[R-P] Clelia Luro: Opción por los pobres, Helder Cámara y Jerónimo Podestá

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Jue Jun 24 09:29:18 MDT 2004


[El reportaje, publicado por la _Cloaca Adventicia_, es excepcional.

Pero yo, de puro jodido que soy, rescato solamente unas frases 
provocativas que tienen mucho que ver con cosas que vinimos diciendo 
estos días (1) sobre el valor político de la coherencia y (2) sobre 
el papel de la ideología eclesiástica tradicional en la defensa de la 
sociedad de clases.

1) "La lucha no era sólo contra el celibato, sino por una Iglesia 
democrática, horizontal, comprometida con el mundo, con la 
justicia... Algunos curas no querían discutir el celibato para no dar 
otro flanco en la Iglesia y tomaban distancia. Pero no hay revolución 
sin revolucionarios. Si no hacés la revolución en vos mismo antes que 
nada, para ser coherente con tu existencia, en primero querer la 
Justicia en vos y quererla en los demás, se trata de una militancia 
hueca que, cuando llegás al poder, te corrompe.  Nosotros queríamos 
un camino de coherencia, aceptamos la marginación, porque Jerónimo 
tuvo cinco años de exilio político, pero toda la vida de exilio 
dentro de su propia Iglesia. Era un dolor fuerte para él. Veía una 
Iglesia que no avanzaba. Pero era muy seguro de sí mismo, de lo que 
hacía y nunca tuvo rencor en el corazón, siempre perdonó todo. Yo 
creo que le tenían una especie de temor...". 

(2) "Después que terminó el tema del comunismo, el Papa habla del 
capitalismo salvaje sin problemas, pero antes no era así."] 

Gentileza de "NAC&POP" <nacypop en ciudad.com.ar>


Hoy, 23 de junio, se cumplen 4 años de la partida de Jerónimo 
Podesta.

CLELIA LURO, MUJER Y COMPAÑERA 
DEL OBISPO JERONIMO PODESTA

La historia de amor que hizo cimbrar al Vaticano  
PAGINA 12/ Reportaje de Luis Bruchstein 
 

El amor entre Clelia Luro y el obispo Jerónimo Podestá y la decisión 
de ambos de vivirlo públicamente porque creían en una Iglesia 
democrática y comprometida con la realidad hizo cimbrar al Vaticano 
en 1967. Siempre tuvieron el apoyo del combativo monseñor Helder 
Cámara de Brasil.

Clelia Luro era una mujer separada, de 39 años, y con seis hijas 
cuando conoció en 1966 al obispo de Avellaneda, monseñor Jerónimo 
Podestá, de 45 años, quien para muchos estaba llamado a convertirse 
en cardenal primado. Sus compañeros de promoción habían sido los 
obispos Eduardo Pironio, Antonio Quarracino, y también de Raúl 
Primatesta. Ambos se enamoraron y decidieron que su unión debía 
reafirmar sus convicciones sobre la Iglesia. Podestá dio una lucha en 
dos frentes: por un lado el compromiso social que cobraba fuerza 
entre los sacerdotes y por el otro hizo público su amor por Clelia. 
Fue duramente presionado por obispos y por las autoridades militares, 
viajó a Roma, habló con el Papa, hasta que finalmente fue obligado a 
renunciar. Desde el llano ambos se convirtieron en presidentes de la 
Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados hasta la muerte de 
Podestá a los 79 años, el 23 de junio pasado.

--Había vivido diez años en un ingenio azucarero de los Patrón 
Costas. Me había concientizado allí. De Santa Fe y Callao, de pronto 
me casé y me fui a vivir al ingenio en Salta y empecé a vivir la 
realidad de los indígenas, la realidad del país. Era de una familia 
de clase media alta y no había tenido la oportunidad de vivir el 
drama de la gente. Había tomado cursos de medicina preventiva en la 
Cruz Roja, entonces agarraba el caballo y me iba a los huetes, las 
chozas de la zafra en Orán, a enseñar a alimentar a los niños, 
colaboraba con el médico del ingenio, hacía prevención, porque los 
chicos allí morían como moscas. De chica tenía una visión muy fuerte 
del Evangelio, del mensaje de Jesús, que no compaginaba en mí con la 
institución Iglesia. Entonces ahí pude desarrollar lo que había 
sentido, porque había querido ser monja. Me di cuenta de que no era 
necesario ser religiosa para trabajar con la gente.

--¿Y había leído teología, cuestiones sociales...?

--No, solamente el Evangelio. Me eduqué en el Colegio del Sagrado 
Corazón donde me echaban de las clases por rebelde. Orán fue 
madurando mi visión. Después me separé y vine a Buenos Aires con 
cinco hijas y embarazada de la más chica. Las puse pupilas en el 
colegio hasta que conseguí tenerlas, pero para eso tenía que 
trabajar. Años después quedé viuda. Entonces empecé en una empresa de 
ahorro y préstamo para automotor, para la vivienda. Hablaba de dinero 
todo el día y estaba harta hasta que con un amigo publicamos la 
revista _Imágenes del país_. En el Norte había quedado un cura que 
estaba alcohólico. El obispo de Salta, que me había ayudado en la 
separación, me sugirió que hablara con algún obispo para traer al 
cura Francisco. Llamé a Jerónimo y nos conocimos. Ha escrito páginas 
muy lindas donde cuenta cuándo me conoció. Dice que le impactó mi 
fuerza, que lo ayudé a abrirse. Fue encontrarse con lo femenino y sin 
peligro porque yo lo que pedía era por ese cura. Viajamos al Norte a 
buscar a este sacerdote que estaba tirado en la cama borracho y lo 
trajimos a Avellaneda y a partir de allí empecé a trabajar con él. 
Jerónimo era un líder en el país, era el obispo de los obreros, 
cualquier problema, huelgas, paros, él estaba con ellos. 

--¿Pero para ustedes fue muy importante el encuentro con monseñor 
Helder Cámara?

--Había una reunión del Celam en Mar del Plata y yo había oído hablar 
de Helder Cámara. Le dije a Jerónimo que iría a Mar del Plata y que 
tenía que presentarme a Cámara. Nosotros todavía no éramos pareja, 
pero nos había unido mucho el trabajo, había cruces de corazón y de 
ojos y de todo... pero para mí era un amor imposible. Fui a Mar del 
Plata y allí apareció Cámara, un hombrecito pequeño, pero un 
verdadero gigante y a partir de allí hemos hecho un camino de a tres, 
porque Cámara cuando me conoció, me dijo que tenía la señal de Dios. -
Usted tiene una misión que cumplir me dijo. Cuando Jerónimo me lo iba 
a presentar apareció el Nuncio, que no me quería, y prefirió hacerse 
a un lado. Yo tenía credencial de periodista, así que lo esperé a la 
salida entre un grupo grande de periodistas y la gente. Vino derecho 
hacia mí, me agarró las manos y me dijo todo. Y Cámara le dijo a 
Jerónimo: -No tengas miedo de Clelia, porque Clelia va a ser tu 
fuerza. Para Jerónimo, el camino conmigo era un camino querido por 
Dios, un camino marcado, por eso tuvo fuerzas para afrontar todo lo 
demás.

--En esa época estaba Onganía y no quería dejar a venir a Cámara...

--En esa época, monseñor Plaza, a quien yo trato siempre de no 
nombrar en esta casa igual que a José López Rega, le había pedido a 
Jerónimo que tratara de controlar a Cámara. Jerónimo no me lo había 
contado. Helder me dijo: -Lo han puesto a monseñor Podestá para que 
me controle. Y yo le contesté: -Pero él no lo va a hacer. -Clelia, a 
cada país que voy me ponen a un obispo progresista para que me 
controle, me contó Cámara. Ibamos a tomar el desayuno en el hotel 
Provincial con Helder y Jerónimo sin darme cuenta de que me rodeaban 
obispos y cardenales, y que todos estaban observando este puente 
entre Jerónimo y Cámara conmigo. El nuncio y Plaza lo querían a 
Jerónimo porque era muy inteligente, era una figura muy destacada y 
además era un hombre dócil. Lo querían para nombrarlo cardenal 
primado, como fue después Quarracino. Se lo dijo el nuncio una vez y 
cuando vio que estaba yo de por medio y que Cámara se unía más a 
Jerónimo, empezó a sentir que se le iba de las manos en la línea de 
la Iglesia progresista.

--¿Qué efecto produjo Cámara en Podestá?

--Encontró la idea que buscaba, y además la fuerza, porque Cámara fue 
como un mensajero para nosotros. El nos unió y esa unión a través de 
Cámara siguió hasta el final, hasta el año pasado que fuimos en 
febrero a festejar su último cumpleaños, sus 90 años. Concelebró misa 
con Jerónimo. Hablaba todas las semanas por teléfono con Cámara y 
grabé como 50 casetes, él lo sabía, por supuesto. Porque la historia 
de Cámara es una historia aparte. Fue controlado y silenciado con una 
especie de muerte civil e intraeclesial después que dejó la diócesis. 
Pusieron ahí al arzobispo Cardoso que es del Opus Dei, que desarmó 
todo lo que había hecho. Cámara pasó quince años en Recife, en un 
cuartito, callado, sin hablar, silenciado, sólo hablaba cuando iba al 
exterior.

--¿Quarracino y Pironio habían sido compañeros de promoción de 
Podestá?

--Fueron compañeros y más o menos también Primatesta. Quarracino 
tenía una formación de tipo más social al principio. Incluso estuvo 
cuando comenzaron los curas del Tercer Mundo. Pero después lo 
llevaron al Celam y allí López Trujillo lo fue captando...

--Finalmente se hizo muy reaccionario...

--Sí, porque el poder corrompe. Si vos querés el poder en base a ir 
contra tus principios, si querés ir subiendo de esa manera, a la 
larga terminás así. No todos porque finalmente aquí tuvimos obispos 
como De Nevares, Devoto, Angelelli, Hesayne y otros pocos en la 
Argentina y cardenales en algunos países, sobre todo en Brasil, que 
son hombres fuertes que han mantenido sus ideales.

--¿Y Pironio continuó la relación que tenía con Podestá?

--Pironio era muy obediente, más espiritualista. Quarracino era más 
político. Pironio nos quiso mucho, pero tuvo que obedecer. Cuando lo 
sacaron a Jerónimo de Avellaneda, Pironio le dijo que iría a ocupar 
la diócesis el 8 de diciembre, pero apareció el 3 con carros de la 
policía a la vuelta de la Curia porque los obreros habían amenazado 
con tomar las fábricas. Eran órdenes de la Nunciatura. Tuvieron miedo 
de que Jerónimo se opusiera. Una vez lo fui a ver a Pironio y le dije 
que le venía a traer el perdón de su hermano. Medio emocionado me 
dijo: -Tuve que obedecer. Y yo le contesté: -Te felicito porque te 
probaron en la obediencia hasta actuar así con tu hermano y eso para 
Roma es muy importante, te van a llevar a Roma, te van a nombrar 
cardenal y descuidate que te hagan papa. Después de veinte años lo 
encontré en Roma en la Vía de la Conciliación y ya era cardenal, me 
dio un abrazo.

--¿Y con Quarracino no se hablaban?

--No, yo creo que Quarracino le tenía miedo a Jerónimo. Una vez lo 
fue a hablar y no lo recibió. Jorge Bergoglio, que lo reemplazó, no 
ha sido así, habló con Jerónimo, que lo consideraba un hombre 
inteligente y sensible y se ha portado completamente distinto, lo fue 
a visitar a la clínica cuando estaba enfermo, antes que muriera.

--¿Quiénes fueron los que más conspiraron contra Podestá en 1967?

--El nuncio Humberto Monzoni, que consiguió la subvención de Onganía 
a la Universidad Católica a cambio de la renuncia de Jerónimo. Estaba 
Plaza, que en tiempos de Illia le había pedido a Jerónimo que le 
resolviera un problema que tenía con un banco. Jerónimo no quería y 
Plaza había prometido que se vengaría. Fue el que viajó a Roma con el 
vicario de Jerónimo a hablar con el Papa. Yo creo que al Papa no lo 
podían sensibilizar en ese momento con el tema social. Jerónimo 
andaba por todo el país difundiendo la Populorum Progressio. Entonces 
buscaron atacarlo por el tema de la mujer. Y yo creo que Paulo VI era 
muy misógino y se sintió afectado. Este vicario y Plaza fueron a 
Roma. Después fue Jerónimo a hablar con el Papa. Le dijo: -Yo tengo 
un gran afecto por esta señora, no hemos pensado hacer pareja y me es 
sumamente necesaria, es un encuentro que me madura y me hace crecer. 
El Papa le dijo que tenía que prometerle que me arrancaría de su 
corazón. Y Jerónimo le contestó: -Usted no me puede pedir que 
arranque de mi corazón ningún sentimiento, me puede pedir que no haga 
escándalo, que no lo hago, pero el escándalo me lo están haciendo. Y 
después fue conmigo a Roma y me presentó al cardenal Benelli, 
secretario de Estado del Vaticano. Le dije que quería hablar con el 
sacerdote y con el hombre, no con el funcionario.

--Era la única mujer en ese mundo de hombres, en uno de los centros 
de poder más importante de Occidente...

--El problema era justamente ser mujer. Hablé con Benelli más de una 
hora. Cuando se ponía duro y en funcionario, le tomaba la mano y él 
volvía a aflojar. Le decía: -¿No ve que yo estoy trabajando con él 
nada más?, cuando celebramos la misa estamos en paz. "¿Y por qué 
habla en plural? insistía. -Bueno, porque en Argentina, después del 
Concilio, se dice: 'hemos celebrado la misa, demos gracias a Dios. -
Sí, pero él es el celebrante me decía. -Sí pero yo soy el pueblo de 
Dios, sin el pueblo no sirve nada le decía yo. Y todo el diálogo era 
así. El me decía: -Usted tiene que obedecer, Santa Teresa era 
obediente. -Santa Teresa era una desobediente, porque el nuncio Sega 
decía que no tenía que hablar y hubiera sido una monjita que nadie 
hubiera conocido, y ustedes hoy no la hubieran podido hacer doctora 
de la Iglesia, después de 400 años. -¿Y la virgen María? me decía él. 
Y yo le contestaba: -¿Quién estaba al pie de la cruz cuando murió 
Jesús? Las mujeres, los apóstoles tuvieron miedo; Jesús era el que 
les daba fuerza y muerto Jesús esa fuerza se la daban las mujeres, 
como María. 

--Esa discusión que parecía entre dos amigos estaba cuestionando gran 
parte de la estructura de la Iglesia...

--Estábamos en el Vaticano, pero yo siento que todos los seres 
humanos somos iguales, nada más que en este mundo cada quien ocupa el 
lugar que le toca, desde el panadero hasta el Papa. No me inhibía 
nada de todo eso.

--¿Usted era como la bruja, el demonio que había dominado a un 
obispo?

--Claro, un día el nuncio le dijo a Basilio Serrano que la Cuarta 
Internacional me había puesto junto a Podestá para destruir a la 
Iglesia. Todo era así. Al final Benelli me dijo: "Bueno, pero si 
ustedes se quieren pueden estar juntos, pero que no los vean, porque 
cómo una mujer va a estar influenciando a un obispo". Me harté y le 
dije que yo no iba a ser su amante escondida porque no era nuestro 
camino. -El y yo vamos a luchar juntos dentro de la Iglesia, y si me 
lo dice un funcionario como una amenaza, no me da miedo, si lo dice 
el sacerdote con dolor, se lo agradezco y rece por nosotros. Lo que 
yo quería y lo que hice siempre ha sido hablar lo que siento y lo que 
pienso. Como dice el Evangelio: se tira una semilla y cae en una 
piedra o en tierra fértil. No pensé en convencerlo y no sabía si me 
iban a entender. 

--¿Y después volvieron a Buenos Aires?

--Sí, porque estaba planificado un gran acto en el Luna Park para 
difundir la Encíclica Populorum Progressio. El único orador iba a ser 
Jerónimo. La gente se enfervorizaba en las charlas que daba Jerónimo 
sobre la Encíclica, era la voz de los sin voz. Y yo lo acompañaba 
siempre. El más molesto con Jerónimo era el general Juan Carlos 
Onganía que había asumido después del golpe del '66 y empezó a 
presionar para que lo saquen.

--¿Durante ese tiempo seguía la presión contra Podestá?

--Sí, llegaban cartas del Vaticano y demás. En las cartas no me 
nombraban, decían -la consabida persona, que se separara de esa 
mujer. -Deciles que me llamo Clelia bromeaba con Jerónimo. Estaba muy 
metida en el lío, fue una época muy brava... Y después Jerónimo 
renunció, se fue a su casa en el campo en Córdoba, le habían dicho 
que su madre estaba enferma, había una orden del nuncio de que no lo 
dejaran salir de ahí. 

Quedó incomunicado por un tiempo largo, fue todo muy turbio. La gente 
no entiende, lo simplifica. Que Jerónimo renunció a todo por mí es 
verdad también. Pero si yo no hubiera sido como soy, quizás no 
hubiera renunciado. El vio que éramos dos que mirábamos para el mismo 
lado y que íbamos a luchar juntos. Fui su compañera de lucha, ésa era 
la cosa.

--Esa lucha lo llevó también a ser amenazado y al exilio...

--En 1974 lo amenazó la Triple A, al día siguiente que mataron a 
Silvio Frondizi. Arturo, el ex presidente y hermano de Silvio, le 
aconsejó que se fuera. Fuimos a Roma y al salir del Vaticano Jerónimo 
dio una conferencia advirtiendo del baño de sangre que se cernía 
sobre la Argentina y que había pedido a la Iglesia que hiciera lo 
posible para evitarlo. La Iglesia es muy responsable de lo que pasó. 
Excomulgó a Perón por quemar templos de piedra, que ni siquiera lo 
hizo él, y no hacía nada a los militares que estaban torturando y 
asesinando. Yo entraba y salía del país y eso le dije a monseñor 
Adolfo Tortolo en el '76: ¿por qué no excomulgan a los militares que 
están haciendo eso? 

-En la época en que fue obispo de Avellaneda llegaron las ideas de 
Teilhard de Chardin. ¿Cómo vio esa propuesta Podestá?

-En Avellaneda, cuando Jerónimo era obispo se hicieron las primeras 
experiencias de los curas obreros. Y después, cuando se gestó el 
Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, también participó y empujó 
el movimiento.

--Pero Carlos Mugica era muy defensor del celibato...

--Con Carlos éramos muy amigos. Yo conversaba mucho con él y le decía 
que lo suyo era muy político. Ahora hay obispos y hasta cardenales 
que están de acuerdo con el celibato optativo. Pero nada madura si 
alguno no empieza a vivirlo y nos tocó a nosotros. La lucha no era 
sólo contra el celibato, sino por una Iglesia democrática, 
horizontal, comprometida con el mundo, con la justicia. Cuando no 
había ninguna asociación de derechos humanos, el hombre de la Iglesia 
que se jugaba era él. Estuvimos en Trelew y denunció la masacre. 

Algunos curas no querían discutir el celibato para no dar otro flanco 
en la Iglesia y tomaban distancia. Pero no hay revolución sin 
revolucionarios. Si no hacés la revolución en vos mismo antes que 
nada, para ser coherente con tu existencia, en primero querer la 
Justicia en vos y quererla en los demás, se trata de una militancia 
hueca que, cuando llegás al poder, te corrompe. Nosotros queríamos un 
camino de coherencia, aceptamos la marginación, porque Jerónimo tuvo 
cinco años de exilio político, pero toda la vida de exilio dentro de 
su propia Iglesia. Era un dolor fuerte para él. Veía una Iglesia que 
no avanzaba. Pero era muy seguro de sí mismo, de lo que hacía y nunca 
tuvo rencor en el corazón, siempre perdonó todo. Yo creo que le 
tenían una especie de temor.

--¿Por qué había esa especie de temor?

-Es que Jerónimo habló 30 años antes. Cuando dio la conferencia de la 
Populorum Pogressio, en el Teatro Roma, nos vinieron a llamar porque 
se estaban quemando las cortinas de la curia y habían escrito en la 
pared: Paulo VI traidor, Podestá comunista. Eramos todos comunistas 
los que hablábamos de la injusticia y enfrentábamos al gobierno por 
los problemas sociales. Hoy es pan comido. Después que terminó el 
tema del comunismo, el Papa habla del capitalismo salvaje sin 
problemas, pero antes no era así.

--El tema social se puede hablar, pero el tema del celibato sigue 
estando prohibido...

--La Iglesia sigue muy cerrada con la mujer. Hay 150 mil curas 
casados, más 150 mil esposas, más los hijos, tiene un millón de 
personas que quieren luchar dentro de la Iglesia. Jerónimo hizo una 
carta abierta al Papa. -A mi hermano mayor se llama.

--¿Y cuándo decidieron ustedes formar pareja?

--En 1972, Jerónimo ya tenía la suspensión 'a divinis', pero monseñor 
Adolfo Tortolo la hizo pública antes de tiempo para desligarse 
políticamente de nosotros. Teníamos que ir a declarar a la Cámara 
Federal del Crimen por el caso Salustro. Ellos nos estaban empujando 
ya a que viviéramos como pareja. Y efectivamente, poco tiempo después 
fue así. Después comenzamos a participar en las reuniones 
internacionales de sacerdotes casados y nos nombraron 
vicepresidentes. Jerónimo fue el único obispo que asumió una posición 
pública. 

Participamos en la organización de la Federación Latinoamericana de 
sacerdotes casados y en estos últimos diez años hemos viajado por 
todos los países de Latinoamérica. -Al fin encontré mi diócesis, me 
decía Jerónimo. Somos presidentes de la Federación. Digo nosotros, 
porque creemos que debemos dar testimonio de pareja, de lo que 
significa la unión de un hombre y una mujer, no casados porque sí, 
sino a través de un compromiso común. 

¿POR QUE CLELIA LURO?
El pájaro canta hasta morir 
 
Por L.B. 

Cuando Clelia vio que _El pájaro canta hasta morir_ estaba muy a la 
vista y que su libro estaba escondido, se enojó con el librero. 

-Esta es la historia de un cura que se enamoró y abandonó a su mujer 
para llegar a cardenal, sin saber que estaba embarazada, es la 
historia de un hombre que renunció al amor por el poder le dijo 
señalando el best seller. 

-Pero este libro --Me llamo Clelia-- es la historia de un obispo que 
no renunció a nada y menos al amor.

Clelia publicó su libro a pulmón y no tiene distribuidor. Ahora está 
escribiendo otro sobre monseñor Helder Cámara, que se titulará El 
mártir que no mataron. Y después escribirá otro sobre Jerónimo 
Podestá, su compañero, que murió hace dos meses, luego de 35 años de 
vida en común. -Por todo lo que vivimos, yo creo que son más de 70 
años del tiempo normal. 

La historia que protagonizaron conmovió a la opinión pública en su 
momento, pero no fue entendida y ambos dedicaron el resto de sus 
vidas a explicarlo. -Para Jerónimo --dice Clelia-- ser obispo 
significaba un compromiso con los humildes, era la voz de los que no 
tenían voz. Y no abandonó eso, sino que creía que el amor le ofrecía 
la posibilidad de profundizar ese compromiso, éramos compañeros de 
lucha.

No se trata solamente de una historia de amor, aunque también lo fue 
y muy fuerte, sino también una forma de asumir el compromiso con los 
demás como un compromiso con la verdad y con la coherencia. Sin 
embargo, esa actitud le valió a Podestá el exilio, tanto político 
como de la Iglesia. Fue perseguido por los dictadores como Juan 
Carlos Onganía, por los obispos de derecha como Antonio Plaza, por 
José López Rega y también muchas veces evitado incluso por muchos 
curas que no querían dar en ese momento la pelea contra el celibato. 

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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