[R-P] Salbuchi y Giuliano: el "Dubai Plus" es un nuevo Plan Brady (2 de 2)
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Jun 23 10:48:37 MDT 2004
1. MONTO Y QUITA.
Como fuera visto en el apartado anterior, la quita real
ofrecida a los acreedores es menor que la declarada como
valor nominal porque se calcula sobre el Capital de los
Bonos y no sobre el Monto de ese Capital más los Intereses
Devengados. Según como se hagan las cuentas, esto da – en
principio - un monto total renegociado superior a los
104.000 millones de dólares con un descuento de 61.000, que
equivale a una quita real menor al 60 % (entre el 58 y 56
%).
Hay quienes especulan que la quita real final sería del 50
% o menos, lo cual es muy probable si se considera que
dicha quita se calcula sólo sobre los bonos con descuento y
dentro del porcentaje de aceptación logrado (más o menos
del 70 %). No vamos a entrar aquí en el tema porque es un
problema más técnico, pero se deja anotado que – desde el
punto de vista de Matemática Financiera – no está claro
cuánto resulta la quita en términos de Valor Actual o Valor
Presente Neto (VPN).
Javier Llorens, de Córdoba, ha calculado que el Valor
Actual de los nuevos bonos rondaría los 26.000 millones de
dólares, lo que iguala el VPN al valor de cotización que
tienen hoy los bonos a canjear en el Mercado (entre 30 y 33
% del Valor Facial o Nominal de los títulos; sobre el total
de los 81.200 millones).
2. ANATOCISMO.
La enorme Capitalización inicial de Intereses (esto es, el
Anatocismo: Intereses que se transforman en Capital y
devengan nuevos Intereses), según lo visto más arriba,
desdibuja totalmente la supuesta firmeza inicial del
Gobierno en la negociación, cuando se afirmó y reiteró –
declaraciones expresas del Ministro Lavagna – que nuestro
país no reconocería el pago de los intereses caídos con
posterioridad al default de Diciembre del 2001 (los 23.000
millones citados, acumulados hasta mitad del año en curso).
Esto es muy grave y repite la trampa del Plan Brady – de
1992/93 – en que también se vendió a la Opinión Pública la
imagen de una quita relevante mientras que por
capitalización de los intereses impagos desde el Gobierno
Alfonsín, la Argentina terminó reconociendo por este
concepto más de 8.500 millones de dólares, mientras se
reestructuraban pasivos por menos de 20.000 millones de
Capital. De esta manera la quita nominal del 35 % quedó
entonces reducida en la práctica a sólo un 11 % del Capital
renegociado.
Puesto en números redondos: si ahora a una quita nominal
anunciada de 61.000 millones de dólares le sacamos los casi
30.000 que se acumularían de intereses hasta fin de este
año (en principio, se habla de algo más de 28.000)
tendríamos así que la quita real final, en valor absoluto,
sería la mitad de la que nos dicen.
El reconocimiento de esta mayúscula capitalización de
intereses no sólo es gravosa y distorsiva del descuento
real sino que va contra la lógica de las cesaciones de pago
ya que, por analogía con el Derecho Concursal Privado, los
intereses devengados con posterioridad a la declaración de
default – que en nuestro caso sería la fecha de suspensión
de pagos de Diciembre del 2001 – tales intereses se
interrumpen a partir del momento en que se produce dicha
presentación de default (según el artículo 19 de la Ley
24.522 de Concursos y Quiebras).
Y ello es también algo de pura lógica porque si el Deudor –
como pasa hoy con el Estado Argentino – no puede pagar
siquiera la mitad de los Intereses (que son del orden de
los 10.000 millones de dólares anuales), mucho menos puede
amortizar Capital (cuando le caen vencimientos por más de
20.000 millones por año), de modo que la única forma de
refinanciación honesta y de verdadera “buena fe” por parte
de los acreedores sería partir de la base que – dada la
Crisis de Deuda impagable que tiene el país – toda
reestructuración debe tomar como base sólo el Capital o
Principal de la Deuda, sin agregar los intereses caídos.
La concesión hecha por el Gobierno Kirchner a este respecto
configura uno de los cambios más relevantes hechos frente a
la propuesta original de Dubai.
3. TASAS DE INTERÉS.
Las tasas de interés ofrecidas por las autoridades
argentinas auguran muy serios problemas en el futuro.
Todas las tasas son crecientes en el tiempo y, como
señalamos más arriba, van – según el tipo de bono – de 2.08
a 5.25 % en el caso de los Bonos Par, de 4.15 a 8.40 % en
los Bonos Discount y de 0 a 5.96 % en los Bonos Cuasi Par
(que además son indexados por CER).
A esto se agrega una carga adicional, que está dada por una
variante – que se analiza en el punto siguiente – que es la
actualización o indexación de los cupones de interés en
función del PBI, lo cual potencia la incidencia de los
intereses crecientes en forma casi imprevisible.
Estos niveles de interés a tasa creciente, ponderados por
plazos que van entre los 30 y los 42 años, potenciados por
la indexación según PBI y que capitalizan una parte de los
servicios durante el período de gracia, suponen una
formidable acumulación de importes que todavía no aparecen
cuantificadas en ninguna información oficial.
Tal combinación explosiva de tasas incrementales,
potenciación por Producto Bruto y anatocismo constituye muy
probablemente el “talón de Aquiles” de la ingeniería
financiera armada contra la Argentina a través de la oferta
de Dubai.
4. BONOS LIGADOS AL CRECIMIENTO.
La propuesta de Dubai presenta como “novedad” la emisión de
estos bonos diseñados con un adicional sobre las tasas de
interés que está atado al crecimiento del Producto Bruto
Interno (PBI); un beneficio que se hace extensivo a todos
los nuevos bonos y que supone, como hemos visto en el punto
anterior, una potenciación de los intereses. El Ministerio
de Economía estima que este procedimiento representará un
beneficio adicional de 6.400 millones de dólares para los
acreedores de bonos.
En realidad – tal como lo desarrollamos en el Anexo – esta
cláusula de aumento de pagos en función del PBI ya fue
ensayada contra Alemania después de la Primera Guerra
Mundial en el marco del Tratado de Versalles, cuando se
implantó el Plan Dawes de 1924; y ello no evitó la crisis
financiera por las Reparaciones ni la cesación de pagos de
1932 (Acuerdo de Lausana).
La lógica de las indexaciones de servicios ligadas al
aumento del PBI es mantener, a lo largo del tiempo, un
stock de Deuda constante, de modo que la carga de la Deuda
Pública no se alivie proporcionalmente cuando el
crecimiento de la Economía mejora y el país deudor siga así
mantenido “con la soga corta” en sus Finanzas Públicas.
En este sentido, si quisiera salvaguardarse mejor - dentro
de este mismo esquema - la capacidad de pago del Estado, la
vinculación debiera establecerse contra el incremento del
Superávit Presupuestario y no contra el aumento del PBI
porque nunca es segura la proporcionalidad entre
Crecimiento de la Economía y Recursos Fiscales. En
nuestro caso, la incorporación de esta variante de aumento
de pagos en función del PBI no solamente amplifica las
erogaciones futuras por Servicios de la Deuda sino que,
cabe observar, juega solamente cuando el país supere el 3 %
de Crecimiento Económico, pero no disminuye en caso
contrario.
5. CLAÚSULAS DE ACCIÓN COLECTIVA (CAC).
La nueva oferta de Dubai a los acreedores incorpora las
llamadas cláusulas CAC, que ya han comenzado a regir en
los nuevos bonos de Deuda Soberana de algunos países, como
México y Brasil. Las CAC tienen la finalidad de reglar el
procedimiento a seguir a favor de los acreedores en caso
que los países deudores emisores de títulos entren en
default, es decir, están diseñadas para organizar y
optimizar el tratamiento de los casos de cesación de pagos
de los Estados.
El sentido de estas disposiciones es prever el futuro nuevo
incumplimiento – default – de las deudas públicas que hoy
se están reestructurando, frente a la probabilidad cierta o
muy alta que en no mucho tiempo vuelvan a presentarse
Crisis de Deuda que lleven a otras cesaciones de pago; para
así volver a comenzar un nuevo ciclo de reestructuración y
endeudamiento.
Este tipo de cláusulas fue auspiciado por el FMI desde
comienzos del año 2000 a través de las propuestas de Anne
Krueger y, en el caso argentino, fueron especialmente
exigidas por el Subsecretario del Tesoro Norteamericano,
John Taylor.
Hasta aquí los principales rasgos de la propuesta de Dubai
mejorada por el Gobierno Kirchner para los Acreedores.
Queda en el tintero, lógicamente, toda una larga serie de
explicaciones, observaciones y comentarios sobre los cuales
no podemos extendernos ni mencionarlos aquí, pero estimamos
que con la importancia de estas características básicas
expuestas hemos dado un pantallazo representativo del tipo
de arreglo con los bonistas que hoy se está proponiendo a
través del Ministerio de Economía.
EL PROBLEMA DE LA CAPACIDAD DE PAGO.
En este tema de la nueva oferta de Dubai, como en toda la
cuestión de la Deuda Pública Argentina – que aunque se
acepte en los términos que se propone igual dejaría al país
con un stock de Deuda de más de 150.000 millones y un piso
en el pago de intereses de unos 8.000 millones de dólares
anuales – en todo este problema, como decíamos, está
presente siempre el eterno interrogante de la capacidad de
repago.
El Autor de esta nota no tiene nada en lo personal contra
el ex titular del Ferrocarril Metropolitano – que se llama
justamente Mario Montoto – pero, por simple asociación de
ideas, con o sin oferta de Dubai, uno se pregunta: quién,
cómo y cuándo va a pagar la actual Deuda de más de 200.000
millones de dólares que tiene nuestro país, aunque ahora
quede “reducida” a 150.000; y cómo se piensa pagar los
intereses que actualmente equivalen a la mitad del
Presupuesto del Estado?
En realidad – y hablando ahora muy en serio – estos
servicios de la Deuda, siempre incumplibles en su
totalidad, los seguirá pagando eternamente el Pueblo
Argentino, a través de las Finanzas Públicas; con la
particularidad que con el aumento de los compromisos
contraídos se fuerza un mayor Ajuste Fiscal que presionará
inexorablemente en forma negativa sobre el Crecimiento
Económico. Y si la oferta se mejora para los acreedores –
como en este caso - precisamente por ello las condiciones
de pago se hacen más difíciles; y la encerrona del
endeudamiento se afianza aún más en contra de la Argentina.
Así, vemos que las Tasas de Interés propuestas - que son
ciertas y determinan los servicios mínimos a pagar por la
Deuda - son incrementales en el tiempo, mientras que las
Tasas de Crecimiento Económico – que son proyecciones o
coeficientes hipotéticos – prevén un ritmo decreciente; lo
que da un sesgo riesgoso a los términos específicamente
financieros de la nueva propuesta. El Sistema de la Deuda
se rige por la Lógica de la Usura – según la cual el Deudor
nunca puede dejar de ser Deudor – y por eso las
reestructuraciones siempre están armadas para eso, para que
el país no deje de ser Deudor y siga, consecuentemente,
requiriendo nuevos préstamos pese a su incapacidad de
repago.
El gobierno Kirchner – siguiendo con ello los mismos
lineamientos de fondo que las administraciones que lo
precedieron - espera lograr un alto Crecimiento Económico a
largo plazo como para superar progresivamente el problema
de la Deuda y bajar su proporción en relación al PBI, pero
con ello no se sale del Sistema de la Deuda, que deriva en
la continuidad de la Política de Estado del Endeudamiento.
El objetivo manifiesto de las autoridades – según consta
expresamente en el Presupuesto 2004 – es restablecer el
Crédito Público para volver al Mercado de Capitales como
finalidad central de la Política Financiera Argentina.
Éste es exactamente el mismo objetivo que exponen los
representantes de los Acreedores – desde el FMI a la
Tesorería de los Estados Unidos – cuando exhortan al
gobierno Kirchner a llegar a un pronto arreglo con los
bonistas para estar en condiciones de poder tomar nuevas
deudas.
El presidente Kirchner, en efecto - pese al estado de
default por insolvencia fiscal de nuestro país – avanza
paralelamente en la contracción de nuevos paquetes de
préstamos con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), por montos totales de 5.000 millones de
dólares cada uno.
Simultáneamente, están también en curso diversos programas
de financiamiento de Obras Públicas por parte de las AFJP
(a pesar de las grandes sumas de dinero que los Bancos
controladores de estas AFJP dicen haber perdido con el
default de bonos del Estado).
Y ya se especula incluso sobre cuándo, cuánto y cómo podrá
colocar nuevos títulos nuestro país, así como el nivel en
que se cotizarán los bonos futuros. Estamos así frente al
comienzo de un nuevo ciclo de endeudamiento público, que se
realiza bajo los mismos lineamientos básicos de los
anteriores – todos los cuales terminaron en fracasos y
Crisis de Deuda, aunque dejando antes fuertes ganancias
financieras a los acreedores y a los Bancos integrantes del
“Club de la Deuda” (que son los mismos que vuelven a estar
hoy presentes en la escena, junto a los Organismos
Multilaterales de Crédito, co-responsables de este Sistema
de Endeudamiento).
El actual Gobierno Kirchner aduce que esta Deuda – por lo
menos, la de los bonistas que acepten el arreglo – se podrá
pagar en virtud de proyecciones de Crecimiento Económico y
Superávit Fiscal, pero las realidades no garantizan este
pronóstico optimista. También al momento del Plan Brady
(92/93) se le vendió a la Opinión Pública la imagen
extraordinariamente promisoria de la futura capacidad de
pago – y hasta se llegó a decir que “nos íbamos a olvidar
de la Deuda” (Cavallo) – pero los hechos golpearon
frontalmente estas proyecciones con la realidad. (*)
Hoy el gobierno plantea la fórmula genérica, teóricamente
lógica, de Pago en función del Crecimiento, pero las
características del diseño que elabora junto con los Bancos
Organizadores del nuevo Megacanje de Bonos presentan
interrogantes y faltas de información muy graves.
El Gobierno exhibe la propuesta mejorada de Dubai como la
“última oferta” pero tanto los acreedores como las
estructuras de poder internacionales que interactúan con
ellos ya le están diciendo al presidente Kirchner que la
renegociación no está cerrada y que deben esperarse así
nuevas concesiones argentinas todavía.
Tal el caso – ya aceptado en la propuesta – de generalizar
el uso de los Bonos ligados al Crecimiento (que conlleva la
idea de mejorar los ingresos de los bonistas en 6.400
millones de dólares más), de aceptar un criterio de
apreciación del peso que aumente la capacidad real de pago
del país a mediano plazo y la alternativa, siempre latente,
que las autoridades terminen accediendo a realizar un pago
cash o en efectivo “de buena voluntad” – con sus reservas o
con préstamos externos al efecto, como en el Plan Brady –
para subir el valor de la Deuda. O la posibilidad de bajar
los Plazos de Gracia.
Una de las claves en la esperanza de alivio inmediato por
parte del gobierno puede residir, precisamente, en los
plazos de gracia de los nuevos bonos – que van entre 25 y
32 años – pero hay que observar que durante estos términos
la Argentina tendrá que pagar tasas de interés crecientes y
potenciadas; y que una parte de los intereses devengados y
no pagados durante esos tiempos se capitalizarán por
anatocismo amplificando los stocks de deuda de manera cuasi
imprevisible en el futuro.
Pudiera especularse que el presidente Kirchner haya buscado
con esta propuesta cubrir básicamente el tiempo que
corresponde al período de su gobierno – y eventualmente el
de un siguiente período re-electivo – pero los efectos de
las decisiones comprometidas en su nueva oferta es muy
difícil que le den el respiro que necesita porque la Lógica
inexorable de la Usura, como hemos dicho, es que el Deudor
nunca pueda dejar de ser Deudor y que, por lo tanto, tenga
dependencia permanente de tomar nuevas deudas para sostener
el financiamiento del Estado.
El gobierno dice – una vez más – que ésta es su última
oferta, pero nunca se puede saber cuál es la última palabra
de un presidente que dice una cosa y casi siempre termina
haciendo otra, que muchas veces es la contraria. Y el caso
de las sucesivas mutaciones de la oferta de Dubai es un
ejemplo típico, así como una constante ínter temporal en la
Historia Financiera y Política de la Argentina
Contemporánea.
Esto es, en el fondo, el resultado de haber declinado
ciertos argumentos y alternativas esenciales que nunca
debieron resignarse para confrontar y no seguir conviviendo
eternamente con el Sistema de la Deuda: es fruto de no
haber planteado la Ilegitimidad de gran parte de la Deuda
Pública que se está renegociando, pese a las gravísimas
irregularidades comprobadas en su contracción; es producto
de no haber determinado o demostrado la efectiva y concreta
capacidad de pago del Estado Argentino para poder cumplir
los nuevos Servicios de la Deuda Legítima con recursos
genuinos y regulares, sin recurrir a más préstamos y sin
potenciar la Deuda futura; es consecuencia de no haber
denunciado fácticamente la co-responsabilidad de los
Acreedores, de los Bancos Asesores y Colocadores, de los
Organismos Multilaterales de Crédito – empezando por el FMI
– y de las Calificadoras de Riesgo en el origen y evolución
de esta Deuda Pública impagable.
En lugar de ello, el Gobierno Kirchner, dejando de lado el
apoyo concreto y organizado de profesionales y
colaboradores argentinos calificados, optó por ir a las
negociaciones del conflicto financieramente insoluble de la
Deuda de la mano de las mismas instituciones que lucraron
con el negocio fraudulento del macro-endeudamiento público
de la Argentina a costa del Estado Nacional y los
padecimientos del Pueblo Argentino.
Con este procedimiento de fondo, en negociaciones secretas
con los Acreedores y sus estructuras internacionales de
apoyo, con la supuesta “asistencia” de consultores
extranjeros ligados al “Partido de la Deuda”, con
Organismos Privados e Internacionales cómplices del negocio
y de la estafa de la Deuda, con la subordinación a los
dictados de la Política de Endeudamiento venida de los
Países del G 7 y, muy especialmente, de los Estados Unidos
como primera potencia del Mundo, el gobierno Kirchner
presentó la oferta “mejorada” de Dubai en los términos más
parecidos posibles a los requerimientos del Sistema
Financiero Internacional.
Y esta actitud, desafortunadamente, es una “tradición” que
con repite en todos los gobiernos argentinos durante por lo
menos los últimos 30 años, es el mismo estilo de
claudicación sin lucha que ha venido predominando en
nuestra Patria en las últimas décadas, es el mismo error de
fondo que nos llevó a la derrota de Malvinas: ir a los
conflictos de fondo – aquéllos en los que se juega el
Interés Nacional Argentino - tomados de la mano de nuestros
Enemigos.
____________________
(*) NOTA: El excesivo optimismo y las ilusiones oficiales
para el Futuro al momento de cerrar acuerdos de más
endeudamiento es una constante en la Historia de la Deuda
Pública de la Argentina; así como después los resultados,
invariablemente, han sido negativos y contrarios a los que
se esperaban.
Cuando se firmó el Plan Brady - conforme las estimaciones
oficiales del Stock de Deuda Externa hechas en 1992/93 – se
proyectó que, gracias al Acuerdo con sus Bancos Acreedores,
para el año 2000 la Argentina iba a tener una Deuda Total
de 60.250 millones de dólares: 37.800 de Deuda Pública y
22.450 de Deuda Privada.
Empero, cuando llegó el año 2000 la Deuda Externa era de
unos 190.000 millones de dólares: 128.000 de Deuda Pública
(según el criterio amplio de tipo de moneda, no el criterio
restringido de residencia, que daba 85.000) y 62.000
millones de Deuda Privada.
Esto quiere decir que la Deuda Externa Total no se mantuvo
en el orden de los 63.000 millones de dólares de stock
existente a 1992, como estaba previsto, sino que se
triplicó en 8 años y que, dentro de ella – siempre con el
criterio de tipo de moneda, coherente con la
Convertibilidad – la Deuda Pública, que era de unos 60.000
millones de dólares (según la equivalencia declarada a esa
fecha) no bajó a los 38.000 millones proyectados sino que
subió a 128.000 millones.
Con el agravante que, durante ese período, se privatizaron
además Empresas y otros Activos del Estado por entre 32 y
35.000 millones de dólares. Este tema fue desarrollado más
específicamente por el Autor en un Trabajo sobre “El
fracaso del Plan Brady” – escrito con fecha 8.3.2000 – en
base a datos oficiales tomados del Informe del Ministerio
de Economía “Argentina en Crecimiento 1993-1995” y de un
artículo, editado en el número 274 del Boletín Techint
(Junio/93), del Lic. J. L. Maia, que en esa época era
asesor en el Ministerio de Economía y actualmente es
Director Nacional de Coordinación Macro-Económica en la
misma cartera.
ANEXO: INTERROGANTES SOBRE LA PROPUESTA DE DUBAI.
La oferta a los acreedores “no cierra”.
El Gobierno Kirchner está ratificando, en forma reiterada,
los lineamientos de su propuesta de pago a los Acreedores
formulada en Dubai – Emiratos Árabes Unidos (EAU) - en
Setiembre pasado. Conforme los términos del último
Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional – del 10.9.03
– nuestro país ha designado un grupo de bancos agente para
el diseño definitivo de dicha propuesta. (1)
Pero de los contenidos básicos de la oferta de Dubai surgen
serios interrogantes sobre la viabilidad de su cumplimiento
por parte de la Argentina.
CUADRO DE SITUACIÓN.
Actualmente la Deuda Pública de nuestro país pasa los
180.000 millones de dólares. Ésta es la Deuda en cabeza del
Estado Central. Si a ella se suma la Deuda consolidada de
Provincias y Municipios (que se estima en unos 20.000
millones más), las Deudas Flotantes, los Juicios contra el
Estado con sentencia en firme y los préstamos otorgados por
los Organismos Multilaterales de Crédito (OMC) todavía no
desembolsados, tenemos que la Deuda Pública Nacional pasa
los 200.000 millones, estimándose puede estar entre 210 y
220.000.
La última información oficial del Ministerio de Economía
para el Estado Central es un stock de Deuda al 30.9.03 de
170.000 millones de dólares. Al 30.6.03, esto es, poco
después de la asunción del presidente Kirchner, ese saldo
era de unos 153.000 millones, lo que significa que durante
el primer trimestre de la gestión del nuevo gobierno la
Deuda aumentó en unos 17.000 millones de dólares: a un
promedio de casi 200 millones por día.
Conforme los términos del Acuerdo vigente con el FMI se
espera que la Deuda Pública aumente en unos 46.000 millones
de dólares – 132.000 millones de pesos – entre mediados del
2003 y fines del 2004, de modo que aplicando este
incremento al saldo de 153.000 millones de dólares
existente al 30.6.03 la Deuda del Estado ascendería a
200.000 millones para fin del corriente ejercicio (sólo del
Estado Central, sin contar los otros rubros de pasivos
nacionales citados).
LA DEUDA EN DEFAULT.
Tomando las informaciones más actualizadas (que son de
fines de Noviembre del 2003) el stock de Deuda Pública del
Estado Central sería, como hemos dicho antes, algo mayor a
los 180.000 millones de dólares (unos 183.000). De este
total, poco más de la mitad – unos 94.000 millones, que son
el 52 % - estarían en default, es decir, en incumplimiento
de pagos por servicios de Capital e Intereses.
La otra mitad, constituída principalmente por préstamos de
los OMC (FMI, Banco Mundial y BID), de Organismos
Oficiales, Préstamos Garantizados, Deuda Transferida de las
Provincias y otros pasivos (fundamentalmente la Deuda post
default, emitida en Bodenes), se estaría cumpliendo, aunque
sólo en sus servicios de Intereses y no de amortización de
Capital.
Al 30.9.03 los atrasos de pago acumulados - sobre la Deuda
en default – eran de unos 22.000 millones de dólares:
14.000 millones de Capital y 8.000 de Intereses. (2) De
los 94.000 millones en default, se informó que unos 88.000
corresponden a bonos del Estado, aunque ahora se habla de
82.000 millones. Sobre esta suma – que, repetimos, es la
mitad de la Deuda - es que el gobierno argentino ha
efectuado una oferta a los tenedores de bonos.
LA PROPUESTA DE DUBAI.
La oferta de reestructuración de Deuda hecha a los
acreedores de títulos públicos argentinos en default ha
sido caracterizada por una quita del 75 % sobre el Valor
Nominal de dichos Bonos. Esto significa – puesto en
números – que nuestro país ofrece pagar el 25 % de esos 82
u 88.000 millones de dólares: entre 20 y 22.000 millones.
El ahorro total sería entonces entre 62 y 66.000 millones
de dólares, según la cifra que se tome como base.
Cabe aclarar que, en realidad, este descuento es teórico,
porque partiría del supuesto que la quita del 75 % rige
para toda la deuda en default, lo que no es así porque sólo
una parte, cupo o porcentaje de la misma sería ofertada en
estas condiciones (Bonos con Descuento); el resto sería
canjeada por Bonos Par – títulos que mantienen el mismo
valor nominal pero pagan una tasa de interés más alta – y
por Bonos atados al Crecimiento, esto es, títulos a tasa
variable en función del aumento del Producto Bruto Interno
(PBI). (3)
Pero aquí - para simplificar - consideramos el caso
hipotético de máxima (la variante más optimista del
Gobierno) en el sentido que todos los acreedores acepten la
quita del 75 %, cosa que – tal como se está viendo –
resultaría difícil de lograr en forma directa.
EL NUEVO SALDO DE DEUDA.
La propuesta de Dubai no puede ser analizada sin pensar en
la reestructuración también de la Deuda que hoy está “en
cumplimiento”. En efecto, si al stock total de la Deuda
Pública Nacional – los 210 o 220.000 millones de dólares
arriba citados – se le restara el ahorro de unos 65.000
millones, producto de la quita del 75 % - la Argentina
quedaría con un saldo de Deuda de unos 150.000 millones,
suma que es superior al Producto Bruto (calculado hoy en
alrededor de 130.000 millones de dólares).
Si se tiene en cuenta que nuestro país paga hoy una Tasa de
Interés promedio ponderada del 6 % anual – exactamente, el
5.92 % - pero que la tasa media para los Títulos Públicos
es algo mayor (7.38 %; siempre según datos oficiales al
30.9.03) tenemos que los servicios a pagar, solamente por
intereses, estarían entre los 9.000 y los 11.000 millones
de dólares anuales.
Estos importes, tomados a un tipo de cambio de casi 3 $ por
dólar, equivalen a la mitad del Presupuesto del Estado
Central, que es de 60.000 millones de pesos.
Aún considerando una incidencia menor, dada la inclusión
aquí de la Deuda de Provincias y Municipios no transferida
a la Nación, los niveles de intereses sobre el total de
Gasto Público serían impagables.
LA POSICIÓN DEL GOBIERNO.
El presidente Kirchner y los altos funcionarios de su
gobierno vienen sosteniendo contínuamente la inflexibilidad
de la Propuesta de Dubai bajo la idea que la misma
constituye una posibilidad de máxima por parte de la
Argentina.
Paradójicamente, la publicidad de ciertos indicadores que
denotan mejoras en la Economía – como el aumento del PBI,
el incremento en la Recaudación Tributaria, el aumento de
las Exportaciones y el Saldo de la Balanza Comercial, la
incipiente reactivación industrial, etc. – están dando
lugar a que los Acreedores, el FMI y la Tesorería
Norteamericana intensifiquen sus presiones para que, en
función de tal mejoría, nuestro país comprometa mayores
pagos por servicios de la Deuda.
El presidente insiste en que no se pagará la Deuda “a costa
del hambre y la exclusión de millones de argentinos” y en
que – según reiteró en su discurso ante el Congreso del
1.3.04 – en las negociaciones con el FMI y los acreedores
privados “no se ha prometido ni se comprometerá nada que no
se pueda cumplir.”
En principio, esta postura es correcta; pero hay que
destacar que la misma se basa, en los hechos, en la
alternativa de la propuesta de Dubai, una oferta que –
conforme lo hemos visto - “no cierra”. No cierra, al
menos, con los elementos de información que tenemos hasta
el presente ya que, en el marco de las negociaciones
secretas del Gobierno con los Acreedores y los Organismos
Internacionales, existen variantes estructurales o
cualitativas distintas de las metas fiscales cuantitativas
que hoy están en juego.
NOTAS:
(1) Las exigencias del FMI y del G-7 (Países más
Desarrollados) a este respecto son que la Argentina tenga
constituído de inmediato este Sindicato de Bancos (cosa que
ya fue anunciada, aunque todavía no se conocen los términos
exactos de la contratación porque el Decreto del Poder
Ejecutivo no ha sido emitido), que diseñe así la propuesta
final o definitiva a los tenedores de bonos antes del
31.3.04 y que presente al Fondo Monetario el arreglo
acordado con esos acreedores antes del 30.6.04. Este
punto de los Bancos Colocadores de la nueva deuda es una de
las condicionalidades más fuertes para evitar que caiga el
convenio a 3 años firmado con el FMI.
(2) Existe una importante controversia sobre los
Intereses impagos, que hoy – según información del Gobierno
– ascienden a unos 18.000 millones de dólares. Las
autoridades argentinas, en un principio, se habrían negado
a reconocer estos intereses post default y/o habrían
considerado que los mismos quedarían también sujetos a la
quita del 75 %, cosas que son rechazadas de plano por los
Acreedores pese a que, por analogía con lo dispuesto en la
Ley de Quiebras 24.522 vigente, el devengamiento de
intereses se interrumpe por la situación de default.
Días pasados, en cambio, la Administración Kirchner habría
aceptado la entidad de la discusión de esta cuestión de los
intereses impagos como parte de las negociaciones en curso.
Cabe recordar que uno de los puntos más gravosos del Plan
Brady – de 1992/3 - fue precisamente el anatocismo o
capitalización de intereses acumulados, cuya incorporación
como Bonos FRB desdibujó gran parte de la quita obtenida
sobre el Capital. Ahora vuelve a presentarse este mismo
problema ya que, si se terminara aceptando la
capitalización de estos 18.000 millones de dólares de
intereses atrasados la quita real no sería del 75 % del
total sino equivalente al 62 %.
(3) Los Bonos ligados al Crecimiento – dentro de la
propuesta argentina (una propuesta que, en realidad, fue
confeccionada por el funcionario del FMI Eduardo
Borensztein) – son presentadas como una “novedad” en
materia de refinanciamiento cuando, a decir verdad, tienen
una historia vieja.
Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania - por el
Tratado de Versalles de 1919 - fue sometida al pago de
Reparaciones de Guerra bajo un mecanismo equivalente al
actual Sistema de la Deuda Externa que pesa hoy sobre la
Argentina y la mayoría de los Países Deudores. Estas
anualidades – por su monto y duración – eran de imposible
cumplimiento y en 1923 se produce la cesación de pagos del
Estado Alemán. Tropas de Francia y Bélgica ocuparon
entonces la zona carbonífera del Ruhr, para cobrarse en
especie lo que los alemanes no podían pagar en divisas y, a
raíz de ello, se desata la hiperinflación que destruye la
moneda germana.
A partir de allí, los Aliados le impusieron a Alemania
una reforma monetaria, la internacionalización del
directorio de su Banco Central y una reestructuración de la
Deuda por Reparaciones de muy larga duración (con pago de
anualidades entre 40 y 50 años). Esto se formalizó a
través del denominado Plan Dawes de 1924 – una suerte de
“plan de Convertibilidad” en aquella época – para
estabilizar el marco a valores de cuenta que sirvieran para
el pago en divisas de las Reparaciones.
Entre otras medidas, el Plan Dawes – fruto
principalmente de de la ingeniería financiera de la Banca
Morgan – estableció el criterio de pagos de Alemania en
función del llamado “Índice de Prosperidad”, o mejora de
pago en base al Crecimiento de la Economía (el mismo
criterio que hoy se propone para la Argentina a través de
la “novedad” de los Bonos con Crecimiento). El sentido de
este criterio de pagos era que el peso de los servicios de
las Reparaciones – lo mismo que hoy se propone con los de
la Deuda Externa de nuestro país – se mantuviese constante,
asegurándoles así a los acreedores la continuidad del alto
drenaje de fondos alemanes y la permanente necesidad de
refinanciación de las deudas por principal, que nunca
podían ser canceladas en la medida que tales servicios (en
este caso, los Intereses) inhiben las amortizaciones de
Capital.
Este Sistema de la Deuda – impuesto por el Tratado de
Versalles - fracasó y dio lugar a un nuevo programa, el
Plan Young de 1929, que también fracasó por imposibilidad
de pagos de Alemania y luego, por la Crisis Mundial. El
pago de la Deuda por Reparaciones de Guerra fue
interrumpido por el Gobierno Nacional-Socialista en 1933
con la denuncia del Tratado de Versalles.
Este informe del Lic. Héctor L. Giuliano (Miembro de la
Fundación CREAR), fue publicado por la Revista S&C –
Servicios & Comunidad – que dirige el Sr. Juan José
Taccone, en el número 33, de Abril del 2004.
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- © Adrian Salbuchi, Héctor Giuliano – Junio 2004
- Permitida su reproducción parcial y/o total si se cita
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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
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