[R-P] Agenda de Reflexion

Dr. Rodolfo E. Parbst drparbst en ciudad.com.ar
Mie Jun 9 12:36:54 MDT 2004


Hoy se cumplen 48 años de aquel 9 de junio de 1956, pero también se cumplen
dos años desde que mi condiscipulo Alejandro Pandra comenzara su
impresionante Agenda de Reflexión.
Por ello, en homenaje conjunto, reenvio el Número 0 de ésta, precisamente un
domingo 9 de junio.
Rodolfo Parbst
No para dar por pensado,
sino para dar en qué pensar
Agenda de reflexión
Número 0, Buenos Aires, domingo 9 de junio de 2002

El atlas del Gran Khan contiene los mapas de las tierras prometidas
visitadas con el pensamiento pero todavía no descubiertas o fundadas: Nueva
Atlántida, Utopía, Ciudad del Sol, Océana, Tamoé, Armonía, New Lanark,
Icaria.
Pregunta el Gran Khan a Marco Polo: -Tú que exploras a tu alrededor y ves
los signos, sabrás decirme hacia cuál de esos futuros nos impulsan los
vientos propicios.
Le responde Polo: -Para llegar a esos puertos no sabría trazar la ruta en la
carta ni fijar la fecha de arribo. A veces me basta una vista en escorzo que
se abre justo en medio de un paisaje incongruente, unas luces que afloran en
la niebla, el diálogo de dos transeúntes que se encuentran en pleno trajín,
para pensar que a partir de ahí juntaré pedazo por pedazo la ciudad
perfecta, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados
por intervalos, de señales que uno envía y no sabe quién las recibe.  Si te
digo que la ciudad a la cual tiende mi viaje es discontinua en el espacio y
en el tiempo, a veces rala, a veces densa, no creas que haya que dejar de
buscarla. Quizás mientras nosotros hablamos está asomando, esparcida dentro
de los confines de tu imperio... Puedo rastrearla, pero de la manera que te
he dicho.
El Gran Khan ya estaba ojeando en su atlas los mapas de las ciudades
amenazadoras de las pesadillas y las maldiciones:  Enoch, Babilonia, Yahóo,
Butúa, Brave New World.
Y dice: -Todo es inútil si el último fondeadero no puede sino ser la ciudad
infernal, y donde, allí en el fondo, en una espiral cada vez más cerrada,
nos sorbe la corriente.
Y Polo: -El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya
existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando
juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos:
aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo.
La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y
saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure,
y dejarle espacio.

El sugestivo final surrealista de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino,
nos introduce en el intento de generar una edición digital a modo de una
agenda de reflexión con el anhelo, no de dar por pensado, sino de dar en qué
pensar, a fin de que se nos abra esa “vista en escorzo”. ¿No es acaso, de
alguna manera, el ideal de la lucha contemporánea de nuestro pueblo una
“tierra prometida visitada con el pensamiento pero todavía no descubierta o
fundada”? ¿No es acaso dificultoso “trazar la ruta en la carta y fijar la
fecha de arribo”?
Al igual que el Marco Polo de Calvino, sólo podemos guiarnos por imágenes
fragmentarias, a veces perpendiculares, a veces oblicuas, al plano donde la
realidad se nos dibuja como “un paisaje incongruente”.
No nos anima aquí ni ahora la polémica, ni otra intención como no sea
instigar a cada uno a pensar por sí mismo y a descubrir esas “vistas”
fragmentarias –las de cada cual- en medio del “paisaje” turbulento de
nuestra sociedad, mediante una desordenada y antojadiza serie de notas,
poemas, citas y reflexiones, propias y de terceros, sin una periodicidad
regular, quizá en torno a hechos históricos, o de situaciones o anécdotas
vividas o que nos han contado o hemos leído.
Muchas veces, aunque no siempre, los temas serán inspirados por las
efemérides. A modo de ejemplo, hoy 9 de junio, recordaremos con un poema al
levantamiento de 1956 y meditaremos sobre las consecuencias de las actitudes
y posiciones políticas de 1972. El Número 1 de la Agenda de reflexión se
editará el próximo 20 de junio y evocaremos al General Manuel Belgrano
(fallecido en 1820) y al retorno del General Perón y la tragedia de Ezeiza
de 1973.

El 9 de junio de 1956

Ese día un grupo de civiles y militares de origen nacionalista y peronista,
bajo el mando del General Juan José Valle, protagonizaron un levantamiento
contra la feroz tiranía presidida por el General Pedro Eugenio Aramburu. La
inteligencia oficial estaba al tanto del pronunciamiento, pero permitió
adrede que se desenvolviera, para reprimirlo en un baño en sangre que
resultara ejemplificador.
            Efectivamente, una treintena de patriotas fueron asesinados a
mansalva, de la forma más infame que registran los anales de la historia
militar argentina. Salvador Ferla en Mártires y verdugos y Rodolfo Walsh en
Operación Masacre supieron relatar el drama con singular maestría. En la
noche del mismo día 12 en que se entregó dignamente, Valle sería fusilado en
la Penitenciaría Nacional, ubicada en Las Heras y Coronel Díaz, en la noche
del 12. A último momento, su esposa intentó infructuosamente apelar a la
indulgencia del presidente provisional en la Quinta de Olivos.
El poeta José Gobello pintó en 1957, desde la prisión, la situación de la
siguiente manera:

El Presidente Duerme

La noche yace muda como un ajusticiado.
Más allá del silencio nuevos silencios crecen.
Cien pupilas recelan las sombras de la sombra,
velan las bayonetas y el Presidente duerme.

La luna se ha escondido de frío o de vergüenza
ya sobre los gatillos los dedos se estremecen,
una esperanza absurda se aferra a los teléfonos:
el Presidente duerme.

El llanto se desata frente a las altas botas.
-¡Calle, mujer, no sea que el llanto lo despierte!
-Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo.
-El Presidente duerme.

Los faroles desgarran el seno de la noche,
el terraplén se apresta a sostener la muerte,
el pueblo se desvela de angustia y de impotencia.
El Presidente duerme.

Tras de las bocas mudas laten hondos clamores.
“¡Cumplan con su deber y que ninguno tiemble
de frío ni de miedo!”… En una alcoba tibia
el Presidente duerme.

“Viva la Patria!”, y luego, los dedos temblorosos,
un sargento que llora, soldados que obedecen,
veinticuatro balazos desgarrando el silencio…
Y el Presidente duerme.

Acres rosas de sangre florecen en los pechos,
el rocío mitiga las heridas aleves,
seis hombres caen de bruces sobre la tierra helada
y el Presidente duerme.

¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta!
¡Que cese todo llanto! ¡Que nadie se lamente!
Un silencio compacto se adueña de la noche.
Y el Presidente duerme.

¡Oh, callen, callen todos! ¡Callen los camaradas!
¡Callen los estadistas, los prelados, los jueces!
¡Que el pueblo ensangrentado se trague sus palabras!
¡El Presidente duerme!

El pueblo yace mudo como un ajusticiado
pero bajo el silencio nuevos rencores crecen,
hay ojos desvelados que acechan en la sombra…
Y el Presidente duerme.

El 9 de junio de 1972

Perón se aprestaba a librar la última etapa del proceso que culminaría con
su retorno del 17 de noviembre. En ese marco convocó a la unidad de Juventud
Peronista, estableciendo las condiciones de la misma y sugiriendo el retiro
de las estructuras juveniles de los dirigentes más veteranos. Se combinó la
fecha del 9 de junio de 1972 para sellar esa unidad en un acto en la
Federación de Box de Buenos Aires. El local estaba repleto hasta estallar.
No había a la sazón un solo militante peronista activo en todo el país que
no estuviera ahí adentro. Cuando uno aprecia el tamaño del local y cuenta su
capacidad, concluye que la explosión de movilización del período se produjo
inmediatamente después. Para el 9 de junio, sólo militaba un puñado. Pero
con una decisión inquebrantable. Bastaba estar ahí para sentirlo.
            A pesar de la honesta y sana intención de casi todos los
presentes, sin embargo, la unidad no fue posible entonces. Una mitad de la
Federación de Box se desgañitaba por imponer la consigna “patria socialista”
y la otra mitad hacía lo propio con la “patria peronista”. Inmersos en un
mar de consignas encontradas, sordos de tanto gritar, quedamos todos
sumergidos en una Babel de la confusión de lenguas.
            Treinta años después de aquel acto, luego del cual supimos tocar
el cielo con las manos, pero también más tarde morder el polvo hasta la
asfixia, ¿podremos los sobrevivientes sacar conclusiones distintas de las de
entonces? ¿Perón, desde su grandeza y su visión, no habría visto más allá de
nosotros cuando apelaba a aquella unidad? ¿Podría haber sido distinto el
sino tan trágico y doloroso del último cuarto de siglo? Lo cierto es que más
que su muerte el 1º de julio de 1974, el hecho incalificable e
injustificable de habérsele cortado las manos a su cadáver simboliza una
tarea pendiente: restituir aquellas manos en la misión de completar la
acción emancipadora del General Juan Perón.
Para los sobrevivientes de aquel acto de 1972 es insoslayable reclamar un
primer puesto en esta misión.

Nuestra propia ciudad invisible

Iniciamos esta Agenda de reflexión Nº 0 con Las ciudades invisibles de
Calvino y la cerraremos con la convocatoria a la nueva búsqueda también de
nuestra propia ciudad mítica, ya lejos de surrealismos y utopías paganas,
del final del fantástico estudio de teopolítica de Juan Manuel Palacio, La
Ciudad de los Césares:

El (...) factor de "naturalidad" que determinaría al Río de la Plata como
centro de irradiación del futuro espíritu de vida, sería la confluencia de
los astros con su libertad -consciente y creadora- lanzada al encuentro de
la Ciudad de los Césares, mito inicial y terminal de las Provincias del Sur.
Nuestra especulación se inmiscuye, así, en el terreno azaroso de los futuros
libres y de los méritos presuntos que esta Nación, o más bien el Angel de
esta Nación, pueda hacer valer ante ese Senado de espíritus puros que nos
describe el Libro de Job. Ese Angel que nuestras leyendas populares
identifican con el alma del payador Santos Vega fue derrotado, en principio,
por el "mandinga" telúrico encarnado en Juan Sin Ropa, pero esta
derrota -como hemos visto- estuvo lejos de ser completa y definitiva.
Los méritos que ese Angel podrá invocar deberán ser méritos humanos, los de
una minoría de hombres dirigentes que asuman la representación de las
virtudes ancestrales de la comunidad; y esto es lo que tiene de programa la
nueva búsqueda de la Ciudad de los Césares. En su opúsculo político De
regimine Principum, santo Tomás de Aquino enumera cuáles fueron los méritos
de Roma para hacerse acreedora al Imperio. Fue, en primer lugar, dice el
doctor angélico, el amor a la patria, que es la más honrosa de las virtudes
morales, porque al procurar el bien común se asimila a la divina solicitud
de la Providencia sobre la Creación; en segundo lugar, el celo por la
justicia, ya que la santidad de las leyes romanas hizo deseable y benéfica
su vigencia sobre otros pueblos; en tercer lugar, Roma mereció el Imperio
por su benevolencia civil, por la moderación y magnanimidad manifiestas en
el ejercicio de su dominio.
La perseverancia y el heroísmo en el cultivo de estas virtudes sociales que
son el amor a la patria, el celo por la justicia y la benevolencia civil
podrán merecer a los argentinos -si están iluminadas por el triduo teologal
de la fe, la esperanza y la caridad- un destino en la tierra.
Y si esta confluencia de nuestra libertad con los astros no fuera, con todo
eso, posible, su búsqueda nos merecerá algo más importante todavía: una
morada en ese Reino donde conviven "la amenidad de la primavera, la lucidez
del verano, la fecundidad del otoño y el reposo del invierno". 0 sea el
acceso a la Patria verdadera, cuya semejanza embellece las sombras,
vestigios e imágenes de nuestra amable patria terrenal.

El presente no se trata de un mensaje SPAM, que si bien nadie sabe muy bien
lo que significa, parece que hay que consignarlo. Usted ha sido incorporado
a la lista de destinatarios del presente correo electrónico por iniciativa
de Alejandro Pandra <pandra en ciudad.com.ar>. Si a esta altura le sigue la
bronca, envíele un mensaje diciéndoselo, que él sabrá oportunamente
disculparse. Si desea suscribirse a la lista de destinatarios o
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citando o no la fuente, según su propia conveniencia. No guardamos razones
ni intereses editoriales. No creemos que sean épocas de preocuparse por el
copyright, ni propio ni ajeno. Por el contrario, si como se nos asegura
existe un “ciberespacio”, aspiramos a que entonces algún “ciberviento”
multiplique generosamente los frutos de esta Agenda de reflexión.





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