[R-P] Pensando con nuestra propia cabeza (Eleuterio Fernandez Huidobro)

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Jue Dic 9 07:37:34 MST 2004


Pensando con nuestra propia cabeza

Un largo proceso

El resultado electoral del 31 de octubre en Uruguay
entraña un profundísimo cambio político producto de un
largo y hondo proceso de acumulación.
 
ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)

Peculiar y único en América Latina; comenzó en 1968.
Venezuela, por ejemplo, conoce en estos momentos muy
profundos cambios. Pero el camino que condujo a ellos
fue volcánico, repentino, rapidísimo y si bien
reconoce raíces muy entradas en el lejano pasado,
también es evidente que hubo un corte con aquellos
antecedentes. 

Argentina, por poner otro ejemplo, también está
conociendo importantes cambios pero su proceso es
reciente. Comenzó en las convulsiones del año 2001. 

Allí hubo una quiebra entre las luchas de los años
sesenta y hoy. No podría ni imaginarse en Buenos Aires
una campaña de propaganda como la que usó acá la
derecha para tratar de impedir desesperadamente el
triunfo popular: "¡Cuidado que vienen los tupamaros!".


Sin embargo, en el actual gobierno argentino hay
muchos ex guerrilleros. Pero también los hubo en
gobiernos anteriores. 

En Brasil se creó a partir de los años ochenta un
formidable Partido (el PT), el movimiento campesino
más grande del mundo (el MST) y una Central obrera (la
CUT) que debió nacer peleando contra Centrales
pre-existentes. Y en pocos años el PT estuvo
disputando el gobierno de Brasil, porque si bien
perdió dos veces, ya lo estaba disputando, hasta
ganarlo el año pasado. 

Hacemos pues una propuesta teórica: este proceso
uruguayo arrancó aquel día de junio de 1968 en el que
Pacheco decidió clausurar sus últimas negociaciones
con la CNT y decretar Medidas Prontas de Seguridad. 

El Frente Amplio se va a fundar casi tres años después
(en febrero de 1971) pero su trabajo de fundación ya
estaba en marcha desde antes, catalizado por el
fermento de la situación elegida por el pachecato. 

Por primera vez entonces la vieja izquierda uruguaya
representada electoralmente por el Partido Socialista
y por el Partido Comunista y muy poco ampliada desde
1962 por las experiencias de la Unión Popular y el
Fidel, respectivamente, protagoniza e impulsa la
unidad entre sí y con importantes desprendimientos de
los partidos tradicionales, con el Partido Demócrata
Cristiano, con personalidades independientes y con
otras organizaciones políticas y sociales
representativas de un vasto espectro social. 

En su primera experiencia, esa alianza nacida en
febrero en medio de una campaña electoral dramática,
conseguía en noviembre un porcentaje de votos de
significación peligrosa para los bloques dominantes de
acá, de la región y del mundo. 

No está de más recordar que aquella alborada electoral
de 1971 equivalía más o menos a la cantidad de votos
que recibió el Espacio 609 (apenas una parte del FA)
el 31 de octubre pasado. 

Aquel resultado, agregado a la potencia organizativa y
movilizadora de las principales formaciones del
movimiento popular (su Central obrera y su movimiento
estudiantil por ejemplo) colocaron sobre la mesa
imperial el golpe de Estado como primer punto de la
agenda. 

El golpe acá, en Chile, en Argentina, en Bolivia y
hasta tal vez en Perú. O sea: en todo el Cono Sur (en
Brasil ya lo habían dado, obviamente). 

El proceso reconoce, por lo tanto, un paréntesis de
sangre. 

Fue necesario, para frenar el crecimiento, ir al
genocidio. Y fueron. En toda la región. 

En Uruguay y desde la clandestinidad, salimos de la
dictadura en 1985 nuevamente en brazos de la Central
obrera, el movimiento estudiantil y el Frente Amplio
con el apoyo de importantes sectores también
perseguidos del Partido Nacional y del Partido
Colorado. 

Y lo hicimos sin los viejos dirigentes porque la
enorme mayoría de ellos estaba encarcelada, exiliada,
proscripta, presa o asesinada. Hubo una hermosa
generación de jóvenes dirigentes que emergió en esas
horas y que hoy va tomando las riendas, hasta por
imperio biológico, de todos los partidos del país bajo
pena de desaparición (como lo podemos ver en el
estrepitoso caso del Partido Colorado). 

En poquísimos años llegamos al triunfo del 31 de
octubre por un ininterrumpido tránsito de crecimiento
electoral sólo suspendido por el paréntesis
dictatorial que intentó además raer de la faz de la
tierra hasta el recuerdo de la existencia del Frente
Amplio, la CNT y la FEUU. 

No lo logró: a pesar de toda la sangre, tortura,
cárcel, exilio, destituciones, mentira y muerte
derramada a manos llenas para ello, no lo logró. 

Es más: si bien hubo que dar y se dio una enorme
batalla por la memoria (que se sigue dando), lo cierto
es que en Uruguay renacieron absolutamente todas las
organizaciones de su movimiento popular como si no
hubiera pasado nada. Nos plantamos ante la Historia
todos, absolutamente todos, gritándole: ¡Presente!

Si le descontamos al Frente Amplio los años de la
dictadura, su camino a la victoria ha sido casi tan
rápido como el del PT en Brasil pero lo ha sido a
pesar del terror. 

En 1984 volvimos a crecer. Primera experiencia
electoral posdictadura que, sin embargo, es casi
descartable para el análisis, porque ese año ganó el
caballo del comisario como secuela del Pacto del Club
Naval: sus contrincantes o estaban proscriptos o
presos. Nada menos que Wilson Ferreira Aldunate estaba
preso. Se lo tuvieron agarrado hasta la noche del día
de la elección. 

Sufrimos en 1989 una brutal escisión perpetrada en
febrero, por la que se nos fue el sector hegemónico en
materia de votos junto con el Partido Demócrata
Cristiano. Y eso a pocas semanas del crucial
referéndum contra la Ley de Impunidad que perdimos el
16 de abril de ese año que, encima, era electoral. 

Pero en noviembre ganamos la Intendencia de
Montevideo, cuando luego de esos dos serios golpazos
nadie daba dos cobres por nosotros, dando así un paso
gigantesco hacia el gobierno. 

En 1994 se produjo un triple empate. Sanguinetti ganó
por muy poquitos votos. 

Pero el dato más grave de esa elección, para todos los
analistas, fue que el Frente Amplio estaba disputando
el gobierno de igual a igual y que, si todo seguía
así, su triunfo era seguro en 1999. 

Para frenarlo, inventaron la Reforma Constitucional de
1996 (que ganaron por escaso margen gracias a una
división en nuestra fuerza) por la que nos obligaron a
ganar dos veces para poder ganarles. Y a ganar contra
todos los demás, incluso contra los votos en blanco y
los anulados. 

En 1999 ganamos en la "primera vuelta" pero perdimos
en la "segunda". 

Sin embargo, los dos partidos representantes del
bloque de poder nacional e internacional dominante
tuvieron que desenmascararse y presentarse ante el
pueblo como lo que eran: lo mismo. 

El mismismo que se repartió el poder en Uruguay desde
cuando le pegaron el tiro a Saravia en 1904. 

Por lo tanto: disputando el gobierno estamos desde
1999. 

Y así, sorteando atroces represiones, divisionismos de
variada laya y chicanas electorales monumentales,
llegamos hasta hoy. Hemos bebido todas las hieles del
cáliz. Pero permanecimos sencillamente siendo y, por
esa hazaña, somos. 

Debemos tener entonces muy claro que este pueblo dio
de sí las formaciones sociales, pero también las
políticas, representativas y unificadoras de su lucha
histórica. Son producto de él. 

No son la copia de nadie. Su proceso fue y es
uruguayo. Distinto a todos los demás. 

No hay proceso similar en América. No tiene parangón.
Es intransferible. 

No pocas veces nos atragantamos también con los dulces
jarabes del snobismo. 

Por lo tanto, cuidado con los "modelos" importados
generalmente por él. 

Quienes nos imiten en otros lados corren, ahora que
estamos de moda, el riesgo de subirse a ese carro que
siempre carece de caletre y paciencia para observar el
trabajo lento, a veces gris, de los procesos
profundos. 

Para seguir adelante y desempeñar los compromisos;
para vencer los nuevos desafíos, debemos seguir
pensando con nuestra propia cabeza. Como siempre. *

 

(*) Senador de la República. Escritor



	

	
		
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