RV: [R-P] Paridades de monedas frente aldolar (Brasil/Argentina/Venezuela)
Víctor Morón
vicmoron en cantv.net
Jue Dic 2 11:08:43 MST 2004
De: Nestor Gorojovsky
> Soy muy burro, lo reconozco.
> Pero no entiendo eso de "represar los dólares que se pensaba que la
economía no podía absorber".
En los 70 la discusión sobre el tema de la "capacidad de absorción" fue muy
intensa.
Es que los recursos provenientes de las exportaciones del petróleo se
cuadruplicaron en 1973 (cuando el petróleo pasó de 3 dls/bl a 12,50 y se
volvio a triplicar en 1979, cuando pasó a casi 40 dls/bl). Eso pasó en
Venezuela y en todos los países exportadores de petróleo (no en USA, que es
gran productor, pero importador neto).
Era la oportunidad ideal para emprender proyectos de desarrollo, pero eso
implica tener proyectos viables, capacidad gerencial para ejecutarlos y
cuadros técnicos para su implementación. En la disponibilidad de esas
condiciones, todos los países petroleros eran deficitarios. Por eso, si
parcialmente se hizo, se generó una enorme masa de "petrodólares" que tuvo
que ser represada, porque si se volcaban al mercado generaba dos efectos:
aumento de las importaciones (de bienes finales) e inflación (por falta de
oferta).
¿Dónde se represaban? En los bancos de los países centrales (el uso más
inteligente fue comprar acciones de empresas transnacionales, por eso hoy
los accionistas mayoritarios de Mercedes Benz son sauditas). Ahí está el
huevo de la serpiente de la deuda externa, porque el negocio de los bancos
no es tener dinero, sino prestarlo. Esa historia la conocemos, así que no la
cuento.
Llegué a Venezuela en 1976, el 26 de septiembre. Llegamos desde el Perú de
noche, vía Panamá, y el puerto de La Guaira estaba lleno de lucecitas sobre
el mar. Mi esposa de aquella época me comentó que debían ser los yates de
los millonarios petroleros y yo le dije que sí. Después supe que en
Venezuela no había millonarios petroleros (sólo media docena de oportunistas
que jugaban en el mercado spot). Las lucecitas no eran de yates, sino de los
barcos cargados de importaciones que esperaban en la rada dos o tres semanas
para entrar en el puerto, con un costo fabuloso que se despreciaba, porque
total se le cargaba a los consumidores, que tenían con qué pagarlo. En eso
se iba buena parte de la renta petrolera.
Es cierto que buena parte se invirtió. Todavía está SIDOR (Siderúrgica del
Orinoco, ahora privatizada en beneficio de Techint), la petroquímica de El
Tablazo, la industria del aluminio, el teatro Teresa Carreño, las torres de
Parque Central (una de ellas incendiada recientemente en casi la tercera
parte, porque las obras se inauguran pero el mantenimiento no), el
florecimiento urbano de Caracas y de varias ciudades del interior, y muchos
etcéteras. También la inversión en capital humano, nada despreciable: en
algún momento de los 70 había diez mil venezolanos desparramados en las
universidades del mundo, estudiando desde ingeniería petrolera hasta ballet,
alta cocina o luthiería (no exagero, mi comadre estudió luthiería, becada
por la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, en la escuela de Stradivarius,
en Cremona; ahora se gana la vida como panadera en México). Y se estableció
una buena política crediticia para la industria: se potenciaron las
operaciones del Fondo de Crédito Industrial y se creo Corpoindustria, para
atender a la pequeña y mediana industria.
Pero seguían sobrando dólares, porque la microeconomía no podía acompañar a
lo macro. Por eso la fabulosa masa de divisas fugada en los 70, lo que
desencadenó la devaluación del 83. Y no se trata de dólares especulativos a
la espera de la devaluación para convertirse en más bolívares, como piensan
los ingenuos, sino de dólares invertidos en el exterior para siempre, en el
mayor caso en propiedad inmobiliaria. Ningún venezolano bien nacido (muy
bien nacido, claro) podía dejar de tener un apartamento en la Avenida Foch
de París. Los menos bien nacidos lo tenían en Miami. Conocí una urbanizadora
de Vermont, New England, que vendió tres urbanizaciones casi completamente a
venezolanos.
Por eso se estableció el Fondo de Inversiones de Venezuela, para represar el
excedente de divisas y evitar que se fugaran en importaciones o en
transferencias al exterior.
La cosa falló porque no contaron con la astucia de los banqueros. Esos
mismos dólares, obviamente depositados en el exterior, porque en efectivo en
las arcas del Banco Central no ganaban interés, les fueron prestados a las
empresas e institutos autónomos del Estado Venezolano (jugosas comisiones de
por medio) que se endeudaban sin ton ni son, y además ilegalmente. Pero
cuando estalló la crisis de la deuda, como se trataba de instituciones
públicas, el estado tuvo que reconocer la deuda, y asumirla. Cuando sucedió
eso las tasas de interés internacionales fueron las más altas del siglo
(llegaron al 24%, si no me falla la memoria). La renta financiera del FIV la
pagaba... El estado venezolano.
En esto, por supuesto, hay factores que tienen que ver con voluntades de
desarrollo soberano y de concepciones sobre la propiedad del activo social.
Libia lo encaró de otra manera, convirtiendo una pobre semicolonia italiana
en un país en menos de 10 años. Esto me lo testimonió el sirio que me vendió
su camioneta el año pasado, que vivió 10 años en Libia. El llegó poco antes
de la caída del rey, y fue testigo de la transformación. Me contaba cómo
toda la población libia (pequeña, por cierto) disfruta la renta petrolera.
Allí tampoco hay gran capacidad de absorción, pero la renta se reparte
equitativamente. Eso, obviamente, no ocurrió aquí.
Bueno, son líneas desordenadas y rápidas, pero tengo que seguir trabajando.
Si quieren la seguimos, y vamos afinando ideas.
Víctor
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