[R-P] INFOMORENO, Elf o el caso del siglo
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Vie Ene 2 15:52:50 MST 2004
En todos lados se cuecen habas, y en Francia........ a calderadas, luego
mando mas, saludos José
Elf o el Caso del Siglo: Eva Joly y el Dinero*
Por Marie France Etchegoin**
La petromafia en Francia
En pleno proceso de los Rappetout*** del petróleo -vertiginoso viaje al
centro de un sistema descarriado- la ex jueza lanza un llamado contra la
corrupción**** y publica un libro que molesta.
Los acusados en el proceso Elf llaman a la ex jueza Eva Joly, "la
reaparecida". Y también mucho peor. Ella es su pesadilla, el símbolo de su
descenso a los infiernos. Ahora que acaban de apurar el cáliz hasta las
heces durante más de tres meses de audiencias agobiadoras, tendrán además
que soportar su retorno. Es el triunfo de la "noruega" porque Eva Joly
vuelve con un libro y el lanzamiento de un llamado contra la "gran
corrupción" (véase recuadro). Una llamada "internacional" pero lanzada desde
Francia, el país que la ha admirado tanto como detestado. Ella esperaba este
momento desde hace mucho. A comienzos de 2002 había vuelto a su ciudad
natal, Oslo, para ser consejera del gobierno, bajo las violentas críticas, e
incluso insultos, de sus investigados y de algunos de sus abogados. Más
terrible todavía, la institución judicial escondía apenas su alivio al ver
partir al tornado Joly. En enero, en ocasión de la liberación de Roland
Dumas, en la primera etapa del informe Elf, ella volvió a estar en la
picota. Pero lo soportó. Persuadida de que cuando la segunda etapa del caso
llegara a los tribunales los hechos le darían la razón.
Al ver desfilar por los estrados judiciales durante estas últimas semanas a
los hermanos Rappetout del petróleo, se puede ver bien lo que ha necesitado
de determinación (de "encarnizamiento" dicen sus detractores) para enfrentar
a todos esos hombres con poder, seguros de su impunidad y tan plenos de
arrogancia. Cuando Eva Joly anunció el "caso del siglo", no lo soñaba. Ni
tampoco Laurence Vichnievsky, que realizó con ella esta instrucción durante
años. Ni Renaud Van Ruymbeke, que la terminó. Ni sus colegas suizos Paul
Perraudin y Bernard Bertossa, que reconstituyeron el rompecabezas de las
cuentas offshore.
Ante la 11º Cámara Correccional de París, desde el 17 de marzo de 2003, un
asombroso sistema de malversaciones se fue dibujando audiencia tras
audiencia. Esto, sin embargo, en el momento en que la lucha contra la
corrupción parecía estar pasada de moda, en que era menos que nunca la
prioridad del gobierno, donde los más altos representantes judiciales
denunciaban abiertamente "instrucciones demasiado largas" sobre asuntos
demasiado complejos, donde los jueces especialistas en la delincuencia
financiera se sentían cada vez menos apoyados, incluso amenazados... Eva
Joly, que tiene sentido político, llegó con sus propuestas y sus remedios.
Será entonces objeto de ataques (un libro, cuando el proceso Elf no está
terminado, a pesar de su deber de reserva Se burlarán todavía de su ego...
¿Pero qué esperaban ministros y responsables políticos para adueñarse de ese
debate? El caso Elf ¿es sólo un accidente industrial, revelador de una época
y de desvíos de un puñado de hombres? ¿O expresa algo más amplio, que no se
quiere creer, sobre las prácticas vigentes en la cabeza de los grandes
grupos industriales, en la economía mundializada?
El proceso Elf mostró, en todo caso, que sumas gigantescas podían resultar
desviadas -por bajo de 2.000 millones de francos- con complicidades tácitas
o activas en todos los niveles. Es cierto que este "sistema" ya había sido
descrito o denunciado. Pero, ante el tribunal, tomó cuerpo. Se encarnó en
una gran cantidad de personajes (testigos o acusados) tan diversos como
complementarios. Como en un gran fresco de Bruegel sobre los pecados del
capitalismo moderno. Ex PDG, egresado de la ENA, millonario estadounidense o
iraquí, industrial, espía, diputado, policía reconvertido en VIP, portador
de valijas, asegurador, promotor inmobiliario, arquitecto, abogado, banquero
suizo, lobbistas alemanes, españoles o corsos, inspectores reales
africanos... todos se daban la mano en la ronda del dinero negro.
¿Había un cerebro en la banda? "Le juro, señor presidente, yo no he hecho
nada, no soy yo, es él..." Esta fue la canción entonada con más frecuencia
por Loïl Le Floch-Prigent, Alfred Sirven y André Tarallo. Se hubiera podido
creer que se estaba en presencia de ladrones juzgados en comparencia
inmediata. Ellos no vieron nada. Ellos no saben nada. Millones han
aterrizado en sus cuentas por obra del Espíritu Santo. Durante esos días, se
acusaron mutuamente. Hubo arrepentimientos fingidos y seudo revelaciones.
Estrategias de defensa a veces tan "telefoneadas" que se volvieron
contraproducentes.
LAS RECIENTES PENAS IMPUESTAS POR EL TRIBUNAL DE PARIS A LA PATRIA
CONTRATISTA FRANCESA
Loïk Le Floch-Prigente
5 años de prisión y 380 mil e
Alfred Sirven
8 años de prisión y 5 millones e
André Tarallo
8 años de prisión y 5 millones e
Fátima Belaid
2 años de prisión
Maurice Biderman
3 años de prisión
Alain Guillon
4 años de prisión y 4 millones e
André Guelfi
4 años de prisión y 4 millones e
Jean-François Pagés
18 meses de prisión
Nadhmi Auchi
2 años de prisión
Alain Léthier
2 años de prisión
Dieter Holzer
2 años de prisión
Daniel Léandri
1 año de prisión
Yves Verwarde
10 meses de cárcel
Así, Alfred Sirven, en su papel de "No diré nada, yo no soy un balance"
terminó haciendo cálculos inopinados (¿sobre qué bases?) en su celda, para
ir un día a la audiencia con las manos cargadas de papelería, a presentar la
nota a Le Floch (106 millones de francos desviados según él para su ex
patrón). Este "pisotón" de último momento no impresionó visiblemente a los
tres representantes del ministerio público, que solicitaron para él ocho
años de prisión. Tampoco los esfuerzos de Le Floch (cinco años solicitados)
para tratar de demostrar que había sido traicionado por su eminencia gris.
En cuanto a André Tarallo, el egresado de la ENA protegido durante tanto
tiempo por la compañía petrolera (y todavía hoy en los escritos de los
abogados de Elf), negó todo y se pegó desesperadamente a sus "coartadas
gabonesas" (él administraba, decía, el dinero de Bongo, de Gabón), también
arriesga ocho años de prisión...
Le Floch-Sirve-Tarallo. ¿Quién manipuló al otro? ¿Quién traicionó? ¿Quién
aprovechó cerrando los ojos? ¿Cómo saberlo? De todas maneras, desde el
comienzo del proceso, los tres tratan de no hacer visible la verdad. Según
la procuradora Catherine Pignon, ellos "saquearon la petrolera Elf",
funcionando "no de un modo piramidal" sino a la manera de "tres círculos que
gravitaban juntos con un espacio común". Descremaron en todos los sentidos.
Se cobraron su parte del botín en todos los lugares donde era posible. Sobre
las coimas pagadas en el extranjero, ciertamente, y también en los contratos
de seguros, en la adquisición de aviones, en la compra de sedes sociales en
el extranjero... Llevando tras ellos o apoyándose en otros ejecutivos de la
sociedad en su loco jaleo. Alain Guillon, por ejemplo, ex director de la
exploración y producción, acusado de haber desviado 164 millones de francos
dijo con un aplomo y una suficiencia sorprendente: "Soy un opositor visceral
a la corrupción".
En el affaire Elf hay sin duda hombres "descarriados" o "deslumbrados"
(Sirven). Pero hombres que no tenían más que agacharse para encontrar en el
mercado financiero todos los instrumentos necesarios para cometer sus
delitos. Sociedades fiduciarias, offshore en Liechtenstein o en Panamá,
cuentas numeradas llamadas "Langosta" o "Vegetal", circuitos opacos muchas
veces aceptados por bancos con casa propia y, finalmente, intermediarios de
todo tipo...
¿QUIÉNES SON LOS DELINCUENTES CONDENADOS A CAUSA DE LA CORRUPCION DE LA
PETROLERA ELF?
Loïk Le Floch-Prigente
ex presidente de ELF
Alfred Sirven
director de ELF
André Tarallo
director de ELF
Fátima Belaid
ex mujer del presidente de ELF
Maurice Biderman
ex presidente del grupo textil Biderman
Alain Guillon
ex director de Exploración y Producción de ELF
Jean-François Pagés
ex director de Patrimonio de ELF
André Guelfi
lobbista
Nadhmi Auchi
lobbista
Alain Léthier
ex miembro de los servicios secretos franceses
Dieter Holzer
lobbista en la compra de la destilería Leuna
Daniel Léandri
ex policia
Yves Verwaerde
ex diputado europeo del grupo liberal
Entre éstos, por ejemplo, André Guelfi, el decano del proceso (84 años), que
viene al tribunal con ropa para navegar: blazer azul marino, un bronceado
magnífico y cabellera blanca. Dotado de un descaro absoluto. La mayoría de
sus compañeros de infortunio judicial se encuentran molestos hasta que
explican los mecanismos de la corrupción. Él arde por dar los detalles. Y
luego agrega más. "¿Ustedes quieren saber, señor presidente, cómo logré
persuadir a los rusos de dar a Elf la prospección en esa región? Con una
parte de la comisión que me había pagado la compañía les ofrecí una piscina
olímpica. Eso me costó 50 millones de dólares! (sic)". En contacto con él,
hasta Le Floch se embala: "Antes de la llegada de Guelfi, dice, teníamos un
equipo de Elf en el lugar, en Rusia. Pero no lograba nada. Ya había gastado
100 a 150 millones de francos de bakchich (coima). Se hacía comer (coimear)
a la africana".
Veamos ahora a Nadhmi Auchi, hombre de negocios nacido en Bagdad y que
obtuvo la nacionalidad británica y se convirtió en la séptima fortuna de
Inglaterra, una figura del establishment (en un momento poseía el 7% de
Paribas). Durante tres años se rehusó a responder a las convocatorias de los
jueces franceses. Cerca de 300 millones de francos de comisiones pagadas por
Elf transitaron por su cuenta en ocasión de la compra de una compañía
petrolera en España. Se guardó la mitad de esa suma. Y le pagó el resto a
Sirven, Tarallo y otros responsables de Elf. "Yo hacía negocios con una
compañía del Estado. No esperaba algo incorrecto", dice. Evidentemente...
Veamos ahora a Pierre Léthier. Un ex integrante de los servicios secretos
franceses, siempre con anteojos negros. No un pequeño espía, no, sino un ex
coronel que, después de haber dirigido el gabinete de dos directorios
sucesivos de la seguridad del Estado, se volvió un "consultor
internacional". Durante la compra de la refinería alemana Leuna cobró la
bagatela de 96 millones de francos por haber "hecho análisis y
evaluaciones". "¿Puede usted presentar documentos?" pregunta socarronamente
el presidente del tribunal. "No se me pedían facturas escritas", responde
Léthier. ¿Su colosal comisión sirvió para financiar el contraespionaje? Tal
vez no lo sepamos nunca.
Su socio del otro lado del Rhin, Dieter Holzer, influyente hombre de
negocios, tiene la misma dificultad para probar la realidad de su trabajo.
"Usted ha cobrado 160 millones de francos", dice el presidente Desplan."No
es una minucia". "Es algo totalmente habitual (sic)", replica Holzer, sin
desconcertarse, con fuerte acento alemán. No va a ser Maurice Bidermann
quien lo contradecirá. Al industrial textil se le han pagado más de 15
millones de francos... justo por haber encontrado otro intermediario en
ocasión de la compra por Elf de una filial de Oxy Petroleum.
Vertiginoso viaje al mundo maravilloso del petróleo
En el tribunal, testigos o acusados relatan un universo donde todo se compra
y todo se vende. Un ex ejecutivo de la compañía jura, por ejemplo, que los
millones de su cuenta suiza sirvieron para neutralizar a los funcionarios
del FMI que hacían una investigación un poco molesta para Elf en el Congo...
Uno termina por preguntarse quien no ha estado contaminado por la fiebre del
oro negro. Se termina mirando el planeta con los ojos de los corruptores y
de los corrompidos. ¿Pero hay que creerles siempre a estos últimos? Alfred
Sirven, por ejemplo, pretende que los 42 millones de francos de joyas
compradas en Cartier entre 1990 y 1996 eran regalos para "las mujeres y las
amantes" de quienes tomaban las decisiones, para facilitar la firma de
contratos. Pero algunas compras se realizaron después de su salida de Elf.
La corrupción internacional tiene espaldas fuertes.
De cualquier manera, el affaire Elf no es un "simple" asunto de desvíos. Es,
si uno se atreve a decirlo, un desvío en el desvío. Un engaño en el engaño.
Porque desde hace décadas una máquina de coimas funciona a todo régimen en
Gabón, Congo, Nigeria, Camerún y Angola. Con la más perfecta organización,
con la misma rutina que un impuesto. Es un "sistema opaco", escribe Renaud
Van Ruymbeke en su orden de remisión, que existía mucho antes de la llegada
de Le Floch-Prigent en junio de 1989, y que perduró después de su reemplazo
por Jaffré en agosto de 1994 [...] y que funcionaba bajo el control del
Estado". Hay una tasa, por ejemplo, que se cobra sobre cada barril de
petróleo (0,40 en promedio) que termina en la cuenta bancaria de los
dirigentes de los Estados petroleros.
En los demás continentes, el sistema está menos utilizado. Pero las
comisiones pagadas a los potentados locales para obtener la autorización
para hacer prospecciones o perforar están también avaladas por las más altas
autoridades del Estado. Declaradas en la Dirección General de Aduanas y
admitidas por la Secretaría General del Elíseo. Sobre esta corrupción
"lícita" (que exigía, según el sustituto Hervé Robert, que "aquellos que se
encargan de ella sean de una escrupulosa honestidad") se ha venido a
instalar la corrupción "privada" de los antiguos responsables de Elf y de
sus cómplices (ejemplo: los 2,9 millones de euros cobrados por Fátima
Belaïd, la ex esposa de Loïk Le Floch-Prigent, después de su divorcio).
Instalaron sus tuberías de derivación sobre el ducto principal. Sobre las
comisiones, han cobrado sus "retrocomisiones". Las únicas juzgadas durante
este proceso.
El tribunal no debe interrogarse sobre el resto, ya que se detiene en las
fronteras. En sus presentaciones, los abogados de Elf, Jean Veil y Emmanuel
Rosenfeld, repitieron que no había un affaire Elf sino solamente un affaire
Le Floch y todos los demás. Queda así afuera la sospecha de financiamientos
políticos, y la política poscolonial petrolera en Africa. "Cómodas
tapaderas", según Veil, detrás de las cuales los acusados han querido
esconder sus torpezas.
La compañía (privatizada), sigue, evidentemente, protegiendo sus secretos.
Se ha cuidado bien de poner sus archivos a disposición de la justicia. Los
sucesivos ministros de Economía se han negado a levantar el "secreto de
defensa" reclamado en varias oportunidades por los jueces durante la
instrucción. Philippe Jaffré, el sucesor de Loïk Le Floch-Prigent, vino a
jurar a sus grandes dioses en el estrado del tribunal que nunca había habido
cajas negras en Elf bajo su presidencia... Sirven, Le Floch-Prigent y
Tarallo jugaron a mencionar varios nombres sin nunca aportar las pruebas...
Finalmente fueron disminuidos durante la requisitoria. ¿Pagarán la factura
anunciada? (Ya se han visto cambios espectaculares entre las penas
solicitadas y las decisiones del tribunal).
Al término de esta maratón judicial, que a veces adquiere aspecto de
catarsis, queda una cuestión nunca abordada: hasta su privatización en 1994,
Elf estaba bajo la tutela del Estado. Este proceso revela la falla en su
control. Quienes estaban encargados de ejercerlo nunca fueron interrogados,
y no deberán rendir cuentas. De su ceguera, de su silencio culpable, no se
trató nunca durante el proceso. El dinero de la fuente petrolera enriqueció
a las elites de los países africanos en desmedro de sus habitantes. En
Congo, Elf sostuvo incluso a las dos facciones rivales que se mataron entre
sí en una terrible guerra civil. ¿Quién protestó? ¿Quién protesta hoy? Sobre
este escándalo, nadie, visiblemente, desea volverse pesado.
*Traducción parcial del artículo publicado por Le Nouvel Observateur el 19
de junio de 2003.
**"Est-ce dans ce monde-là que nous voulons vivre?" o ¿Es en este mundo
donde queremos vivir? Editions des Arènes, ha salido a la venta en la última
semana de diciembre de 2003 edi-tado por el Fondo de Cultura Económica de
Buenos Aires con el título "Impunidad. La corrup-ción en las entrañas del
poder".
*** N.T.: Personaje de ficción literaria que representa a un aprovechador.
**** Ver la Declaración de París contra la corrupción.
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