[R-P] Una pintura s/ el comedor "Los Pibes" donde militaba el Oso Cisneros
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Jue Jul 1 11:20:58 MDT 2004
Centro comunitario Los Pibes
La realidad detrás de un crimen
"Imposible que no haya una ligazón política con el
crimen", dicen en Los Pibes, de La Boca, el centro y
comedor comunitario impulsado por Martín "El Oso"
Cisneros. Los planes sociales, la comida para las
familias, la invención de trabajo genuino, los
emprendimientos, la autoconstrucción, la recuperación
de los conventillos, y de los sueños: 250 familias
moviéndose para darse una nueva realidad, a su modo,
como telón de fondo de un homicidio.
Dos mujeres rallan pan sobre una mesa de madera. A su
lado, otras diez baldean los pisos de cemento. Un poco
más allá se ve un puñado de hombres pintando sillas
escolares.
El silencio domina la escena.
Apenas lo rompen los martillazos de los que se esmeran
en fabricar bancos y mesas con restos de cajones de
bananas importadas. Todo transcurre en una vieja
fábrica de motores náuticos, ahora reconvertida en la
unidad productiva social Los Pibes de La Boca, el
centro comunitario que había impulsado Martín "El Oso"
Cisneros, el militante de la Federación de Trabajo y
Vivienda asesinado a balazos el viernes 25 por la
noche.
En el aire todavía se huele congoja. "Nos cuesta
trabajar sin él", confiesa Victoria una de las que
está moliendo pan tostado. Levanta la vista, hace un
paneo con su brazo extendido, y agrega: "Esto era el
sueño de él". La mujer se incorporó a la organización
hace un año y cinco meses. Antes -ya no recuerda
cuánto antes- trabajó como enfermera en el Sanatorio
Güemes, también en Alpargatas y en un frigorífico cuyo
nombre ya se borró de su memoria. "Durante mucho
tiempo me anotaba en un montón de lugares para pedir
un puesto, pero después no te llaman. Yo tengo 53
años, ¿quién me va a llamar?", cuenta, resignada. "A
mi -asegura- me encantaría tener una obra social,
jubilación y no tener que vivir con 150 pesos".
Victoria llegó al comedor Los Pibes por una amiga.
"Esto es una cadena, una trae a otra y así
sucesivamente", explica. La forma de integrarse al
movimiento es paulatina. Primero se es "invitado": se
participa del trabajo y las marchas para conocer la
filosofía de la organización. Cuando el interés
persiste el invitado pasa a ser "criterio", es decir
recibe una ración de comida, como si fuera un familiar
más de quien lo acercó al comedor. Y si el compromiso
va en aumento, puede convertirse en "cabeza de
familia", haciéndose acreedor de un plan social cuando
se abran los listados. "Es una especie de cuestión de
mérito", explica Luciano Álvarez, miembro del área de
prensa.
Con cinco hijos y cuatro nietos, Victoria ya es cabeza
de familia. En Los Pibes eso significa que recibe uno
de los 250 planes Jefas y Jefes de Hogar que
distribuye la organización. Pero no sólo eso: también
se lleva una ración semanal que alcanza para toda su
familia. Incluye pan, fruta, vedura y carne que cocina
en su casa. "La idea del Oso era que la gente conserve
el almuerzo como un espacio de encuentro familiar. A
los comedores solo van los chicos, por eso nadie come
acá. La comida se retira. Además, no llevan los platos
hechos, sino crudos, para que cada uno los prepare
según sus costumbres y sus gustos", detalla Victoria
que es miembro del equipo de Cocina.
Para recibir estos beneficios -como todos los
asistentes a Los Pibes- debe cumplir con ciertas
obligaciones: cuatro horas de trabajo diario y
participar de las marchas junto a su familia cada vez
que es convocada. "Una vez que estás anotada estás
obligada a marchar para apoyar al comedor. Es como un
trabajo más. Gracias a las marchas conseguimos
mercaderías, planes, muchas cosas. Ahora vamos a
luchar por El Oso", promete Victoria. "Mucha gente
viene y se va", admite Álvarez y completa: "Algunos
están acostumbrados a la dádiva. Nosotros queremos
reconstruir la cultura del trabajo. Por eso hay que
hacer alguna tarea rotativa, guardias en el comedor.
Al principio, por ejemplo, había que ir al mercado de
Avellaneda a buscar lo que tiraban los puesteros. Pero
con el agravamiento de la crisis, iba tanta gente que
ya no rendía. Esos nos obligó a dar la gran pelea por
los planes sociales. Sabemos que no es solución, pero
la gente tiene que comer hoy. En eso somos
pragmáticos".
Como si fuera un globo que revienta, una garrafa de
gas hace una miniexplosión e interrumpe la
conversación. Victoria se asusta, después bromea: "Con
lo que cuesta..." Nicolás Rusconi se acerca para ver
qué pasó. Se presenta como albañil, electricista y
pintor cuentapropista. "Mientras había laburo", aclara
y agrega: "Cuando hubo necesidad, hace unos dos años,
me metí a pedir ayuda en el comedor". El hombre, de
piel curtida, es el coordinador general de las tareas
del día. "Yo tengo cargo por presencia y por
comportamiento", se enorgullece y explica su tarea:
"Subo a hablar con los de la comisión y me dicen que
tareas hay que mandar a hacer. Y yo me encargo de que
se hagan. Si alguien no sabe hacerlas, acá se les
enseña".
El comedor Los Pibes nació el 25 de mayo de 1996, en
Sachetti, una fábrica textil que había sido abandonada
por sus dueños cuando la importación se había
apoderado del mercado interno. Allí habían ido a parar
cinco de las cuarenta familias desalojadas de las
antiguas bodegas Giol. Entre ellas, la de Martín "El
Oso" Cisneros y la de Alberto Lito Borello, el
coordinador general del comedor. "Empezamos
garantizando la copa de leche los fines de semana y
los feriados, porque los chicos solo comían en el
colegio. Todo lo hacíamos con dos kilos de leche en
polvo que le sobraba cada semana a un jardín maternal
y con el chocolate que nos regalaban los bancarios.
Después mangueábamos las facturas en las panaderías
del barrio", subraya Álvarez.
A medida que el comedor fue creciendo, se fue mudando
a distintas sedes que prestaban las organizaciones de
la zona. Hasta que hace dos años, Los Pibes compró una
casa en la calle Lamadrid con un crédito a 30 años.
Paga 80 pesos mensuales, que se reúnen haciendo
"vaquitas". Es una casona de dos plantas típica de La
Boca, afuera con las veredas a sobrenivel para evitar
inundaciones y adentro con un frío húmedo que cala los
huesos. "Ibarra trucho", dice en una leyenda que ocupa
todo el frente con letras catástrofe. "Fue una campaña
muy fuerte que hicimos para denunciar que el jefe de
Gobierno hacía promesas y no las cumplía. Le bajamos
un poco el tono antes de las elecciones para que no
dijeran que éramos de Macri", reconoce Álvarez, que
hasta hace tres meses formaba parte de la Comisión
Directiva. "Ahora que conseguí trabajo de diseñador no
puedo estar tan comprometido", se excusa. Las
comisiones son elegidas en asamblea -se realizan todos
los lunes a las 18- y su mandato es revocado cuando se
percibe que los representantes pierden legitimidad.
Cuando la Federación Tierra y Vivienda, comandada por
Luis D´Elía, cortó durante 18 días seguidos la ruta 3
en La Matanza, durante el gobierno de Fernando de la
Rúa, el comedor Los Pibes puso una carpa solidaria a
la vera del camino. Allí comenzó a tejerse una
relación que se formalizó poco después de la Primera
Asamblea Nacional Piquetera. "Más que la ideología,
nos hermanó la acción concreta. Nosotros habíamos
cortado el Puente Avellaneda y eso había hecho temer
al gobierno por la nacionalización del conflicto",
opina Álvarez.
Durante mucho tiempo, Los Pibes le pidió al Gobierno
de la Ciudad subsidios para microemprendimientos. Pero
no los consiguió. Entonces, Cisneros -que coordinaba
el área de empleo- propuso a sus compañeros hacer un
aporte voluntario de 50 pesos, provenientes del plan.
Con eso compraron un horno para pizza, una sobadora,
una máquina gráfica y otra para trabajos de herrería y
alquilaron esta vieja fábrica por 1.100 pesos
mensuales. "El Oso no quería un comedor, quería
trabajo. Sabemos que la economía a esta escala no es
la solución, pero muestra una posibilidad de salida",
sostiene Álvarez, convencido de que él mismo o
cualquiera de sus compañeros podrían haber sido las
víctimas.
"Imposible que no haya una ligazón política con el
crimen", enfatiza y enumera las listas de hechos que
se resiste a considerar casualidades: "Fue cuando se
cumplían dos años de los asesinatos de Darío Santillán
y Maximiliano Kosteki, una semana después de que la
Federación Tierra y Vivienda lanzara junto a otros
movimientos el frente de piqueteros oficialistas y el
principal sospechoso de disparar era el hombre que
hace unos meses había robado de la misma casa donde
mataron a Cisneros una CPU y documentación con
información del comedor."
El comedor Los Pibes tiene tres grandes líneas de
acción: política alimentaria, generación de trabajo y
lucha por la vivienda. Una puerta entreabierta deja
ver otro afiche gigantesco. "Hasta siempre presidente
Oso. Cooperativa de Vivienda Los Pibes de La Boca".
Cisneros impulsaba la autoconstrucción en un galpón de
la zona. Pero además, cinco grupos de familias ya
habían comprado viejos conventillos para obtener una
vivienda. Ahora los están refaccionando. "Yo estaba en
la cooperativa de vivienda con Martín", dice una
morocha que atiende la panadería del comedor luciendo
un impecable guardapolvo blanco. Vende facturas y
dulces de elaboración propia, yerba Titrayjú del
Movimiento Agrario Misionero y el pan producido por la
panadería que Luis Bordón (el padre de Sebastián, el
chico asesinado por la policía mendocina) levantó en
Moreno con la indemnización recibida, para que
trabajen chicos en riesgo. "Al principio no me gustaba
mucho lo que pasaba acá. Decía: 'Esta es gente que no
tiene nada que hacer y corta las calles'. Pero cuando
tuve la necesidad me acerqué. Vi que era distinto. No
era pedir, sino venir a trabajar por comida. A
diferencia de mis laburos anteriores puedo acomodar
mis horarios para ir a buscar a mis hijos al colegio,
comer con ellos. Acá hice un curso de panadería, otro
para aprender a hacer galletitas. Me los consiguió el
Oso en el Inti (Instituto Nacional de Tecnología
Industrial). Estos días nos estaba tramitando otro de
manipulación de alimentos. Él también nos hizo sacar
la libreta sanitaria", recuerda, con cariño, la
panadera.
En el primer piso, debajo de una densa nube de humo,
se realizan dos nutridas reuniones. Una es de la
comisión de administración, que está controlando
presencias y horarios de los miembros del movimiento.
En la otra, la comisión de Empleo -la que coordinaba
Martín Cisineros- completa distintas planillas de
planes sociales. "Son los que El Oso había conseguido
con su última gestión", explica Daniel, que se
presenta como un ex recolector de basura. "Ahora
parece un perito mercantil", lo elogia Álvarez, por
los conocimientos adquiridos. El arco de asistentes a
Los Pibes es muy grande. Desde adolescentes que no
terminaron el secundario hasta nostálgicos
provenientes de una clase media empobrecida. Están
quienes pasaron por la experiencia de la cárcel y
también quienes trabajaron a destajo para quedarse con
nada.
En total, son 250 familias que suman unas 1.500
personas cada vez que salen a la calle. "Las familias
que vienen aquí no son las tradicionales: algunos
vienen con los nietos, que tienen a su papá en cana o
traen al sobrino porque sus padres se fueron a vivir
al interior. Por ahí está el cuñado que está solo...
", detalla Álvarez.
La tercera planta del edificio es la única que está
deshabitada.
Cisneros soñaba con verla convertida en un centro
cultural de artes y exposiciones.
Todavía nadie se anima a decir quién intentará
convertir ese sueño en realidad.
Lavaca.org
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