[R-P] [La maquila] Lo que espera generar Lavagna (2 de 2)

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Dom Jul 11 19:44:56 MDT 2004


(viene de la primera parte)

En muchos casos, los llamados de atención no son para mejorar el 
trabajo, son sólo una forma de insultar y de desvalorizar el trabajo 
que hacemos. Las dos frases favoritas que escuché a los chinos fueron 
: Esto malo, ¡caballo mucho caballo! y ¡Tener mucha cabeza de pollo, 
no entender! Sienten que son las mayores ofensas que te pueden decir.

Este maltrato ha sido un patrón impuesto por el círculo de dirigentes 
taiwaneses con más tiempo de residir en el país. Una de las muchachas 
me contó que cuando llega un taiwanés nuevo no maltrata así. Te 
tratan con respeto, hasta te abren la puerta para que entres, son 
gentiles. Después, cambian por la influencia de los demás, que los 
fuerzan a ser groseros y al final, si pueden, hasta te dan una 
patada. Realmente, no sé si la cultura asiática es violenta, pero 
supervisores y supervisoras se salen con mucha facilidad de sus 
casillas con expresiones violentamente injustificadas. La mayoría de 
las faltas que cometen los empleados en la zona franca no son motivo 
para verlos reaccionar tirándole, por ejemplo, un desarmador a un 
muchacho. El control no parece ser parte de su racionalidad y con 
gran facilidad deciden despedirte aunque no exista motivo alguno.

Esta posibilidad crea un temor increíble entre todos los 
trabajadores. Me dijo una compañera: Creo que muchas de estas 
muchachas nunca han tenido tanto miedo ni a su padre ni a su madre 
juntos, como el que le tienen a éste, a Yu, el supervisor chino. Al 
final, los trabajadores escuchan los gritos con naturalidad, y 
algunos, aunque se enojen, lo único que saben decir es: ¡Qué jode 
este hombre!

Los servicios higiénicos: Un refugio multiusos para las trabajadoras 
y trabajadores de la fábrica los servicios higiénicos son el sitio 
donde se descargan muchas más necesidades que las fisiológicas. Es el 
lugar donde se reúnen a comerse una galleta o un dulce, a fumarse un 
cigarro o a concederse un descanso. Es el sitio de las confidencias, 
de desahogar el enojo ante los llamados de atención de los 
supervisores y hasta de derramar lágrimas de arrechura y de 
impotencia por la represión y el castigo que son la atmósfera de todo 
el día. Allí encuentran paz, aunque sea por unos momentos, allí el 
supervisor no alcanza.

A pesar de carecer de la más mínima condición de salubridad, este 
lugar es considerado un refugio. Se acumulan allí los dolores, a la 
par de tucos de tela y papeles sucios, en montones casi del tamaño de 
los inodoros, en su mayoría descompuestos. Las costras en los 
inodoros son gruesas, los fondos de las tazas son oscuros, la humedad 
es permanente y las paredes dan la impresión de no haber sido 
pintadas desde la construcción de la fábrica. En todas las paredes se 
leen mensajes de estilo colegial, desde insultos hasta declaraciones 
de amor o confesiones de infidelidad.

Los servicios higiénicos están aseados, o buscan estarlo, solamente 
cuando llega a la empresa alguna visita. Entonces los lavan, ponen 
rollos de papel higiénico y recipientes de jabón líquido para las 
manos, aunque para que dilaten les hacen un orificio tan pequeño, que 
es más grande la ampolla que te sale de tanto presionar que la gota 
de jabón que le sacas. En esta empresa son tres los servicios 
higiénicos, cada uno con nueve inodoros. En los doce días que trabajé 
en la fábrica, sólo un día ví que la muchacha de aseo los estaba 
lavando. Me sorprendí. Después escuché a unas empleadas: ¡Quién sabe 
quién irá a venir! Ese día llegaron unos funcionarios del Ministerio 
del Trabajo acompañados ni más ni menos que de Gilberto Wong, 
Secretario Ejecutivo de la Corporación de Zonas Francas de Nicaragua, 
la máxima autoridad, quien por sus rasgos orientales se confundía con 
una humildad única entre los asiáticos, que lo rodeaban con grandes 
reverencias.

Tras quince horas, estallan todos los dolores

El horario normal es de 7 am a 5:15 pm. Más horas de trabajo son 
asumidas por la empresa como horas extra. En temporadas muertas, las 
de poca producción, no las hay. Como en el hemisferio norte, destino 
de las prendas que elaboran las maquilas nicaragüenses, hay cuatro 
cambios de estación, hay mucha variación en la ropa que 
confeccionamos. Los encargos cambian mucho y a menudo se multiplican 
nuevas faenas, más largas y más pesadas.

La sección de empaque, área que por lo general sale a las 7:15 pm en 
horario normal, tiene que dejar las mesas siempre limpias. Sin ni una 
sola camisa de plancha. Para el mes de junio, cuando yo estuve allí, 
trabajábamos hasta las 10 pm. Otro grupo trabajaba toda la noche. En 
ocasiones les dan el día para descansar. Todo está en dependencia del 
ritmo de trabajo o de las fechas de entrega del producto. Estas 
jornadas de más de quince horas de trabajo (7 am a 10 pm) provocan 
desgastes inimaginables en los cuerpos de las trabajadoras. Sólo 
tienen 40 minutos de descanso para el almuerzo y otros 40 hacia las 8 
pm, hora de la cena. Al caer la noche los dolores se agudizan más y 
brotan todo tipo de lamentos. Los dolores de cabeza son masivos, 
también los pies hinchados que no resisten el peso del propio cuerpo. 
Abundan los dolores de espalda. Quienes tienen problemas de várices 
las muestran a punto de reventar. Sobran dolores para todos, sin que 
importen edades o sexo. Y en el botiquín de
 nuestra área, lo único que había era alka-seltzer y algodón.

La hora de los sueños

Al final de la tarde, los rostros vistos en la mañana frescos y 
maquillados ya están apagados y los ánimos caldeados por las riñas, 
por las equivocaciones, por los malos gestos. El cansancio genera 
susceptibilidad. Tampoco faltan grupos que bromean para no sentir el 
tiempo, para matarlo. Entre las mujeres, el tema más común a estas 
horas es que se quedarán sin marido, porque llegan tan cansadas a sus 
casas que lo único que hacen es tirarse a la cama a dormir.

También es la hora de los reclamos al medio en que nacieron: Si 
hubiera nacido en otro mundo no tendría necesidad de trabajar en esto 
y estaría bien sentada en mi casa, con mis hijos y con mi marido. O 
de expresar sueños tan sencillos como imposibles: ¡Qué no daría por 
llegar a mi casa, encontrar comida hecha y caliente, sábanas aseadas 
y alguien que me llevara la comida hasta la cama! Otras sueñan con 
más ambición: ¡Si pudiera entrar a la universidad y sacar una 
profesión!

La realidad es que muchas mujeres y hombres al entrar en la maquila, 
llegan con el sueño de buscar su superación en este trabajo. No es 
posible. La imagen que venden los propietarios es que aquí se gana 
mucho dinero en un trabajo muy accesible. Después, el ansia de 
realizar horas extra para obtener mejor salario se vuelve adicción. 
Después, mucho después, se entiende que no habrá superación, sino 
solamente rutina, estancamiento y un cuerpo casi discapacitado.

Ministerio del trabajo: el aliado de las empresas

Según lo establecido por el Código del Trabajo, sólo pueden 
realizarse nueve horas extra a la semana. En el área de empaque, 
trabajamos en una semana treinta y seis horas extra. Con un promedio 
de quince horas de trabajo diario y sin una alimentación adecuada, es 
muy difícil poder resistir este ritmo de trabajo.

El abuso al trabajador y la falta de respeto al Código laboral son 
conocidos por el Ministerio del Trabajo (MITRAB), quien debe velar 
por los derechos de los trabajadores y regular a los empleadores. Sin 
embargo, en el actual modelo económico el MITRAB se ha convertido en 
protector y aliado de las empresas y corporaciones de la Zona Franca 
haciendo oídos sordos a las demandas de los trabajadores. Es más lo 
que te demoras en llegar al Ministerio que lo que dilata la empresa 
en darse cuenta. Al regreso a la fábrica, lo que uno encuentra en sus 
manos es el despido, sin nada que te ampare. La Zona Franca y el 
MITRAB son la misma cosa, me dice una muchacha.

El Ministerio como ente regulador de los empleados y empleadores, 
debería asumir una postura menos política y más de arbitraje. No 
puede seguir convirtiéndose en el soplón de las acciones de los 
trabajadores y en el guardián de los intereses de las empresas 
maquiladoras. El Ministerio debe hacer énfasis en el salario mínimo y 
saber realmente qué tabla salarial existe en el sector maquilero. Los 
reclamos y comentarios de los trabajadores, después de recibir lo que 
ganan cada quincena, demuestran que no tienen conocimiento de la ley, 
que no manejan el por qué de sus salarios o las deducciones que les 
hacen del seguro social, cuando en muchos casos ni están inscritos en 
el seguro.

Las obligadas horas extra

En esta fábrica, las horas extra no son opcionales, son obligatorias. 
Quien no las trabaja, es despedida. No se consultan. A eso de las 2 
de la tarde pasan la hoja de las horas extra y lo único que tienes 
que hacer es firmar. Para evitar que alguien del área de empaque 
salga de la fábrica a la hora del timbre, a las 5:15 pm, el 
supervisor mantiene bajo llave las tarjetas de los empleados. Así, 
nadie puede salir ni a escondidas. Para no quedarte realizando horas 
extra tienes que pedir permiso al supervisor, que en la mayoría de 
los casos te dice que no, y si acaso te lo da, la excusa debe de ser 
de fuerza mayor y debes convencerlo.

El pago por hora extra trabajada es de 9.92 córdobas (75 centavos de 
dólar). Eso, en caso de que te las paguen, porque según las 
trabajadoras no les han pagado horas extra de faenas muy duras. Por 
comentarios de algunas muchachas que han trabajado en otras empresas, 
las horas extra las pagan cuando les da la gana, y en algunas 
empresas no entregan los comprobantes de pago, sólo les dan el 
dinero, quedándose ellas sin saber cuáles son los ingresos o las 
deducciones reales.

La realidad es que no se sabe cómo son reguladas las horas extra ni 
cómo son calculadas, ya que hay períodos que se trabajaba la semana 
completa, incluyendo sábado y domingo, y la variación en el salario 
era de apenas 100 córdobas, debiendo haber sido más por los días y la 
gran cantidad de horas extra. Hay trabajadoras y trabajadores que 
llegan a sus casas a las 12 de la noche o a la 1 de la madrugada, y 
han de estar en pie de nuevo a las 4-5 am. El desgaste es increíble y 
son muchos los que a las 10 de la mañana ya empiezan a tomar tabletas 
de supertiamina, para poder aguantar el resto del día.

La apresurada hora del almuerzo

Según el reloj de la empresa, el timbre para el almuerzo suena a las 
12 meridiano. Es la hora del desorden, del revuelco total. La mayoría 
de la gente sale desesperada, corriendo, como si algo adentro las 
empujara a huir. La corredera es por llegar primero al bar para 
comprar la comida o el refresco que acompañará lo que trajeron 
preparado de la casa. Las compras se realizan en dos bares y en unas 
mesas donde venden enchiladas, tacos, churritos y frutas. Los bares 
no tienen condiciones de higiene. Lo que más abunda son moscas y como 
están a orillas de las bodegas, se les suman ratas y ratones. Las 
cocineras preparan la comida, la sirven y manejan el dinero sin 
lavarse las manos. Casi siempre se vende a crédito, pagando a la 
quincena, pero como no resulta muy rentable, muchos trabajadores 
optan por traer la comida de sus casas.

Los comedores se llenan de gente que come y conversa. Quienes no 
encontraron lugar, se sientan en la grama debajo de las palmeras 
enanas de la entrada. Hay que comer en 40 minutos. Al sonar el timbre 
para regresar al trabajo, las áreas de la comida quedan totalmente 
sucias, con platos, bolsas y restos, como la rotonda de Santo Domingo 
después de un 10 de agosto.

Un servicio de comida corriente con refresco cuesta once córdobas. La 
ración de tacos, enchiladas, tajadas con queso o maduro con queso 
cuesta cinco córdobas. La mayoría se asocia para comprar un litro y 
medio de gaseosa. Resulta más rentable que comprar un vaso. Además de 
suministrar comida y refrescos, los dos bares venden también toallas 
sanitarias, papel higiénico, cigarrillos, caramelos y chiclets.

Cuando toca hacer horas extra, la empresa asume la cena de los 
trabajadores. O como dicen todos: Sale de nuestros bolsillos, de las 
horas extra que no nos pagan. Entonces, la comida la encargan en uno 
de los bares de la empresa. En una de las tantas cenas que hice con 
las muchachas que trabajaban conmigo, recibimos la comida en un 
empaque. Aquel día nos dieron chancho frito.

Cuando una de ellas mordió la carne, el centro estaba verdoso, pero 
no le permitieron comprar otra cosa en el bar y se quedó sin comer. 
Como uno no sabe la hora real de salida -¿será pronto o será tarde?- 
no suele llevar nada preparado de la casa para la cena. No pude saber 
si la comida que comerán los empleados la deciden los del bar o los 
supervisores, pero casi siempre se están quejando de la mala calidad.

La hora de los olores

A las 5 pm es la hora de los olores. Pases por donde pases, huele a 
desodorantes, cremas corporales, pasta dental, perfumes de todas las 
fragancias, que se mezclan con los malos olores de todo un día de 
trabajo. En los servicios higiénicos las mujeres se aglomeran en los
lavamanos lavándose los dientes, mientras muchas se maquillan. 
Impresiona ver cómo el agotamiento no detiene el arreglo personal. El 
viernes, sea o no día de pago, hay aún más tiempo para la vanidad. Es 
día de cita entre las parejas. Por lo general, los viernes son raras 
las horas extra. Dicen que es una política de la empresa, aunque 
cuando yo trabajé en la fábrica, no sucedió así.

A las 5:15 pm, cuando suena el timbre de salida para las áreas de 
líneas de producción -donde se cosen y arman las camisas- sale de la 
fábrica el grueso de las trabajadoras y trabajadores, más de mil. 
Todo el mundo previene: ¿Ya cachaste tu tarjeta? Y todo el mundo la 
busca antes que suene el timbre para ser primero en las filas.

La revisión rutinaria

Al salir diariamente, no sólo existe el rito del marcado de tarjeta. 
También hay que pasar por una revisión corporal. A los varones se las 
hace un vigilante. A las mujeres, una mujer de esa misma empresa de 
vigilancia y una china de la fábrica. El primer día, como era nueva, 
salí a las 5:15 pm con el grueso de las trabajadoras. Marqué mi 
tarjeta. No sabía nada de la revisión en el portón de salida. Sólo ví 
la fila y que las mujeres salían por la puerta peatonal y los hombres 
por la entrada vehicular. Como iba distraída viendo pasar la cantidad 
de gente que salía de otras fábricas ubicadas más adentro, no me 
fijaba en las compañeras que iban delante.

El susto fue cuando me llegó el turno. La china, una mujer muy 
pequeña que ni me llegaba al hombro, empezó a tocarme, pasándome la 
mano desde el pubis hasta la parte alta del trasero y luego desde el 
pubis hasta la parte alta del vientre. Me invadió una sensación de 
asco y la piel se me erizó. Me invadió un violento deseo de golpearla 
y de pegar cuatro gritos. Fue una sensación desagradable que no había 
experimentado nunca, ni siquiera cuando en la calle me he encontrado 
con hombres morbosos y atrevidos que te dicen groserías. Por un 
instante pensé que sólo a mí me habían tocado y que sólo yo había 
reaccionado así. Pero las compañeras que entraron el mismo día que yo 
compartían mi sensación: ¡Uy, qué horrible que me tocó esa china!, 
dijo una. Y otra: Yo he trabajado en otras empresas y nunca me habían 
tocado así.

Tocarte para imponerse

La forma de tocar de la nica era diferente a la de la china. Entendí 
que esa forma de violentar a cada mujer es también una manera de 
demostrar que los dueños pueden hacer lo que quieran con las obreras. 
Es además una forma de control sin sentido: los jeans que yo llevaba 
puestos, los de casi todas, nos quedaban muy ajustados. ¿Cómo me 
podría alcanzar dentro de mis pantalones una camisa de manga larga ? 
Imposible.

Aunque esta tocadera se vuelve una rutina para las trabajadoras, yo 
no me acostumbré en los doce días que estuve en la empresa. Cada vez 
que escuchaba el timbre de salida, el estómago me dolía sólo de 
pensar por lo que tendría que pasar para poder salir a la calle. Hubo 
días en que el asco me quitaba el hambre y no cenaba y llegaba a mi 
casa aún con aquella horrible sensación. Me quedó claro que la mayor 
violencia se la hacen a las muchachas. A los hombres los revisan, 
pero un inspector nicaragüense sólo les palmotea en las piernas. 
Según la dirección, la 'revisión rutinaria' busca evitar que los 
trabajadores se lleven piezas de la empresa. En las pláticas que tuve 
con las muchachas, contaban que en algunas fábricas quienes siempre 
sacan piezas de la fábrica son los hombres, que salen con ellas 
puestas como pañales. La mayoría los apoya en estas sustracciones: 
Está bueno que roben. De todos modos, ellos lo hacen por nosotras, y 
por unas cuantas piezas que saquen no es nada lo que se
 pierde. Naturalmente, son robos esporádicos y las piezas se 
comercializan entre los mismos trabajadores de las empresas.

Enojos y humillaciones

Los registros son parte de un estilo basado en las humillaciones. Un 
día, antes de las 10 pm, todas estábamos desesperadas por salir y el 
supervisor tenía las tarjetas guardadas bajo llave. Cuando todas le 
rodeamos, cada una en busca de su tarjeta para salir más rápido, él 
tomó todo el fajo y las tiró hasta otra mesa con violencia y enojo. 
Las tarjetas se desparramaron por el piso y todas nos tuvimos que 
tirar al suelo y arrebatárnoslas de las manos, mientras el supervisor 
se reía de su hazaña.

¿Será el exceso de trabajo que dicen tener estos señores la causa de 
su comportamiento inhumano o éste se deberá a imposiciones de la 
administración que les exige este estilo? En su mayoría, quienes 
ahora son supervisores, llegaron a la empresa como el resto de todos 
los trabajadores. Este fue el caso de una muchacha que entró a 
trabajar junto con nosotras en empaque. A los días, ya no aguantaba 
el trabajo, le resultaba muy pesado y decidió renunciar. Pero, cuando 
llegó a Recursos Humanos a presentar su renuncia, una de las 
muchachas encargadas de ingreso le pidió que aguantara unos días más, 
porque la tal doña Fidelina andaba buscando una muchacha nueva, con 
estudios, para que trabajara como su asistenta. Y la candidata era 
ella.

Cómo 'cambiar' de personalidad

Al día siguiente, la muchacha que iba a renunciar no llegó a 
trabajar. Pensamos que se había retirado, pero a medio día la vimos 
ir a almorzar con la élite de la empresa, las de Recursos Humanos. 
Tienen una mesa sólo para ellas y ningún otro empleado se puede 
sentar allí. Como para nosotras seguía siendo nuestra compañera de 
trabajo, nos alegramos al verla. Ella no. Ya había 'cambiado'. Pasó 
al lado de nosotras y secamente sólo nos dijo hola y se fue a la mesa 
selecta. Ya se le subieron los humos, comentamos.

Al poco tiempo pude platicar con ella. La pobre mujer me explicó: Me 
han prohibido relacionarme con todas ustedes, me dicen que recuerde 
que yo tengo un nivel totalmente diferente al de la gente inferior. 
Es obvio que los inversionistas asiáticos pretenden crear en las 
Zonas Francas una estratificación de clases. ¿Será que en su país 
pertenecen a la clase superior que aparentan en Nicaragua o será que 
quieren retrocedernos a la época de la esclavitud, menoscabando 
nuestros derechos a fuerza de menospreciarnos?

Contratos que no se cumplen

Al firmar el contrato en estas empresas, el puesto donde trabajarás 
es un acuerdo mutuo entre empleador-empleado. Una firma el contrato 
conforme a su experiencia, en el caso de que la tenga en el área que 
ellos estén demandando personal. Muchas de las que llegan a solicitar 
trabajo ya llevan una idea del sitio donde quedarán o dicen dónde 
quieren ser ubicadas.

Según lo establece el Ministerio del Trabajo, para que un empleado 
sea removido de su cargo, aunque sea de forma ocasional, tiene que 
existir un arreglo mutuo. Sin embargo, las trabajadoras realizan 
actividades no contempladas en los contratos. Te ubican en cualquier 
área para que no estés sin hacer nada. A nosotras, las de empaque, 
nos tuvieron en otras áreas porque no habían llegado los accesorios 
para pegarle a las camisas. Primero, nos metieron toda una mañana en 
el área de los comedores armando cajas de cartón para empacar las 
camisas Perry Ellis. El cartón tenía señalado por dónde doblar para 
hacer la caja y la tapa. A cada una nos dieron cinco cajas. Cada caja 
tenía 250 piezas y teníamos que montar 1,250 cajas. A simple vista, 
la tarea parecía fácil y de poco desgaste. Sin embargo, a las dos 
horas, la espalda hormigueaba y se te hacían heridas en cada mano, 
incluso profundas, por el roce con el cartón.

Días de lavandería

Aquel día, nos mandaron después de almorzar al área de lavandería. La 
tarea era lavar las partes de las camisas que venían señaladas por 
tener suciedad o grasa. El pedido que estaba saliendo esos días era 
de camisas blancas. Teníamos que blanquearlas con cloro y acetona. En 
lavandería pasamos dos días y medio, desde las 7 am hasta las 7 pm, 
para continuar hasta las 10 pm en empaque.

Dos días en la lavandería nos dejaron las manos totalmente 
agrietadas. La combinación de acetona y cloro, sin ninguna 
protección, nos quemaron las manos y nos dejaron hongos en dedos y 
uñas. En la lavandería, donde lavábamos sin parar 28 mujeres, el 
calor era insoportable. Estábamos al lado de las calderas y el fuego 
y el humo se concentraban allí. En la lavandería estaban también los 
ruidosísimos sopletes que utilizan para limpiar las piezas que tienen 
mucha pelusa.

El pago es por producción y lo menos que debes lavar al día son 700 
camisas. Si no lavas esa cantidad, pierdes el derecho al incentivo 
por producción. Cada vez que terminas de lavar cierta cantidad, una 
encargada anota el número. Pareciera un mecanismo justo, pero también 
sucede que si no eres del agrado de la que anota, ésta cambia los 
números de tu producción y no puedes hacer nada.

Yo le caía mal, porque cada vez que iba a pedir camisas para lavar, 
ella me anotaba menos o no me anotaba nada. Igual les ocurría a otras 
compañeras. Por nuestra parte, ripostábamos con mañas para ampliar el 
número. Sólo humedecíamos muchas camisas que no estaban sucias, para 
hacer la mueca y sumar más. Al caer la tarde, la vida empeora en la 
lavandería. La luz natural se va y casi no ves. En invierno, las 
mujeres se empapan, porque la parte alta de la lavandería no está 
cubierta y la lluvia entra a raudales.

En riesgo desde que tomas el bus

Durante los doce días que duró el estudio que realicé viajé en buses 
del transporte urbano colectivo, los que utilizan en un cien por 
ciento los trabajadores de la maquila. Levantarse muy temprano 
resulta clave para poder cumplir con el horario. Tomaba el bus a las 
6:15 am. Iban repletos, la gente colgada de ambas puertas. Son buses 
viejos y en condiciones mecánicas deplorables, donde viajar es un 
gran riesgo. La aglomeración de pasajeros permite a equipos de 
carteristas, mujeres y hombres, operar con éxito. A los hombres les 
facilita estar manoseando a las mujeres.

Un día, urgida por el horario de entrada, abordé el primer bus que se 
detuvo. Venía abarrotado. Me monté por la parte trasera y sólo pude 
encontrar lugar en la primera grada, colgada de la puerta. A las 
pocas cuadras, el bus frenó de forma tan brusca que me caí de 
espaldas en la cuneta. El cobrador del bus me gritó: ¡Andan como 
dundas, ni siquiera se agarran y después nos echan la culpa! No hubo 
nadie que me ayudara a levantarme. Mi opción no podía ser retomar 
aquel bus, pero ésa es la única opción que tienen las trabajadoras: 
sacudirse la ropa y volver a montar en la unidad que las lesionó. En 
la fábrica escuché que otras empresas de la Zona Franca Las Mercedes 
tienen sus propios buses y realizan recorridos por algunos barrios de 
la capital sin ningún costo recogiendo a las trabajadoras. Nunca pude 
investigar esto.

¿Nos desarrollarán?

Hasta aquí llega esta narración. No quisiera que de ella se 
desprendiera una crítica destructiva. Sólo he querido contar mi 
experiencia para que podamos imaginarnos lo que miles y miles de 
mujeres, también hombres, viven o vivieron a diario durante semanas, 
meses y años en las más de cuarenta fábricas maquiladoras que existen 
ya en Nicaragua, industrias de las que se espera el 'desarrollo' de 
nuestra patria y de nuestra gente.

* Yanina Turcio Gómez, es Investigadora de Nitatlapán-Uca, equipo 
maquila. 




 

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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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