[R-P] Re: Civilización_de_la_muerte

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Lun Ago 30 08:10:36 MDT 2004


Civilización de la muerte 
 
Me hubiese gustado escribir la nota que lleva la firma
del Cngo. Ricardo Mazza y que PyD publicó el día de
ayer, pero el cura me ganó de mano.
 
Con algunas variantes, cabe decirlo, ya verán cuales,
pero con la firmeza y el valor con los que la
salpimentó.
 
Castración… ¡Si Adolf viviera…!
 
Por Juan Carlos Sánchez

Castrar a los infames, a los negros, a los mulatos, a
los gitanos, a los judíos, a los genéticamente
enfermos y a los argentinos es el legado de los
últimos años de la historia del hombre a nuestros
pibes.
 
Los eunucos de antaño lo eran para protección de los
harenes y para el servicio de algunos dioses paganos o
de las familias acomodadas. Luego, otros lo eran por
voluntad propia y por el Reino de los Cielos. Los
primeros cuidaban de la pureza genética de la progenie
de los reyes o califas; los segundos, sin cirugía de
por medio, oblaban –y oblan- su sexualidad -en ambas
concepciones, la unitiva y la reproductiva- por un
ideal superior.
 
Tanto en esos primeros tiempos como en los del
nazismo, se eliminaba la posibilidad de que los
idiotas engendraran -idiotas y otras yerbas-  y se
incorporaron a la lista aquellos “especimenes” no
gratos a los ojos de los puristas de la raza.
 
Para nosotros, los argentinos, es una novedad a la que
adhieren simplemente por serlo, quienes desean
incorporarse a la masividad progre que es la moda.
 
Se extiende por el país una cuestionable concepción de
la vida surgida como política de Estado, que considera
un derecho de los pobres no tener hijos.
 
Aquí radica el problema, en que es una política de
Estado, fogoneada desde los más altos estamentos de la
conducción política que sufre la República.
 
Si limitar la cantidad de hijos queda como una
cuestión
personal y de pareja, quizá no hubiera que discutir
nada o muy poco pero habiéndose transformado en un
argumento de la acción de gobierno, el tema involucra
a todos y a cada uno de los ciudadanos.
 
La antigua Roma de los reyes anteriores a la
República,
ahogaba a las hijas -mujeres, aclaro- en el Tíber y
nadie se escandalizaba demasiado por ello. Las hijas
producían gastos, no servían para la guerra y sobraban
entre los pueblos dominados por Roma. Advenida la
República y con ello un salto moral reflejado en las
costumbres y en la ley, se erradicó esa costumbre.
 
El Faraón de Egipto, como dice Mazza en su artículo,
para evitar el crecimiento demográfico de los hebreos,
ordenó ahogar a los niños en el Nilo.
 
Por suerte nosotros en Santa Fe tenemos el Paraná por
si intentamos algo parecido.
 
Veamos nuestro caso, que es de actualidad.
 
Nadie en su sano juicio niega la dificultad de criar y
educar a los hijos. Nadie desconoce la problemática de
las familias numerosas. Nadie. 
 
Pero tampoco nadie puede hacerse el desentendido sobre
la causa de estos problemas: la conducción política.
[Quizá hablar de conducción política sea “demasiado
apero pa’ lo qu’es el burro” como dicen los paisanos.]
 
Institucionalizar los/las eunuco/as es legislar sobre
el reconocimiento de la incapacidad de generar
políticas educativas, sanitarias, económicas y
sociales capaces de soportar el crecimiento
demográfico normal de una provincia o de una nación
con carencia de mano de obra y de consumo interno.
 
Es resignarse a la pobreza. Perón sostenía que “…en el
año 2000 los argentinos tenemos que ser 50 millones…”
de habitantes. Perón no acostumbraba a hambrear a los
argentinos, así que bien pudo pensarse que habría
elaborado un proyecto para lograr la felicidad de ese
pueblo de 50 millones y así fue, presentó el Modelo
Argentino que de haberse llevado a cabo integralmente
no nos habría dejado en la lona tal como estamos.
 
Crecimiento demográfico sostenido, crecimiento de la
economía, integración al mundo moderno, cultura,
educación y solidaridad eran pilares del Proyecto
Nacional para una Argentina justa, libre y soberana.
 
Ese 2004, cuatro años después de la fecha establecida,
somos 36 millones piquetero más, piquetero menos y por
cierto, todos viviendo en un descalabro fenomenal que
nadie sabe cómo acomodar.
 
Quizá las leyes de salud reproductiva (¿?) sean el
sinceramiento de la clase política que reconoce su
incapacidad de gestión y que desea ahorrarles
sufrimientos a la mayor cantidad posible de
connacionales, evitando su nacimiento en la tierra del
pan donde pasarán hambre. (Véase el Himno del X
Congreso Eucarístico Nacional publicado por PyD para
comprender la frase).
 
De ser así podemos enfrentar el futuro con confianza:
estamos dirigidos por hombres y mujeres probos capaces
de asumir sus debilidades.
 
De no ser así, lo lamento, muchachos… ¡Son idiotas! ¡Y
no es insulto, es un dato!
 
Tal como ya escribí hace tiempo y reiteradamente,
idiota es aquél que no sabe lo que puede o debe saber.
 
Tendrán que empezar a conocer las herramientas que
pueden hacer de nuestra Argentina una Nación fuerte y
poderosa o… irse, si son honestos.
 
Los hijos de los ricos y los hijos de los pobres
 
En la zona céntrica de las ciudades o en los
condominios de lujo, donde el nivel económico de sus
habitantes es alto, generalmente no se encuentran
demasiados niños. A medida que nos arrimamos a la
pobreza y a la marginalidad, los pibes pululan. ¿A qué
se debe este fenómeno?
 
Algunos sostienen que a la falta de educación, porque
no pueden comprar anticonceptivos, porque las mujeres
son casi violadas por su propia pareja que vuelve
borracho al hogar o porque son unos negros de mierda.
 
Conceptos equivocados propios de quienes no ensucian
sus zapatos lustrados con el barro de las periferias
urbanas. Ideas de aquellos que desconocen al pobre.
 
Los hijos son una bendición para el pobre. Especie
constantemente amenazada, procrea temiendo que su
progenie muera antes de procrear a su vez y perpetuar
la familia. Borrachos o no, negros de mierda o no,
saben que muchos de sus hijos no llegarán a la adultez
o que lo harán en malas condiciones psicofísicas y
entonces, el mejor remedio es tener muchos.
 
El ciudadano educado, pudiente e instalado en las
franjas más poderosas, previene las molestias que son
los hijos y regula su concepción. Lo hace desde una
perspectiva social y económica, no está tan amenazado
y regula los nacimientos según el presupuesto
familiar. Lo hace pensando en el futuro porque tiene
futuro, hasta el próximo corralito, al menos; hasta la
próxima inflación.
 
Hace bien, no lo niego, es un aspecto de la paternidad
responsable y hasta puede serlo del buen uso de la
sexualidad como don divino.
 
Puede ir al médico previo turno telefónico y ser
asesorado sobre medios contraceptivos. Puede adquirir
lo prescrito por el profesional, tiene entrenamiento
en el protocolo de la vida y se cuida con eficacia. Su
proyecto de vida es diferente al del pobre: es no ser
pobre nunca.
 
Allí radica la diferencia.
 
El pobre sabe que le será muy dificultoso dejar de ser
pobre y entonces disfruta de la paternidad/maternidad
porque sus hijos serán el reaseguro de su vejez. Sin
jubilación, sin obra social prepaga, sin hospitales en
condiciones, casi sin esperanzas, goza los pocos
momentos de felicidad que la vida le regala y lo hace
en familia, con sus hijos.
 
Cuida poco o nada su fertilidad, es un tema que poco
le importa aunque los dirigentes (¿?) hablen por ellos
y sostengan todo lo contrario.
 
Quiero ver las estadísticas de futuras
esterilizaciones
quirúrgicas que se harán en los hospitales públicos
con mención del grupo social al que pertenecen los que
a ellas se sometan. Será el argumento definitivo.
Veremos cuántos pobres se someten a cirugía…
 
La Iglesia, la contraconcepción y la realidad
 
Cuando el papa Paulo VI publicó la encíclica Humanae
Vitae me disgustó. 
 
Apresuradamente, intuí a un anciano débil de carácter,
dominado por un fuerte grupo de ancianos célibes que
desde la cura vaticana se desentendían de algo tan
esencial como la sexualidad humana.
 
Pasó el tiempo y no me quedó más remedio que darle la
razón: Paulo VI intuyó que la humanidad marchaba hacia
una cultura de la muerte, hacia su propia indignidad
como especie y que poco faltaba para que se
institucionalizase el aborto, la eutanasia y otras
vergüenzas más y entonces, cerró el grifo intentando
salvar algo, demorar un poco el derrumbe humano.
 
Es cierto que la Iglesia debe aún una seria reflexión
sobre la sexualidad y una teología dinámica del goce. 
 
Es cierto que algunos esquemas propuestos dentro de
los que se mueve, no son realizables o al menos,
fácilmente realizables, claro que… ¿Es fácil seguir a
Jesús? Vale la pregunta. La respuesta es evangélica y
habla de la puerta estrecha.
 
Pero entre dos males es bueno elegir el menor si no es
posible evitar ambos y entonces, vale el uso de
anticonceptivos no definitivos ni traumáticos como el
quirúrgico. La paternidad/maternidad responsable
significa analizar con cuidado todas las variables
posibles que concurrirán al nacimiento de un hijo y es
natural que las parejas deban ser cautelosas con la
concepción.
 
El sano y justo consejo de la abstinencia suele no
germinar entre la juventud y es aquí cuando, viendo la
realidad de cada persona, se hace necesario abrir el
juego a males menores.
 
Todo pasa por la educación en los valores, algo que no
es habitual en las escuelas laicas en las cuales se
enseña sexología o anatomía y no educación para el
amor y en estas últimas, cuando la cuestión sexual se
aborda con desgano y hasta con desprecio. Pasarán años
antes de que se retorne al pasado -que no siempre fue
mejor aunque a veces sí- en el cual la virginidad se
consideraba un don reservado para entregarlo por amor
y dentro el marco protector de un proyecto de familia.
 
Mientras tanto y tal como se hizo durante cientos de
años en el pueblo de Israel con el divorcio -lo cuenta
el Antiguo Testamento-, habrá que comprender la dureza
de los corazones y prevenir males mayores.
 
Pero a lo que no puede renunciar la Iglesia es a
defender la vida y a enseñar que lo malo es malo y no
más o menos malo. Si ella ablanda su magisterio
siguiendo al mundo, habrá perdido algo de su
naturaleza
y de su misión profética. ¿Cómo resolver ese entuerto?
 
No es sencillo y cada persona es un caso a analizar.
 
La Ley Strauss
 
La Dra. Nancy Strauss, que fue diputada provincial y
fogonera del proyecto finalmente aprobado por ambas
cámaras, tiene más de un argumento para defenderlo
aunque hay uno que es absolutamente visible: quiere
estar a la cabeza de los legisladores progre. Sus
afanes en el seguimiento del trámite legislativo así
lo dejan entrever.
 
Es la moda.
 
Un muy conocido juez provincial del fuero penal me
espetó a la cara su personal interpretación de la ley:
“Van a sacar plata de cardiología, de ortopedia, de
terapia intensiva o de donde sea para que algunas se
den el gusto de c….. sin problemas…”
 
Es posible. Lamentablemente se resentirá aún más algún
servicio vital para atender una presunta enfermedad
(se habla de salud reproductiva) que se cura con
políticas de Estado defensoras de la vida que a la
larga son generadoras de riqueza. En fin, así se
legisla en la Argentina. Luego vendrá el aborto, la
eutanasia y al final, la discriminación racial. Adolf
feliz. ¡Habrá triunfado!
 
Lo que es incomprensible es el mutismo de los obispos.
 
Fueron declarativos más no ejecutivos.
 
Parecen haber sido derrotados de antemano; resignados
a que la ley se sancionara. Algunos sostienen que es
el efecto residual de los escándalos sexuales que
conmueven la institución, otros, que tienen demasiados
frentes de conflicto abiertos destacando entre ellos,
el de los salarios docentes de los colegios
confesionales.
 
Para el caso de la Ciudad Capital, algunos sostienen
que es una consecuencia del affaire Storni, pero…
 
También los mismos y otros reconocen que si “el Yuyi”
estuviera a cargo, la ley no habría sido sancionada.



	
	
		
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