[R-P] (Mercosur) La Revolución Bolivariana en Puerto Iguazu (N.Bacher)

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Vie Jul 16 05:20:49 MDT 2004


La Revolución Bolivariana en Puerto Iguazu 
Por: Norberto Bacher 


No quedan dudas que para la Revolución Bolivariana la
reciente Cumbre del MERCOSUR representó un
significativo éxito político. Los medios de
comunicación locales lo reflejan a su modo: resaltando
la importancia del evento los que apoyan al gobierno
del Presidente Chávez, y minusvalorando o simplemente
ignorando el encuentro de los presidentes
latinoamericanos de los países con mayor incidencia
económica de la región, aquellos que controla
oposición. La negativa a informar sobre esta Cumbre
alcanzó también a la prensa de Estados Unidos, que
pese a su alarde de objetividad no creyó prudente
cederle sus espacios.

Pero sería una apreciación unilateral aquilatar la
importancia de la reunión sólo por su incidencia o
repercusión en la vida interna de nuestro país, y
específicamente por la influencia que ejerza en la
actual coyuntura de extrema polarización política.

Todo análisis de la política latinoamericana que no
comience por advertir la importancia decisiva que
tendrá la recién concluida XXVI Reunión del Consejo
del MERCOSUR - Mercado Común del Sur – está
desencaminado. Su trascendencia se fundamenta tanto en
lo que impide como en lo que afirma para el futuro
inmediato.
Para entender el cuadro de situación debe recordarse
que hay un largo camino que conduce a este encuentro
de los presidentes de los países integrantes de esa
alianza del sur, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay
en su condición de miembros plenos, junto sus
asociados Chile, Bolivia, con la previsible ausencia
de Toledo del Perú, y dos invitados relevantes por
razones distintas – y hasta opuestas –, ambos
decididos a sumarse al bloque austral: el presidente
mexicano Vicente Fox y el de la República Bolivariana
de Venezuela, Hugo Chávez.

Este camino tuvo varias estaciones de parada y un
objetivo unificador, confeso o no: la resistencia
creciente de numerosos gobiernos continentales a las
presiones políticas y económicas realizadas desde el
Departamento de Estado para aceptar la subordinación a
los intereses de la superpotencia del norte que está
implícita en las confusas cláusulas del ALCA. Los
puntos nodales en esa serie sucesiva de fracasos de la
política yanqui para imponer ese tratado fueron la
reunión de la Organización Mundial de Comercio en
Cancún en septiembre del año pasado, la Cumbre
Iberoamericana y el encuentro paralelo llamado Social
Alternativo dos meses después en Santa Cruz de la
Sierra, así como un nuevo encuentro – convocado por
Bush en forma apresurada – en Monterrey en enero
último.

Pero fue sin duda el impacto logrado por la reunión
del G 15 en febrero de este año en Caracas – ocasión
aprovechada por los servidores nativos del
imperialismo para montar su guarimba – lo que alentó a
los oscilantes presidentes del cono sur a cruzar el
umbral que supone transformar una política defensiva
de resistencia a girar como satélites en la órbita de
Washington, a transformarse en eje activo de
integración de los países latinoamericanos, que es
diferente y mucho más que nivelar barreras
arancelarias.

Esa decisión política encontró escenario propicio en
una reunión programada en la agenda del MERCOSUR. Ese
paso comenzó a darse y allí radica la importancia del
encuentro de Puerto Iguazú. Sus resultados suponen en
primer término una nueva y dura derrota para la
política exterior estadounidense, que se suma a sus
repetidos fracasos en Irak. Eso explica el silencio
cómplice de los grandes diarios de ese país.

Pero también es el indicador que marca el cambio en el
clima político que vive América Latina en los últimos
tiempos: de gobiernos genuflexos enlodados en la
entrega ilimitada de cada uno de nuestros países –
anunciando un desarrollo imposible de la mano de las
trasnacionales y las inversiones usurarias – a los de
burguesías que enfrentan el dilema de recuperar un
control mínimo en sus decisiones de gobierno o verse
desbordadas por masas insubordinadas azuzadas por el
látigo de una crisis sinfín.

Esta disyuntiva de hierro que hoy enfrentan los
gobiernos latinoamericanos es la que empujó a
coincidir en ese punto del corazón de Sudamérica a
personajes con diferencias ideológicas subjetivas tan
abismales como las que van del terrateniente y ex
presidente de la Coca Cola Fox hasta el
antiimperialista y revolucionario Chávez, pasando por
Lagos cuyo progresismo tiene el límite que le impone
la coalición de derecha que lo hizo presidente,
Kirchner que proviene de un retazo de los viejos
partidos para intentar – con fracaso anunciado –
revivificar un capitalismo nacional, y Lula da Silva
que encabezando un partido de trabajadores optó por
amoldarse al programa de las cámaras empresariales
brasileñas.

Esa confluencia política, que salta por encima de las
distancias ideológicas, se explica por la necesidad de
atemperar las profundas contradicciones generadas en
todos los estratos sociales y las instituciones de
nuestros países por el cepo imperialista que los
atenaza, deslizándolos hacia una situación
neocolonial, en medio de una economía mundial que
sigue mostrando graves desequilibrios.
Empujados por esas poderosas razones esos hombres
estaban afirmando de hecho los pilares de un acuerdo
que trasciende lo económico y lo coyuntural: la
concreción de un bloque latinoamericano independiente
de la política de Estados Unidos. Un bloque que deberá
transitar en un futuro inmediato la prueba de afirmar
la identidad histórica y la soberanía latinoamericana
o no será.

La real importancia del Encuentro seguramente fue
comprendida por las cancillerías de países extra
continentales, Japón, India, Egipto y la Unión
Aduanera Sudafricana, que enviaron sus funcionarios,
obviamente poniendo su atención en los lazos
económicos que puedan estrechar en la región, pero
sabiendo que la emergencia de un bloque
latinoamericano les dará a nuestros países una gran
incidencia en la política mundial.

Por primera vez desde 1948, año de creación de la OEA
– denominada con justicia “ Ministerio de colonias” de
Estados Unidos –, aparece como posibilidad concreta un
agrupamiento de países continentales sin la directa
intervención yanqui y cuyos objetivos exceden
anteriores acuerdos arancelarios intrarregionales. La
mayor o menor consecuencia que demuestren los diversos
gobiernos para impulsar y afianzar la orientación
estratégica del bloque en sus próximos pasos, no
negará la intencionalidad política que está en sus
orígenes.
Cabe recordar que el propio MERCOSUR surgió con el
propósito de ampliar mercados y derribar barreras
aduaneras en plena euforia neoliberal de los gobiernos
de Menem y Collor de Mello, e impulsado por las
necesidades y conveniencias de las multinacionales, en
particular las de la industria automotriz, fuertemente
afincadas en Brasil y Argentina. Con el fracaso
estrepitoso de la concepción política que llevó a su
creación manifestada en las crisis de los países
integrantes, ahora quedó abierta la posibilidad de
consolidar una fuerza integradora de los países
suramericanos en primera instancia. La reunión Cumbre
de Puerto Iguazú afirma ese giro estratégico de ciento
ochenta grados.

Venezuela ingresa en la condición de miembro asociado
al MERCOSUR en un momento muy particular, que
lógicamente no escapó a la intencionalidad política de
quienes fueron convocantes: cuando el imperialismo
yanqui y sus socios locales apuestan a revocarle el
mandato al Presidente Chávez. Esto acentúa el
compromiso definitorio que para todo el bloque
regional supone acoger en su seno al dirigente que hoy
aparece frente a los pueblos en la primera línea de
oposición y combate a la política imperialista del
norte.

La magnitud del acontecimiento político está muy por
encima de las resoluciones estrictamente económicas e
institucionales del MERCOSUR adoptadas, que fueron
mucho menos relevantes.

La dimensión política que se pretende la expresó el
presidente chileno Ricardo Lagos cuando señaló que el
MERCOSUR no se puede limitar a cuestiones comerciales
sino que debe incluir los temas de emigración,
seguridad, salud, justicia, educación y cultura.
Resalta más esta apreciación del dirigente chileno si
se observa que el suyo es el único país integrante del
MERCOSUR y suramericano que firmó un acuerdo de libre
comercio con Estados Unidos. Este giro – así como el
cambio radical en su posición de hostilidad al
presidente Chávez – deberá ser observado y estudiado
para conocer las causas que lo motivan.

La estrategia que intenta desarrollar el presidente
Lula da Silva de buscar aliados en China, India – a
donde viajó recientemente – y Rusia, como forma de
equilibrar la preeminencia estadounidense en el
continente, buscando recrear una versión actualizada
de los “no alineados”, se potencia con la ampliación
de un bloque del cono sur a un posible bloque
latinoamericano.

De ahora en más, estos socios a los que aspira el
líder brasileño percibirán que se sientan a negociar
con un mercado muy atractivo, que duplicará el peso
comercial y económico del actual Mercosur, con el
ingreso de México y Venezuela. El nuevo bloque abarca
388,6 millones de habitantes, genera un PBI de
1.383.918 millones de dólares ; exporta por 309.111
millones e incluye ahora a uno de los principales
proveedores mundiales de hidrocarburos. En esa misma
perspectiva se refuerza la posición de fuerza para las
negociaciones que actualmente desarrolla el MERCOSUR
con la Unión Europea, y que en fecha próxima se
definirá en Bruselas.
Desde el punto de vista político el apoyo del
presidente brasileño a su colega Fox de México fue muy
explícito, con el cual mantuvo reuniones bilaterales
en Brasilia previas a la Cumbre, en lo que pudiera ser
entendido como una negociación para conciliar la
ambivalente situación de México que, como parte del
NAFTA, tiene compromisos vitales para su economía con
Estados Unidos y debería ser impulsor del ALCA. Como
contraparte la prensa no registra declaraciones
particulares de Lula vinculadas con la actualidad del
proceso político venezolano ni con el presidente
Chávez.

Contrasta esta posición de casi neutralidad de Lula
frente al líder bolivariano, con el visible esfuerzo
del presidente Kirchner para enmarcar los acuerdos
económicos entre Argentina y Venezuela dentro de una
proyección política de desarrollo e independencia de
nuestros países.

En ese sentido tuvo significación muy particular el
acto efectuado inmediatamente después de la Cumbre en
el astillero de Río Santiago (Argentina) con el
personal de la misma, al cual asistieron los dos
presidentes. Esta empresa estatal es un símbolo de
supervivencia gracias a la tenaz resistencia opuesta
por los trabajadores al intento de cerrarla durante la
década pasada. Hoy sus 2300 empleados mantienen la
capacidad operativa de la misma, lo cual permitirá el
acuerdo para reparar la flota petrolera de PDVSA y el
estudio sobre la factibilidad de construcción de ocho
tanqueros, que de concretarse demandaría triplicar el
número de puestos de trabajo.

El acuerdo se formalizará en la isla Margarita, donde
además se firmará otro que está llamado a tener una
trascendencia mucho mayor: será signada el acta de
creación de PETROSUR, empresa de hidrocarburos
compuesta por PDVSA y por ENARSA, la nueva petrolera
estatal argentina, recientemente creada para sustituir
a la antigua YPF que fue privatizada en años
anteriores. La decisión forma parte de un acuerdo
estratégico entre ambos países a los cuales se suma la
creación de un canal televisivo estatal mixto, idea
absolutamente alineada con la propuesta del presidente
Chávez en la citada reunión del G 15.

La acción del presidente argentino debe comprenderse
como una forma de contrarrestar las enormes presiones
que ejercen sobre su débil gobierno las mismas fuerzas
del “establishment” argentino que apoyaron con
entusiasmo las políticas de entrega y privatización de
la Nación del sur.

En cierta medida puede afirmarse que con estos
acuerdos Kirchner pasa a ser el brazo ejecutor en el
sur del continente de las líneas que se propuso la
Revolución Bolivariana para avanzar hacia una unidad
más estrecha de los pueblos continentales. Esta
situación no hará más que acrecentar las
contradicciones que se cruzan en el seno del actual
gobierno argentino.

Para la Revolución Bolivariana la reciente reunión de
Puerto Iguazú presupone, no sólo un triunfo político
inmediato, sino el comienzo del desarrollo práctico de
su perspectiva estratégica latinoamericana. Más allá
de los millones de dólares en que puedan cuantificarse
los nuevos intercambios – que además en lo inmediato
supone el aumento de las exportaciones venezolanas
hacia esa zona de 700 millones de dólares a más de
2000 – tiene primacía la concepción política de
avanzar en un camino latinoamericano independiente
para romper el cerco imperialista al proceso
revolucionario. Puede afirmarse que a Venezuela cada
día será más difícil hacerle un bloqueo, económico o
político. Esto es lo que despierta las iras de la
derecha nacional e internacional. En vísperas de la
nueva Batalla de Santa Inés no es poca cosa.

Sin embargo no puede dejar de advertirse que el camino
hacia la consolidación de este bloque no está exento
de contradicciones. Se reflejan en la declaración
final, donde a la vez que se hace una tibia crítica al
ALCA, bajo la más que prudente fórmula de exigir que
se atiendan "los intereses de todos los Estados
participantes", se destaca la importancia de la
biotecnología agropecuaria, en un claro apoyo a los
alimentos transgénicos.

Aparece aquí la exigencia que hacen a los presidentes
de Argentina y Brasil los grandes capitales que en
este momento se invierten en la producción agrícola,
en lo que se ha dado en llamar “la revolución verde”,
donde enormes extensiones de tierra fértil han sido
puestas al servicio de la producción intensiva de soya
mediante el uso de agroquímicos y semillas
monopolizados por multinacionales como Cargill y otras
similares, lo cual ha sido denunciado por diversos
movimientos campesinos, como el MST brasileño entre
otros.

También en las discusiones arancelarias particulares
el interés sectorial de los distintos grupos
empresariales de cada país reaparece incesantemente, y
de hecho el acuerdo más importante de la reunión fue
la puesta en práctica de un Tribunal de Controversias
para el MERCOSUR.

El desafío que ahora se plantea es que el MERCOSUR
ampliado no quede limitado a ser un obstáculo para la
implantación del ALCA en las condiciones en que se
diseñó originalmente y sólo sirva como amenaza para
forzar una moderación de la voracidad imperialista,
imponiendo una versión menos expoliadora que se ha
dado en llamar ALCA “light”. Seguramente esta
orientación será beneficiosa para muchos de los
depredadores internos de cada uno de nuestros países,
que sólo ven la integración como una oportunidad de
buenos negocios para ellos. 

Es probable que la integración real no se logre hasta
que esos grupos locales dejen de tener preeminencia en
las decisiones de diversos gobiernos de la región.
Para la inmensa mayoría de los pueblos
latinoamericanos la integración es una necesidad
porque está demostrado históricamente que el camino
para acabar con la pobreza y el atraso no puede ser
nacional sino latinoamericano. La presencia
bolivariana en el bloque que comienza a gestarse debe
ser la garantía que esas aspiraciones legítimas de más
de trescientos millones de seres humanos encuentren
cauce para ser satisfechas. Entonces podremos estar
seguros que la “Espada de Bolívar camina por América
Latina”

Norberto Bacher
Caracas 12-07-04

gentileza aporrea.org


	
	
		
___________________________________________________________
100mb gratis, Antivirus y Antispam
Correo Yahoo!, el mejor correo web del mundo
http://correo.yahoo.com.ar




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular