[R-P] Getúlio Vargas

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Ago 25 12:28:02 MDT 2004


[Hoy se cumplen 50 años del suicidio de Getúlio Vargas.  Hago llegar 
estas líneas mías que quizás puedan interesar]

Pese a lo que suele creerse en la Argentina, el Estado 
imperial brasileño nunca fue demasiado fuerte, y el 
"nacionalismo" brasileño -entendido como "nacionalismo 
popular"- es más joven que el argentino, por lo mismo que la 
política de masas se inicia tardíamente en un país donde la 
esclavitud recién es abolida a las puertas del siglo XX.

Esa debilidad se transmitió a la República Vieja (1889-
1930).  Antes de 1930, los emperadores ("presidentes 
vitalicios") y los presidentes ("emperadores temporarios"), 
son casi totalmente inocentes de todo patriotismo;  esta 
virtud sólo se encuentra -y aún así no sin reservas- en 
algunos de sus grandes funcionarios.  El notable Río Branco 
es probablemente la única verdadera excepción a estas 
reglas.

A diferencia de lo que sucedería en la América española, y 
en especial en el Río de la Plata, a este "cosmopolitismo" 
de las castas dominantes no se le opone, hasta mediados del 
siglo XX, un patriotismo popular militante.  Esto está 
vinculado a la génesis misma del país.  

Una "independencia en la contrarrevolución"

A diferencia de lo ocurrido en la América Hispánica, en la 
América Portuguesa revolución social e independencia 
nacional nacen escindidas.  La independencia de casi todas 
las antiguas colonias españolas, en el fondo, puede 
entenderse como el intento desesperado de una élite 
revolucionaria por desprenderse de una metrópoli que había 
vuelto a caer en garras del absolutismo; la del Brasil, en 
cambio, como la decisión del absolutismo de cerrar el paso a 
toda revolución, adaptándose a un parlamentarismo formal que 
no pusiera en peligro la estructura social ni los 
privilegios de casta.

Esta "independencia en la contrarrevolución" no sacudió la 
estructura social.  Antes bien, buscó confirmarla asegurando 
de paso los privilegios de la ralea "noble" y retrógrada de 
la Corte -depositada en Río por la Royal Navy en 1808 para 
birlársela a Napoleón-, y eliminando el intermediario 
portugués en el trato con Inglaterra.  Había en Portugal una 
revolución liberal, y la "Madre Patria" se había 
transformado en el enemigo.

A cambio de reducir el país a colonia inglesa, esta 
monarquía disfrutó de todo el apoyo de Londres para aplastar 
rebeliones y secesiones (que se sucedieron sin interrupción 
y alcanzan un nivel sublime de heroísmo y hondura humana ya 
entrada la República, en las comunas de Canudos y el 
Contestado).  Del mismo modo, tenía manos libres para atizar 
las divisiones en Hispanoamérica y aprovecharse de la 
debilidad de sus vecinos para expandirse territorialmente.  
Pero cuando sus intereses divergían de los de su "poderoso 
aliado", como en la Banda Oriental, el "nacionalista" 
gobierno de Río retrocedía como un conejo.

El secesionismo brasileño y el nacionalismo popular

El carácter contrarrevolucionario de la Independencia 
provocó también una extrema debilidad del poder central con 
respecto a las unidades componentes ("provincias" del 
Imperio, "estados" de la República).  La historia del Brasil 
se ve puntuada permanentemente por rebeliones separatistas, 
desde el intento de construir en el Nordeste la 
Confederación del Ecuador (1824) hasta la revuelta 
sangrienta de São Paulo (1932).

La historia del Imperio y de la Primera República se 
desenvuelven en un país que (César Benjamin) "no había 
nacido como nación sino como colonia".  Según este autor, 
las sucesivas y acumulativas modernizaciones, que nunca 
surgieron de rupturas claras, dejaron el pasado siempre 
abierto.  En particular, recuerda, la Revolución de 1930, 
que tuvo lugar cuando el 80% de los brasileños residían en 
el campo, dejó intacta la estructura de la propiedad 
agraria.

Pero también agrega que pese a esa limitación de la 
Revolución de 1930 (que terminaría pesándole como una 
sentencia) a partir de ella "el Brasil llegó a sentirse 
portador de un proyecto, porque logró forjar con cierta 
claridad una imagen de su pasado (base productiva agrícola, 
población rural, territorio fragmentado) y, simétricamente, 
una imagen de su futuro (base productiva industrial, 
población urbana, territorio integrado)" .  Conviene, para 
que se perciba la magnitud de la tarea, una breve 
comparación.

El movimiento nacional en Brasil y la Argentina

En realidad, lo que comenzó en Brasil en 1930 es lo que en 
la Argentina se conoce como un período de hegemonía del 
movimiento nacional:  tanto allí como en aquí, el movimiento 
nacional combatió el secesionismo del distrito más 
privilegiado (Buenos Aires y São Paulo, cabeceras de puente 
del imperialismo ambas), consolidó el Estado central, 
democratizó la renta e inició el montaje de una economía de 
base industrial autocentrada.

Pero en la Argentina, la tarea llevó 75 años (1880-1955):  
el roquismo liquida el secesionismo bonaerense y consolida 
el estado nacional[ ], el yrigoyenismo redistribuye la 
renta, y el peronismo se atreve a lanzar la economía 
industrial autocentrada.  En el Brasil, empieza medio siglo 
después, y es dos veces más veloz:  35 años, desde la 
revolución del 3 de octubre de 1930 al golpe militar de 
Castelo Branco en 1964.

La raquítica renta cafetalera y el particularismo paulista

Tanto la demora como el vértigo reconocen, en último 
análisis, el mismo origen:  la renta cafetalera brasileña 
era, en proporción, mucho más mezquina que la pampeana.  Si 
bien la endeblez estructural general de la economía retrasó 
el lanzamiento del proceso, una vez iniciado el propio 
raquitismo de origen dotó de singular intrepidez al ala 
radical.  Es así como el "tenentismo" , grupo de jóvenes 
oficiales que suministró los más audaces dirigentes al 
movimiento nacional brasileño, pone su impronta a la 
revolución de 1930 que instala a Getúlio Vargas en el poder.

Por otro lado, y por motivos similares, la hegemonía 
nacional del estado privilegiado (São Paulo) infisionaba a 
toda su población, aquejada hasta nuestros días por un 
acerbo insularismo.  En los momentos cruciales, para esta 
fracción del Brasil siempre primó la "patria chica paulista" 
por encima de la Patria Grande brasileña.  Y esto no vale 
solamente para las clases dominantes; la clase media 
paulista siempre fue más "bandeirante" que brasileña, en el 
sentido de que fue más aliada del imperialismo que partícipe 
de un gran proceso nacional revolucionario.  Esto sería 
definitorio en varias encrucijadas históricas a lo largo del 
proceso de industrialización, y en parte se ha reflejado en 
los gobiernos de Cardoso y -de otra manera- en el de Lula.

Fazenda, siderurgia y absolutismo

El movimiento de 1930, en principio, se reducía a  una 
alianza entre los "tenentistas" y los propietarios rurales 
orientados al mercado interno.  La clase obrera, muy 
embrionaria aún, no contaba todavía como factor 
independiente en la política.  Esa alianza, a través de 
Getúlio Vargas, se lanzó ante todo a la construcción de un 
Estado Nacional brasileño digno de ese nombre, e inició la 
larga y vertiginosa marcha hacia la industrialización. 

Getúlio, estanciero gaúcho él mismo, supo colocarse en el 
centro de la escena y dominar rápidamente a los jóvenes 
militares de los que al principio dependía; pero siempre 
supo que la alianza con un sector de las FF.AA. era 
decisiva.  No serían los conservadores dirigentes políticos 
del Brasil rural quienes se jugarían por un destino de 
industrias y clase obrera.  Vargas fortalecería el Estado 
Central y -a través de la legislación que Hélio Jaguaribe 
denominaría "Estado Cartorial"- fue asegurándose el apoyo de 
la clase trabajadora que su propio programa iba originando.

Entre 1930 y 1945, superó conjuras y rebeliones (incluida la 
mencionada secesión armada paulista de 1932 ¡que São Paulo 
celebra aún hoy!), osciló entre uno y otro sector social, 
reconfiguró una y otra vez el estado central, surcó con 
pericia el agitado período de la guerra, y piloteó como un 
florentino una transformación revolucionaria de la 
estructura productiva brasileña.

Aunque logró instalar la gran siderurgia en 1946 (15 años 
antes que nuestra SOMISA), no pudo completar su obra.  Desde 
1937, había estado gobernando con un régimen autocrático, 
sin partidos políticos, llamado Estado Novo.  Cruel a veces, 
y autoritario siempre, cubrió una necesidad histórica 
insoslayable:  fue para el Brasil el período absolutista que 
"sucede y liquida a la anarquía feudal, y antecede y prepara 
la etapa propiamente democrática"[ ]

Al mismo tiempo, Vargas termina con los separatismos, 
interviniendo todos los Estados.  Estos interventores, 
antiguos tenentistas, combaten el particularismo estadual, 
cuyo fin Vargas simbolizará en 1937 quemando en hoguera 
pública las banderas estaduales. 

1945: la retirada táctica de Getúlio Vargas

La primera etapa del proceso de industrialización del Brasil 
(y de creación de un estado nacional digno de ese nombre) 
llevó desde 1930 hasta 1945.  

En 1945, la presión de la inmediata posguerra[ ] obligó a 
Getúlio Vargas, que desde 1937 había gobernado con el 
autocrático Estado Novo, a abrir el régimen y democratizar 
la vida brasileña (quizás de un modo prematuro, habrá 
pensado el gaúcho:  el 70% de la población brasileña seguia 
sumido en la semibarbarie rural y el analfabetismo).  

La burguesía nacional que se había engendrado a partir de la 
Revolución de 1930, básicamente en torno a São Paulo y en 
buena medida a partir de inmigrantes recientes, estaba 
enfeudada ideológicamente al bloque oligárquico-
imperialista.  Temerosa además de que Vargas tramase una 
repetición local del peronismo y sus poderosos sindicatos, 
se sumó a la conspiración oligárquica que orquestaban los 
viejos sectores cafetaleros paulistas desplazados del poder 
en complicidad con un compacto grupo de militares cipayos, 
recién lavada su cabeza por los colegas norteamericanos que 
los habían mandado a la muerte en Monte Cassino.

Tras este bloque se alzaba la imponente cabeza de los 
Estados Unidos.  Políticamente, se expresaba a través de la 
Unión Democrática [!!!] Nacional (UDN), y su vocero era el 
inescrupuloso periodista Carlos Lacerda.  Ricos y 
minoritarios, se consolidaban por medio del terrorismo 
ideológico desde los medios de prensa..

Vargas había organizado el Estado Novo sobre los jóvenes 
oficiales revolucionarios de 1930 y los sectores agrarios 
vinculados al mercado interno, aún contaba con el apoyo del 
grueso de la oficialidad.  Logró mantener a los 
conspiradores lejos del gobierno.  Liquidó el régimen 
autoritario y creó dos partidos políticos que darían 
expresión al movimiento nacional en su conjunto (escindido 
en la base, unificada en la cúpula): el PSD, representante 
de los intereses del interior agrario no exportador, y el 
PTB, que daba dar voz a la clase trabajadora.

Sin embargo, la presión udenista y norteamericana terminaron 
forzando su renuncia; apoyó entonces, aunque no sin reservas 
serias, al candidato del PSD:  el Gral. Dutra, un 
conservador vinculado al sector agrario.  Bajo su mandato se 
sancionó la Constitución de 1946 que le negaba el voto a los 
analfabetos (es decir, al campesinado) y exigía pago previo 
en efectivo de cualquier expropiación de tierras.  Vargas, 
que comprendía el grave escollo que representaban estas dos 
medidas para el proyecto de desarrollo industrial 
autocentrado que venía dirigiendo desde 1930, se alejó del 
Presidente y, prácticamente exiliado en su Río Grande do Sul 
natal, comenzó a preparar su retorno.

Victoria y suicidio

Tras una campaña electoral fulgurante, regresó triunfal en 
1950.  Lo hizo como candidato electoral común de los 
trabajadores (PTB) y los sectores rurales (PSD).  Fue éste, 
sin embargo, un gobierno marcado por crecientes tensiones.

Los trabajadores, pese a la acelerada industrialización, 
seguían siendo muy débiles: la población urbana aún no 
llegaba al 50%.  Los propietarios rurales, a su vez, 
empezaban a inquietarse porque si bien la industrialización 
quitaba presión demográfica en el campo, volvía cada vez más 
aguda la necesidad de una reforma agraria que permitiese 
liberar todas las energías del país.

Vargas no lograba compensar esa defección progresiva de los 
propietarios rurales con el apoyo de la burguesía nacional 
que, cada vez más ciega, caía seducida por el liberalismo 
imperialista, sea que lo difundieran los partidarios 
directos del coloniaje o sus aliados más plebeyos.  Sus 
amigos le escribían que el PSD (los pequeños, medianos y 
grandes propietarios rurales vinculados al mercado interno, 
los bolicheros y profesionales de campaña, el único 
electorado real de un mundo rústico donde campeaba el 
analfabetismo) se acercaba cada vez más a la UDN (la 
burguesía industrial, la clase media urbana, la oligarquía 
cafetalera y su sistema de clases);  el PTB tendía a quedar 
aislado.

Pero Vargas estaba decidido a avanzar.  Apoyado en los 
trabajadores urbanos y el ala nacionalista de las FF.AA., se 
lanzó a ampliar su base rural (dándole el derecho al voto a 
los analfabetos), a incrementar la tasa de capitalización 
del país (restringiendo las escandalosas remisas de 
ganancias de las empresas imperialistas), y asegurar la 
independencia energética (nacionalizando el petróleo y la 
electricidad).  También estaba preparando, en secreto, un 
acuerdo de enorme magnitud con la Argentina peronista, una 
prefiguración (mucho más ambiciosa) del Mercosur actual.

Ni el imperialismo norteamericano, que pasada la guerra 
mundial había comenzado a retomar posiciones en 
Latinoamérica, ni los sectores exportadores, ni los grandes 
terratenientes (cada vez más inquietos ante las crecientes 
premoniciones de reforma agraria) estaban dispuestos a 
tolerar tanto agravio.  La burguesía, ciega de toda ceguera, 
se alineó con estos representantes del orden dependiente.  

Los medios de comunicación, el empresariado y un núcleo 
militar ultragorila acorralaron a Vargas sobre la base del 
moralismo pequeño burgués, el irredentismo estadual y el más 
feroz anticomunismo.  En un sacrificio inmenso y en su 
último gran gesto de político, Getúlio Vargas se suicidó en 
agosto de 1954, arrebatándole a la canalla el triunfo que ya 
creía estar saboreando.  Su "carta testamento" al pueblo del 
Brasil transformó el suicidio en el inicio de una nueva 
etapa de radicalización de las luchas populares y 
patrióticas en el Brasil.

[1]  Más allá de toda polémica sobre la Generación del 80, no se 
puede negar que sometió a Buenos Aires por las armas y sobre esa base 
se lanzó la construcción de un Estado nacional con poder efectivo.

[2] Para colmo, el derrumbe mundial de los precios del café había 
obligado ya en 1920 a financiar sistemáticamente a los productores, 
en lugar de financiar las rentas nacionales con parte de los ingresos 
por exportaciones.

[3]  Rangel, Ignácio.  Do ponto de vista nacional.  
Bienal/BNDES, 1992.  Pág. 38.

[4] Vargas, en su complicada relación con los EE.UU., había aceptado 
el envío de una Fuerza Expedicionaria Brasileira (la FEB) a combatir 
junto a las tropas yanquis en Italia.  A diferencia de la Argentina, 
Brasil no podía darse el lujo de la neutralidad.  A cambio, obtuvo el 
apoyo para construir Volta Redonda.  Pero los EE.UU. se cobraron con 
creces:  será del seno de la FEB de donde surgirán los militares 
hidrofóbicamente antidemocráticos que (autodefiniéndose como 
"democráticos") constituirán, a partir de su retorno de Europa, el 
cimiento profundo de la reacción antinacional.  El lavado de cabeza 
que recibieron en Italia fue mucho más importante que la lluvia de 
balas que soportaron -junto a los polacos- en Monte Cassino, mientras 
sus "aliados" de EE.UU. cubrían la retaguardia, quizás para "ahorrar 
sangre" al estilo de Bartolomé Mitre.



Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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