[R-P] (Venezuela) La revolución bolivariana se profundiza
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Vie Jul 16 06:49:08 MDT 2004
La revolución bolivariana se profundiza
El pueblo venezolano se prepara para una nueva
batalla. La oposición fascistoide, nucleada en la
Coordinadora Democrática se vio obligada a entrar en
un terreno que le es hostil: la elección popular, en
este caso, el Referendo contemplado en la Constitución
Bolivariana, seguramente una de las más democráticas e
innovadoras del mundo.
Tras intentar voltear a Chávez a través de una
infinidad de métodos, todos ellos reñidos con la
convivencia democrática, la oposición venezolana,
colmada de histeria e impotencia, fue llevada a medir
fuerzas con el pueblo bolivariano. El escenario,
entonces, ya no es el inventado por los medios de
comunicación masiva, con mensajes unilineales y
conclusiones fantasiosas. Ahora la Venezuela que se
les presenta ante sus ojos es la Venezuela real, la
del pueblo sosteniendo las misiones, las cooperativas,
la soberanía y todos los logros del proceso
revolucionario.
La oposición está preocupada
Fácil es propagar, cuando se es dueño de la
televisión, la radio y los principales diarios, que el
gobierno bolivariano no tiene apoyo popular y que los
venezolanos están hartos de Chávez y el chavismo.
Mintiendo descaradamente y desinformando, la oposición
creó un mundo de ficción que indefectiblemente se
choca contra la realidad. Para ese discurso
irresponsable de la contrarrevolución, resultaba hasta
jocoso alardear de fuerza y vitalidad, pero en este
momento, en la hora de los hechos, comienzan a darse
cuenta que su categoría es la de un peso pluma de
boxeo, que debe enfrentarse a un peso pesado que
encima se entrena disciplinadamente para la contienda.
Se percibe que el desconcierto empieza a reinar en las
filas de la oposición, como asimismo la necesidad de
pedir auxilio a sus socios del norte.
Despliegue de las fuerzas bolivarianas
Tras anunciar el Consejo Nacional Electoral que se
habían alcanzado las firmas requeridas para habilitar
el Referendo, el Presidente Chávez, dando un claro
ejemplo de vocación democrática, convocó al pueblo a
prepararse para la batalla electoral. Apelando a las
lecciones de la historia, el líder de la revolución
venezolana trajo al presente el significado de la
Batalla de Santa Inés, librada por el General del
Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora, contra las fuerzas
oligárquicas. El triunfo de Zamora en esa ocasión, fue
producto de un trabajo planificado meticulosamente
para conducir a las tropas enemigas hacia el terreno
que él había elegido y preparado para el combate.
Dirigiéndose al pueblo venezolano, el Presidente
Chávez fue claro y conciso: “los bolivarianos vamos a
dar la Batalla de Santa Inés”.
La necesaria reorganización
El denominado Comando Ayacucho, integrado por
dirigentes de las diferentes fuerzas políticas y
sociales que apoyan la gestión gubernamental, había
dado claros síntomas de desgaste durante el proceso de
recolección de firmas para la habilitación del
Referendo. El pueblo bolivariano no había quedado
conforme con los resultados. El operativo montado por
el Comando Ayacucho había fracasado al no poder evitar
el fraude alevoso que había planificado la oposición.
Era necesario corregir las fallas para no presentar
ese flanco débil.
Es entonces cuando el Presidente Chávez, consciente
del malestar existente en las filas del
bolivarianismo, asume directamente la conducción de
las operaciones para la Batalla de Santa Inés y nombra
un nuevo comando, específico para la contienda, más
reducido y bajo su exclusivo control: el Comando
Maisanta, en homenaje a Pedro Pérez Delgado, un
guerrillero que se alzó en armas, con el general
patriota José Manuel “Mocho” Hernández, contra la
dictadura de Juan Vicente Gómez en las primeras
décadas del siglo pasado. Don Pedro Pérez Delgado,
conocido en los llanos venezolanos como “Maisanta” fue
bisabuelo del Presidente Chávez.
Quién es el adversario
El 9 de junio pasado, en el Teatro Municipal de
Caracas, Chávez juramenta al Comando Maisanta Nacional
y a los comandos estadales. Y en su discurso
manifestó: “Si alguien en algún momento piensa o
siente que está tendiendo a menospreciar al
adversario, recuerde que no estamos enfrentados en
verdad a esta dirigencia opositora sino que estamos
enfrentados al imperio que quiere dominar al mundo,
estamos enfrentando a la Nación más poderosa del
mundo, estamos enfrentado al gobierno de la Nación más
poderosa del mundo que pretende adueñarse de nuevo de
Venezuela, que pretende cortar el camino de nuestra
liberación, de nuestra dignificación, de nuestro
desarrollo integral, no olvidemos eso, no olvidemos
eso”. Con claridad meridiana, Chávez dejaba bien
separadas las aguas: por un lado el pueblo de
Venezuela, por el otro la oligarquía, los vendepatria
y el imperialismo yanqui.
En ese mismo discurso, el Presidente, convocó a
construir un gran frente nacional, amplio y sin
exclusiones. La ofensiva entonces, pasó de las manos
de la oposición a las manos de las fuerzas
bolivarianas. La Coordinadora “Democrática”, si
pensaba que había obtenido un triunfo con la obtención
de las firmas para habilitar el Referendo, se
convencía ahora de que si ese triunfo era real, era
también pírrico.
La Campaña de Santa Inés
La célula básica de la organización de las fuerzas
bolivarianas para la Batalla de Santa Inés, son las
patrullas. Diez militantes componen una patrulla y
cada uno de sus miembros está encargado de comunicarse
con diez personas más de una lista que debe
proporcionarles las Unidades de Batalla Electoral. Una
impresionante fuerza “desde abajo” se ha desatado en
todo el territorio venezolano. El pueblo del 13 de
abril se ha puesto nuevamente en movimiento para
defender la Revolución. En cada parroquia funcionan
tantas Unidades de Batalla Electorales como centros de
votación existen y cada UBE con la cantidad de
patrullas necesarias para atender a la totalidad de
votantes empadronados. La base, para la implementación
del Frente Nacional ya se va configurando en el pueblo
organizado a través de las patrullas, las Unidades de
Batalla Electoral, los Comandos Maisanta estadales y
el Comando Maisanta Nacional.
Si bien esta organización está planificada para la
lucha electoral inmediata, el despliegue de fuerzas
brinda un campo de maniobra ideal para el futuro
Frente Nacional que tendrá que atender una
problemática mayor a la meramente electoral. La
democracia participativa y protagónica toma vigor y se
profundiza, el pueblo humilde encuentra una
herramienta apta para la lucha y una promoción de
nuevos cuadros dirigentes se anuncia a partir de esta
campaña.
Los avances de la Revolución
Desde el mismo día en que Chávez asumió el gobierno,
la Revolución comenzó a andar. Cuando el Presidente
juró sobre la “moribunda Constitución” y convocó a la
Asamblea Constituyente no dejó margen de dudas: se
avecinaba un proceso de profundas transformaciones.
Una etapa bien clara del proceso bolivariano fue
marcada desde la puesta en vigencia de la nueva
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
hasta la implementación de las Leyes Habilitantes (Ley
de Tierras, Ley de Hidrocarburos, Ley de Pesca, etc.).
Período que se caracterizó por toda una serie de
enfrentamientos con la oposición que todavía tenía
esperanzas de “seducir” a Chávez e implementar un
modelo gatopardista.
La segunda etapa fue la más cruenta hasta el momento.
Una vez implementadas las Leyes Habilitantes, la
oposición comprendiendo que no había espacio para
cooptar a Chávez, se lanza a la ofensiva violenta.
Bajo el fuego de su artillería pesada, los medios de
comunicación masiva, la oligarquía arremete primero
con el Golpe de Estado del 11 de abril y luego con el
Sabotaje Petrolero, tratando de hacer colapsar la
economía venezolana y forzar la salida de Hugo Chávez
del gobierno. Ambos intentos fracasan ante la unidad
férrea del pueblos con sus Fuerzas Armadas.
La recuperación para la Nación de la empresa petrolera
fue el resultado de esa confrontación. PDVSA fue
renacionalizada y puesta al servicio de la Revolución.
De allí en más, los recursos provenientes del
principal rubro exportable quedaban en poder y control
del Estado.
La tercera etapa llega hasta el momento actual. Para
identificarla de algún modo, podríamos decir que ha
sido el período de las Misiones. Con los ingresos
petroleros, el gobierno implementó una serie de
planes, llamados Misiones, volcados fundamentalmente a
los sectores más desposeídos y atendiendo las
fundamentales carencias: educación, salud y trabajo.
Allí aparecen la Misión Robinson, Misión Rivas, Misión
Sucre, Misión Barrio Adentro, Misión Vuelvan Caras.
Millones de venezolanos se han visto beneficiados con
estos planes revolucionarios que son claro testimonio
de la redistribución de la riqueza en términos más
justos y equitativos.
La cuarta etapa, podríamos aventurar, ya se perfila en
grandes trazos: el modelo endógeno. Los avances para
alcanzar la seguridad alimentaria, el desarrollo de la
petroquímica y de la industria nacional, los polos de
desarrollo tecnológico, una infraestructura moderna y
al servicio de la producción, grandes obras viales y
de comunicación, etc., sumado a esto los niveles de
capacitación del pueblo, hacen suponer que en muy poco
tiempo Venezuela se convertirá en el país más avanzado
de Sudamérica.
Esta perspectiva atormenta al imperialismo
norteamericano y lo motiva a no cruzarse de brazos.
El imperialismo y la Revolución Bolivariana
En América Latina y el Caribe, nada le preocupa tanto
a la administración de Washington como el gobierno de
Hugo Chávez.
El mundo “micropolar” -como bien lo ha definido
Rodolfo Sanz-, diseñado por el Presidente Bush, se
encuentra con poderosas fuerzas contrarias. La
resistencia del heroico pueblo iraquí a la salvaje
invasión norteamericana, es una ejemplo contundente
para comprender que no les va a resultar fácil imponer
su dominio planetario.
América Latina y el Caribe también ha comenzado a
levantar su voz contra el modelo neoliberal que arrasó
con economías, derechos y soberanías. El proyecto
ALCA, de recolonización de la región, al menos, no
podrá desarrollarse tal cual lo tenían planificado. La
democracia representativa es insuficiente para
contener las reivindicaciones políticas que exigen
actualmente los pueblos. Los partidos políticos
tradicionales comienzan a colapsar y nuevas fuerzas, o
no tan nuevas pero que han sido consecuentes con los
intereses populares irrumpen con posibilidades de
triunfo electoral: el Frente Amplio en el Uruguay es
el favorito para las elecciones de octubre de 2004 y
tanto el Movimiento al Socialismo de Bolivia como
asimismo el Frente Sandinista de Liberación Nacional
de Nicaragua, se preparan para arrasar en las
elecciones a alcaldes de fin de año. Los gobiernos de
neto corte neoliberal, como el de Uribe en Colombia,
Gutiérrez en Ecuador y Toledo en Perú sólo se
mantienen por la falta de cohesión de las fuerzas
opositoras; el presidente peruano, por ejemplo, hoy no
alcanza más de un 6% de popularidad.
No caben dudas de que los gobernantes norteamericanos
hoy están abocados a sus propias elecciones, que se
celebrarán a fin de año. Tanto Bush como Kerry deberán
prestar una especial atención a América Latina y el
Caribe. No es desconocido para nadie que esta región
es actualmente la única en el mundo cuya balanza
comercial representa un saldo favorable para Estados
Unidos. Las pretensiones imperialistas se agudizarán
más allá del candidato ganador y, si bien Kerry, de
triunfar, deberá mostrar en sus comienzos una política
diferenciada de la del actual mandatario, todo indica
que la lógica de funcionamiento del capitalismo
norteamericano lo empujará a redoblar las presiones
sobre el “patio trasero”. Con estilos diferentes,
demócratas y republicanos no dudan en estar unidos a
la hora de coartar cualquier tipo de proceso de
liberación nacional en sus áreas de dominación.
Como lo viene denunciando el presidente Chávez, es
clara la intromisión de Estados Unidos en los asuntos
internos venezolanos. El imperialismo yanqui ha
declarado la guerra a la Revolución Bolivariana y de
una u otra forma intentará poner freno a este “mal
ejemplo” que se levanta en la América del Sur.
La regionalización del proceso bolivariano
Dos son las líneas estratégicas de desarrollo de la
Revolución Bolivariana que más afectan a los intereses
imperialistas: 1) El modelo endógeno que avanza en
Venezuela con su consecuente expansión regional; 2)
Los acuerdos logrados por Chávez con la incorporación
de Venezuela en el Mercosur y el avance en la
conformación de empresas multinacionales estatales
latinoamericanas, Petrosur y la Televisora del Sur,
por ejemplo.
Estas son claras señales sobre la etapa ofensiva que
ha tomado el proceso venezolano y que se acelera en
tanto el orden impuesto por el neoliberalismo ha
colapsado en toda su dimensión. Desde las oligarquías
nativas, y mucho menos desde Washington, no aparecen
nuevas propuestas que puedan tener credibilidad para
los pueblos de esta región del planeta y eso hace que
el imperialismo se encuentre en una seria encrucijada.
El vector tiempo, ha pasado a ser fundamental en la
confrontación actual. La revolución latinoamericana
debe ser consciente de que este vector tendrá que
contemplarse como el elemento sustancial a la hora de
acumular poder para la contienda que se desatará en un
futuro cercano. ¿Se quedará inactivo el imperialismo
yanqui con una Venezuela que avanza en la
industrialización, el desarrollo de la industria
pesada y ciertas franjas de tecnología de punta? ¿Se
quedará inactivo el imperialismo ante el proceso de
integración latinoamericana que en estos momentos
impulsa el presidente Chávez? Pensar que el fascismo
imperialista no actuará en defensa de sus privilegios
sería una torpe y suicida ingenuidad.
Es entonces cuando -y teniendo presente el vector
tiempo como antes señalamos‑, se hace
insoslayable imprimir aceleración en los aspectos
cualitativos del desarrollo revolucionario. Las
circunstancias históricas indican que las fuerzas
imperialistas atraviesan severas dificultades, el
proyecto de mundo unipolar está en crisis, los
conflictos interimperialistas aparecen nuevamente, la
dictadura ideológica se resquebraja junto al
cadavérico “pensamiento único”, la economía
capitalista reviste síntomas de descomposición
evidentes... El único factor desequilibrante que
esgrime el fascismo imperialista es su monstruoso
poder militar, cuestionado inclusive por la heroica
resistencia iraquí y afgana. Todo señala que la “hora
de los pueblos” puede llegar prontamente.
El desarrollo de una economía sólida en Venezuela,
sobre basamentos sociales de participación popular y
con control estatal en una planificación racional está
en marcha. En cuatro ó cinco años Venezuela logrará
instalarse en el concierto de las naciones como un
ejemplo a seguir, marchando paralelamente en una
integración regional que trasciende los marcos de
meros acuerdos comerciales. De consolidarse esta
perspectiva, el imperialismo yanqui se enfrentará con
un bloque de poder integral, al que les resultará
difícil quebrar. De los acuerdos comerciales y
económicos se pasará a incursionar en coordinaciones y
acciones integradoras políticas, sociales, culturales
y militares que blindarán aún más la línea histórica
bolivariana. Todo triunfo electoral que se dé en
cualquier país a favor de las fuerzas populares y
revolucionarias ya no se encontrará solitario en medio
de un territorio gobernado por fuerzas hostiles al
cambio; sino que tendrá los apoyos necesarios para
enfrentar l os desafíos, superando los desequilibrios
sociales.
Las experiencias exitosas en Venezuela, como las
Misiones implementadas en las áreas de salud,
educación y trabajo, podrán ser ejecutadas en los
diferentes países, ahorrando las etapas experimentales
y contando con colaboradores especializados e idóneos
en la materia. El aporte de Argentina en el área de
energía nuclear, industria pesada y empresas
recuperadas también sería un aporte sustancial al
proceso revolucionario de toda América Latina,
incluyendo el desarrollo tecnológico cubano y
brasileño. El modelo endógeno ya no quedaría reducido
sólo al límite geográfico de cada país
latinoamericano, sino que abarcaría toda la dimensión
de la América del Sur en una primera etapa de
desarrollo. Si consideramos en términos reducidos de
mercado esta tendencia, las cifras involucrarán a más
de 300 millones de habitantes, número superior al de
la población estadounidense.
Chávez, el imperialismo y la oposición golpista
Es claro que la Coordinadora Democrática ha demostrado
una incapacidad asombrosa para enfrentar al gobierno
revolucionario. El despliegue de recursos económicos y
el apoyo norteamericano no han sido suficientes para
acabar con la Revolución Bolivariana. Todo hace prever
que nuevas tácticas serán utilizadas, a partir del
fracaso de la oposición.
Entre otras maniobras debemos de analizar cuáles serán
las formas en que el enemigo de la democracia
venezolana intentará frustrar las esperanzas
populares, teniendo presente que el magnicidio siempre
está contemplado en la planificación imperialista:
1) A corto plazo:
a) Montar un operativo mediático el mismo 15 de
agosto, adelantándose a los resultados oficiales y
anunciando el triunfo del SI, para convocar a la
oposición a la calle; generando acciones violentas que
intentarán adjudicárselas a los bolivarianos para
acusar a Chávez de fraude a la hora de conocerse los
cómputos finales.
b) Comenzar una nueva campaña violenta de sabotaje y
terrorismo a fin de desacreditar al gobierno popular,
forzándolo a tomar acciones represivas que, mediante
la deformación informativa, incrementarían la matriz
de opinión de que en Venezuela existen serios niveles
de “ingobernabilidad”. Esta matriz pretende hacer
creer, en la esfera internacional, que Hugo Chávez es
un gobernante autoritario y despótico.
c) Respaldar a la oposición en una suerte de
desconocimiento formal del resultado del referendo del
15 de agosto, para aplicar así la Carta Democrática de
la OEA y avanzar hacia una posible intervención
militar.
2) A mediano plazo:
a) Dentro de las posibilidades aparece como probable
que el imperialismo esté buscando “inventar” una nueva
oposición. No apostar todas las fichas a la actual
Coordinadora “Democrática” y trabajar para ganar a
alguna franja del oficialismo que pueda ser seducida.
El fantasma del “Chavismo sin Chávez” es una línea de
acción que se despliega solapadamente tanto por
derecha como por izquierda. Por derecha, esta
tendencia se expresa en algunos sectores proclives a
frenar la profundización del proceso revolucionario y
por izquierda a través de ciertos sectores que apelan
abstractamente “a las bases” o “al pueblo”, intentando
relativizar la necesidad del liderazgo del comandante.
b) Generar un conflicto armado con Colombia para
desgastar el proceso revolucionario, desgajar una
franja de las Fuerzas Armadas venezolanas y vincular a
Chávez con la guerrilla fariana y el narcotráfico.
Esta línea de acción conduciría en una segunda fase a
la intervención directa de las fuerzas militares
norteamericanas.
c) Accionar urgentemente sobre los aliados potenciales
de Venezuela: Brasil y Argentina con el objeto de
aislar y asfixiar el proceso bolivariano. La actual
embajadora estadounidense en Brasil, y anterior
embajadora en Venezuela, la señora Donna Hrinak, por
ejemplo, solicitó al gobierno brasileño que
endureciera su posición en torno a su relación con
Venezuela.
Todas estas maniobras, directas y combinadas, están
siendo analizadas por el Departamento de Estado y
sujetas a ejecución en base a un presupuesto de
“costos y ganancias” como asimismo de correlación de
fuerzas.
Las denuncias de la abogada venezolano-estadounidense
Eva Golinger, quien presentó informes fidedignos en
torno al financiamiento del Fondo Nacional para la
Democracia (National Endowment for Democracy, nombre
en inglés) a los sectores adversos al proceso
bolivariano, es una clara muestra de lo que aquí
afirmamos.
Las tareas de la Revolución
La coyuntura indica que el despliegue de fuerzas
deberá concentrarse en la Campaña de Santa Inés,
llegar al día 15 de agosto con el mayor nivel de
organización posible, disciplina y disposición de
lucha. De ahí en más habrá que concentrarse en la
defensa del voto y del triunfo popular.
Neutralizadas todas las acciones
contrarrevolucionarias que el enemigo pretenda
esgrimir será perentorio avanzar sobre determinados
lineamientos estratégicos:
Conformación de un Frente Nacional o Frente Amplio que
involucre a todos los partidos y fuerzas políticas que
apoyan al proceso, como asimismo a todas las fuerzas
sociales comprometidas con la Revolución. Esta
organización deberá ser la herramienta por excelencia
del proceso revolucionario; con grandes niveles de
promoción de nuevos dirigentes; meticulosa práctica de
la democracia participativa y protagónica y espacios
reales para la implementación de sistemas de
fiscalización popular de la gestión pública.
Implementación urgente de una suerte de Misión
vinculada a la formación política e ideológica de la
militancia bolivariana. Para esto será necesario
implementar un equipo de trabajo calificado, amplio y
representativo de todos los sectores sociales, que en
la brevedad, presente un programa de estudio, lectura
y discusión de los trabajos fundamentales que
conformarán el cuerpo doctrinario bolivariano común a
todos los integrantes del Frente Nacional.
Retomar la iniciativa de la conformación de milicias
populares que, junto a las Fuerzas Armadas, instruyan
a la población en el uso de las armas y la disciplina
para la defensa de la Patria.
Desplegar una tarea profunda de vinculación y
coordinación con las fuerzas populares de América
Latina y el Caribe a fin de desarrollar una estrategia
común para la región como asimismo para avanzar, desde
la participación popular, en el ideal bolivariano de
Liga o Confederación de Repúblicas Latinoamericana
Caribeña. El Congreso Bolivariano de los Pueblos,
organización que contiene a las fuerzas más
representativas del campo popular de Nuestra América y
que fue creado a fines del año pasado, puede cumplir
un papel relevante en esta dirección.
Aprovechar al máximo el triunfo popular para acelerar
la sanción de las leyes necesarias para el avance de
la Revolución; leyes que serán esenciales en esta
nueva etapa y que apuntan al saneamiento de áreas tan
vitales como la Justicia, los medios de comunicación,
el servicio exterior y otras.
Conclusión
La consolidación de la Revolución Bolivariana es el
paso fundamental para el desarrollo de la Revolución
Latinoamericana Caribeña. Tarea que será sólo
realizable bajo la conducción de los pueblos y sus
líderes naturales. El comandante Hugo Chávez es hoy la
referencia mayor para encarar ese camino de unidad y
liberación. El epicentro de este proceso se está dando
ahora en Venezuela, pero será vital su desarrollo en
todo el vasto territorio de la Patria Grande.
La Revolución Bolivariana necesariamente se deberá
regionalizar, sin injerencias de ninguna índole, ya
que cada proceso requiere de su propia originalidad,
pero concientes que la única garantía del triunfo será
la unidad planteada por el Libertador Simón Bolívar.
El bolivarianismo es la doctrina opuesta al
panamericanismo imperialista de los Estados Unidos,
como asimismo a las corrientes paecistas,
santanderistas y rivadavianas de patrias chicas, que
fraccionaron la gran Nación Latinoamericana por la
cual combatieron los patriotas de principios del siglo
XIX.
Sin tutorías de ningún genero, en la alianza
revolucionaria de los pueblos de América Latina y el
Caribe, con la doctrina de Bolívar y con el liderazgo
del comandante Hugo Chávez, la Patria Grande será
posible.
Sólo en nuestras propias manos está el destino de
Nuestra América: ¡hay que prepararse para nuevas
batallas y ser concientes que el enemigo principal es
el imperialismo y sus aliados!
Como dice el coplero Florentino en contrapunteo con el
Diablo:
“sepa el cantador sombrío/ que yo cumplo con mi ley/ y
como canté con todos/ tengo que cantar con él”.
gentileza de Rebelion.org
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