[R-P] El modelo vietnamita aplicado en Irak : La Operacion Fenix

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Jue Dic 16 07:27:47 MST 2004


Un relato pormenorizado sobre el operativo "Fenix"
aplicado por la CIA, durante la guerra del Vietnam,
para "recuperarla  para el mundo libre" y un paralelo
con la situación en Irak.
Para leerla con tiempo.

R.
=======================================================
El modelo vietnamita aplicado en Irak

Operación Fénix 

ARTHUR LEPIC 

La destrucción de la ciudad de Faluya por las fuerzas
la coalición marca el punto a partir del cual toda
victoria militar de la campaña de contrainsurgencia se
convierte de hecho en una derrota política. El
Pentágono reproduce, al más alto costo en vidas, los
errores que ya había cometido en Vietnam. La puesta en
marcha de la altamente secreta operación Fénix contra
el Vietcong sirve hoy de modelo al Estado Mayor
estadounidense ante la resistencia coordinada por el
partido Baas. A pesar de esta operación tardía, que se
desarrolló durante cinco años, Estados Unidos no pudo
mantenerse en el sudeste asiático. De la misma manera,
la represión actual en Irak, aunque se aplique durante
varios años, no logrará permitir a la coalición una
ocupación prolongada.
-------------------------------------------------------
París (Francia)
14 de diciembre de 2004

Violentos debates precedieron la invasión de Irak por
la coalición anglosajona. Un grupo de expertos
militares predecía una situación similar a la Vietnam.
La rapidez de la victoria sobre el ejército regular
iraquí y la ausencia de resistencia civil, con la
excepción de algunas ciudades, parecieron
desmentirlos. Nada más lejos de la verdad.

Los comentaristas fueron victimas de sus propias
mentiras: a fuerza de hablar de la amenaza militar
iraquí se habían persuadido a sí mismos de la
existencia de un verdadero ejército iraquí cuando este
en realidad estaba prácticamente desarmado desde 1991.
Esta confusión había sido alimentada por las fotos que
mostraban a los dirigentes políticos vistiendo un
uniforme verde olivo que no tenía en realidad nada que
ver con el ejército sino con el partido Baas. La
resistencia civil contre los ocupantes no comenzó sino
después que se disipó el efecto «choque y sorpresa» de
los bombardeos intensivos contra las ciudades. Y es
ahora cuando la situación iraquí se vuelve comparable
con la de Vietnam.

No es difícil comprobar el fracaso de Estados Unidos
en la «pacificación» de Irak, o sea, en el intento de
imponerle a la población la ocupación militar de la
coalición y el régimen títere de Iyad Alaoui. La
utilización mediática de «la ofensiva de Faluya» por
George W. Bush, para hacer olvidar el malogrado
intento de iraquización de la represión, o sea la
creación de una fuerza ocupante subalterna y
autóctona, es un primer elemento a tener en cuenta
para facilitar la comprensión. El exitoso sabotaje de
dicho programa por parte de la resistencia iraquí,
desde su inicio mismo, fue precisamente el primer
indicio de la inexorable derrota militar de Estados
Unidos en Irak.

Esa era ya, en el pasado mes de julio, la conclusión
de Scott Ritter [1], quien trabajó durante diez años
en contacto con el partido partido Baas como inspector
de la ONU en Irak, y, más recientemente, la del ex
general y secretario de Estado saliente Colin Powell,
también veterano de Vietnam. Esta opinión lúcida se
basa en un hecho indiscutible en todo conflicto de
baja intensidad de tipo contrainsurgente: si los
corazones y las mentes no se conquistan desde el
primer momento, el poder de fuego es inútil, aunque
sea al cabo de años de conflicto.

La guerra de Vietnam presenta el modelo de un
conflicto verdaderamente asimétrico: de un lado, el
más grande poder de fuego del mundo; del otro, una
estructura popular que dispone de pocos medios pero es
más capaz de conquistar el apoyo de la mayoría de la
población. Si los dirigentes estadounidenses hablaban
ya de ganar la «guerra de los corazones y las mentes»,
lo hacían sin albergar la menor duda que el poder de
fuego acabaría por eliminar toda resistencia. A medida
que la guerra se intensificaba, se fueron dando cuenta
que la realidad era diferente [2].

El motor del dispositivo de resistencia Vietcong no
era la guerrilla sino la red política, o
infraestructura Vietcong (IVC) desplegada a lo largo
del país. Mientras que los generales estadounidenses
se enredaban en discusiones sobre dónde se encontraba
el puesto de mando de la resistencia, la guerrilla se
concentraba esencialmente en la desestabilización del
gobierno títere de Saigón y, sobre todo, en la
protección de su propia infraestructura en el terreno.
Esta permitía a su vez dirigir la estrategia y la
logística de las fuerzas guerrilleras en las acciones
contra objetivos específicos.

La infraestructura política como base de la
resistencia

Los acuerdos firmados en Ginebra en julio de 1954
habían divido Vietnam en dos partes: Norte y Sur.
Hanoi, la capital del Norte, se sometió en parte a los
acuerdos replegando sus tropas. Pero dejó en el
terreno su infraestructura política conformada por 3
000 cuadros políticos y 5 000 cuadros militares. Estos
militantes debían mantenerse en contacto con el pueblo
y garantizar la existencia de un gobierno comunista
fantasma.

Los acuerdos especificaban la realización de
elecciones, a más tardar, en julio de 1956, pero Ho
Chi Minh estaba seguro de poder ganarlas debido a su
popularidad, que databa de la victoria sobre los
franceses. En el Sur, el régimen de Ngo Dinh Diém se
negó a organizar las elecciones. Los cuadros de la IVC
redoblaron por consiguiente su actividad organizando
al pueblo del Sur y sobre la base de las
reivindicaciones populares contra el sistema social
profundamente desigual que mantenía el régimen de
Diem. Fueron muy cautelosos en no insistir en la
doctrina marxista para obtener también el apoyo de los
nacionalistas poco favorables a una reunificación.
Esto desembocó, en 1960, en la formación del Frente de
Liberación Nacional de Vietnam del Sur, o FLN.

A principios de los años 60, la situación es la
siguiente en las zonas rurales: muchos individuos
venden diariamente su fuerza de trabajo a los
terratenientes y no obtienen por ella más que una paga
de miseria, a veces hasta un salario que se les paga
directamente en arroz, que les alcanza a duras penas
para alimentar a sus familias. Cuando la miseria los
empuja a pedir un salario mejor, se les ve enseguida
como sospechosos de simpatizar con los comunistas y
son denunciados a las autoridades al servicio del
régimen corrupto de Diem y de los campesinos ricos.

Cuando la resistencia Vietcong incursiona en las
aldeas, insiste en la promesa de establecer una mejor
repartición de las cosechas a cambio de la cooperación
de la población. Así, temiendo ser objeto de
persecuciones por entendimiento con el enemigo, los
más descontentos huyen sistemáticamente hacia la selva
donde los guerrilleros, conociendo su fuga, no tardan
en encontrarlos y proponerles unirse a ellos.

En aquella época, el gobierno títere de Ngo Dinh Diem
daba poca importancia a las actividades de la IVC en
las aldeas del Sur, y prefería concentrarse en la
consolidación de su poder en Saigón para prevenir todo
intento de golpe de Estado. Asimismo, mientras que
Saigón se preparaba contra una invasión militar
convencional proveniente del Norte, el FLN se
infiltraba en el Sur por la retaguardia. Sólo después
de 1963 y de la muerte de Diem, la CIA retoma el
control de las operaciones políticas y militares,
interesándose más por la situación existente en las
aldeas. Pero, es tarde ya puesto que la IVC logra
recolectar impuestos en cantidad suficiente como para
poder adquirir armas, y esas armas le permiten a su
vez recolectar más impuestos. A pesar de tener todavía
por delante algunos momentos difíciles, la máquina
guerrillera está en marcha ya.

En 1961, la guerrilla ha alcanzado una envergadura tal
que el FLN actúa tanto en el plano militar como en el
político, y comienza a confrontar serios problemas
internos por no tener una línea política y no contar
con una cantidad suficiente de cuadros políticos. Para
resolver esos problemas, Hanoi convierte la rama Sur
del Partido de los Trabajadores en Partido
Revolucionario del Pueblo (PRP), encargado de poner el
FLN bajo la tutela de revolucionarios veteranos.

Limitada al principio a nivel provincial, extendida
después a los distritos, la influencia del PRP se hace
sentir ya hasta en el màs pequeño caserío del golfo
del Mekong cuando el plan Fénix es puesto finalmente
en práctica, en 1967. Hanoi ejerce ya suficiente
control sobre el FLN y se las arregla para separar de
este a los indeseables. Para garantizar la
coordinación con los principales cuadros del FLN y el
PRP y transmitirles las órdenes operativas, Hanoi los
había incorporado al Buró Central de Vietnam del Sur,
que constituía la verdadera columna vertebral de la
resistencia y, por consiguiente, tenía que mover
constantemente sus puestos de mando para evadir las
operaciones de limpieza.

Precedentes subestimados

Mientras que los servicios de inteligencia militar se
concentraban en obtener informaciones sobre el plan de
batalla de las tropas, la CIA y algunas agencias
civiles eran las únicas que tenían a la IVC como
objetivo. El ejército de Estados Unidos cometía un
grave error al no tener en cuenta experiencias
anteriores de la contrainsurgencia, sobre todo las de
los franceses en Indochina o los británicos en
Malasia.

Desde 1946, la administración francesa de la
Cochinchina (apelación que se reservaba entonces al
sur de Vietnam), aprovechando que el Vietminh
(guerrilleros del Norte) era casi inexistente en esas
provincias, había establecido un rudimentario programa
de «pacificación» con el objetivo de conquistar los
corazones y mentes, siguiendo la técnica de la «mancha
de aceite».

La técnica es muy simple: al aportar importantes
beneficios a los autóctonos, el ejército logra ser
aceptado. Así se estacionaban tropas en una aldea
desde donde llevaban a cabo sus operaciones contra el
Vietminh en vez de lanzar sus operaciones desde las
ciudades, donde sus maniobras hubieran sido más
previsibles.

Las tropas establecían así, de entrada, un sentimiento
de seguridad entre la población. A la inversa, veinte
años más tarde, cuando los marines estadounidenses
emprendían operaciones-relámpago en aquellas mismas
aldeas y se replegaban después, estaban dejando el
campo libre a la IVC que podía lanzar más tarde sus
represalias contra los colaboradores y recuperar el
control de la situación.

La población acababa así negándose a cooperar con las
fuerzas ocupantes por temor a las represalias
posteriores de los guerrilleros. Además, el ejército
francés en Cochinchina dejaba a su paso una
administración local que se encargaba del
mantenimiento de las carreteras así como de la
construcción de hospitales y escuelas, lo que
representaba realmente un progreso a ojos de los
autóctonos.

De esta forma, las fuerzas francesas de ocupación
llegaron incluso a ganarse la simpatía de las sectas
Cao Dai y Hoa Hao, que ejercían gran influencia en el
Sur. Pero estos fructíferos esfuerzos tuvieron su
contraparte en la ofensiva Vietminh en el Norte,
conducida por el ilustre general Giap, que obligó al
ejército francés a reasignar al Norte una gran
cantidad de las tropas dedicadas antes a los esfuerzos
de pacificación en el Sur.

La situación se deterioró rápidamente favoreciendo a
los comunistas en las aldeas del Sur, y en el Norte
las tropas de Giap lograron hacer fracasar todo
intento de pacificación.

El caso de Malasia brinda un ejemplo todavía más
impresionante, como si la administración británica
hubiera comprendido que, al no poder detener a los
insurgentes, tenía prácticamente que poner a la
población bajo arresto. Y fue, en efecto, lo que hizo
deportando a la totalidad de los habitantes de las
zonas rurales donde la resistencia era activa hacia
«aldeas estratégicas» estrechamente custodiadas y
rodeadas de alambradas, obligándolos a portar un
documento de identidad para evitar las infiltraciones
enemigas.

La ocupación británica logró así debilitar a la
resistencia, hambreándola hasta hacerla perder su
eficacia, lo que dio lugar a gran número de
rendiciones, hasta la victoria de los ocupantes, en
1953 [3]. Pero, para lograrlo, la ocupación británica
había gozado de condiciones muy favorables, como el
carácter secundario de tipo étnico de la insurrección
(la mayoría de los guerrilleros eran chinos, minoría
que representa solamente un tercio de la población de
Malasia) y la imposibilidad para la resistencia de
replegarse hacia el otro lado de la frontera con el
fin de reorganizarse y reponerse.

En efecto, con excepción de una estrecha franja
fronteriza con Tailandia en el norte, Malasia está
rodeada de agua, mientras que la proximidad de
Cambodia y una frontera que se caracteriza por una
densa jungla permitieron a la resistencia vietnamita
reponer, proteger y organizar su infraestructura con
relativa tranquilidad.

La CIA trata de retomar el control

Para luchar contra la guerrilla después de la muerte
de Diem, en 1963, la CIA constituye unidades
especiales, las Provisional Reconnaissance Units
(PRU). Son grupos paramilitares encargados de golpear
a los guerrilleros en su propio terreno, o sea en las
zonas rurales alejadas. Sus miembros son reclutados
entre grupos de voluntarios sudvietnamitas
especialmente motivados por su odio a los comunistas
del Norte, a menudo por la muerte de miembros de sus
familias.

Las PRU son la punta de lanza del plan Fénix y
trabajarán en conjunto con las fuerzas especiales de
la Marina de guerra estadounidense, los SEALS, a
partir de 1968, en la realización de operaciones
contra la IVC gracias a informaciones recogidas a
través de otros elementos del plan. Se forja así en
Vietnam la reputación de las Fuerzas Especiales, en la
que tanto se ha inspirado Hollywood, y la del plan
Fénix como programa de asesinato de civiles (los
cuadros de la resistencia) a manos de militares (las
PRU sudvietnamitas y los SEALS estadounidenses).

El programa estrictamente militar destinado a
contrarrestar la influencia de la IVC, llamado
«pacificación» y dirigido por el general Westmoreland
desde junio de 1964 hasta junio de 1968, es
prácticamente un plan aparte. Consiste esencialmente
en llevar arroz, medicinas y materiales de
construcción a las zonas rurales del Sur. Pero es un
desastre ya que el aprovisionamiento acaba a menudo
abasteciendo el mercado negro o, lo que es peor, en
manos del Vietcong. Sin embargo, los consejeros y
«pioneros» del plan Fénix, que al principio dependían
mayoritariamente de la CIA, son reemplazados poco a
poco por cuadros del ejército antes de que el programa
entre en su fase de «vietnamizacion», hacia 1970.

El razonamiento de Westmoreland es la ilustración
perfecta del fracaso de los militares en Vietnam:
muchos estrategas del ejército admitían, como él, la
existencia simultánea de la infraestructura política y
la guerrilla armada, pero eran incapaces de determinar
con precisión el papel de cada una de ellas y sus
prioridades. Todos razonaban, hasta un punto avanzado
de la guerra, en función del enfrentamiento
convencional para el cual habían sido entrenados.
Cuando la realidad no correspondía a este concepto,
simplemente trataban de adaptarla según el método de
autosugestión que tanta sangre está costando hoy en
Irak.

El pájaro emprende el vuelo

Propuesto por la CIA y aceptado por el Estado Mayor en
su conjunto, el plan que comienza a desplegarse de
forma progresiva a partir de julio de 1967 es, por
consiguiente, un ambicioso sistema de búsqueda y
centralización de información, con una capacidad de
reacción militar rápida - más mesurada y específica
que masiva - a su disposición. Por el lado de la CIA,
la concepción del programa es responsabilidad de
Robert Komer, quien llegó al final de la Segunda
Guerra Mundial como especialista del Medio Oriente en
la CIA y pasó al National Security Council antes de
ser nombrado asistente especial del presidente Johnson
en 1986, con la misión de revitalizar la
contrainsurgencia en Vietnam.

La fuerte personalidad de Komer lo ayuda a sacudir la
burocracia corrupta de Saigón para poner en marcha el
programa. Recibe además el respaldo de Westmoreland,
quien considera que la parte organizativa del plan
corresponde a los civiles, aunque pone al servicio del
programa la capacidad ofensiva del ejército.

L’USAID, que venía organizando hasta entonces la
pacificación con pocos medios, juega un papel
secundario. Del lado vietnamita, la policía nacional
es incorporada también a las tropas de elite PRU. El
plan Fénix, bautizado en su fase inicial como ICEX
(siglas de Intelligence Coordination and Exploitation
o Coordinación y Explotación de Inteligencia),
aparecía en lo alto de la pirámide bajo el mando del
ejército, pero tenía su propia cadena de mando. La
clave era la libertad de acción de los pequeños grupos
distribuidos en los distritos, a menudo bajo la
dirección de un consejero Fénix de la CIA, y capaces
de obtener rápidamente la intervención del ejército
regular sudvietnamita o de las tropas estadounidenses
como refuerzos para sus propias operaciones relámpago.

Muy a menudo, dichas operaciones estaban dirigidas
contra escondites o lugares de reunión de cuadros de
la IVC localizados gracias a las informaciones de
inteligencia recogidas y centralizadas por el
dispositivo Fénix. En las provincias o distritos se
crean oficinas para procesar este flujo de
información. Cuando se producen capturas se utiliza el
sistema judicial local, cuyas insuficiencias dañarán
bastante la eficacia del plan Fénix en su conjunto.

En efecto, la lentitud de los procesos contra los
prisioneros políticos provoca rápidamente la
saturación de las prisiones y obliga al gobierno
vietnamita a ordenar la liberación de muchos
sospechosos, sobre todo, de muchos inocentes también,
después de un largo cautiverio. Por despecho, estos
últimos se unen a menudo a la resistencia.

En cuanto a lo demás, el problema de las convenciones
de Ginebra no preocupaba mucho al ejército
estadounidense en Vietnam, como tampoco le preocupa
hoy en Irak o Guantánamo. Se decía ya en aquel
entonces que los prisioneros políticos del plan Fénix
no entraban en la definición del prisionero de guerra
que establecen las convenciones de Ginebra, o sea
personas que puedan ser visualmente identificadas como
militares.

En el momento más álgido de las protestas contra la
guerra de Vietnam, la CIA intentó disociarse de las
prácticas brutales observadas en el marco de Fénix.
Pero la mediatización de la realidad de la guerra,
paradójicamente más acentuada entonces que hoy en día,
determinó seguramente la rápida decisión de transferir
el programa a las autoridades sudvietnamitas.

En definitiva, el plan Fénix prueba que el blanco
principal es la estructura política de la resistencia,
lo cual comienza a arrojar resultados en el momento de
la ofensiva del Tet, en la primavera de 1968. Una
importante cantidad de cuadros infiltrados
«durmientes» de la IVC entra entonces en actividad
para asestar golpes en el Sur en coordinación con la
guerrilla y desencadenar una revuelta popular que no
llega a materializarse.

La ofensiva termina en un fracaso militar para el
Norte que la desencadenó. Los cuadros se han puesto ya
al descubierto y muchos de ellos prefieren ponerse a
salvo en Cambodia, dejando temporalmente el campo
libre al desarrollo de Fénix. Además, la participación
de la IVC obliga al régimen títere de Thieu a admitir
la importancia de la infraestructura política de la
resistencia. Este incorpora entonces sus estructuras
administrativas al plan Fénix dándole así un nuevo
rostro al programa que adopta definitivamente como
emblema al animal sagrado, presente en la cultura
tradicional vietnamita. Símbolo de paz y prosperidad
para los vietnamitas, el fénix es también un animal
que huye ante el menor peligro.

Para los occidentales, simboliza lo que renace de sus
cenizas. Pero, detrás de la ambigua imagen poética, se
encontraba también la sórdida realidad de una gran
operación de contrainsurgencia a la que tanto se le ha
reprochado la falta de discernimiento en la
importancia de sus objetivos, su brutalidad y, en
general, su falta de eficacia en la tarea de
contrarrestar la hostilidad hacia una ocupación
extranjera injustificada. Esta última no hizo, al
contrario, más que aumentar lo cual explica el
apresuramiento en dejar las responsabilidades en manos
de los vietnamitas, con el éxito que ya conocemos.

Una de las cartas de triunfo más importantes del plan
Fénix fue su programa de «conversión» de cuadros de la
resistencia, llamado Chieu Hoi. A este programa se
debe un tercio de las «neutralizaciones» de miembros
de la resistencia realizadas en 1970, lo cual no
incluía a las personas encarceladas por menos de un
año. Desgraciadamente, su eficacia era proporcional al
nivel de infiltración y corrupción de las fuerzas
sudvietnamitas implicadas.

El respiro que siguió a la ofensiva del Tet
proporcionó a la CIA la oportunidad de perfeccionar su
dispositivo, y dejar la responsabilidad del mismo en
manos del ejército, pero siempre con el objetivo final
de «vietnamizar» el conflicto para evacuar poco a poco
las tropas estadounidenses. A medida que Estados
Unidos confía las responsabilidades operacionales a
las fuerzas sudvietnamitas, la poca disciplina de
estas y la corrupción que reina en sus filas empañan
todavía más la imagen de la operación. Todavía hoy se
hacen esfuerzos por publicar estadísticas que
demuestren la eficacia del plan.

En realidad, si bien ciertas unidades, en ciertas
provincias, muestran buenos resultados, se trata de
casos aislados. Estos estimados sitúan en 14,8% el
índice de desgaste de la IVC entre enero y septiembre
de 1969 [4]. Los documentos de Hanoi confirmarán en
efecto que la estructura recibió duros golpes, hasta
cierto punto.

El programa se desarrolla hasta 1970, pero la CIA se
desliga de este progresivamente bajo el fuego de las
críticas contra las operaciones secretas, que se hacen
cada vez más numerosas y sangrientas para la población
civil. Estas operaciones se extienden además,
inevitablemente, a Cambodia y Laos, a pesar de la
oposición del Congreso, al igual que los bombardeos. A
partir de 1970, las operaciones militares de tipo
convencional disminuyen seriamente, pero «la otra
guerra» sigue siendo encarnizada.

La cantidad máxima de personal estadounidense
consagrado al plan Fénix se alcanza en 1970 con la
cifra de 704 consejeros militares y dos civiles. A
pesar de todo, el plan es reagrupado en su conjunto
bajo la apelación vietnamita de Phung Hoang. El
ejército regular, las Fuerzas Especiales y la policía
sudvietnamita se incorporan totalmente a él, con
resultados moderados. Los servicios sudvietnamitas de
inteligencia se caracterizan por su ineficacia, lo
cual implica para la policía numerosos problemas en
cuanto a la posibilidad de tomar la iniciativa, debido
a la falta de información fidedigna.

Se comienza la aplicación de un programa de registro y
entrega de documentos de identidad, que debe terminar
en 1970, pero, contrariamente a la insurrección en
Malasia, la resistencia vietnamita logra explotarlo a
su favor como sistema de cobertura y cuando por fin se
termina, en 1972, es ya demasiado tarde.

El hundimiento final

La ocupación del país por una administración militar
con un sombrío pasado colonial y, a la inversa, la
imagen de libertadores de la que gozaban los miembros
de la resistencia desde su victoria contra Francia
perjudicaron mucho las ambiciones del plan Fénix desde
su puesta en marcha. Los métodos arbitrarios del
régimen títere acabaron con la confianza de la
población que vivía sometida a la represión; el
precio, en términos de estabilidad social, era
demasiado alto y la población tenía muy poco que
ganar.

El súbito apuro de Estados Unidos por salir de
Vietnam, alrededor de marzo de 1973, como estaba
previsto en los acuerdos de París, agravó los
problemas de la administración del Sur en la medida en
que Hanoi había entrado para entonces en una
estrategia de guerra convencional gracias a la ayuda
de los soviéticos. Sin la guerra de desgaste contra el
Sur, la cual había monopolizado los recursos del
ocupante y de las fuerzas que lo sustituyeron, ello no
hubiera sido posible.

El proceso de revisión de Fénix, emprendido entre 1972
y 1975 para adaptar este plan a una dirección
enteramente vietnamita, no cambió prácticamente nada.
Como toda operación de contrainsurgencia en la que se
espera someter a la población, el plan Fénix habría
tenido que comenzar desde las primeras manifestaciones
de la insurrección.

De manera retrospectiva, podría decirse que el plan
Fénix era el método más pragmático para lograr el
control del país, propuesto por la CIA después de una
observación minuciosa de la realidad sobre el terreno
y según las lecciones aprendidas en Malasia o
Indochina, pero demasiado tarde para que pudiera dar
resultados tangibles. Fue rechazado por la opinión
pública estadounidense porque implicaba tomar como
blanco una resistencia bien organizada y, por
consiguiente, perfectamente inmersa en la población,
o, como dijera Mao, «como un pez en el agua», lo cual
conducía inevitablemente a librar una guerra sucia.
Mientras tanto, en el bando opuesto, la resistencia
podía identificar más fácilmente sus posibles blancos,
considerados como elementos no ligados a la población.

En Irak, la ceguera crónica del Pentágono, prisionero
de su propia retórica sobre la «liberación» del país,
no le ha permitido reaccionar en su debido momento
ante la agravación de la situación. Convencido de
encontrarse ante una «Intifada» al estilo palestino,
Donald Rumsfeld recurrió a instructores israelíes para
dirigir una operación limitada de contrainsurgencia
bajo el nombre de «Martillo de hierro».


Engañado por sus propios agentes del Congreso Nacional
iraquí, el Pentágono creyó poder «iraquizar»
rápidamente las fuerzas represivas y liberar a su
propio personal. Como en Vietnam, la resistencia ha
priorizado la ejecución de colaboradores (ataques
sistemáticos a los locales de reclutamiento) antes que
la lucha contra el ocupante y ha roto toda posibilidad
de establecer una dinámica favorable a los
estadounidenses, en caso de que tal posibilidad haya
existido en algún momento. Sólo al cabo de un año de
errores militares, al que se sumaron algunos meses más
à causa de la campaña electoral, el presidente George
W. Bush ordenó la utilización de medios radicales.
Demasiado tarde ya para esperar imponerse en el país.

La causa principal de que este error se repita hay que
buscarla en el auto-engaño que ha llevado a los jefes
militares a ver la realidad únicamente a través de su
propia propaganda, sin tener en cuenta los datos
brindados por la inteligencia militar. No era difícil
saber que Saddam Hussein se había atribuido la autoría
de una novela que escenificaba una romanza con fondo
de guerrilla. El había preparado sicológicamente a su
pueblo para esta situación. En el aspecto militar,
había abandonado la organización jerárquica que
enseñaban los soviéticos para adoptar la de los
vietnamitas. Había organizado estructuras de
resistencia en cada comuna, confiando su dirección a
jóvenes militantes baasistas y estableciendo así una
doble estructura partidista [5].

A partir de este momento, toda victoria militar sobre
los insurgentes aparecerá como una derrota política a
los ojos de la población. La destrucción de Faluya no
será solamente un acto de barbarie sino que eliminará
toda posibilidad de retroceso y dejará a la Coalición
sin esperanza alguna de mantener pacíficamente su
presencia en el país y, por consiguiente, de explotar
su petróleo.

 Arthur Lepic

[1] «The Saddam-ist / Islamist Resistance Hill Win»,
por Scott Ritter, 24 de julio de 2004.

[2] Remitirse a la obra Ashes to ashes: The Phoenix
Program and the Vietnam War, por Dale Andrade,
Lexington Books, para los detalles sobre el plan
Fénix. Diferentes documentos, como el manual de
consejeros Fénix estadounidenses, pueden ser
consultados en el servidor de Memoryhole.org..

[3] Ver: «1948-1960: "état d’urgence en Malaisie"
[1948-1960: "estado de excepción" en Malasia» por
Arthur Lepic, Voltaire, 23 de junio de 2004.

[4] Op. Cit., p. 138.

[5] Fuente: entrevistas con miembros del gobierno
iraquí antes del inicio de las hostilidades.

 


__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis! 
¡Abrí tu cuenta ya! - http://correo.yahoo.com.ar




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular