[R-P] ¿ALGUIEN SABE ALGO DE ÉSTO?
Prensa Schiavoni
prensaschiavoni en arnet.com.ar
Jue Feb 5 04:25:28 MST 2004
Lo acabo de recibir en mi casilla enviado por un tal Hugo Oscar Carpenzano
García.
Entre el nombre de los destinatarios adjuntos y la firma de los que
suscriben el documento no aparece -al menos para mí- ningún "prócer"
conocido.
¿Será una variante del kirchnerismo en construcción?...
Habla de desarrollo autocentrado, tiene un tono antiimperial, no deja en el
tintero la cuestión de la deuda, aboga por la recomposición de clases, no
agrega un pizquita de socialismo ni para sazonarlo y encima abjura de los
"partidos tradicionales".
Té de poleo, me da la primera impresión.
¿Alguien más lo recibió?
Saludos fraternos y resistentes. MINGO.
Por un Frente Nacional, Popular y Emancipador
Declaración inicial de la Corriente Convocatoria Popular
Aires de cambio soplan desde los llanos venezolanos hasta las pampas
argentinas. Tras muchos años de oscuridad y parálisis los argentinos hemos
podido, por distintos caminos, jaquear a los agentes del neoliberalismo
vernáculo, quienes han llevado a la quiebra a los países que usaron su
miserable farmacopea, que sólo auxiliaba al capital internacional y sus
centros financieros. La Argentina es parte del mundo periférico, cuya
sangría hace ricos a los países centrales y es el olvido de esa verdad
elemental una de las razones por la que un sinnúmero de compatriotas dieron
respaldo a ciertas gestiones posteriores al Proceso, pese a que las mismas
evidenciaban inacción o complicidad lisa y llana con los beneficiarios de la
succión de las riquezas del país. Muchos argentinos se juzgaban, hasta que
la crisis nos sacudió, más europeos que latinoamericanos; estaban atontados
por un racismo propio de mayordomos. Otros creían, con esa candidez y
exitismo frívolos que nos legó la Argentina "granero del mundo", que
podíamos alcanzar sin gran esfuerzo los stándares de vida del "primer mundo"
.
En lo que hace a las fuerzas con tradición nacional, el horror del Proceso,
el auge del democratismo formalista y capitulador de Alfonsín y su ruina
final, y la decisión posterior de Menem de profundizar el modelo,
instaurando la hegemonía de las privatizaciones y las "relaciones carnales",
fueron una sucesión de duras derrotas. Las perspectivas frustradas desde el
cordobazo en adelante, nutrieron un desaliento intelectual y moral ya antes
del 89, ahondado luego por el derrumbe de la URSS y sus aliados y por la
crisis general de los movimientos de liberación del mundo periférico, que
dejaron casi sin oposición a los voceros imperialistas hasta fines del 2001,
cuando el caos de la Argentina desnudó acabadamente la falacia de las ideas
y el pillaje del neocolonialismo, practicado sobre la piel de su alumno
ejemplar. Con piquetes y cacerolazos, corralitos y default, una cruda
realidad había entrado en escena, liquidando lo que quedaba de la inefable
Alianza y poniendo en fuga, en la imagen imborrable del helicóptero, a los
últimos mandatarios de la decadencia Argentina.
Frenar la caída y cambiar de rumbo fue un clamor generalizado, entonces, y
una necesidad histórica que se abrió paso con el establecimiento del
gobierno de Rodríguez Saa y su declaración del default, primero, y del
gobierno de transición de Duhalde, luego, para coronarse con el triunfo
electoral del presidente Kirchner, que contaba, en el momento de la fuga del
candidato del "modelo", el Dr. Menem, con el apoyo claro de más de dos
tercios de la población votante, según datos unánimes de las encuestas. La
magnitud del respaldo, reafirmado hasta hoy, habla elocuentemente de la
voluntad de cambio del pueblo argentino.
El punto de partida de ese viraje fueron las jornadas de diciembre de 2001,
fechas históricas ya, en las que dijimos basta a una estrategia de
sometimiento que operó sin freno desde 1976. Veinticinco años, con un saldo
de ruina industrial y desocupación crónica, precarización del trabajo,
remate vil de las empresas estatales, deserción del Estado en la salud, la
educación y las jubilaciones, exclusión social e inseguridad y pavoroso
aumento de la miseria y la desnutrición; para escándalo de un país que
figura entre los grandes productores mundiales de alimentos. Como si fuera
poco, los argentinos, que en marzo de 1976 registrábamos una deuda de
alrededor de siete mil millones de dólares, nos vemos hoy acosados por
fraudulentas cifras de deuda que hipotecan nuestro presente y el de futuras
generaciones.
Para no sufrir nuevas estafas, debemos reconocer y esclarecer las
circunstancias y razones que permitieron que nuestro pueblo respaldara
mayoritariamente al compra del "buzón" neoliberal, superando las carencias
de un proyecto nacional actualizado, lo que nos privó de reflejos defensivos
imprescindibles ante la canalla de los Martínez de Hoz, Machinea, Cavallo,
Alemann, López Murphy, etc. Abandonando ya esa fe de "zonzos" (diría
Jauretche) que parte del supuesto de que nuestros errores no tendrán
consecuencias, gracias a que "Dios es argentino". Debemos comprender,
entonces, que frente a las nuevas estructuras financieras y tecnológicas del
poder internacional (la globalización), la defensa de nuestras viejas
conquistas y reivindicaciones requiere de nuevos instrumentos conceptuales,
políticos y tecnológicos: la ampliación de la democracia, la revolución
científica-teconólogica-cultural, la recuperación del Estado y el
continentalismo.
Es notorio que la crisis de la estructura de partidos de la vieja Argentina
hoy afecta también a los que fueron el cauce de los movimientos nacionales
del siglo XX, como el radicalismo y el peronismo. Ello impulsa un
reordenamiento del campo nacional y popular, de modo que puedan ser
expresados, de manera efectiva, los distintos componentes y demandas que lo
componen: los trabajadores, las clases medias, los desocupados y todos los
sectores de la Argentina productiva.
Pruebas de la necesidad de reconstruir las fuerzas del campo nacional y
actualizar sus propuestas, es posible hallar en todas las esferas de la
realidad argentina. Destacamos entre ellas la necesidad de respaldar las
acciones y propuestas del Presidente Kirchner, que impulsan la recuperación
del poder nacional y un desarrollo autocentrado, que intenta unificar
esfuerzos con el MERCOSUR y que responde con dignidad ante la prepotencia de
la gran potencia mundial, como se ha evidenciado en la reciente conferencia
de Monterrey. Ello se inscribe en un vasto movimiento de alcance
latinoamericano que se perfila en los gestos y las actitudes comunes de
Chávez, Lula da Silva, Kirchner y Fidel Castro, y en la posible victoria de
Tabaré Vásquez en Uruguay, cuyos liderazgos reconocemos, sin renunciar a la
independencia crítica y sin adoptar un papel subordinado o seguidista, como
mandatos de sus pueblos en la lucha por construir la Patria Grande de San
Martín y Bolivar.
Con la debida humildad pero con clara filiación, un grupo de compatriotas
nos hemos propuesto constituir la corriente Convocatoria Popular, intentando
ser parte del proceso de reflexión y reordenamiento político de nuestro
pueblo. Al hacerlo, nos hacemos eco de los ideales de la Independencia, del
federalismo democrático, del yrigoyenismo, de la Reforma Universitaria de
1918, del peronismo, del cordobazo y del 20 de diciembre. Nuestra intención
es contribuir modestamente, desde nuestros lugares de lucha o de trabajo, a
favorecer una acción común, para superar sectarismos y divisiones del
pasado, para generar propuestas actualizadas de crecimiento que puedan
responder al contexto de la globalización y para reconstruir entre todos los
argentinos patriotas y las organizaciones políticas con vocación nacional un
gran Frente Nacional, Popular y Emancipador.
Sabemos que la reconstrucción de la Patria desvastada no es tarea sencilla y
que tenemos por delante una brega cotidiana, inteligente y de larga
duración, asociada a la lucha de los países latinoamericanos y,
particularmente, al fortalecimiento y profundización de los vínculos del
MERCOSUR. La concebimos inserta en un escenario difícil, signado por los
acontecimientos como la invasión a Irak por las fuerzas imperialistas, que
no vacilaron, para llevar a cabo sus fines expansivos, en poner al desnudo
la patética debilidad de la ONU y sus fueros, cuya unilateralidad conocimos
sobradamente los argentinos en la experiencia de Malvinas.
Apreciamos, al mismo tiempo, sin concebir ilusiones respecto de los
contendientes, las enormes contradicciones entre los países centrales, el
desprestigio absoluto de su invariable prescripción de ajustar los gastos y
pagar más deuda, la lucidez y la resistencia creciente que los países
sometidos y bloque regionales como el MERCOSUR o comerciales como el G29.
La magnitud de los problemas a enfrentar en nuestra patria es tal, que
superan a cualquier sector o gobierno; sólo será posible avanzar si se
cuenta con una amplia apoyatura en las mayorías y con la fuerza vital del
pueblo; para ello hay que realizar un verdadero proceso revolucionario, para
fortalecer los lazos en nuestras filas y aislar a los enemigos internos del
país, para alcanzar una democracia horizontal y participativa, para sostener
los derechos humanos y sociales fundamentales, para generar un shock de
empleo e inclusión social y para devolver al país el manejo de sus recursos
y explotarlos en función de los intereses nacionales. Ello implica redefinir
el rol del Estado, para que se constituya, en el contexto de acuerdos
fundamentales, en una alternativa de poder social capaz de enfrentar la
globalización y recuperar el país. Es necesario reestablecer los patrones de
consumo, salud y educación dignos de la mejor tradición nacional y el
desarrollo de formas de participación y control social en todas las áreas
del quehacer colectivo, en particular la lucha contra la corrupción, la
inseguridad, en la defensa de la justicia social, los derechos de la mujer y
de todos los sectores postergados. Es imprescindible reparar el sentido de
dignidad de la política, para dar un lugar a las nuevas generaciones, unir
al gran campo de fuerzas nacionales y profundizar los cambios aún
incipientes. Como horizonte, es preciso avanzar hacia la emancipación
latinoamericana y la creación de sociedades centradas en la lucha por lograr
la plena atención de las necesidades básicas de toda la población y abrir el
camino a un mundo más justo y que merezca ser vivido.
Córdoba, 16 de enero de 2004.
Artemio Absalón, Fernando Bissio, Oscar Brusaferri, José Castro, Hugo
Carpenzano García, Fernando Ceballos, Roberto Ferrero, Jesús Galván, Eduardo
González, Carlos Meloni, Cesar Meraz, Silvio Mondazzi, Luis Moyano, Fernando
Ochoa, Eduardo Sánchez, Mónica Victorica.
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