[R-P] LA HORA VENEZOLANA MÁS FULERA
Prensa Schiavoni
prensaschiavoni en arnet.com.ar
Dom Jul 18 15:52:57 MDT 2004
"Tiempo de aceitar las armas", se titula este insidioso y provocador
artículo firmado por un tal Michael Rowan (criollo no hai ser el hombre),
que se publicó hoy en El Universal de Caracas, y que me acaba de mandar un
primo antichavista furibundo que vive allá (bien se dice que a los parientes
no se los elige).
Primero plantearon el referendum y les fue como el ojete. Después cuando el
Comandante anunció su probable postulación, se comenzaron a poner lívidos.
Ahora, ante la posibilidad de las elecciones, agitan el fantasma de la
guerra civil.
Los enemigos de la Revolución Bolivariana también andan por aquí,
desinformando y haciendo de las suyas.
¡Ojo al charqui!, porque como decía Néstor en uno de sus últimos envíos, los
ramalazos de esa movida también fogonean los intereses de la anti Patria por
estos pagos.
¡Saludos afectuosos! MINGO
ANALISIS // Los protagonistas del referendo se preparan para una guerra
civil
Tiempo de aceitar las armas
En este trabajo, Michael Rowan asegura que es mucho más probable que
estalle la violencia a que se dé el propio proceso electoral en agosto.
MICHAEL ROWAN
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
A medida que Venezuela visiblemente se prepara para el referendo del 15 de
agosto contra el presidente Hugo Rafael Chávez Frías, protagonistas de ambos
bandos se preparan para una guerra civil que -como la de Colombia- podría
prolongarse por décadas.
Pareciera que no hay forma de evitar una conflagración que pudiera competir
en cuanto al número de muertos con enfrentamientos de siglos pasados en
Venezuela, y ello por la misma razón: la nación no ha encontrado una visión
que incluya a todos ni un líder que la articule.
La lucha está arraigada en una historia y cultura política de poder
absoluto, de dominio y sometimiento y de ganadores y perdedores en el juego
de la conquista y el saqueo. Una abundante riqueza petrolera hizo que el
juego fuera más tentador. Desde que se instauró la democracia en 1958, el
juego ha continuado con el título nominal de democracia social y
estabilidad. Pero en la práctica, el "to' pa' mí" carcomió la democracia en
sus comienzos, infestó el gobierno con una corrupción institucionalizada,
colocó al estado y la nación en un antagonismo entre ganar o perder y
desmoralizó el espíritu cívico de idealismo, inclusión y justicia.
Desde diciembre de 2001 y la espontánea protesta civil contra los 49
decretos del presidente Chávez, una grandiosa renovación de la sociedad
civil comenzó a emerger, pero ésta ha sido puesta de lado tanto por el
presidente como por las élites de la oposición, lo cual condujo a la crisis
que vivimos ahora.
Chávez está desesperado
Hugo Chávez se encuentra en una situación desesperada. Su avasalladora
campaña para convertirse en la víctima de los males que según afirma sus
enemigos están planeando contra él, mientras que en realidad está
perpetrando los mismos males con ataques preventivos contra ellos, ha
resultado totalmente contraproducente. Todos han descifrado qué busca, y
varios en sus filas ya están diciendo la verdad, algunos por cuestión de
honor y otros por temor o, peor aún, dinero. La revolución es un estupendo
castillo de naipes cuya base se está desintegrando rápidamente. El As de
Espadas está en caída libre.
Los problemas están surgiendo en todas partes y desde adentro. Una docena de
diputados pudieran abandonar a Chávez, entregando la mayoría a la oposición.
Varios jueces podrían censurar la medida anticonstitucional de Chávez de
llenar el Tribunal Supremo de Justicia con magistrados partidarios de su
causa. Muchos oficiales militares de alto rango se están resistiendo a la
fractura de la línea de mando institucional, dado que el presidente tiene a
miles de oficiales que le rinden cuentas directamente a él.
Algunos incondicionales de Chávez aparentemente están acumulando armas para
el caso de que sean sacados del poder; otros están vendiendo todo o luchando
para sobrevivir, como ratas que abandonan el barco que se hunde. La vasta
capacidad de Chávez de grabar conversaciones telefónicas y de vigilar está
sobrecargada, y él comienza a sospechar de sus propios operadores. La red de
mando y control de Chávez, que parece una telaraña con millones de hilos que
convergen en su teléfono en Miraflores, tiene miles de llamadas en espera.
El colapso interno es tan completo como un virus de computadora. Lo único
que Chávez controla es la TV.
Estos problemas internos son bien conocidos para los medios, gobiernos e
instituciones del mundo que están observando los acontecimientos en
Venezuela. El Senado de EEUU desea revisar cuidadosamente las máquinas de
Bizta (sic)*, que constituyen un posible fraude en ciernes. George Bush
quiere ver que la democracia funcione en Venezuela, y John Kerry pudiera ser
incluso más severo en esa posición. El Pentágono quiere ver que termine la
subversión financiada por Chávez en Bolivia, Ecuador y Colombia y que
suspenda su posible apoyo a terroristas mundiales. La OEA desea ver una
elección justa, y, en caso de que no ocurra, impugnará a Chávez con una
fuerza que llegará incluso a los barrios. La Unión Europea y la comunidad
diplomática en Caracas no son neutrales ante Chávez y creen que ha
polarizado la nación sin un propósito válido. Aunque Venezuela tiene muchos
amigos en todo el mundo, Chávez no.
Dicho esto, Chávez aún tiene mucha gente que cree en él. Su manipulación del
misticismo y la santería afrolatinoamericanos, además de los sentimientos de
victimización y resentimiento entre los pobres y los desposeídos, no tiene
paralelo en tiempos modernos. El presidente ha tocado el corazón y alma de
Venezuela como nadie nunca lo había hecho o debería hacerlo. Su habilidad
para hipnotizar, para engendrar tanto amor como temor sin sentido crítico,
es semejante a la de un Papa Doc Duvalier jubilado. Su deseo de controlar su
mundo por cualquier medio es omnipresente. Su energía es demencial. Su
talento para crear estereotipos, complacer y generar confianza entre los
incautos, no tienen parangón contemporáneo. Aunque su locura es un secreto
para él mismo, su capacidad de emprender iniciativas preventivas es un
secreto que sus oponentes nunca han comprendido. Lo que hará en los próximos
días es impredecible, pero previsiblemente hará que sus enemigos pierdan el
equilibrio. En todo caso, se quede o se vaya, hay millones de venezolanos
que siempre creerán en él, especialmente si nadie nunca les habla a ellos
como Chávez lo hace.
El fracaso de la oposición
La oposición nunca comprendió a Chávez. Cuando se perfiló como una opción
electoral en 1998 -un regalo histórico de Rafael Caldera para Venezuela-, al
principio fue descartado. Cuando era obvio que Chávez podría ganar, la
oposición se concentró en torno a Salas Romer un símbolo del fracaso del
pasado y Chávez le dio una paliza. En 1999, 90% del público tenía esperanzas
de que el presidente triunfara en sus declarados esfuerzos contra la pobreza
y la corrupción -éste es un punto estratégico que aún se le escapa a la
oposición- por lo que Chávez ganó una serie de votaciones para una Asamblea
Constituyente, la nueva Constitución y su reelección como presidente. El
modelo nunca cambió: Chávez estaba con los pobres y contra la corrupción,
mientras que la oposición apoyaba lo contrario. La oposición básicamente
dejó a Chávez definir su mensaje. Hasta la fecha, la oposición no ha pedido
disculpas por el fracaso en el pasado, ni ha definido un mensaje para el
éxito en el futuro contra la pobreza y la corrupción. Este es el factor
crucial que siempre se le ha pasado por alto a la oposición, y es por ello
que, en realidad, nunca ha sido una verdadera oposición. No sabe qué es, qué
quiere hacer ni cómo lo hará. Así que no presenta en lo absoluto ninguna
alternativa a Chávez.
En diciembre de 2001, la sociedad civil actuó espontáneamente contra los 49
decretos del presidente, cuyo nivel de respaldo había descendido entonces a
50%. A partir de allí, la sociedad civil ha tratado de construir algo en
Venezuela, y la oposición le ha fallado con regularidad. En abril de 2002,
la sociedad civil puso un millón de personas en la calle, pero la oposición
se alineó con Carmona, luego con la huelga y después con el referendo, que
al menos es democrático, aunque no sea una idea alternativa para un
gobierno. Así que está preparado el escenario para una confrontación entre
un presente fracasado y un pasado fracasado, una situación asombrosa que ha
creado al votante abstencionista "ni-ni". Hay muy poco valor constructivo
que pueda surgir de todo esto. Es mucho más probable que estalle la
violencia que se dé el propio proceso electoral del 15 de agosto. Esta
situación está ahora totalmente fuera de las manos de la sociedad civil.
Está bajo el control de extremistas de ambas partes que no tienen soluciones
para nadie, salvo ellos mismos. Es un "to' pa' mí" desatado, donde quién
será el próximo presidente es un enigma, pero lo que está muy claro es que
habrá muchas muertes.
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