[R-P] El incidente diplomático con Cuba ( Pag 12 )?=

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Vie Dic 17 10:06:30 MST 2004


LA CRISIS CON CUBA TERMINO CON HILDA MOLINA EN SU CASA
Y DOS RENUNCIAS

Dos embajadores rumbo al retiro El embajador en La
Habana, Raúl Taleb, y el jefe de gabinete de la
Cancillería, Eduardo Valdés, renunciarán a sus cargos
tras la confusión generada por el ingreso de la médica
cubana y su madre a la embajada argentina. Las mujeres
anoche abandonaron la legación.   
El jefe de gabinete de la Cancillería, Eduardo Valdés,
regresó anoche mismo desde Brasil. 
 
 
 
Por Sergio Moreno 

 “Me armaron un problema donde no lo había”, refunfuñó
ayer a la mañana Néstor Kirchner, en su despacho, en
una reunión a la que asistieron varios funcionarios, a
guisa del ingreso de la médica cubana Hilda Molina y
su madre en la embajada argentina en La Habana. El
episodio generó un espasmo de tensión en la relación
bilateral, en momentos en que el presidente argentino
y su par cubano, Fidel Castro, intercambiaban más que
cordiales cartas para tratar de destrabar la situación
de la neurocirujana. El malestar presidencial devino
en hechos y por la noche el jefe de gabinete de la
Cancillería, Eduardo Valdés, y el embajador argentino
en La Habana, Raúl Taleb, estaban “renunciados”, según
confiaron a este diario desde la Casa Rosada. Mientras
esto ocurría, la médica y su madre abandonaron la
delegación argentina en la capital cubana. 

Hilda Molina es una neurocirujana cubana que participó
de la fundación de una clínica de rehabilitación de
excelencia en la isla. Ex legisladora, fue tomando
distancia de las posiciones oficiales. Hace diez años,
su hijo, Roberto Quiñones, también médico, conoció en
la clínica a Verónica Scarpatti, una argentina hija de
un paciente. Se casaron, vivieron a vivir a la
Argentina y tuvieron dos hijos, Roberto Carlos y Juan
Pablo, que tienen 9 y 3 años respectivamente. Hilda
Molina aún no conoce personalmente a sus nietos y el
gobierno de Kirchner inició gestiones para que el
gobierno cubano deje salir a la médica a visitarlos.
La administración del patagónico acotó este affaire
con el status de “humanitario”, abriendo así un
paraguas político para no enturbiar las relaciones con
La Habana, que Kirchner quiere preservar.

Muchas fueron las negociaciones con los cubanos. “No
queríamos arrancársela (a Molina), queríamos que la
entreguen suavemente. Y si bien nunca pusieron una
fecha, los cubanos estaban de acuerdo”, reveló a este
diario uno de los negociadores argentinos.
Las gestiones fueron intensas; incluso el canciller
Rafael Bielsa se reunió hace un mes, en México, con el
Premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez en
secreto y le solicitó que intercediera ante Castro
–con quien guarda una vieja amistad– a fin de permitir
el viaje de la médica a Buenos Aires, tal como lo
adelantó en su momento, en exclusiva, Página/12.

La semana pasada, Kirchner envió una conceptuosa nota
a Castro, llamándolo “amigo” y pidiendo el permiso de
viaje para Hilda Molina. Fidel respondió anteayer
diciendo que invitaba a la familia de la médica a
visitarla en La Habana, y ofreció incluso pagar los
pasajes. Los Quiñones adujeron que esa propuesta –que
la Casa Rosada había caracterizado como “un paso
adelante” en la resolución del problema– violentaba
sus convicciones ideológicas, por lo que les parecía
inaceptable. Paradójicamente, el embajador argentino
en La Habana (convocado a Buenos Aires), Raúl Taleb,
coincidió con los dichos de Quiñones, con lo que
contradijo la posición oficial de su propio gobierno.

“Se politizó una situación humanitaria. Si Cuba
invitaba a Quiñones y a sus hijos y daba garantías
ante nuestro Gobierno de que los dejarían salir
libremente, ¿por qué no accedieron? Así se debilitaba
el argumento del humanitarismo. Crearon un problema.”
La reflexión corresponde a un ponderado consejero
presidencial, que ayer viajó con Kirchner a Brasil.

Anteayer a la noche se produjo el episodio más tenso:
Hilda Molina, acompañada de su madre, ingresó a la
embajada argentina en La Habana. Las versiones sobre
una supuesta petición de asilo político fueron
rápidamente desmentidas por el propio Quiñones. “Está
en carácter de huésped y no ha solicitado asilo
político”, dijo el médico, que aseguró que las dos
mujeres fueron a la embajada para “recibir
oficialmente la información que se le había dado al
gobierno argentino de la negativa del viaje. La abuela
se puso mal y sufrió un pico de presión”, lo que
motivó que los funcionarios a cargo de la sede
diplomática las “dejen ahí transitoriamente”. 

La permanencia en la embajada de ambas mujeres tensó
los nervios de los funcionarios argentinos y del
propio Presidente. En el ágora kirchnerista evaluaron
que esta minicrisis ponía al Gobierno en un sitio
donde nunca quiso estar. Decían que la ausencia de
Kirchner a las cumbres de Río de Janeiro y de Cuzco,
sumada al incidente de La Habana, un día después de
que la embajada norteamericana en la misma capital
caribeña generase otro episodio –provocativos muñecos
navideños con el número 75, que invocaban a un grupo
de presos políticos anticastristas–, ubicaba a la
administración criolla tan cerca de Washington como
lejos de Latinoamérica. “Esa no es la política
hemisférica de este gobierno”, dijo una fuente del
mismo a este diario. 

Kirchner supo tempranamente que debía resolver el
asunto. Habló varias veces con Bielsa por teléfono. El
canciller ya estaba en Belho Horizonte, presto para
participar de la cumbre del Mercosur (ver página 2),
pero no pudo acudir a la reunión con sus pares ante
las requisitorias presidenciales. Por la tarde,
Kirchner pisó suelo brasileño y se internó con su
canciller para desmenuzar el asunto. Los cañones
apuntaron al embajador Taleb y a Valdés, a quien
acusaban de haber permitido el ingreso de las dos
mujeres en la legación.

El ahora ex jefe de gabinete del canciller aseguró a
sus colaboradores que la decisión de dejar ingresar a
Molina y a su anciana madre a la embajada fue tomada
ante la amenaza de la neurocirujana de encadenarse en
la entrada de la misma. Quiñones llamó a Valdés a
Washington (esta semana acompañó a Bielsa a su gira
norteamericana y luego a Berlín) y le alertó sobre la
amenaza de su madre, por lo que decidió dejarla
entrar. Su evaluación fue que si se encadenaba hubiese
generado una crisis internacional.

Bielsa había encomendado al embajador argentino en
Tegucigalpa, Honduras, el militante de los derechos
humanos Alfredo Forti, que viajara a La Habana y
resolviera el entuerto. Anoche, Hilda Molina y su
madre abandonaron la legación argentina.

Mientras el Departamento de Estado norteamericano
consideraba “indignante” que Castro no deje a la
doctora abandonar la isla, la propia Molina
desescalaba el conflicto. “Nunca pediría asilo
político a la Argentina ni a ningún otro país. Entré
en la embajada porque mi madre se descompuso, nada
más”, afirmó.

La tensa situación no llegó a ser una crisis. A pesar
de eso se cobró dos víctimas. Anoche, Valdés llegó
desde Brasil a Buenos Aires con su renuncia redactada.
Taleb no abordará el avión de regreso a La Habana que
preveía tomar hoy mismo.
 


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