[R-P] La revolución bolivariana y Chávez vistos por un escuálido astuto

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Dic 25 07:59:19 MST 2004


Gentileza de Bob Weiss

Subject:        	El segundo aire de Chávez
Date sent:      	Fri, 24 Dec 2004 17:09:55 -0400

Semana.com


El segundo aire de Chávez

  El presidente venezolano emergió triunfante de la
  crisis que lo tuvo al borde del abismo hasta
  mediados del año. Su nuevo reto será velar porque la
  rebatiña que deja el 'boom' petrolero no le divida
  su revolución por dentro. 
Por Ewald Scharfenberg*


  La noche del 3 de junio de 2004 parecía que a Hugo
  Chávez por fin le tocaba vivir su hora menguada.
  Jorge Rodríguez, miembro del directorio del Consejo
  Nacional Electoral (CNE), acababa de confirmar por
  cadena nacional de radio y televisión lo que ya se
  venía conociendo desde días antes mediante
  filtraciones a la prensa: contra viento y marea, las
  fuerzas de oposición consiguieron reunir el número
  de firmas requeridas por la novísima disposición
  constitucional para convocar a un referendo cuyo
  resultado, eventualmente, podía revocar el mandato
  del Presidente de la República. 

  Era mediados de 2004 y entonces daba lo mismo
  interpretar la convocatoria a un referendo
  revocatorio como un triunfo de la política y de las
  maneras institucionales que con paciencia de monje
  supieron patrocinar los organismos hemisféricos con
  César Gaviria a la cabeza, o como un revés del
  gobierno instigador de toda clase de obstáculos para
  impedir la celebración de la votación. La réplica
  del Presidente tenía que ser contundente o al menos
  eso esperaban sus miles de partidarios que se
  apresuraron a agolparse frente a las puertas del
  Palacio de Miraflores de Caracas para escuchar,
  antes de que el desánimo cundiera entre sus filas,
  una arenga balsámica del comandante. Por el
  contrario; Chávez prefirió atrincherarse en un set
  de televisión desde el que se dirigió al país,
  rodeado nada más que de libros y soledad, tratando
  de que sus palabras pasaran por las reflexiones de
  un estadista vestido de flux, como él quería que
  fueran, y no, como muchos opinaron, el consuelo para
  la derrota que la realidad propinaba a un iluminado.
  Esa noche no escasearon quienes pensaron que a
  Chávez el sol ya le daba sobre sus espaldas. 

  Seis meses después de su particular noche triste,
  Hugo Chávez aparece en la cúspide del poder. La
  parábola de su recuperación sólo puede resultar
  sorprendente para quienes no hayan seguido la
  carrera de este ex comandante de paracaidistas
  nacido bajo el signo de leo y que goza de siete
  vidas. No es la primera vez que logra convertir una
  catástrofe definitiva en una simple escaramuza de su
  campaña por la inmortalidad. Habrá que recordarlo,
  entonces, la madrugada del 13 de abril de 2002, en
  el epílogo de una seguidilla de malentendidos que
  más serían cosas del vodevil si no hubieran costado
  la vida a decenas de venezolanos, cuando volvía
  directo al despacho presidencial desde un breve
  confinamiento en la base de la Armada en la isla de
  La Orchila. Al filo de la navaja es donde a Chávez
  se le activa el instinto de supervivencia. 

  Sea una conexión intuitiva con el destino o con el
  inconsciente colectivo, la asesoría de Fidel Castro
  o mucha suerte: según el analista y su posición
  frente al proceso, tal será la explicación para esa
  capacidad privilegiada de regeneración. El propio
  Chávez, tan afecto a los paralelismos decimonónicos,
  se encargó en esta oportunidad de revestir la
  remontada con un brillo épico y llamó la jornada del
  15 de agosto (fecha señalada por el CNE para el
  referendo que concluyó con el clamoroso triunfo del
  gobierno) la 'Batalla de Santa Inés', recordando la
  refriega de la Guerra Federal venezolana (1859-1864)
  en la que el caudillo insurgente Ezequiel Zamora
  atrajo al enemigo con astucia hasta el terreno más
  propicio para aplastar a las tropas regulares del
  gobierno central, muy cerca del sitio donde décadas
  después nacería el futuro líder de la revolución
  bolivariana. 

  Así mismo, después de tenerlo contra la pared y, sin
  embargo, algo tarde, la oposición venezolana se dio
  cuenta del formidable adversario que tenía enfrente.
  La lección de este revival histórico le costó cara,
  casi tanto como su propia desintegración. Víctima de
  sus propias contradicciones internas y, sobre todo,
  de una renuencia casi inercial a dejar las viejas
  prácticas de la política de cúpulas y cuotas, el
  establishment partidista que accedió, junto con un
  archipiélago de figuras emergentes de la
  autodenominada sociedad civil, a representar la
  oposición apostó todo a nada por el desalojo de
  Chávez del poder. En la medida de su creciente
  perplejidad fue quemando etapas de una especie de
  antiescalada de la rebelión, que la condujo desde
  soluciones más drásticas como el putsch de abril de
  2002 a un paro de tres meses, tan estéril como
  extenuante, a fines del mismo año, y de allí a
  transitar una ruta que resultaría escabrosa hasta el
  referendo, con un par de multitudinarios procesos de
  recolección de firmas en falso. 

 La marcha forzada y un poco a ciegas le enajenó al
  liderazgo opositor el respaldo de su electorado
  natural, que a la luz de los resultados oficiales
  del referido del 15 de agosto abarca 40 por ciento
  de los votantes y sin duda va más allá de los
  linderos de la clase media. Los postreros alegatos
  de fraude en el procesamiento electrónico de los
  votos del referendo apenas tuvieron eco, y en ello
  no poca responsabilidad correspondía al descrédito
  que la dirigencia opositora acumuló ante su
  clientela. Así termina el año 2004: con el enemigo
  en desbandada y el gobierno a sus anchas. 

  No debe extrañar, entonces, que con lógica castrense
  la administración de Chávez y sus agentes políticos
  hayan decidido en esta oportunidad pasar a la
  ofensiva para reducir los focos que queden de la
  oposición. La operación de ajuste de cuentas y la
  construcción de un andamiaje que perpetúe su poder
  cuenta con puntas de lanza en los poderes judicial y
  legislativo. Buena parte de la disidencia está
  siendo objeto de investigaciones de la Fiscalía o de
  tribunales, y ya empiezan a quedar en prisión
  algunos representantes. Mientras tanto, los
  parlamentarios del oficialismo siguen apretando
  tuercas en la Asamblea Nacional al promover leyes,
  como las recién aprobadas de Responsabilidad Social
  de Radio y Televisión y de Reforma parcial del
  Código Penal, que buscan inhibir de manera velada, o
  castigar sin ambages, las expresiones de diferencia
  que más molestas le resultan al proyecto
  previsiblemente hegemónico de la revolución, sobre
  todo desde flancos de los medios privados de
  comunicación. 

  Sin contrapesos internos, con una bolsa repleta de
  petrodólares y una legitimidad renovada en la
  comunidad internacional, que luce apresurada por
  pasar la página de la crisis venezolana con sus
  extravagantes episodios, Chávez dispone de un
  escenario que quizás nunca se atrevió a vaticinar,
  ni en sus fantasías, para 2005: un remedo más voraz
  y tropical del "todo el poder para los sóviets" que
  Lenin enarboló. Un descampado del que a lo mejor
  haría bien en cuidarse. Empieza a cobrar fuerza
  entre observadores políticos la idea de que,
  desaparecida la tensión opositora que lo amalgamaba,
  el cortejo aluvional de partidos, logias militares y
  oportunistas que acompaña a Chávez pudiera estallar
  en mil pedazos. El mismísimo vicepresidente de la
  República, José Vicente Rangel, ha concedido en
  entrevistas de prensa que la próxima oposición
  pudiera provenir del gobierno. Con la consigna de la
  "revolución dentro de la revolución", facciones
  maximalistas del 'proceso' reclaman una terapia
  depurativa contra los lastres del burocratismo y la
  corruptela. 

  La eventualidad de un cisma oficialista habla de una
  percepción compartida: se transita una nueva fase de
  un gobierno que llegó para quedarse. Pero, la
  ruptura pudiera no obedecer ni a los reflejos
  autofágicos de toda aventura revolucionaria, ni a
  una disputa entre doctrinas. Los réditos del boom
  petrolero son demasiado cuantiosos, están demasiado
  a la mano y, para colmo, amenazan con ser
  temporales, como para evitar que las apetencias
  humanas del funcionariado y la nomenklatura se
  precipiten a tomar su control antes de que una caída
  de los precios internacionales del barril o las
  exigencias presupuestarias del Estado paralelo que
  Chávez instaló con sus misiones sociales den cuenta
  de ellos. De modo que tal vez en el arbitraje de esa
  rebatiña se encuentre el próximo desafío del que
  Hugo Chávez tendrá que arreglárselas para salir bien
  librado. 

  *Consultor y periodista venezolano, colaborador
  permanente de 'El Nacional' de Caracas, corresponasl
  de 'Reporteros sin fronteras' (RSF) en Venezuela


Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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