[R-P] Alberto Guerberoff, en 2001, reivindicaba a Manuel Ugarte así:

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Dic 3 04:59:54 MST 2004


[Gentileza de "NAC/POP" <lanaqui en ciudad.com.ar>]
 y  de Augusto Alvarado Cardenas <aonikenk02 en hotmail.com>

Jueves 2 de diciembre: nuevo aniversario del fallecimiento de Manuel
Ugarte. 


MANUEL UGARTE: -SOMOS LO QUE SOMOS. 
A 53 AÑOS DE SU MUERTE UN GRAN ARGENTINO OLVIDADO

TIENE ALGO QUE DECIRNOS 


Por Alberto Guerberof 


A pesar de los esfuerzos desplegados por los teóricos del
posmodernismo, que postulaban archivar la historia, ésta vuelve una y
otra vez por sus fueros. Y cuando el país, literalmente desmantelado 
y vaciado por décadas de políticas liberales impuestas desde los 
centros de poder trasnacionales, queda reducido a escombros, es el 
turno de ciertos analistas ligados al poder financiero mundial para 
quienes la Argentina no es ya capaz de ser autosustentable y es mejor 
que desaparezca devorada por el riesgo país. 

Los contornos borrosos de un contorno caótico, con esa espesa bruma
que todo lo envuelve, crean un auténtico clima de fin de época y un
afán por comprender lo que ocurre que arranca volviendo una mirada al
pasado. 

La memoria y la esperanza 
Pocas semanas atrás, sorprendió en Buenos Aires el interés que
acompañó a los actos con que se recordó el centenario del nacimiento
de Arturo Jauretche, ese olvidado y enorme pensador argentino
(1901-1974), poeta y verseador, paisano alzado en armas en la
patriadas radicales de la Década Infame, orador, escritor y
gauchipolítico, nexo entre el yrigoyenismo histórico y el peronismo,
sin cuya penetrante mirada no sería comprensible la Argentina del
siglo XX. Rescatar la memoria de los argentinos que pelearon por un
país distinto, que fuera dueño de su destino, parece ser un fenómeno
que se despliega en múltiples direcciones. 

El 2 de diciembre se cumplen 50 años de la muerte de Manuel Ugarte,
otro luchador notable. Integrante de la Generación del 900 junto a
figuras de excepción como José Vasconcelos, Manuel Gálvez, Leopoldo
Lugones, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Rufino Blanco Bombona, 
Ugarte, nacido en Buenos Aires en 1878, sintetizó mejor que ningún 
otro, uno de los rasgos esenciales de aquella generación: el 
redescubrimiento de la unidad de Iberoamérica, apenas conquistada la 
primera Independencia, frustrada por las intrigas de las grandes 
potencias y la europeización de las clases dirigentes locales. 
 
La reunificación de Latinoamérica, la Nación inconclusa, fue la gran
bandera de Ugarte. Ella le valió una gran popularidad en los países
latinoamericanos, a los que visitó en resonantes campañas, pero le
acarreó la hostilidad o el desconocimiento en su propio país, 
envuelto en la burbuja de prosperidad agropecuaria en que se 
sustentaba la alianza anglo-oligárquica que lo gobernaba en los 
albores del Centenario (1910) de la Revolución de Mayo. 

Pero Ugarte no se limitó a enarbolar esa gran causa. Fue un 
socialista criollo, en un país en que se había formado un Partido 
Socialista enteramente moldeado en una concepción europea de la 
cuestión social. Por su postura fue expulsado del citado partido, 
creado y dirigido por el Dr. Juan B. Justo, un destacado dirigente 
político y traductor de El Capital, rabiosamente adscripto a los 
dogmas económicos, históricos y políticos del liberalismo, que 
Sarmiento había resumido en la célebre antinomia político-cultural: 
civilización o barbarie.  

Ugarte juzgaba pertinente que Hispanoamérica se enrolase 
resueltamente en el campo de los países pobres, de los así llamados 
sin historia, mientras el núcleo dirigente del socialismo clásico, 
con Juan B. Justo a la cabeza, se consideraban a sí mismos y a su 
proyecto político como parte de la carga del Hombre Blanco o, lo que 
es lo mismo, de la misión civilizatoria de Occidente sobre el resto 
del planeta.  

Los libros de Ugarte conforman una obra que es imprescindible conocer
para recrear una conciencia nacional sin la cual las nuevas
generaciones difícilmente encuentren la salida al laberinto de una
crisis como la que se padece. Escribió El Porvenir de América 
Española (1910), La Patria Grande (1922), El destino de un continente 
(1923), entre otros títulos, todos ellos editados fuera del país. 
Recién en 1953, cuando habían transcurrido dos años de su muerte, el 
historiador y político Jorge Abelardo Ramos publica -El porvenir de 
América Latina- con un estudio previo que rescata por primera vez la 
figura y la trayectoria de este argentino de la Patria Grande. 

Somos lo que somos 
No sorprende que Manuel Ugarte fuera un activo neutralista en las dos
guerras mundiales que las grandes potencias, Europa y EEUU, libraron
en el siglo XX con la complicidad de las clases gobernantes y de los
círculos ilustrados de las capitales del continente. 

Al mismo tiempo, afirmaba en cada ocasión su condición de argentino,
pero sobre todo de latinoamericano que debía recuperar su Patria
Grande impedida de constituirse por el imperialismo. En otro período
de su lucha encaró con firmeza la defensa de la industria nacional,
ahogada por el librecambio. Lo hizo desde las páginas del diario La
Patria que dirigió en 1915 y desde otras tribunas después. Defensor
consecuente de los derechos sociales de los trabajadores, Ugarte 
había cometido todas las transgresiones que la oligarquía dominante 
no perdonaba. Concluyó con coherencia su vida política apoyando al
Coronel Perón en 1945 y como embajador de su gobierno en México,
Nicaragua y Cuba. En la noche del 1° al 2 de diciembre de 1951
falleció en Niza, sin saberse si el suicidio o un desafortunado
accidente puso fin a los días de este gran argentino que supo afirmar
(1912): -Soy un hombre sereno y amigo de la paz … pero ante la
agresión sistemática, ante la intriga permanente, ante la amenaza
manifiesta, todos los atavismos se sublevan en mi corazón y digo que
si un día llegara a pesar sobre nosotros una dominación directa, si
naufragaran nuestras esperanzas, si nuestra bandera estuviera a punto
de ser sustituida por otra, me lanzaría a las calles a predicar la
guerra santa brutal y sin cuartel, como la hicieron nuestros
antepasados en las primeras épocas de América, porque en ninguna 
forma ni bajo ningún pretexto podemos aceptar la hipótesis de quedar 
en nuestros propios lares en calidad de raza sometida ¡Somos indios,
somos españoles, somos latinos, somos negros, pero somos lo que somos
y no queremos ser otra cosa!.

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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