[R-P] Mendoza: el máximo exponente de la injusticia social
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Ago 18 06:34:15 MDT 2004
[No se trata de que las cifras mendocinas sean peores que las de
otros lugares. Pero sí se trata de que en esta provincia la
distribución del ingreso era sumamente homogénea, mucho más que en el
área metropolitana tomada en su conjunto. La existencia de una
burguesía agraria y una pequeño burguesía vinculada a la
vitivinicultura aseguraba índices razonables de igualdad social.
Vean ahora en qué ha desembocado todo. Eso sí, la industria
vitivinícola se ha "actualizado" con el ingreso de "capitales
extranjeros". Casi preferiría seguir tomando semillón Gargantini, si
éste es el precio. N.G.]
MENDOZA, 18(PSI).- LA BRECHA ENTRE RICOS Y POBRES EN MENDOZA
CRECIÓ EL ÚLTIMO AÑO.
Los mendocinos que más ganan cobran en promedio 22,2 veces
más que los que menos ingresos mensuales tienen. Un número
que traducido en hechos registra los timbres de un latigazo.
La lectura sería más o menos ésta: en un extremo de la tabla
están los lujos y en el otro las necesidades. Y, en ambos,
hay personas con necesidades parecidas. El ingreso medio en
el decil (diez por ciento de la población) que menos gana es
de 96 pesos mientras que en el otro extremo, el 10 por
ciento que más gana percibe 2.154 pesos mensuales en
promedio. Para hacer una comparación más, a la hora del
reparto, los bolsillos del 20 por ciento que más acumula se
llevan el 48,6% de la riqueza. Mientras que, el 20 por
ciento que menos recibe suma tan sólo el 5,2%. Detrás de
estas dos cifras están las diferencias, no sólo
cuantitativas sino, básicamente, cualitativas. Básicamente,
el acceso a una calidad digna de vida. La llamada brecha
entre ricos y pobres es cada vez más preocupante en los
países latinoamericanos. Argentina, que a principio de los
'70 registraba los indicadores sociales más favorables del
cono Sur con niveles similares a los de los países europeos
medios, hoy está cada vez más cerca de los que tienen mayor
desigualdad social. Ocupa el lugar número 11, con una brecha
a nivel país de 31,7 veces (bastante más que la provincial)
entre el que menos gana y el que más. Mientras que en 1995
era de 19,3, según datos de la consultora Equis, de Buenos
Aires. Una mirada retrospectiva en la provincia no muestra
cambios muy significativos en cuanto al indicador de
desigualdad. Una comparación con los datos de 1994, cuando
el país se regía por la convertibilidad, da por resultado un
índice igual al actual: 22,2. Pero en estos diez años, la
brecha local sufrió todas las fluctuaciones de la economía y
la política nacionales. Fue en la época menemista, cuando
algunos argentinos creyeron que estaban más cerca del primer
mundo, cuando más se profundizó la inequidad. Así, en 1995,
la diferencia social dio un salto de 20,6 a 25 veces.
Alrededor de ese índice se mantuvo (salvo mayo de 1998, con
22,6) hasta 2000, cuando bajó a 22,3.
En 2001, la crisis ensanchó la brecha abruptamente a 26,2 y
en ese nivel se mantuvo tras la devaluación de 2002. En la
medición hecha en mayo de 2003, mejoró bastante: bajó a
20,59. El primer trimestre de este año muestra un nuevo
ascenso en la inequidad. Pero la diferencia abismal no sólo
existe entre el decil que menos gana y el que más gana. Sino
que dentro de éste último también hay diferencias notables.
El número de bolsillos realmente holgados, o ricos,
representa tan sólo la quinta parte del 10 por ciento de la
población con mayores ingresos. El resto de ese sector
presenta economías hogareñas más discretas en sus lujos y
consumos, y en general se trata de profesionales, pequeños
empresarios, comerciantes y empleados jerárquicos de
empresas. Futuro condicionado. La distribución negativa de
la riqueza tiene sus consecuencias más directas en la
educación y la salud. Según el sociólogo y docente Carmelo
Cortese, implica hogares desestructurados, chicos que no van
a la escuela y trabajan, aumento de enfermedades infantiles,
desnutrición y delincuencia. Los índices de desigualdad
están muy ligados a los de pobreza. Aunque, según Cortese,
la inseguridad es consecuencia de la primera, no de la
segunda. "La desigualdad es el principal factor de conflicto
social, de irritación, ya que expresa una sociedad injusta".
Y agregó: "Si millones de personas han sido arrojadas a la
desocupación, a la pobreza, a la desigualdad, qué puede
salir de una sociedad a la que la excitan para que acceda a
un mundo de consumismo feroz. Sin duda, la inseguridad es el
resultado de este contraste, que genera odios y
resentimientos", resumió. Las distancias entre las
posibilidades de una punta y la otra de la tabla son
enormes. Cortese lo graficó en circuitos educativos y de
salud a los que acceden uno y otro estilo de vida.
Un niño que nace y crece en el "decil" de mayores ingresos
tiene asegurada su educación en un colegio privado, una
cobertura social más amplia, un círculo social y recreativo
y un futuro profesional.
En cambio, un niño del decil con menos ingresos no sólo no
cuenta con ninguno de estos beneficios sino que además el
tipo de alimentación con la que cuenta frustra su futuro ya
que, si no recibe los nutrientes necesarios durante los
primeros cinco años de vida, su desarrollo intelectual es
muy limitado. Es aquí donde se puede ver claramente la
brecha entre un estrato y otro. "Los efectos en un niño
desnutrido son irreversibles. La brecha se puede achicar en
los números pero no entre este chico y otro que tuvo un buen
pasar", especificó el sociólogo.
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
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