[R-P] La amenaza militar norteamericana y la Patria Grande
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Jun 18 16:19:34 MDT 2004
[Del texto que sigue:
"Al gobierno de Estados Unidos le molestaba en grado sumo el talante
parejero con el que Bolívar se refería a ellos, le irritaba
profundamente su proyecto de país con fronteras aún por descubrir y
consiguió a tres traidores para abortar ese proceso. Fueron ellos,
Juan José Flores, venezolano radicado en Quito, Francisco de Paula
Santander, neogranadino, y José Antonio Páez, venezolano. Con el
apoyo de esos tres generales de las guerras de independencia, la
Doctrina Monroe desmembró el sueño de Bolívar hasta que produjo los
cinco países que, según aprendimos en primaria, habían sido liberados
por su espada: Venezuela, Colombia (Nueva Granada), Ecuador, Perú y
Bolivia.
Panamá no existía cuando eso. Era territorio colombiano hasta que en
1903, como parte de la decisión de meterse a la construcción del
canal transoceánico en ciernes, el imperialismo norteamericano
inventó a Panamá y le organizó una independencia de lo más patriótica
respecto de la Colombia de ese entonces, que después de haber sido la
República de la Nueva Granada, desde 1830 a 1863, se volvió a poner
en ese año último el nombre de Colombia.
La jugada ha sido ensayada varias veces y no les ha salido mal. Pero
puede ser que los tiempos estén cambiando, y que esta vez les salga
el tiro por la culata y en vez de más países quedemos menos: El de
ellos y la América Latina, o Las Indias como fue llamado alguna vez."
Así sea.]
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APUNTES CONTRA LA GUERRA
Santiago Arconada Rodríguez *
La amenaza lanzada por el Departamento de Estado de Estados Unidos
sobre la posibilidad de que en el continente americano, como ya
ocurrió en el europeo, aparezcan más países, y la posición del jefe
del Comando Sur del Ejército Estadounidense, James T. Hill, en
relación al "populismo radical" como virus peligroso a ser
erradicado, son los indicadores más significativos de que la guerra
es la estrategia del dueño del circo de la oposición al gobierno del
presidentede Venezuela, Hugo Chávez.
No debería sorprender a nadie. Entre otros, Noam Chomsky y James
Petras, académicos estadounidenses internacionalmente reconocidos,
tienen meses advirtiéndolo, como quien avisa del golpe que fragua el
monstruo que se conoce muy bien.
Para un sector de la oposición al gobierno de Chávez, el pueblo
venezolano ya llegó donde nunca debió llegar, ya traspasó los límites
a los que jamás debió acercarse, ya tiene la conciencia que jamás
debió tener, y eso no se quita con elecciones. Eso se quita con una
derrota en una guerra. Eso se quita en una década pinochetiana que
castigue el atrevimiento de haber roto el bloqueo económico a Cuba,
que castigue la contumaz resistencia al Acuerdo de Libre Comercio de
las Américas (ALCA), pero sobretodo que castigue la rebeldía
necesaria para haber puesto a Bolívar a cabalgar otra vez por el
territorio de la patria grande que siempre profetizó.
Ese sector de la oposición considera cumplido el papel de enmarañador
ambiental que le dieron al proyecto de fraude del referendo
revocatorio, oportunamente frustrado por el Consejo Nacional de
Elecciones (CNE), y ya se siente en posesión de una baza de guerra.
Es bueno estar alerta puesto que, tratándose del ejército de Estados
Unidos, son las avisadas las guerras que sí matan soldados.
El discurso de Chávez, del 13 de abril de 2004 desde el palacio de
Miraflores, en conmemoración del segundo aniversario del contragolpe
victorioso del pueblo y la fuerza armada que lo restituyó en el poder
el 13 de abril de 2002, contiene significativas claves de rumbo, de
sentido, que a mi juicio constituyen un punto de inflexión de su
gobierno en cuanto a la posición frente al gobierno de Estados Unidos
y en cuanto al rumbo a seguir en Venezuela.
Chávez insertó al proceso venezolano en el contexto global de
enfrentamiento al neoliberalismo armado representado por el gobierno
estadounidense, reabrió la pregunta sobre quiénes somos y hacia dónde
vamos en los términos de construcción de patria planteados por
Bolívar en el último lustro de su vida, o sea, cuando estos términos
ya eran claramente antiimperialistas, y finalizó su intervención
planteándose la superación del capitalismo.
Algunos podrían pensar que el presidente venezolano pareciera estar
comprando de manera compulsiva todos los boletos para la rifa de una
invasión. Otros análisis podrían afirmar que con unas declaraciones
tan abiertas, lo que está haciendo es advertirla para conjurarla.
En 2004 transitamos el momento de mayor confrontación al gobierno
estadounidense de todas nuestra historia republicana, y,
sorprendentemente, el momento de confrontación más álgido inmediato
anterior nos lleva derecho a Bolívar.
Ese movimiento nacional hacia la educación, planteado por el conjunto
de las misiones Robinson, Ribas y Sucre, ese movimiento nacional
hacia la salud expresado en la Misión Barrio Adentro, ese llamado a
la producción de otro país posible en otro mundo posible, que está
expresado en la Misión Vuelvan Caras, esa recuperación de la
actividad ciudadana expresada en los Comités de Tierra Urbanos, en
las Mesas Técnicas de Agua en los diversos consejos comunitarios que
a lo largo y ancho del país aluden a un pueblo participante y
protagónico, esa sensación de que PDVSA ya no está dentro de una
campana de vidrio, que se puede tocar, que es nuestra, esa
experiencia colectiva adquirida en el enfrentamiento victorioso a los
intentos de golpe de Estado de abril de 2002 y diciembre 2002-febrero
2003, ese salto en el nivel de conciencia sobre nosotros mismos como
pueblo, como historia de enfrentamiento a la opresión y a la
injusticia, como noción de rumbo hacia otro futuro distinto al que
nos
depara el neoliberalismo, en una palabra, todo ese despertar sólo
puede impedirse en forma violenta.
Como los derechos conquistados en la Constitución Nacional
Bolivariana no pueden ser negociados, es necesario cercenarlos. Ese
programa de gobierno que contempla arrebatarle al pueblo todos sus
avances, todas sus victorias precisa, necesita, sólo es posible
mediante una guerra.
Demoliendo la imagen de tiranía que la oposición pretende construir
sobre lo que es Venezuela, la campaña electoral de gobernadores y
alcaldes se despliega vigorosamente en todo el país. Las libertades
democráticas se exhiben y las personas ponen los afiches de sus
diferentes candidatos en las puertas de sus casas.
El proceso por el referendo revocatorio está supeditado al proceso de
reparos que lo determinará en uno u otro sentido. El Consejo Nacional
Electoral ya preservó el interés nacional de impedir que se utilice
al poder electoral para cometer fraudes.
Si no nos contamos en el referendo revocatorio, porque tras el
proceso de reparos a la oposición no le alcanzan las firmas
verdaderas recogidas, entonces nos contamos de todas formas en las
elecciones regionales de septiembre de 2004, pero en todo caso el
2004 es un año electoral, y a tan escasos centímetros de una invasión
de marines vía Plan Colombia, que de regreso de su aventura pretendan
dejar en el Zulia un Kuwait en castigo por la insubordinación a la
autoridad imperial, nadie creería que en verdad se estén escogiendo
alcaldes y gobernadores. Se está votando a favor o en contra de
Chávez y del proceso revolucionario bolivariano.
Debemos tener bien precisada a la estrategia de la guerra. Hay que
efectuarle un marcaje cerrado para que no le lleguen balones. Hoy
refunfuña entre los que dicen que la Coordinadora Democrática negoció
los reparos por debajo de la sentencia de la Sala Electoral, como si
la cosa fuera un precio, como si las irregularidades detectadas en
las firmas no las hubiesen admitido también los observadores
internacionales, la OEA y el Centro Carter.
Debemos analizar y sopesar la amenaza planteada por el Pentágono en
toda su extensión. Como lo planteó el Ministro de Educación,
Aristóbulo Istúriz, en su intervención del domingo 25 de abril de
2004 en el Municipio San Francisco del Estado Zulia, hace rato que
nuestra lucha dejó de ser con el personal del circo: Nuestro
enfrentamiento es con los dueños.
Nos han dicho por todo el cañón, los que se caracterizan por no dar
puntada sin hilo, que habrá más países en el continente americano, y
que de "populismo radical" nada.
Es bueno que se muestren tal como son. Eso permite entender a
plenitud el origen verdadero de países como Kuwait, que hasta 1961,
cuando al imperialismo británico le convino que aquel arrebatón
petrolero que le hicieron al territorio iraquí se volviera país
independiente, fue motivo de litigio y reclamo por parte de Iraq,
quien sólo lo reconoció en 1963, cuando ya el mal de la balcanización
artificial de las fronteras estaba hecho.
Que el Departamento de Estado de Estados Unidos recurra otra vez al
mecanismo de la producción artificial de fronteras y la promoción de
guerras intestinas entre pueblos hermanos, tal y como está pautado en
el Plan Colombia, nos debe llevar a revisar los antecedentes. Ese
método no es nuevo. En el pasado fue utilizado con éxito.
El país que nació como resultado de la guerra de Independencia se
llamó Colombia, ojo, no Gran Colombia, como miente la historia
oficial, sino Colombia a secas o en todo caso Colombia la Grande.
Incluía lo que hoy es Ecuador, Colombia y Venezuela, pero con una
visión de que el país definitivo todavía estaba por constituirse.
Al gobierno de Estados Unidos le molestaba en grado sumo el talante
parejero con el que Bolívar se refería a ellos, le irritaba
profundamente su proyecto de país con fronteras aún por descubrir y
consiguió a tres traidores para abortar ese proceso. Fueron ellos,
Juan José Flores, venezolano radicado en Quito, Francisco de Paula
Santander, neogranadino, y José Antonio Páez, venezolano. Con el
apoyo de esos tres generales de las guerras de independencia, la
Doctrina Monroe desmembró el sueño de Bolívar hasta que produjo los
cinco países que, según aprendimos en primaria, habían sido liberados
por su espada: Venezuela, Colombia (Nueva Granada), Ecuador, Perú y
Bolivia.
Panamá no existía cuando eso. Era territorio colombiano hasta que en
1903, como parte de la decisión de meterse a la construcción del
canal transoceánico en ciernes, el imperialismo norteamericano
inventó a Panamá y le organizó una independencia de lo más patriótica
respecto de la Colombia de ese entonces, que después de haber sido la
República de la Nueva Granada, desde 1830 a 1863, se volvió a poner
en ese año último el nombre de Colombia.
La jugada ha sido ensayada varias veces y no les ha salido mal. Pero
puede ser que los tiempos estén cambiando, y que esta vez les salga
el tiro por la culata y en vez de más países quedemos menos: El de
ellos y la América Latina, o Las Indias como fue llamado alguna vez.
* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
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