[R-P] El 4 de Junio según Jorge Cuello

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Jue Jun 3 05:44:29 MDT 2004


[En un momento nos vimos obligados a cancelar la suscripción de Jorge 
Cuello.  Sin embargo, creemos interesante remitir este trabajo suyo 
sobre el 4 de junio de 1943.  Como siempre, para discutir, y no para 
imponer.]

4 DE JUNIO DEL 43, SU TRASCENDENCIA

Cuando el 4 de junio de 1943 las tropas comandadas por altos 
oficiales nacionalistas del ejercito, derrocaban al 
presidente Castillo y tomaban el poder en Argentina, se 
producía el hecho político más importante del S.XX en 
nuestro país y probablemente de  América Latina. Visto en 
perspectiva histórica ha resultado tan decisivo como el 25 
de mayo o el 9 de julio y tan importante como la reconquista 
de Buenos Aires  o la batalla de Ayacucho.

Pero según las metodológicas historiográficas utilizadas en 
nuestros tiempos, en su casi totalidad derivadas de teorías  
liberales o marxistas, el hecho pierde la verdadera 
trascendencia que en la realidad tuvo, ya que estas 
filosofías presentes en las bases de aquellos métodos, no 
observan la historia desde la realidad de las naciones y su 
existencia en el devenir del tiempo y de su espacio, sino de 
acuerdo a categorías y principios que ellas mismas crean, 
fruto de disquisiciones intelectuales que suelen estar 
alejadas de la realidad vívida de los hombres reales que 
hacen esa historia.

Es así que el sistema educativo argentino, impregnado de 
aquellas filosofías ignora o niega el peronismo, y, 
naturalmente, le resta total significación al acontecimiento 
histórico puntual que abrió el espacio para el surgimiento 
de este movimiento nacional argentino. Se procura reducir la 
revolución Justicialista solamente a la problemática social 
del pasado y reducir toda su significancia a un simple 
obrerismo, no excepto de demagogia.  

También está presente el método del “silencio”. Se busca 
ignorar por silencio. Método este que ha tenido relativo 
éxito para la cultura liberal argentina  que logro, por este 
camino, ocultar a generaciones de compatriotas, cursos 
históricos de rotunda importancia para la vida de la Nación 
y que pudieron ver la luz casi un siglo después gracias a la 
tesonera labor de los historiadores “revisionistas”. 

En los ambientes intelectuales, universitarios, académicos, 
el concepto instalado respecto a “que cosa es” una 
revolución, sin duda contribuye igualmente a recluir casi en 
el olvido la magnitud del proceso iniciado aquel 4 de junio 
del 43. Me refiero a la creencia que una revolución en 
nuestra época es únicamente aquella de carácter socialista 
marxista. Y naturalmente, la que inician Ramirez -Farrel - 
Perón estaba en las antípodas. 

Una revolución puede ser "política", totalmente alejada del 
marxismo. Y en este caso el "hecho revolucionario" esta dado 
por la ruptura de la dependencia de un centro de poder o 
potencia imperial, ruptura que necesariamente  impulsa, en 
la nación que ha tomado esa decisión y ha podido 
concretarla, un cambio radical de estructuras en todos los 
aspectos y niveles de la vida colectiva e individual de esa 
comunidad. Y no necesariamente tiene que ser marxista en sus 
valores, en su concepción ni en su realización.

Aquel 4 de junio, marca el comienzo de un proceso con esas 
características y definiciones. Fue el comienzo de una 
revolución tan profunda,  que a casi cincuenta años de 
concluida la etapa de realizaciones, y a pesar de otros 
tantos  años de destrucción planificada y sistematizada de 
su inconmensurable obra, aún sigue presente en el decurso 
político de nuestra nación. Y sin embargo, en las bases 
doctrinarias de aquella revolución, nada tan ausente como el 
marxismo.

Una noción superior, realista, humanista, rigió toda la obra 
iniciada el 4 de junio: la superior noción de Nación-
Soberanía-Justicia como únicas posibilidades de realizar el 
“bien común” y de instaurar una conciencia geopolítica que 
en aquel proceso, resguardó, reorganizó e impulso a la 
grandeza a nuestra nación y procuró expandir estas nociones 
a toda América Latina. 

En el momento de producirse la revolución del 43, la guerra 
europea tomaba ya un curso estratégico decisivo y la 
victoria de las potencias “Aliadas” se tornaba irreversible. 
Si bien es cierto el desarrollo de la guerra podría poner en 
duda esta afirmación, surgía en cambio claramente al 
estudiarse la relación tiempo-capacidad de suministros-
frentes y escenarios de guerra. Esta ecuación resultaba 
definitivamente favorable a los Aliados, desde la entrada de 
EEUU a la guerra y la neutralización del Japón como potencia 
invasora de Rusia por el oriente y el Pacifico.  Los 
acuerdos de Bretton Woods, alcanzados para organizar el 
mundo de la postguerra en exclusivo beneficio de las 
superpotencias que de la conflagración surgirían, lo 
atestiguan.  De manera que un nuevo y rígido  orden 
geopolítico mundial se estaba construyendo vertiginosamente 
al fragor de  las armas en los campos de batalla de la vieja 
Europa y las banderas victoriosas, se mostraban generosas a  
rusos y anglos-norteamericanos por igual.  Era un orden 
geopolítico planificado en todos sus detalles, por los 
grandes eruditos, políticos y centros de planificación de 
las potencias que se sabían triunfadoras. Nada escapaba ni 
era ajeno a esta ordenación que se concretaría 
definitivamente en un futuro próximo. 

Nada era ajeno, excepto, la imprevisibilidad de los hombres 
y los pueblos. 

En esta dimensión geopolítica, que todo lo abarca, es donde 
aparece la extraordinaria magnitud de la revolución del 43. 
Y ese 4 de junio sucedió justamente eso: lo imprevisible, lo 
que estaba fuera de los cálculos de los dirigentes de las 
potencias de entonces, lo que desestructuraba el nuevo orden 
de dominio que a sangre y fuego estaba naciendo en el mundo. 
En fin,   lo que provocó la virulenta reacción y presiones a 
que se vio sometido el gobierno militar revolucionario, 
tanto por parte de los organismos y funcionarios de los 
gobiernos Aliados, muy especialmente Estados Unidos,  como 
por el aparato de control y dominación que las potencias de 
entonces, habían consolidado en nuestro país. 

Desde aquel 4 de junio una importante región del continente 
sudamericano pasaba a estar en conflicto con esas potencias, 
con el agravante que se producía dentro del espacio de 
absoluta influencia de intereses geopolíticos fundamentales 
de estas. Consecuentemente, una modificación geopolítica 
surgía en el horizonte inmediato de la política 
internacional de EEUU, ya que Argentina pasaba a controlar 
soberanamente, tanto la integridad de su territorio y sus 
riquezas,  como los mares jurisdiccionales y los pasos 
interoceánicos de Magallanes y Darke en el extremo sur de 
América, se proyectaba hacia las islas del Atlántico sur y 
extendía su influencia hasta la Antártida. 

Agudizaba esta complicada situación,  el hecho que Argentina 
disponía de un relativo poder de expandir su influencia a 
toda la región del Cono Sur e incluso del continente. Esta 
potencialidad argentina definió casi inmediatamente la 
política hostil del Departamento de Estado hacia nuestro 
país y su gobierno militar. No estaban dispuesto a aceptar 
el lugar en el mundo de post guerra que Argentina pretendía.  
Cuando el 22 de diciembre del 43, una revolución en Bolivia 
llevo al poder al Mayor Villaroel, la luz roja se encendió 
en las altas esferas de la potencia del norte y cuatro días 
después, el New York Time publicaba el pensamiento del 
vicepresidente Welles, convencido que los “nazis” argentinos 
estaban detrás del golpe en al Altiplano. L.S.Rowe, quien 
encabezaba la Unión Panamericana, denuncio al Departamento 
de Estado que la Argentina hacia lo posible por "destruir el  
sistema interamericano” (Berle Diaries, 10 enero 1944, box 
215, en C. Escude, La Declinación Argentina, Bs.As. 1983, 
Ed. Belgrano ) y ese mismo mes, el presidente Roosevelt, a 
instancia del Departamento de Estado, aprobó un aumento del 
“préstamo y arriendo” para fortalecer el poder militar del 
Brasil y ordenó a poderosas unidades de la Flota del 
Atlántico sur, al mando del almirante Jone Ingram, 
desplegarse hacia la boca del Plata. Acciones de esta 
envergadura, presiones económicas y políticas y todo tipo de 
operaciones diplomáticas por parte de Estados Unidos 
muestran claramente el malestar y la dimensión del problema 
que aquel 4 de junio del 43 había aparecido en la lejana 
Argentina para la potencia del Norte.
    

Y, aunque los norteamericanos pretendieron hacer del 
“peligro Nazi”, resurgido en el extremo sur de América del 
Sur, el eje y justificativo de los ataques a la argentina no 
existía la mas remota posibilidad de una expansión de la 
Alemania nazi a nuestras costas, simplemente porque la 
potencia europea no tenia marina de guerra en relación con 
la armada inglesa, y el Atlántico separaba definitivamente a 
la Alemania nazi de Argentina. Ni mucho menos suponer que 
los militares argentinos en el gobierno creían que podían 
enfrentarse con todo el mundo por profesar esa ideología. 

Tampoco había motivos económicos de peso, mucho menos 
militares para justificar la irritabilidad y la acción 
norteamericana cuasi violenta para con nuestro país. Mas 
bien todo lo contrario. Argentina, aunque no había roto 
relaciones con el Eje, suministraba a Inglaterra todos los 
excedentes de carne que le permitieron a esta sostener el 
esfuerzo de guerra justamente contra Alemania. Y sin 
embargo, a pesar de esta política favorable a  Inglaterra, 
la potencia del norte no trepidó en poner en riesgo el vital 
suministro argentino a su aliado. Claramente notamos que no 
era la cuestión nazi, ni lo económico ni lo militar la 
fuente del encono de EEUU con Argentina. El riesgo era otro, 
y se ocultaba cuidadosamente. 

 Lo cierto era que, como consecuencia del peligro de una 
fractura geopolítica de la en el escenario del continente 
sudamericano, el mundo bi polar planificado, su utilización 
dialéctica y el reordenamiento mundial que con esta arma se 
lograría,  era  alterado por un “tercero en discordia” que 
reemplanteba la postguerra y podía iniciar un posible 
proceso multipolar, totalmente ajeno a las planificaciones 
de los dos grandes futuros vencedores de la segunda Gran 
Guerra europea. 

También se insinuaba incierto el sistema de defensa del 
hemisferio occidental proyectado por los Aliados, concretado 
en la OTAN pues, aquel 4 de junio surge  una incipiente 
potencia soberana, que, en un posterior pero muy posible 
desarrollo de su proyecto,  se podía llegar a ubicar en 
condiciones de influir, asociada con sus vecinos,  en el 
control del Atlántico sur.

El desarrollo de la revolución nacionalista popular duró 12 
años, de 1943 a 1955. Los últimos diez años fueron 
conducidos por el mas talentoso de los militares 
revolucionarios, el Gral. Juan D. Perón. Bajo su conducción, 
Argentina llegó a encaminarse vigorosamente hacia destinos 
de potencia. Pero los grupos de poder anglo-norteamericanos 
no aceptaron nunca el rol que Argentina pretendió. Jamas 
cesaron en sus presiones y cercamiento al díscolo país 
sudamericano. Sin embargo, aunque en el origen de este 
proceso, (justamente en 1943 y 1944), las elites que 
comandaban la política exterior de las potencias 
angloamericanas planearon la acción militar, primero en 
forma directa y después  a través de Brasil,  se inclinaron 
por el tiempo, y no por la sangre para resolver el problema 
de, al decir de Welles, “ la espina atravesada en la 
garganta del Departamento de Estado”. Esperaron el momento 
oportuno para poner fin a este proceso, pero siempre 
actuando en consecuencia. Y una fatal combinación de actores 
y factores internos y externos, convergieron dramáticamente 
para producir un nuevo Caseros, un 16 de setiembre de 1955.


Si observamos desapasionadamente las realizaciones, las 
obras, las políticas de la revolución justicialista, ninguno 
de los aspectos de la misma podían afectar el poderío 
económico ni militar de la superpotencia americana. Ninguno 
excepto uno: el interés geopolítico. Y naturalmente, todas 
las implicancias y derivaciones que de aquí devienen. He 
aquí, entonces, el verdadero y profundo fundamento del 
antagonismo norteamericano e ingles a la argentina 
revolucionaria de 43. Ahí está la verdadera trascendencia de 
la revolución del 4 de junio,  que la hizo peligrosa, 
irreconciliable, condenada por los poderosos. Esa es la 
cuestión. Nos desvían la atención poniendo temáticas de la 
época para ocultarnos su verdadera importancia. Todo un 
sistema educativo-cultural se mueve al unísono en ese 
sentido. Y tanto liberales como marxistas, filosofías 
operantes en ese sistema,  convergen en impedir un profundo 
conocimiento del Peronismo tal cual es, para conveniencia de 
los poderes mundialistas, hoy sumamente desarrollados. 

Pero aún posible de retomar por nosotros, los hijos y nietos 
de aquella gesta gloriosa. La historia se “hace”, solo 
después “se dice”. ¡ Hagámosla nosotros también ¡ 
Un recuerdo muy sentido y pleno de agradecimiento  a los 
hombres de aquel 4 de junio del 43, para que su visión y su 
ejemplo, renazcan y nos elevemos de las ruinas culturales y 
políticas del abismo argentino de hoy, y nuestra Patria 
Argentina vuelva a ser lumbre de América libre.

Jorge Cuello
Licenciado en Historia

Rosario, 2 de junio del 2004

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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