[R-P] Sobre intelectuales, countries y piqueteros (Maristella Svampa)
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rmermet en yahoo.com.ar
Mie Jun 16 11:05:28 MDT 2004
16/6/2004
Maristella Svampa, socióloga
Sobre intelectuales, countries y piqueteros
Primero investigó el boom de los countries y las
clases medias en ascenso buscando seguridad. Luego, el
fenómeno de los piqueteros: la resistencia de las
clases en descenso e inseguridad. Maristella Svampa y
su visión sobre la actualidad de ambas situaciones.
Los countries y el derrumbe de la utopía de la
comunidad aislada. Los movimientos de desocupados
entre la izquierda, los populistas y los autonomistas
(o nueva izquierda). Y la crítica a los intelectuales
que necesitan a Marco Polo.
Svampa reivindica la figura del intelectual crítico,
frente a la del académico profesional, el experto, y
el colaborador con el poder. Atribuye esa decadencia
de la crítica a la derrota de los 70. Pero también se
diferencia de la figura del intelectual militante.
Estudió la huida hacia los countries de las clases
medias en ascenso, antes de la crisis. Después de la
época del gran pánico (donde se practicaban simulacros
de evacuación frente a una presunta invasión de pobres
y piqueteros) se derrumbó la idea de la comunidad
perfecta y aislada.
Señala que existe una retórica sarmientina de
desprecio hacia los sectores populares, a cargo de los
llamados medios de comunicación.
Considera que la privatización de la seguridad es un
fenómeno que se ha visto hasta en la guerra de Irak
(que efectivamente cuenta con la participación de
empresas privadas y mercenarios fotogénicos). Advierte
sobre el endurecimiento de la "sociedad de control" en
el país, y un posible horizonte represivo.
Describe el mapa piquetero actual, diferenciando a
grandes rasgos a los populistas, los grupos ligados a
la izquierda tradicional, y lo que denomina "espacio
de la nueva izquierda" que no quiere llamar
"autonomistas" porque considera que tal término se
asocia a una visión demasiado "solanocéntrica" (por el
MTD de Solano).
Explica cómo los planes sociales fueron utilizados por
el peronismo para relegitimarse, mientras la izquierda
consideraba que tal movimiento era "un cadáver
insepulto".
Advierte sobre el riesgo de que muchos movimientos
piqueteros terminen reproduciendo el clientelismo
político, a través del manejo de los planes sociales.
Maristella Svampa es socióloga, investigadora, y tiene
nariz.
Eso podría explicar su olfato para estudiar dos temas
que sus colegas del gremio de las ciencias sociales no
juzgaron lo suficientemente interesantes:
En Los que ganaron investigó, a fines de los noventa,
el boom de las clases medias en ascenso y su traslado
a los countries y barrios privados, buscando un estilo
de vida protegido de los peligros del mundo exterior.
En coautoría con Sebastían Pereyra, escribió De la
ruta al barrio-La experiencia de las organizaciones
piqueteros.
Sobre tal malformación nasal o sinusitis temática -o
lo que sea- Svampa opina:
-El tema de los movimientos, sobre todo, me causa
gracia. Siempre hay colegas y profesionales de la
academia que ignoran completamente lo que ocurre en el
campo de los movimientos sociales. Es una especie de
mundo paralelo que ellos no ven. Y me invitan para que
les cuente, como una especie de Marco Polo que les
trae noticias de países lejanos.
(Aclaración para no iniciados: "academia" es una
referencia sobre cierto establishment de profesores y
funcionarios universitarios, y no sobre alguna sufrida
entidad deportiva de la zona de Avellaneda).
Svampa-Marco Polo está preparando actualizaciones
editoriales sobre sus libros, dicta clases en la
Universidad de General Sarmiento, es investigadora del
Conicet e integra la Red de Intelectuales, Artistas y
Académicos denominación a la que reconoce
excesivamente pomposa (por no mencionar lo académico):
-Con esa red nos proponemos acompañar en la reflexión
a los movimientos sociales buscando combatir la imagen
negativa que tienen, instalada en los grandes medios y
la opinión pública. Esa es una tarea esencial que como
intelectuales tenemos que hacer. También es importante
reconstruir el rol de intelectual crítico.
-Hace tiempo que no se oye hablar de eso.
-Es que lo intelectual se ha profesionalizado en torno
a la figura del experto, del consultor, y de ahí
aparece también el colaborador. O si no, una suerte de
académico impoluto ajeno a lo que pasa en la sociedad.
Nosotros criticamos esas figuras que se consolidaron
en la academia. Pero no nos identificamos tampoco de
manera completa con la figura del intelectual
militante. Creemos que es necesario involucrarse y
acompañar a los movimientos sociales, pero también hay
que tener distancia para construir en un vaivén y un
equilibrio inestable con los movimientos. Todo eso
definiendo la crítica como distancia respecto del
poder, y cercanía con los movimientos sociales.
-No hay neutralidad.
-No. Siempre ha sido falsa en las ciencias sociales.
Creo que la derrota en los 70 fue muy grande, afectó a
los intelectuales, y hubo un repliegue.
-Pero esa profesionalización, consultoría o
colaboración con el poder no parece ser solo
argentina.
-No, es una figura consolidada en todos los países. En
Francia los intelectuales están hiperprofesionalizados
y por eso fue tan irritante Bordieu (Pierre Bordieu,
sociólogo francés fallecido en enero del 2002) en los
90, al salir en defensa de las luchas sociales. Lo
criticó toda la élite intelectual, socialdemócratas en
primera línea. La derrota de la izquierda generó una
crítica muy fuerte al rol del intelectual
comprometido. Además hay una cooptación. El sistema
académico ofrece grandes beneficios en ese repliegue.
-¿Y aquí?
-También. Con un plus: los intelectuales militantes
realmente sufrieron la represión en carne propia, y
muchos de ellos el exilio. Pero creo que han elaborado
muy mal el tema de es derrota, y muchos de esos
intelectuales que estuvieron comprometidos con el
proceso de los 70 renegaron de eso, y en los 80 hubo
todo un discurso en torno a la recuperación de los
valores democráticos que desembocó en una visión
hiperinstitucionalizada de la política.
Fue una época en la cual desaparece la sociología como
tratamiento de lo social, y deviene en reinado de la
ciencia política o filosofía política. Yo critico ese
perfil de intelectual profesional asentado. De todos
modos, a veces tenemos la tentación de descalificar la
academia. Yo creo que hay que tomar lo mejor de la
academia y potenciarlo.
Svampa está preparando un libro actualizado sobre la
problemática de los countries.
-Volví al campo. Fui a Nordelta y a otros countries
para tratar de ver cuestiones sobre el llamado
proletariado de servicios y las relaciones
asistenciales de los countries con los barrios
aledaños
-El libro original es anterior a la crisis del 2001.
¿Qué cambios se notan en el lugar de "los que
ganaron"?
-Hay distintas etapas en esta historia de segregación
espacial, que tienen relación con la etapa menemista.
La primera etapa, del 94 al 97, está recorrida por una
euforia, una sobreactuación de los riesgos y
oportunidades que representaban estos lugares. En la
segunda etapa, que es cuando hice el libro, se veía
que había ganadores, efectivamente, pero también una
alta inestabilidad. Los que pertenecían a sectores
medios en ascenso tenían muy en claro que al día
siguiente podían estar del otro lado del alambrado.
Eso los llevaba a ser más pragmáticos, y les impedía
planificar a largo plazo. El 2002 fue el año del gran
pánico en los barrios privados.
-Con simulacros de evacuación por si los invadían las
hordas de pobres.
-Sí, fue el gran miedo. La imagen de los saqueos
recorría el país y en los countries esperaban a los
saqueadores y piqueteros. Ese era el fantasma: no sé,
pensarían que les iban a ir a robar los palos de golf.
Hubo escenas cinematográficas, gente que se iba al
Uruguay, planes de evacuación en los barrios que no
eran los más lujosos ni exclusivos. Y a la vez empezó
a aparecer una necesidad de responder a la
problemática de descomposición social a través de
formas de asistencia.
-¿Por ejemplo?
-En un country muy conocido hubo un saqueo a un
supermercado cercano, e inmediatamente la comisión
directiva decidió crear un comedor comunitario. Se
empezó a ver que la seguridad que habían comprado no
era a prueba de fuego. Incluso afectó la aparición de
casos resonantes como el de García Belsunce, que
hablan de que los dispositivos de seguridad al
interior de los countries han sido muy descuidados.
Siempre se maneja la idea de que el enemigo está
afuera, cuando en realidad esta idea idílica de que se
puede construir una comunidad perfecta con los
semejantes también está en cuestión.
-Se trataría de la doctrina del pituto.
-Digamos que se rompió la idea de que las zonas de
seguridad se construyen a partir de fronteras. Y hubo
mucha ingenuidad en creer que se iba a crear la
comunidad ideal, con un exceso de reglamentarismo que
nadie respetaba y todos transgredían. Ahora encontré
una actitud un poco más realista.
-¿Pero no hay allí reclamos de mano dura? ¿Marchas
Blumberg?
-En esas marchas no sé si son de los countries, aunque
hay sectores de clase media y media alta. Hay barrios
abiertos que también tienen sus garitas. El tema de la
seguridad privada es muy amplio, hay 60.000 efectivos
en la provincia de Buenos Aires.
-Más que la policía bonaerense.
-Exacto, y se reparten en countries pero también en
garitas, bancos, shoppings, es un verdadero ejército
paralelo que tiene que ver con la matriz neoliberal
que ha reforzado el sistema represivo institucional.
Hay una militarización en las calles y también en las
villas, pero esto pasa desapercibido o naturalizado.
Pero es un fenómeno totalmente ligado al modelo
neoliberal y abarca inclusive situaciones como la
guerra en Irak, en la que intervienen empresas
privadas con mercenarios. El neoliberalismo requiere
seguridad privada. Lo que siempre se dice: tiene
seguridad el que puede pagarla. Es una marca de
status, que define todo un nuevo estilo de vida.
-¿Los medios recrean una especie de country
psicológico: un nosotros en peligro por ellos?
-Es posible. De modo general hay que entender que la
Argentina vive un proceso de fragmentación muy grande.
Mundos y universos que no se tocan. No hay puentes.
-Estalló la vieja idea sociológica de la pirámide
social, con los pobres abajo y los ricos arriba pero
formando parte de la misma figura.
-Sí. Hay que pensar otra imagen. El archipiélago, o no
sé qué. Es lo que decía también con respecto al mundo
académico y al de los movimientos sociales. No hay
puentes.
En los medios hay intereses ideológicos muy fuertes.
Son grandes grupos económicos que forman parte de las
organizaciones empresariales. ¿Cuál es el interés
efectivo de esa gente? Y eso se trasluce en la manera
como dan las noticias. El modo en que tratan, por
ejemplo, la protesta social. Los titulares son
increíbles y forman parte de una campaña antipiquetera
muy fuerte, en la que convergen diversos sectores:
clases medias que manifiestan su irritación y
desprecio hacia los que han sido despojados.
Sobre esa irritación se montan los medios. Hay una
derecha dura que pide represión y que no vacila en
usar una retórica sarmientina contra lo plebeyo. Hay
mucho desprecio hacia los sectores populares.
Y el gobierno utiliza ese malestar y lo alimenta, para
disciplinar a los sectores más díscolos.
-Una paradoja: el gobierno hace eso, pero a la vez en
los countries y en la derecha dura ven a Kirchner como
un izquierdista, que dice "compañeros" cuando habla de
los piqueteros.
-Yo creo que el gobierno de Kirchner instrumentó
distintas estrategias simultáneas con respecto al
movimiento piquetero. Kirchner se hizo cargo de las
demandas de más Estado, con un discurso donde estaban
los derechos humanos y la necesidad de purificar
ciertas instituciones. En ese marco hay que comprender
la oportunidad que se le presentó al gobierno frente a
un movimiento social que había tenido gran frontalidad
y protagonismo durante el último año y medio, de
llevar a cabo distintas estrategias: negociación,
disciplinamiento y represión, todo junto.
Si se analiza qué se hizo como negociación, la
masificación de los planes sociales benefició a varias
corrientes piqueteras. Por otro lado se crearon nuevos
subsidios para proyectos productivos muchos de los
cuales fueron un reclamo histórico de las corrientes
autónomas e independientes.
-¿Qué mapa podría trazarse actualmente para entender
el universo piquetero?
-Es un conglomerado muy heterogéneo, donde convergen
alineamientos que dependen de partidos de izquierda,
organizaciones territoriales más independientes y
autónomas, y otras más ligadas a los sindicatos.
Algunas de ellas tienen una fuerte matriz populista.
Venimos de tensión entre las corrientes ligadas a una
concepción de izquierda, y las autónomas. Pero este
año vivimos el gran apogeo de los movimientos
populistas, que si bien habían tenido protagonismo en
la calle, no lo habían tenido en términos de debate.
-¿Y cómo entran en el debate?
-Con Kirchner se les abre la posibilidad de pensar en
reconstituir una suerte de proyecto nacional, con un
correlato americano: Chávez en Venezuela, Lula en
Brasil, vamos a ver si Evo Morales en Bolivia. Polo
latinoamericano, bases movilizadas, nuevo liderazgo y
pacto social. Kirchner se alimentó de esas
organizaciones y la oposición quedó en los grupos
territoriales y los ligados a partidos de izquierda.
-¿Cuáles serían esos movimientos populistas?
-La FTV (Federación de Trabajo y Vivienda, conducida
por Luis D'Elía), Barrios de Pie, y todos los que han
conformado el frente piquetero kirchnerista. Buscan
recrear la idea Pueblo-Nación.
-Y pelearle el territorio bonaerense a los punteros
duhaldistas. Supongo. Ese parece ser el gran
unificador de todos los grupos bonaerenses.
-Sí, salvo que no creo que estos grupos hayan peleado
realmente contra las estructuras del peronismo. No son
ellos los que han sufrido la represión y la oposición.
La FTV desarrolló componentes pragmáticos muy claros.
-No entiendo.
-Siempre negociaba. Estos grupos no confrontan en
términos estratégicos con el duhaldismo. Son parte de
la interna.
-¿Dónde entra en este esquema la Corriente Clasista y
Combativa, que fue casi oficialista y a la vez
funciona con el Partido Comunista Revolucionario
(maoísta)?
-Tiene una doble matriz. Una perspectiva
anticapitalista con fuertes elementos populistas. Por
eso tiene esas relaciones de acercamiento y
alejamiento con el gobierno. Ahora rompió con la FTV y
actúa sola, coordinada a veces con otros grupos.
-¿Castells (del Movimiento Independiente de Jubilados
y Desocupados)?
-Buena pregunta. Creo que tiene una estructura
movimientista clásica. Organización muy verticalista,
que funciona en relación con su lider, jerarquizada y
centralizada. Como en el peronismo. En ese sentido
Castells tiene más elementos en común con la FTV,
aunque se diferencia por su perspectiva
anticapitalista.
-¿Y los grupos piqueteros oficialistas?
-Ahí lo que no está claro es qué lugar ocupan las
bases sociales movilizadas. La experiencia del 2002
dejó la marca del desborde de las masas y la amenaza a
la gobernabilidad. Con lo cual la transversalidad
tiene ese límite: quiere contar con masas movilizadas,
pero gobernables.
De todos modos creo que las experiencias ligadas a los
partidos de izquierda subestimaron al peronismo. Se
creyó que había desaparecido. Yo recuerdo que un
dirigente llegó a decir que el peronismo era un
cadáver insepulto.
-Es algo que se viene anunciando desde 1945.
-Pero eso es desconocer la historia. No es que uno
considere que estamos en las tierras del peronismo
infinito: durante mucho tiempo tuvo el monopolio de la
representación de los sectores populares, pero ahora
hay experiencias territoriales innovadoras por fuera
del peronismo. De todos modos desconocerlo o
subestimar su rol entre los sectores populares, es ser
ciego.
No se tuvo en cuenta lo primordial: los planes
sociales. En 1997 se otorgaron 300.000 planes a las
organizaciones piqueteras incipientes. Pero a partir
de ahí se multiplicaron los planes, hay más de dos
millones, de los cuales sólo el 10 por ciento es
controlado por organizaciones piqueteras. El resto -el
90 por ciento- depende directa o indirectamente del
peronismo.
-Renació el cadáver insepulto.
-Claro, porque en realidad a estos planes más allá de
responder a la urgencia ante la crisis, hay que verlos
como una estrategia de legitimación del peronismo para
recuperar su relación con los sectores populares. Si
uno se olvida de eso, puede minimizar lo que ocurre en
ciertas organizaciones piqueteras que eligieron el
camino de la masificación y hoy corren el riesgo de
caer en el clientelismo.
-¿…?
-Quiero decir: la masificación conlleva el riesgo de
clientelismo, porque se necesitan mediadores, y los
mediadores provienen muchas veces del peronismo. Hubo
un pasaje de punteros y manzaneras a las
organizaciones piqueteras, que los aceptaron con el
desafío de cambiar la cultura política. Pero ante la
urgencia de la gente, el rol de mediador es tan grande
que existe el riesgo ni digo del asistencialismo, pero
sí del clientelismo
-Y las organizaciones que querían romper un tipo de
relación terminan copiándolo.
-Digamos que es un riesgo. Los que acompañamos estos
procesos tenemos que verlo y analizarlo. Porque al
principio se vio a los planes como una ruptura con el
sistema clientelar.
-La cuestión es: si la gente tiene que obedecer las
órdenes de los dirigentes y, por ejemplo, ir a los
actos y marchas para sumar puntos y recibir un plan,
la práctica es idéntica a las de los punteros, más
allá de los discursos.
-En todo caso creo que hay que enfrentar el problema y
resolver la cuestión. Más allá de las críticas de las
clases medias sobre asistencialismo, que tienen un
nivel de hipocresía en el cual no quiero entrar. Pero
la cuestión está. La cuestión de la dependencia.
Durante la primera etapa del movimiento piquetero
surgieron los elementos más positivos de esa relación
ambivalente con el Estado. Hoy salen a relucir los
elementos más negativos, como el riesgo de
clientelismo. Por eso es necesario que distintas
organizaciones piqueteras salgan de esa lógica.
Hay varias propuestas. Hay quienes proponen la
universalización de los planes, y eliminar la figura
del mediador.
-Que los planes vayan directamente a la gente.
-Claro. Ahora existen muchos mediadores. El sistema
punteril, organizaciones religiosas tipo Cáritas,
organizaciones no gubernamentales. Los grupos
piqueteros son los únicos que han abierto una brecha
innovadora en el mundo comunitario. Los otros no hacen
más que reproducir la lógica asistencialista. De todos
modos hay que llamar la atención a las organizaciones
piqueteras sobre que efectivamente hay un peligro
mayor en esta relación de dependencia con el Estado.
Hay una profundización de la matriz neoliberal por el
lado del asistencialismo. El Estado controla la vida
de dos millones de personas. Es escandaloso. El
movimiento piquetero tiene que romper esa lógica para
continuar con sus prácticas innovadoras. Es el nuevo
desafío, y no es fácil.
Otra propuesta es la idea del ingreso ciudadano, que
permitiría disociar lo que es el ingreso, del trabajo,
y asociarlo al derecho a la vida, para poder ejercitar
la ciudadanía.
Y me parece que algo que se desdibujó en los últimos
tiempos en los movimientos es el tema de los derechos.
Los medios y el rechazo de las clases medias han
contribuido a reducir la protesta a la realización de
un piquete o la obtención de un plan, cuando lo que
está en debate es el derecho a la vida, a la
educación, a la alimentación.
Me parece que uno de los grandes desafíos es la
ampliación de la plataforma discursiva y
reivindicativa de las organizaciones piqueteras.
-¿Por ejemplo?
-Hay cosas que surgieron en el Foro de Mosconi. Además
del rechazo a la criminalización de la protesta, el
otro eje fue el de recuperar los recursos naturales,
denunciar la acción de las multinacionales, interpelar
a otros actores -no sólo al Estado- que han tenido un
rol devastador en la sociedad. Hay que ampliar la
plataforma discursiva, porque si hay algo preocupante
para las organizaciones piqueteras, es su grado de
aislamiento.
-¿De qué modo se amplía el discurso?
Creo que una manera de tender puentes y buscar lazos
es tocar temas que involucran a todos, porque implican
el derecho a la vida, a la educación y demás.
Pero hay que tener en cuenta que la capacidad de
interpelación que históricamente han tenido los
excluidos ha sido bastante débil. Cuando me dicen
"¿por qué los piqueteros no realizan otro tipo de
protesta?", yo siempre digo: son desocupados, tienen
menor posibilidad de interpelar a la sociedad que un
trabajador ocupado. La forma de salir de la
invisibilidad fue el piquete.
Pero hoy, las clases medias que en algún momento -por
la crisis- tuvieron un punto de resonancia con los
piqueteros, están naturalizando otra vez la brecha y
dicen: "señores, resígnense, ustedes son excluidos,
vuelvan a sus barrios y no molesten". Ese es el
aislamiento que favorece la represión. La afinidad de
las clases medias fue episódica, aunque también es
cierto que surgieron nuevas organizaciones y espacios
de cruce social entre distintos movimientos. Las
asambleas fueron espacios donde se gestaron nuevas
articulaciones. Muchos de los que salieron a la calle
están desarrollando nuevas experiencias. No todos se
volvieron a sus casas. Eso es muy positivo, y hay que
señalarlo contra esa visión pesimista y negativa de
las clases medias.
Hay profesionales, médicos, psicólogos, grupos
culturales, colectivos de contrainformación, un
conjunto heterogéneo que hace sus aportes. Los
movimientos piqueteros no son lo mismo que hace dos o
tres años. Han realizado cruces y articulaciones con
otros sectores sociales, han tenido la oportunidad de
viajar y de conocer otras realidades. Se han insertado
en el mapa de las luchas sociales. Eso es algo que no
ve la opinión pública.
-Otra vez: el mundo paralelo.
-Claro, lo que no reflejan los medios.
-Lo que mucha gente percibe como retroceso, podría
verse como un proceso de transformación.
-Sí, sobre todo en las experiencias como el
autonomismo en todas sus expresiones, no sólo el
radical. Quiero decir que hay una visión muy
"solanocéntrica" de la autonomía (traducción:
referencia al Movimiento de Trabajadores Desocupados
de Solano), pero creo que eso forma parte de toda una
nueva vertiente que yo prefiero llamar el espacio de
la nueva izquierda, donde hay matrices diferentes,
unas populistas y otras anticapitalistas. Y dentro de
las anticapitalistas hay diferentes expresiones. La
izquierda tradicional partidizada, por ejemplo, con
mucha visibilidad por su confrontación con el
gobierno, que bien valdría la pena revisar. Hay una
necesidad de repensar cuál es el sentido de la acción
de los que creen que el sujeto político se construye
sólo a partir de la movilización callejera.
-Me perdí. El mapa piquetero se dividiría en tres:
organizaciones populistas, de izquierda tradicional, y
el espacio de la nueva izquierda.
-No sólo en el movimiento piquetero, sino que en el
espacio de los movimientos sociales nosotros podemos
ver reflejadas distintas lógicas de construcción del
sujeto político. Por un lado, la izquierda tradicional
piensa en la construcción de un sujeto que reenvía a
la clase revolucionaria, con una propuesta
vanguardista que cree que el sujeto político se
construye con la sola movilización callejera. Esto se
vio al extremo durante los últimos dos años.
Luego están en ese espacio político los que conciben
al sujeto político en términos de "pueblo-Nación", que
reenvían nostálgicamente al viejo modelo populista con
el líder conductor, la masa movilizada y el pacto
social. Hoy suma expectativas por la coyuntura
latinoamericana. Acá no hay clase revolucionaria sino
pueblo-Nación.
Y creo que hay una tercera que yo no llamo autonomista
porque se corre el riesgo de identificarla con una
sola de sus variantes (el MTD de Solano). A esto lo
llamaría el espacio de las nuevas izquierdas, donde
encuentro distintas orientaciones ideológicas. Ahí uno
puede encontrar organizaciones como la UTD (Unión de
trabajadores Desocupados de Mosconi, Salta) en la que
si se buscan definiciones teóricas claras tal vez no
se las encuentre en los términos que nosotros podemos
plantearlas. Están también los MTD de la Verón (que se
han dividido) y los MTR (Movimiento Teresa Rodríguez,
también divididos) con todas sus ambivalencias y
contradicciones, y hasta uno podría decir que hay
otras corrientes diseminadas en el espacio piquetero.
Pero en el espacio de las nuevas izquierdas hay una
búsqueda, no una definición contundente de lo que es
el sujeto político. Para los autonomistas radicales,
no hay sujeto, sino una subjetividad radical: no hay
la posibilidad de articulación de un nuevo sujeto
político. Ahí hay un debate teórico que hay que seguir
dando. Pero también están quienes buscan la
construcción de un sujeto político por fuer de las
concepciones vanguardistas y populistas, pero siempre
dentro de una vía anticapitalista de recreación de
nuevas relaciones sociales.
-¿Pero qué sería ese sujeto? ¿Un partido político, o
algo por el estilo?
-No, no. El espacio de nuevas izquierdas niega toda
posibilidad de representación a través de los
partidos. Eso es claro. Pero por lo demás no hay
definiciones sobre cuál sería ese sujeto político. Hay
una búsqueda y un debate.
-Debate difícil, porque están subdivididos hasta los
que teóricamente piensan parecido. Y todos parecen
tener buenas razones para no querer estar unidos.
-A ver. Algunos defienden la diversidad. Pero el
costado negativo de la diversidad es la fragmentación.
Estamos viviendo eso, que conspira contra crear
espacios de articulación nuevos. Insisto, conspiró
cierta vocación autonomista de negar toda posibilidad
de articulación, en tanto esta posibilidad era
portadora de una amenaza hegemonizante.
-Pero sería también un tanto "solanocéntrico" pensar
que la fragmentación de otras organizaciones ocurre
por las ideas de autonomía.
-Claro, hay un proceso de fragmentación alimentada por
otro lado por el contexto político y por la
heterogeneidad del origen de las organizaciones
piqueteras. Un tema que no fue menor durante el 2002
fue que hubo un gobierno débil como el de Duhalde. Esa
debilidad alentó la proliferación de grupos, las
divisiones. Maquiavelo dice que un rival débil
favorece la fragmentación.
-En esas nuevas izquierdas, ¿qué es lo que hay en
común?
-Eso también es importante de señalar, porque hay
muchas cuestiones. El estilo de construcción basado en
la democracia asamblearia. Cada grupo defiende esa
democracia asamblearia de diferentes maneras, pero es
una característica, sea el MTR, la Verón, y aún la
CCC. Está también la autogestión y la voluntad por
crear espacios de economía alternativa. Y la
diferencia está entre quienes niegan toda posibilidad
de aglutinamiento porque eso implicaría constituir un
polo hegemónico, y aquellos que sostienen que es
posible construir nuevos espacios de articulación.
Sería como la discusión entre Negri y Gramsci (Toni
Negri, italiano, autor de Imperio. Antonio Gramsci,
también italiano, teórico marxista y presidente del
Partido Comunista de su país, fallecido en 1937).
Negri venció a Gramsci pero creo que hay que repensar
la cuestión de la articulación política. Me parece muy
rico el pensamiento de Negri sobre las
transformaciones en la subjetividad, pero me parece
más complicado cuando esto adquiere un registro
político. Ahí hay que ponerlo en diálogo con otra
gente. Es necesario abrir ese diálogo.
-Se le pide muchas cosas a los movimientos, que además
tienen que sobrevivir día a día.
-Pero bueno, si algún aporte podemos hacer es discutir
este tipo de cosas.
-Después de la semana contra la criminalización de la
protesta, ¿se puede pensar en una situación represiva
más dura?
-Creo que a todos nos acosa el fantasma de la
represión final. Pero es cierto que el contexto se va
endureciendo cada vez más, y con hechos objetivos.
Cada vez hay más policías en las calles, fuerzas
represivas que se van diversificando, y la seguridad
privada en aumento, como un ejército paralelo. La
sociedad de control no es una imagen metafórica. Y el
endurecimiento va más allá de la situación de
inseguridad que plantean muchos sectores. Pasa no solo
por la presencia policial, sino por situaciones como
la judicialización de la protesta social, que favorece
la represión.
-¿Hay grupos piqueteros a los que les convenga el
escenario represivo?
-El "cuanto peor, mejor". Me parece que es una idea
simplista. Si hay algunos que piensan así, es algo
marginal. No es algo que esté presente en los
movimientos. Pero es una idea explotada por el
gobierno y ciertos sectores progresistas. Parecería
que todo desafío o confrontación es funcional a la
derecha. Pero entonces, ¿qué habría que hacer?
¿quedarse en el barrio para no despertar al lobo
feroz? Ahí hay otra discusión. Sin caer en el
simplismo de los que simplemente piensan que hay que
atizar para tener mayor apoyo, en una confrontación
siempre hay riesgo de que haya mayor represión. Eso lo
saben todos los grupos desde la primera vez que
salieron a cortar una ruta.
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