[R-P] Venezuela y los profetas del odio

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Mie Ago 11 09:29:34 MDT 2004


Venezuela y los profetas del odio

Por José Steinsleger

La Jornada, México D.F. 
Miércoles 11 de agosto de 2004 

El mundo tiene los ojos puestos en Venezuela.
Finalmente, este 15 de agosto caerá la moneda que
desde 1998 revolotea en el aire. ¿Cara o cruz? Los
pueblos quieren cara. Sus enemigos, cruz. La
crucifixión del país cuna de la independencia
americana: desestabilización, guerra mediática,
asesinatos políticos... 

A propósito de "asesinatos políticos": ¿la
Internacional Socialista (IS) ya emitió dictamen
contra Carlos Andrés Pérez, su ex vicepresidente
(1980), quien acaba de apoyar el asesinato del líder
de la revolución bolivariana, la disolución de las
instituciones democráticas y la instauración de una
dictadura? La Carta Ética de la IS dice oponerse "...
resueltamente a toda desviación hacia el autoritarismo
y a todo sistema político que tolere y practique la
violación de los derechos humanos para conquistar su
poder". ¿A qué se debe, entonces, el silencio? ¿La IS
respeta todos los "puntos de vista" o sus miembros aún
deben a Pérez parte de los favores recibidos en los
años de la democracia birinbinpum? 

En los círculos del poder imperialista y allegados, la
eliminación física de Chávez se analiza con cuidado.
Nada nuevo. 

En enero de 1912 el ecuatoriano Eloy Alfaro, líder de
la revolución liberal y dos veces presidente electo,
fue asesinado y su cadáver quemado en un parque
central, luego de ser arrastrado por las calles de
Quito. ¿Beneficiarios? El presidente Leónidas Plaza,
jefe del ala conservadora del liberalismo y padre de
Galo Plaza, quien llegaría a ser presidente del país
andino y secretario general de la OEA. 

Un año después, el presidente Francisco I. Madero y
José María Pino Suárez fueron masacrados en las calles
de México. El presidente Álvaro Obregón (1928) y
líderes como Emiliano Zapata (1919), Francisco Villa
(1923), Farabundo Martí (El Salvador, 1932) y Augusto
C. Sandino (Nicaragua, 1934) corrieron la misma
suerte. 

Persuadidos de que la historia de los pueblos sólo
depende de los "caudillos", las oligarquías nativas y
el imperialismo creen que el magnicidio detiene su
marcha. Nadie sabe si al presidente de Bolivia, Germán
Busch, lo mataron o se suicidó (1939). Pero Gualberto
Villarroel, otro gobernante nacionalista, fue colgado
de un farol de La Paz (1946). El asesinato de Jorge
Eliécer Gaitán (1948) abrió de par en par las puertas
del infierno colombiano. En Venezuela, el asesinato
del coronel Carlos Delgado Chalbaud (1950), presidente
de un triunvirato militar, allanó el camino de Marcos
Pérez Jiménez, militar al servicio de los yanquis y de
las compañías petroleras. 

La apuesta imperialista creció en Panamá cuando el
presidente José Antonio Remón murió a tiros en un
hipódromo de la capital (1955). ¿Y quién ordenó el
asesinato de Carlos Castillo Armas, dictador de
Guatemala (1957)? En República Dominicana, Rafael
Leónidas Trujillo dejó de ser funcional al imperio y
un comando de "disidentes" le hizo conocer al tirano
las generales de la ley (1961). René Barrientos,
dictador de Bolivia y asesino del Che, murió en un
accidente aéreo poco aclarado (1969). 

Sólo en Cuba, donde impera el principio de "la nación
en armas" (tan caro a países como Suiza o Israel),
Fidel Castro pudo sortear centenares de atentados.
Suerte que no tuvo Salvador Allende. Suicidado o no,
Allende vivió para Chile y murió combatiendo al
imperialismo en defensa de la Constitución (1973). 

Ex presidentes y líderes del pueblo, como los
generales Juan José Torres y Juan Carlos Prats, de
Bolivia y Chile, o políticos como el uruguayo Zelmar
Michelini (1976) y el boliviano Marcelo Quiroga Santa
Cruz (1980) murieron en el marco de la Operación
Cóndor, dirigida por Augusto Pinochet y la CIA. 

El avión de Jaime Roldós, presidente de Ecuador, y el
helicóptero del panameño Omar Torrijos estallaron en
el aire (1981). Casualmente ambos estaban señalados en
el documento Santa Fe I, redactado por los asesores de
Ronald Reagan. El Santa Fe IV señala a Hugo Chávez. 

América para los americanos. A inicios de la Segunda
Guerra Mundial, el 27 de octubre de 1940, el general
estadunidense Robert E. Word declaró que no se iban a
tolerar "gobiernos hostiles a Estados Unidos". Seis
décadas después, el general James Woolsey, ex director
de la CIA, dijo: "... ingresamos en la cuarta guerra
mundial... Estados Unidos está en marcha... queremos
que estén nerviosos"(Clarín, Buenos Aires, 6 de abril
de 2003). 

¿Quiénes estarán "nerviosos"? Cantaba Alfredo
Zitarrosa, conocido filósofo uruguayo: 

No hay cosa más sin apuro
que un pueblo haciendo la historia
no lo seduce la gloria
ni se imagina el futuro
marcha con paso seguro
calculando cada paso
y lo que parece atraso
suele transformarlo pronto
en cosas que para el tonto
son causa de su retraso.



	
	
		
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