfico
marítimo enemigo. A causa de los reiterados bloqueos que sufren los puertos
del Plata, los corsarios eligen al puerto de Patagones para esconder sus
presas. Sólo el corsario "Lavalleja", al mando de Bibois Fourmantin (el
padrino de Casimiro Biguá), que se aventura frente a las propias costas
brasileras, logra apresar unos 20 barcos mercantes enemigos.
Jaime Harris construye las instalaciones para una batería de 4 cañones en
cercanías de la casa del práctico, sobre la margen norte, para protección de
la barra del río Negro.
Mientras, el almirante Brown ponía en fuga a una escuadra brasilera en el Co
mbate de los Pozos.
Rivadavia envía a Patagones al coronel Felipe Pereyra, quien lleva refuerzos
y armas.
Dado que Patagones es base de buques corsarios, ahora reside aquí un gran
número de marineros extranjeros, desocupados, sin medios de subsistencia
debido a la inactividad del "Lavalleja"; además, viven más de 300 negros
libertados por éste corsario. Las cosas están muy complicadas en Patagones,
donde se vive un clima de inseguridad por partida doble. Por esto, Lacarra
es un poco más severo de lo que los vecinos destacados consideran necesario,
y no simpatizan con él. El puerto bulle de actividad. Aún hoy, si se camina
por la costanera de Carmen de Patagones, es posible imaginar el colorido de
esa época.
Alertado sobre la posibilidad de una invasión brasilera, Lacarra pide a
Buenos Aires pólvora de cañón; le responden que la compre a los corsarios.
Desde diciembre de 1825 Argentina se hallaba en guerra con el Imperio del
Brasil. El derecho de pertenencia del territorio actualmente uruguayo había
provocado el conflicto
Brasil bloquea el puerto de Buenos Aires, en 1827, y se desploma el
comercio; el gobierno deja de pagar los reembolsos del préstamo inglés e
inunda la ciudad de papel moneda, acelerando la inflación. El gobierno de
Brasil ordena al capitán de fragata James Sheperd una operación sobre
Patagones. Son aprontadas las naves "Duqueza de Goyaz", "Itaparica",
"Escudero" y "Constancia".
A raíz del bloqueo del puerto de Buenos Aires por la escuadra imperial, el
apostadero naval rionegrino se había transformado en el seguro refugio de
nuestros corsarios que atacaban valientemente el poderío naval enemigo.
El botín de guerra, los negros esclavos arrancados a los veleros que se
dedicaban a tan infame tráfico, los prisioneros, todo era desembarcado en
Patagones, lo que dio origen a una activación inusitada en la vida maragata
de aquel entonces. La riqueza llegó a la zona y las familias hasta ese
momento de vivir sencillo, aldeano, conocieron el lujo traducido en muebles
finísimos, porcelanas, tapices, pianos, sedas, encajes, en fin, todo un
mundo de "Las mil y una noches" que trastocó el clima apacible y monótono
del último pueblo de la tierra, como alguna vez se le llamó a Carmen de
Patagones.
Brasil se sintió herido profundamente en sus intereses por el éxito del
ataque de los corsarios a su comercio marítimo y con el fin de arrasar
batería y población del punto que había alcanzado a asumir tan importante
papel en la guerra, resolvió enviar una poderosa escuadra al río Negro.
Mientras el puerto de Buenos Aires sigue bloqueado, Sheperd zarpa de
Maldonado al frente de su escuadra, provista de unos 30 cañones y 613
hombres, con destino al sur. El segundo de Sheperd es el capitán Guillermo
Eyre.Lacarra, por su parte, dispone de 150 infantes, 100 vecinos y gauchos,
además de los corsarios extranjeros y los "tragas". Una batería de 4 cañones
en la boca del río, otra en el cerro de la Caballada y una más en lo de
Rial, a mitad de camino entre el Fuerte y la desembocadura del río, sobre la
margen norte. Dispone también de barcos corsarios: el "Hijo de Mayo" al
mando de James Harris, el "Hijo de Julio" cuyo capitán es Fourmantin y el
"Oriental Argentino". El 27 de febrero aparecen frente a la desembocadura
del río Negro, los cuatro buques brasileros disimulados con nuestra bandera
nacional. Lacarra adelanta a todos sus efectivos hacia la boca del río.
El 28 de febrero de 1827 cuatro naves forzaron la barra. Una de ellas varó y
se hundió pocos días después. Desde la batería de la boca se hostilizó a la
fuerza invasora; pero sin resultado, dado la escasez de municiones. En esta
acción los criollos perdieron dos soldados de la infantería negra del
coronel Felipe Pereyra y un oficial corsario, el valiente Fiorián, "a quien
su bravura condujo a una muerte gloriosa".
Durante siete días los imperiales actuaron con demora y desorganización,
dando tiempo a Patagones a organizarse y a poner al fuerte en estado de
defensa.
El 6 de marzo, a las 21, los brasileños echaron a tierra un grupo explorador
a legua y media de la batería de la boca. Luego de un reconocimiento de la
zona, el citado grupo se repliega hacia la costa donde permanecía embarcado
el grueso de la expedición. Se supone que desde las 23, aproximadamente, los
brasileños realizan las tareas de desembarco de una columna de infantería
que tendría por misión atacar el fuerte de Patagones. Después de las dos de
la madrugada del día 7, dicha columna de infantería emprende la marcha en
dirección al Carmen. Al principio mal conducida por su baquiano, se pierde
en el monte, mas luego, retomando buen camino, aparece sobre el Cerro de la
Caballada al amanecer.
Carmen de Patagones esperaba a pie firme al invasor. El capitán de baqueanos
Molina, "más indio que los indios mismos", con sus hombres (conocidos como
los "tragas") se presenta al comandante del Fuerte, en Patagones, poniéndose
a sus órdenes. En el monte, el subteniente ,mendocino don Sebastián Olivera
y sus 80 milicianos (chacareros, hacendados, artesanos y comerciantes); en
el río, los corsarios Jaime Harris, Soulin y Dautant y sus tripulaciones
bajo las ordenes del comandante Santiago Jorge Bynon y en el fuerte las
mujeres, los niños y los viejos junto a la infantería negra del coronel
Pereyra. dispuestos a todos vender cara la vida y a defender hasta la última
gota de sangre el honor de la nación.
En el Fuerte, las mujeres y los niños hacen número usando gorros de uniforme
para hacer creer al enemigo que el número de los defensores es mucho mayor.
Las mujeres son organizadas por doña Eustaquia Miguel de Rial. El 3 de marzo
se hunde el "Duqueza de Goyaz" y el "Itaparica" queda varado sobre la margen
izquierda del río, cerca del estacionario de los prácticos. El enemigo no
contaba con experiencia para sortear la barra del negro, ni práctico que lo
guiase. Dos días más tarde, brasileros desembarcan en lo de Rial, sobre la
banda norte del río. También desembarcan sobre la banda sur, pero éstos
posiblemente sean tripulantes del hundido "Duqueza de Goyaz".
El 6 de marzo, con vientos en contra, Sheperd ordena el desembarco masivo.
Se supone que desde las 23 hs. del día 6 de Marzo los brasileños realizaban
las tareas de desembarco de una columna de infantería que tendría la misión
de atacar el fuerte de Patagones
Serían las 6,30 de la mañana cuando las armas invasoras brillaron al sol
sobre el cerro. Nuestros buques les asestaron sus cañones y si bien sus
tiros no hicieron blanco por la situación de la columna brasileña sobre uno
de los flancos del paraje, expresaron elocuentemente la energía con que se
había preparado la defensa.
Olivera, en tanto, realizaba desde su posición una descarga de fusilaría que
dejaba agonizante, en el suelo pedregoso, al jefe de la expedición imperial,
Capitán Shepherd. La columna, agotada ya por la larga marcha de la noche
anterior y sedienta, viéndose sin jefe, sintió quebrada su moral y comenzó a
retroceder buscando su salvación en la costa del río; pero Olivera, en
formidable carga de caballería, la arrolló y quitándole el recurso del agua
la metió en el monte que, envuelto en llamas, era un verdadero infierno.
El arrojado subteniente mendocino, a cuyas ordenes peleaban el pueblo y los
gauchos de Molina, se incorporaba ese día a los anales del Ejército
Argentino como una clara figura de epopeya.
En tanto esto ocurría en tierra, el comandante Bynon, viendo que la
población no corría peligro ya, bajó sus naves en procura de la escuadra
imperial, asaltando y rindiendo dos de sus tres buques: el bergantín
Escudillar y la goleta Constancia.
Sólo la Itaparica, la esbelta corbeta, quedaba por tomar; era el ultimo
reducto de los invasores, pues su tropa terrestre ya había rendido sus armas
al atardecer.
Bynon marinó con tropa republicana a los dos barcos apresados y los
incorporó a los cuatro vencedores: La Bella Flor (la capitana), del propio
Bynon; las Emperatris, de Harris; la Chiquinha, de Soulin, y el Oriental
Argentino, de Dautant.
Con su escuadrilla as¡ reforzada, el bravo marino galés se dirigió hacia la
Itaparica y le intimó rendición. El comandante brasileño ordenó a sus hombre
s responder a cañonazos; pero ,estos no le obedecieron y debió rendirse sin
otra condición que la de ser tratado como prisionero de guerra.
Tirados los ganchos y las escalas desde la Bella Flor, el primero que salta
a la Itaparica es Juan Bautista Thorne, un valiente marino norteamericano, a
quien correspondió también el honor de arriar el pabellón de combate
brasileño.
Eran las 22 horas. Los postreros resplandores del incendio iluminaban el
horizonte. Los cañones acallados, habían dejado un extraño silencio en el
río y en los cerros, silencio que se hacía más profundo en el rítmico
galopar de los cascos de un caballo. Era el mensajero de la victoria,
Marcelino Crespo, un muchacho de 17 años que, en pelo, iba llevando al
fuerte la noticia de la rendición de las tropas invasoras.
Siete banderas se tomaron a los invasores en la acción del 7 de marzo de
1827.El pueblo, henchido de entusiasmo y de agradecimiento, depositó los
trofeos bajo la custodia de la Patrona, Nuestra Señora del Carmen, donde son
veneradas religiosamente por la población maragata. Dos banderas imperiales
tomadas en la acción aún se conservan en la Iglesia Parroquial de Patagones.
El 7 de marzo de 1827, significa en los anales de la Patria haber salvado la
soberanía Argentina sobre las inmensidades patagónicas.
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular