[R-P] [Nota de Alan Woods] LA ESTUPIDEZ SECTARIA Y LA REVOLUCIÓN
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Ago 10 09:37:32 MDT 2004
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Distribuido por: "\(Redial\) Red Simón Bolívar"
Subject: LA ESTUPIDEZ SECTARIA Y LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA por Alan Woods (El Militante)
10-08-2004
La estupidez sectaria y la revolución venezolana
Alan Woods
El militante
Una zorra que se moría de hambre vio unos racimos que colgaban de lo
alto de una parra. Estaban maduros, y la zorra se moría de ganas de
comérselos, pero por más que saltó y saltó, la parra era tan alta que
no los pudo alcanzar. Mientras se iba, sin poder comérselos, pensaba:
Si hubiera querido, habría podido comerme estas uvas, pero están tan
verdes que no vale la pena que me esfuerce.
Esopo. La zorra y las uvas
La actitud hacia la revolución es la prueba decisiva para los
revolucionarios. Pero sorprendentemente muchos de los que se llaman a
sí mismos marxistas, han demostrado ser orgánicamente incapaces de
comprender la revolución venezolana o intervenir en ella. Hace dos
años, cuando el intento de golpe de estado contra el gobierno de
Chávez fue derrotado por el movimiento revolucionario de las masas,
la respuesta de la izquierda, internacionalmente, fue un silencio
ensordecedor. No tenían nada que decir. Aparentemente ni siquiera
podían encontrar en el mapa a Venezuela.
Esto no debería sorprendernos. Los grupos sectarios que siempre están
haciendo escándalo en los márgenes del movimiento obrero en todos los
países, están demasiado ocupados construyendo partidos
revolucionarios de masas de dos hombres y un perro, no preocupándose
por el movimiento real de la clase obrera, ya sea en Venezuela o en
cualquier otra parte.
Así que causa cierta sorpresa cuando de repente todas estas damas y
caballeros se dan cuenta y comienzan a vociferar sobre la revolución
venezolana. Bueno, no exactamente sobre la revolución venezolana,
sino más bien sobre los terribles crímenes de Alan Woods y
www.marxist.com con relación a la revolución venezolana. Para estos
grupos el movimiento real de la clase obrera no es muy interesante.
En su lugar, pasan cada minuto de su vida examinando las páginas web
de los otros grupos de izquierda para ver donde pueden atacarlos.
En lugar de atacar a los reaccionarios, a los capitalistas e
imperialistas, para ellos es más interesante gastar el tiempo
atacando no al enemigo real, sino a otros grupos de la izquierda. Nos
recuerdan a la famosa escena de la película La vida de Brian, donde
un pequeño grupo estaba obsesionado en luchar contra otro. Estos
grupos en realidad sólo pueden provocar risa, pero sus publicaciones
son muy inferiores al guión de Monty Python. Por sí mismos no son
interesantes. Pero desgraciadamente le dan al marxismo y es triste,
pero particularmente al trotskismo, un mal nombre entre los
trabajadores y jóvenes honestos de todas partes.
La tendencia marxista tiene muchos enemigos: los lobos hambrientos
del imperialismo y el capitalismo, y sus aliados reformistas en el
movimiento obrero. Estos son enemigos serios y la mayor parte de
nuestro tiempo la dedicamos a luchar contra ellos. Después están las
sectas, que corren detrás de nosotros ladrando y mordiendo en
nuestros talones como un perro pequeño. Normalmente las ignoramos.
Pero ocasionalmente -muy ocasionalmente- nos vemos obligados a dar un
pequeño puntapié para deshacernos (al menos durante un tiempo) de ese
pequeño fastidio.
En las últimas semanas ciertos sectores de la fraternidad sectaria
han estado agitándose furiosos (siempre deben estar furiosos por
algo) por la visita de Alan Woods a Caracas y su reunión con el
presidente Chávez. Esto les ha provocado un ataque de rabia. Para
ellos estas acciones representan una traición a la clase obrera, el
socialismo y la revolución. Sobre este incidente han creado toda una
mitología. Por supuesto, han gastado mucho tiempo en estas
actividades que sirven como sustituto del trabajo serio.
¿Cuáles son los hechos? Alan Woods, el editor de la revista marxista
británica Socialist Appeal y www.marxist.com fue invitado para
asistir a la reunión internacional de solidaridad con la revolución
venezolana de abril. No se pusieron ningún tipo de condiciones a esta
invitación. El autor de estas líneas tuvo total libertad para
defender su punto de vista -las idea del marxismo revolucionario-
ante una amplia audiencia que incluía trabajadores, sindicalistas y
revolucionarios de toda América Latina.
No dudé en aceptar. No tengo razón para arrepentirme de esta decisión
que abría muchas posibilidades para la tendencia marxista
revolucionaria a través de América Latina. En realidad, creo que no
tenía ningún derecho a rechazar este ofrecimiento. Ninguno de los
grupos que ahora están echando espuma por la boca por esta visita
fueron invitados a esta reunión. Esta es la principal razón para su
indignación. En el caso hipotético de que hubieran recibido tal
invitación ¿habrían aceptado? Nunca lo sabremos. Pero no importa
porque, de cualquier forma, todos sabemos que las uvas de Esopo
estaban verdes.
La pregunta que surge ahora es la siguiente: ¿por qué Alan Woods fue
invitado y sus críticos no? La razón no es difícil de encontrar.
Fuimos invitados porque, a diferencia de nuestros amigos sectarios,
hemos intervenido activamente en la revolución venezolana desde el
principio. Nuestros artículos, que contienen un punto de vista
marxista y revolucionario consistente, han circulado ampliamente
dentro de Venezuela. Nuestras ideas son muy conocidas en los círculos
revolucionarios y han tenido cierto impacto. ¿Qué eco han tenido las
ideas de nuestros críticos en Venezuela? Ninguna en absoluto. Es
difícil que un silencio ensordecedor encuentre eco de cualquier tipo.
Ahora, mucho después, han encontrado algo que decir. Han buscado en
un atlas escolar y han encontrado que existe un país llamado
Venezuela. ¡Más vale tarde que nunca! Pero el propósito de este
repentino interés en la geografía no es intervenir en la revolución
venezolana. ¡No! El propósito es atacar a Alan Woods y a los
compañeros de la Corriente Marxista Revolucionaria que están luchando
activamente para construir una tendencia marxista en Venezuela.
¿De qué se nos acusa? De que In Defence of Marxism y Socialist Appeal
estemos enamorados hasta tal punto de la revolución venezolana que
hemos proporcionado una pintura "marxista" a la política pro-Chávez.
El hecho de que nuestros amigos pongan entre comillas la palabra
revolución nos dice mucho de donde provienen. En coincidencia con
todas las demás sectas, se niegan a tener conocimiento de la
existencia de una revolución en Venezuela. Ese es su punto de
partida.
En el artículo ¨Los marxistas y la revolución venezolana¨ ya tratamos
esta cuestión en detalle. En ese artículo señalábamos que, como
explicaba Trotsky, la característica esencial de cualquier revolución
es la participación activa de las masas, que toman el camino de la
revolución buscando una salida a la crisis. Esta es la característica
decisiva de la revolución venezolana y ninguna de las sectas lo ha
entendido. El magnífico movimiento de los trabajadores, campesinos y
pobres urbanos venezolanos es una inspiración para los trabajadores y
jóvenes de todo el mundo. Salvaron hace dos años la revolución y
desde entonces han sido la principal fuerza motriz.
Impotencia sectaria
El deber elemental de los marxistas es estar junto a las masas contra
el imperialismo y la contrarrevolución. ¿Sí o no? A esto el sectario
no tiene respuesta. Está demasiado ocupados buscando los palos y las
piedras para arrojárselos a los marxistas revolucionarios como para
observar algo tan trivial como el movimiento de masas. En cambio, los
verdaderos marxistas toman como punto de partida el movimiento de
masas, se orientan hacia él, entablan un diálogo con sus elementos
más avanzados e intentan ganarlos para una línea de clase
revolucionaria consistente.
El sectario es como un hombre que quiere aprender a nadar leyendo
libros de natación. Aprende de memoria todo sobre el estilo y puede
dar una lección completa sobre el arte de la natación, con diagramas
sobre anatomía, ecuaciones sobre la resistencia al agua, un
termómetro para medir la temperatura correcta del agua, etc. Pero
cuando llega el momento de sumergirse de repente siente un rechazo,
se queja de que el agua está demasiado fría, las condiciones no son
las correctas y cientos de otras razones que le impiden nadar.
Sin embargo, cuando este hombre ve a otro que realmente está nadando
en el agua su indignación no conoce límites: "¡Esto es intolerable!"
Ese hombre está utilizando un estilo equivocado, él no debería nadar
en absoluto. Yo debería estar en su lugar. Estoy seguro de que yo lo
podría hacer mucho mejor -¡si sólo pudiera mantenerme en el agua!-.
Por supuesto, estas personas nunca aprenderán realmente a nadar. Pero
siempre darán el mejor consejo posible sobre cómo se debería hacer y
criticarán despiadadamente cualquier desviación del estilo correcto.
En un esfuerzo por desacreditar a los marxistas, las sectas han
pasado mucho tiempo leyendo cada línea de nuestros artículos sobre
Venezuela. Estamos encantados al ver tal grado de atención y
esperamos que nuestros amigos hayan aprendido algo útil de esta
lectura. Pero, teniendo en cuenta la experiencia pasada, no tenemos
demasiada confianza en este aspecto.
Es necesaria la intervención activa
Si se escriben artículos que difícilmente alguien vaya a leer -que
siempre es el caso de las sectas- se puede correr el riesgo de
escribir algo que sólo quede en la cabeza de su autor. Realmente no
hay diferencia, al igual que con los artículos de nuestros críticos.
Pero la tendencia marxista revolucionaria, a la que tengo el honor de
representar, ha estado interviniendo activamente en el movimiento de
masas en Venezuela, ganando a trabajadores y jóvenes, construyendo
una Corriente Marxista Revolucionaria. Nuestros artículos los leen
cada semana un gran número de activistas. Esto significa que debemos
pensar cuidadosamente qué escribimos. Nuestros críticos, por otro
lado, no tienen ninguna cohibición y pueden ser tan irresponsables
como quieran.
Desde el principio siempre hemos mantenido una posición firme y de
principios con relación a la revolución venezolana. Nunca nos hemos
desviado ni un solo milímetro de una firme postura revolucionaria de
clase. Nuestros críticos no pueden citar una sola línea que demuestre
lo contrario. Desde el principio dijimos que la revolución venezolana
había comenzado y que no se podía terminar hasta que se acabara con
el poder de la oligarquía venezolana.
Esto significa la expropiación de la tierra, los bancos y la gran
industria bajo el control y gestión de los trabajadores. Eso
significa el armamento del pueblo. Significa la creación de comités
de acción coordinados local, regional y nacionalmente. Eso significa
que la clase obrera debe organizarse independientemente y luchar para
situarse a la cabeza de la nación. Y eso significa que la tendencia
marxista debe luchar para ganar a la mayoría del movimiento
revolucionario.
Hemos explicado esto mil veces. Lo hemos escrito en artículos y
documentos. Yo personalmente he defendido estas ideas ante grandes
audiencias en Venezuela, en una reunión con 200 activistas de los
Círculos Bolivarianos en Caracas, en la radio y la televisión
venezolanas. Nuestras ideas son ampliamente conocidas en Venezuela e
internacionalmente. Están puestas en nuestra página web que recibe
una media de 20.000 visitas cada día procedentes de todo el mundo.
Francamente, es difícil saber qué más podemos hacer para explicar
nuestra posición. Aún así nuestros críticos no están satisfechos.
¿Por qué no están satisfechos? Porque, dicen, tenemos una actitud
demasiado amistosa hacia Chávez. Hacen referencia desdeñosamente a la
entrevista que mantuve con Hugo Chávez que triunfalmente señalan como
una prueba incuestionable de "traición".
Nos gustaría satisfacer a todo el mundo, por supuesto. Pero no
siempre es posible. ¿Cómo podemos satisfacer a nuestros críticos?
¿Qué posición defienden ellos? ¡Les gustaría denunciar a Chávez como
un bonapartista burgués! Esta propuesta demuestra lo alejados que
están de la realidad estas personas. Eso los aislaría inmediatamente,
no sólo de las masas que están firmemente detrás de Chávez, sino
también de los activistas, la mayoría de los cuales permanecen leales
a Chávez, incluso aunque cada vez tengan más críticas y dudas.
Las sectas imaginan que criticar siempre significa denunciar. Por eso
sus artículos y documentos están siempre llenos de denuncias
histéricas contra todo el mundo, excepto contra sí mismos. Todo
dirigente obrero es descrito como un traidor. Toda huelga será
traicionada antes de que ni siquiera comience y así sucesivamente.
Hugo Chávez es un traidor (y hay que gritarlo a los cuatro vientos).
Alan Woods es un traidor. En realidad, todo el mundo es un traidor,
excepto yo mismo y la pequeña secta a la que pertenezco.
No hace mucho tuve una conversación con un fanático religioso que me
aseguraba que el día del juicio final sólo los miembros de su grupo
(no puedo recordar la secta a la que pertenecía) tendrían garantizado
el paraíso. Le dije que por lo tanto el resto del mundo iría al
infierno y que, si este era el caso, la visión sería de miles de
millones de hombres, mujeres y niños desolados. Ante esto simplemente
se encogió de hombre. Me dio la impresión de que ni siquiera
comprendía lo que yo estaba diciendo.
Uno tiene un sentimiento similar cuando leemos el material de las
sectas políticas. Tienen una psicología similar. Sin duda se sienten
mucho mejor después de haber abusado verbalmente de todos los demás.
Pueden después retirarse con un espléndido sentimiento de
superioridad sin importarles el mundo. Sin embargo, este tipo de
cosas aleja a los trabajadores honestos y les produce repugnancia.
Ese no es el método del marxismo sino sólo una burda caricatura que
sirve para desacreditar el marxismo. Es totalmente contraproducente.
Los trabajadores se sienten alejados de estas tácticas que en
realidad sirven para echarlos en brazos de los mismos dirigentes a
los que ellos han denunciado.
No lo hemos hecho ni adoptaremos estas tácticas. Es necesario
distinguir el marxismo de las otras tendencias en el movimiento de
masas, pero esto no se consigue con gritos e insultos. Nuestra
crítica tiene un carácter político y se plantea de una forma
positiva. Seguimos el consejo de Carlos Marx que, cuando tenían que
tratar con los dirigentes sindicales reformistas ingleses del Consejo
General de la Primera Internacional, decía que él siempre era "suave
en los modos pero valiente en el contenido".
Nuestro método no es denunciar a los gritos como las sectas sino lo
que Lenin defendía en 1917: ¡explicar pacientemente! Ese es el
verdadero método del bolchevismo. Esa es la única forma de proceder,
ya sea en Venezuela o en cualquier otra parte.
Las tácticas en los países ex - coloniales
Nuestros críticos protestan, en principio, por mi reunión con Chávez
y nuestra actitud amistosa hacia el movimiento chavista. Para un
marxista serio sería imposible plantear de esta forma la cuestión.
Esta actitud sería una completa violación de todo lo que Lenin y
Trotsky escribieron sobre la revolución colonial. Lenin y Trotsky
explicaron que en los países coloniales y ex - coloniales los
marxistas tenían una obligación absoluta de apoyar los movimientos
antiimperialistas, entrar en contacto con ellos, establecer acuerdos
militantes con ellos e intentar llevarlos hacia la izquierda,
mientras que al mismo tiempo trabajamos por construir la fuerzas
independientes del proletariado.
Por supuesto que para participar en un frente único la condición
previa es que la tendencia proletaria en todo momento mantenga su
total independencia política y organizativa. Debe tener libertad de
crítica. Lenin explicó que cuando uno está luchando con aliados, es
necesario siempre mantener un ojo en el enemigo y el otro en el
aliado, que en cualquier momento puede romper filas y dejarte
plantado. Todo es correcto y es realmente el ABC para los marxistas.
En general, las relaciones de clase en los países semicoloniales son
más complejas que en los países capitalistas desarrollados. Al lado
del proletariado hay un gran número de capas pequeño burguesas y
semiproletarias, campesinos, desocupados, vendedores callejeros,
marginados, etc. Para preparar las condiciones para la revolución
socialista es necesario que el proletariado no sólo desarrolle sus
propias organizaciones independientes, sino también establecer
vínculos firmes con estas capas e impulsarlas en una dirección
revolucionaria. Sin este trabajo la revolución proletaria sólo sería
una frase vacía.
En Venezuela la aplastante mayoría de estas capas (y la gran mayoría
de la clase obrera) son chavistas. Si los marxistas venezolanos no
quieren verse condenados al total aislamiento y la impotencia, deben
trabajar para crear lazos con el movimiento bolivariano, empujarlo
hacia la izquierda e intentar ganarlo para la política y el programa
del marxismo.
"¡Pero esto significa ganar a la base y no a los dirigentes!" Este
argumento de las sectas está tan equivocado como todo lo que
escriben. Las masas en Venezuela siguen a sus dirigentes y tienen fe
en ellos. No están todavía convencidos de las ideas de los marxistas.
Aprenderán de la experiencia y debemos ser pacientes para pasar estas
experiencias con ellos, explicar pacientemente lo que es necesario en
cada momento.
La idea de que es posible separar a las masas de sus dirigentes con
simples denuncias y ultimátums es una verdadera locura. Es la famosa
"teoría" defendida por los estalinistas alemanes en su fase
ultraizquierdista a principios de los años treinta, el llamado
"frente único desde abajo" y que Trotsky rechazó firmemente. Ellos
decían a los trabajadores socialdemócratas: "Los invitamos a unirse
con nosotros en un frente unido, pero vuestros dirigentes son todos
traidores burgueses, deben abandonarlos". No hace falta demasiada
imaginación para saber como reaccionaron los trabajadores
socialdemócratas ante esta oferta.
Cuando nuestros críticos ponen objeciones a mi reunión con Chávez y a
nuestro trabajo conjunto con los chavistas ¿qué intentan decir?
¿Están diciendo que en principio no está permitido a los marxistas
entablar un diálogo con los dirigentes del movimiento democrático
revolucionario en un país semicolonial, que está al frente de
millones de trabajadores, campesinos y pobres? ¿Están diciendo que en
un país semicolonial no está permitido a los marxistas formar un
frente único con estas personas, llegar a un acuerdo militante con el
objetivo de luchar contra el imperialismo y la oligarquía? Esto
realmente es la cima de la puerilidad.
Los marxistas no participan en el frente único como una maniobra o
truco para engañar a las masas, sino como una propuesta honrada con
que unir actividades para conseguir un objetivo acordado, como la
lucha contra el imperialismo. Estamos de acuerdo en que esto es
necesario y participaremos en todas y cada una de las actividades que
contribuyan al éxito de la lucha antiimperialista. Pero decimos que
la única forma de derrotar al imperialismo y consolidar las
conquistas de la revolución bolivariana (democrático burguesa) es
expropiando a la oligarquía. Es decir, mantenemos que la única forma
de llevar a cabo las tareas de la revolución democrático burguesa en
Venezuela es transfiriendo el poder a la clase obrera, formando una
alianza con los campesinos y pobres urbanos.
Hemos defendido firmemente esta cuestión desde el principio y la
hemos defendido desde cualquier plataforma que hemos tenido a nuestra
disposición. Sobra decir que la mayor parte del trabajo de los
marxistas venezolanos se realiza en la base. Pero donde sea posible
defender nuestras ideas ante los dirigentes del movimiento
bolivariano -incluido Hugo Chávez- no dudaremos en hacerlo.
Nuestra actitud hacia Chávez
Trotsky dijo que la revolución colonial puede generar los dirigentes
más excepcionales, y Hugo Chávez es uno de estos dirigentes. Por eso
los imperialistas han puesto todas sus energías en echarlo. En la
campaña del referéndum, los marxistas venezolanos están luchando
hombro con hombre con nuestros compañeros bolivarianos para derrotar
a la oposición contrarrevolucionaria. Defendemos a Hugo Chávez porque
si los reaccionarios consiguen su destitución sería un golpe
devastador contra las fuerzas revolucionarias en Venezuela y en toda
América Latina. Este es un ejemplo concreto de frente único en
acción.
¿Pero esto significa que no hay diferencias entre Hugo Chávez y los
marxistas? En absoluto, nosotros nunca hemos dicho tal cosa. En el
transcurso de nuestra conversación, Chávez me dijo que él no era un
marxista. Y le dije que yo sí lo era. El punto de vista de Hugo
Chávez es el de la democracia pequeño burguesa revolucionaria
mientras que el del marxismo es la revolución proletaria.
En las condiciones específicas de la revolución venezolana, el punto
de partida es la lucha contra el imperialismo, por la
autodeterminación nacional, por el derecho del pueblo venezolano a
tener el control de sus propios recursos naturales y a decidir su
propio destino sin ingerencia externa, por eso es posible y necesario
que estas dos tendencias colaboren. Pero las diferencias siguen ahí y
deben ser resueltas de una forma u otra en el futuro.
En la medida que la democracia revolucionaria lucha contra el
imperialismo, podemos y debemos trabajar con ella e intentar llevarla
hacia la izquierda, mientras construimos una corriente revolucionaria
proletaria independiente. Pero por su propia naturaleza, incluso los
mejores demócratas revolucionarios tienden al compromiso y a
detenerse a medio camino. No tienen una visión de clase clara de la
lucha antiimperialista e intentan unir "la nación" basándose en un
programa que, a pesar de sus aspectos radicales, no va más allá de
los límites del sistema capitalista.
Esta es la debilidad de la democracia pequeño burguesa
revolucionaria, y lo que en última instancia la lleva a rendirse ante
la oligarquía y el imperialismo. Ese peligro está presente ahora. Sin
embargo, este resultado no está establecido de antemano. La dinámica
de la revolución venezolana está determinada sobre todo por la
correlación de fuerzas de clase. El magnífico movimiento de las masas
han intervenido en cada una de las etapas decisivas para derrotar la
contrarrevolución e impulsar la revolución hacia adelante. Debemos
basarnos en el movimiento de masas, en los infalibles instintos
revolucionarios de los trabajadores, campesinos y pobres urbanos, e
intentar dar una forma organizativa y política clara a estos
instintos.
Mi encuentro con Chávez
"Woods fue recibido por el presidente Chávez en una audiencia privada
que duró más de una hora" dicen mis críticos. Sí, es verdad, ¿y este
hecho revela algo? Demuestra que a la tendencia marxista en Venezuela
se la toma en serio y a otros grupos no. Demuestra que con la campaña
Manos Fuera de Venezuela nos hemos ganado un respeto que los otros no
han conseguido y no se merecen.
Debemos ser claros. La tarea de construir las fuerzas del marxismo no
se produce por arriba sino en la base, y es donde la Corriente
Marxista Revolucionaria está trabajando con éxito. Pero eso no
significa que sea incorrecto entrar en contacto con los dirigentes
del
movimiento bolivariano, abrir un diálogo con ellos y, en la medida
que
sea posible, intentar influenciarlos. Hasta qué punto estas
discusiones tendrán un efecto es imposible de decir. Eso dependerá,
no
de las conversaciones, sino de la correlación de fuerzas de clase y
la
forma en que se desarrolle la revolución.
Se ha armado mucho alboroto con lo que realmente fue un contacto
limitado entre el líder de la revolución bolivariana y el editor de
www.marxist.com. Incluso se ha llegado a sugerir que me he convertido
(o que aspiro a serlo) en uno de los asesores del presidente. Creo
que
el presidente tiene muchos asesores -y no todos le dan buenos
consejos-. No he recibido ninguna invitación para unirme a su equipo
y
espero no recibirla. No creo que mi influencia sobre las acciones del
presidente cuenten demasiado. Ciertamente algunos de sus últimos
discursos reflejan influencias muy alejadas de cualquiera de mis
opiniones.
Dejando eso claro emprendo la tarea de considerar si es un error de
principios intentar influir en los dirigentes de un movimiento
revolucionario que implica a millones de trabajadores y campesinos
pobres. Si es así discrepo. Si es posible influir en Chávez o en
cualquier otro dirigente de la revolución bolivariana, ciertamente
debemos intentar hacerlo, como hicieron Lenin y Trotsky en muchas
ocasiones. Sin embargo, esa no es nuestra tarea principal. Nuestra
tarea principal es trabajar pacientemente en la base, construir una
tendencia marxista. Eso es lo que siempre debemos tener firmemente en
nuestra mente.
En el movimiento hay diferentes tendencias que están muy lejos de ser
homogéneas. En última instancia, estas tendencias reflejan intereses
de clase antagónicos. Es necesario adoptar una actitud cuidadosa ante
las diferentes tendencias del movimiento bolivariano. La dirección
sufre la presión del imperialismo y la oposición, y uno de los
sectores -el reformista- refleja esta presión. Pero también hay una
poderosa presión de la base del movimiento, de los trabajadores y
campesinos, y esta encuentra su reflejo en el sector de izquierda.
Hay un profundo conflicto en la cúpula del movimiento bolivariano
entre las alas de derecha y de izquierda. La tendencia
socialdemócrata, reformista, está intentando frenar la revolución y
llegar a un acuerdo con la oligarquía y el imperialismo, en cambio,
el
ala de izquierda chavista quiere llevar la revolución hasta el final.
Hugo Chávez algunas veces ha reflejado las presiones del ala de
izquierda y de las masas. Pero en otras, ha cedido a la presión del
ala reformista. Todo el mundo sabe que no es una tarea fácil
conseguir
ver al presidente y que una audiencia de casi una hora y media es
algo
que prácticamente no tiene precedentes. Tampoco es un secreto que la
burocracia reformista de palacio no estaba demasiado contenta con
esta
reunión e intentó impedir que se realizara.
¿Cuál es la razón de principios para no poder hacer la reunión con el
presidente? Ninguna en absoluto. No había condiciones ni
restricciones
en lo que podía decir. Me dio la oportunidad de formarme mi propia
opinión sobre el hombre y sus ideas. Más tarde escribí mis
impresiones
en Mi encuentro con Hugo Chávez. Este artículo fue tomado por las
"sectas" como una prueba de que yo había dado un "apoyo
incondicional"
a Chávez.
El artículo que provoca esta explosión de indignación no es un
análisis de Chávez o el chavismo, más bien se trata de un artículo,
más o menos periodístico, sobre mi reunión con el presidente. Es más
literario y descriptivo que teórico. En el marxismo también hay lugar
para esta literatura, pero ese no es el lugar para buscar nuestra
posición rigurosa sobre Chávez y Venezuela. Eso se puede encontrar en
otros muchos escritos como las Tesis sobre la revolución y la
contrarrevolución.
Sin embargo, si nuestros críticos se hubieran tomado la molestia de
citar adecuadamente este artículo, en lugar de sacar frases aisladas,
fuera de contexto y presentadas de una forma que tiene la intención
de
dar una impresión distorsionada y deshonesta de nuestras ideas, se
habría podido ver que nosotros planteamos muy claramente una política
marxista revolucionaria. Al principio de este artículo escribía las
siguientes líneas que si se citan completas no dan margen a la
ambigüedad:
"También tuve la oportunidad de reunirme y conversar con el
presidente
de la República Bolivariana, Hugo Chávez. Como escritor e historiador
marxista suelo escribir sobre hombres y mujeres que han hecho
historia. Pero no es algo habitual tener la oportunidad de observar
de
cerca a un protagonista del proceso histórico, hacerle preguntas y
poder formarme una impresión no a partir de los artículos aparecidos
en los periódicos, sino a partir de mi experiencia personal.
Me gustaría dejar algunas cosas claras antes de entrar en materia.
Abordo la revolución venezolana como un revolucionario y no como un
observador externo, y por supuesto no como un adulador o un
sicofante.
La adulación es la enemiga de las revoluciones porque es enemiga de
la
verdad y las revoluciones por encima de todo necesitan conocer la
verdad. El fenómeno del "turismo revolucionario" lo encuentro
profundamente detestable. En el caso de Venezuela está
particularmente
fuera de lugar porque aquí la revolución se encuentra en un gran
peligro. La gente que hace discursos estúpidos que constantemente
hablan de las maravillas de la revolución bolivariana pero que
ignoran, convenientemente, los peligros a los que aún se enfrenta,
son
falsos amigos de la revolución y no se puede confiar en ellos.
Una revolución triunfante siempre tiene muchos "amigos". Esos
elementos de clase media que se sienten atraídos por el poder, como
ocurre con las moscas y la miel, que están dispuestos a alabar la
revolución en la medida que ésta siga en el poder, que no hacen nada
útil para salvarla de sus enemigos, que derraman lágrimas de
cocodrilo
cuando es derrocada y al día siguiente pasan a la siguiente cuestión
que tienen anotada en su agenda, estos "amigos" no merecen la pena.
Un
verdadero amigo es alguien que siempre te dice lo que haces bien,
pero
también es aquel que no teme mirarte directamente a los ojos para
decirte en que te has equivocado . Los mejores amigos de la
revolución
venezolana -en realidad los únicos amigos verdaderos son la clase
obrera mundial y sus representantes más conscientes- son los
marxistas
revolucionarios. Estas son las personas que mueven cielo y tierra
para
defender la revolución venezolana contra sus enemigos. Al mismo
tiempo, los verdaderos amigos de la revolución -amigos leales y
honestos- siempre hablan sin temor. Si consideramos que está
siguiendo
el camino correcto lo elogiaremos, si pensamos que está cometiendo
errores realizaremos una crítica amistosa pero firme. ¿Qué otro tipo
de comportamiento se puede esperar de los verdaderos revolucionarios
e
internacionalistas?
En un discurso tras otro en Venezuela -incluidas varias entrevistas
en
televisión- me preguntaron mi opinión sobre la revolución venezolana
y
respondí en el siguiente sentido: "Vuestra revolución es una
inspiración para los trabajadores de todo el mundo; habéis conseguido
milagros; sin embargo, la fuerza motriz de la revolución es la clase
obrera y las masas, ahí está el secreto de su futuro triunfo. La
revolución no ha terminado aún y no terminará hasta que destruya el
poder económico de los banqueros y los capitalistas. Para
conseguirlo,
las masas deben armarse y organizar comités de acción en cada uno de
los niveles. Los trabajadores deben tener sus propias organizaciones
independientes y deben construir la Tendencia Marxista
Revolucionaria".
En estas líneas, publicadas en inglés y castellano en todo el mundo,
no hay un ápice de oportunismo. Reflejan con certeza el contenido y
espíritu real del programa del marxismo revolucionario que hemos
defendido consistentemente. Afirmar que de alguna forma mi encuentro
con Chávez representaba un abandono de estas ideas y principios es
una
total invención de personas malintencionadas.
Desgraciadamente algunas personas nunca están satisfechas. Una vez
iniciada la queja ésta no tiene final. Es su privilegio. Quejarse no
cuesta nada y es uno de los pocos placeres de la vida cuando no
tienes
otra cosa que hacer. No les gusta lo que escribo sobre Chávez en mi
artículo, donde escribo que "Hugo Chávez por primera vez dio a los
pobres y oprimidos una voz y alguna esperanza". Y "de mis limitados
contactos con Hugo Chávez estoy firmemente convencido de su
honestidad
personal, valor y dedicación a la causa de las masas, los oprimidos y
explotados".
Estas son mis impresiones personales de Hugo Chávez que, como hombre,
encontré que era honesto y valiente. No veo razón para cambiar estas
ideas. ¿Estas líneas significan realmente un apoyo incondicional a
Chávez? No significan tal cosa. Nuestra actitud hacia Chávez en todo
momento ha sido un apoyo crítico. Es decir, apoyaremos a Chávez en la
medida que golpee al imperialismo y la oligarquía, pero lo
criticaremos cuando vacile o haga concesiones al imperialismo y la
oligarquía.
Nuestra política sigue firmemente la línea de la política leninista
del frente único: marchar separados y golpear juntos. No damos a
nadie
un cheque en blanco. Siguiendo el consejo de Lenin mantenemos un ojo
en nuestros aliados. En ningún momento olvidamos que representamos
dos
tendencias diferentes que pueden y deben colaborar pero que en
determinado momento divergirán.
La fuerza de las ideas marxistas
Nuestros críticos están aún menos contentos con la actitud favorable
que mostró Hugo Chávez hacia ciertos libros. Me dijo que era un ávido
lector y dijo en varias ocasiones que le había impresionado mi libro
Razón y revolución. Se menciona el hecho de que el presidente haya
dado su apoyo personal a la publicación de una edición venezolana de
Razón y revolución, y parece como si fuera algo sospechoso o
censurable. Todo lo contrario, es un acontecimiento muy positivo y
sólo un sectario empedernido puede quejarse de ello.
¿Por qué el presidente Chávez no habla favorablemente de cualquier
otro grupo marxista? No por su "intransigencia revolucionaria", sino
simplemente porque ninguno de ellos ha movido un dedo para apoyar la
revolución venezolana contra el imperialismo o se ha tomado la más
mínima molestia en ello hasta ahora. Dicen que Chávez me "aduló" en
su
programa Aló Presidente, cuando hizo menciones favorables de Razón y
revolución y Bolchevismo, el camino a la revolución.
Es verdad que el presidente hizo algunos comentarios complementarios
sobre mi libro Razón y revolución y también citó con aprobación estos
libros en el programa. Si esto constituye o no una adulación no lo
sé.
Lo que sí se es que estos libros han sido muy bien recibidos por
muchas personas. Yo no tomo esto como una alabanza a mí mismo, sino
como una confirmación del poder de las maravillosas ideas del
marxismo. En cuanto a mí, los insultos y las adulaciones realmente me
dan igual. La causa de la revolución socialista es muy importante
para
nosotros como para preocuparnos de cosas tan triviales.
Lo que aquí tenemos es el método absolutamente típico de la sectas.
No
es el método científico serio. No tiene nada que ver con el marxismo.
Es trivial y superficial. Se basa en una serie de anécdotas y chismes
que pretenden ser un sustituto del argumento y el análisis serio. Eso
no supone clarificar o elevar el nivel político del lector. Sólo
supone denigrar, insultar y ridiculizar, aunque ni siquiera saben
hacer esto de una manera eficaz. Al final de esto no se puede
aprender
absolutamente nada. Sólo es una lección horrorosa de cómo no
trabajar,
hablar o escribir.
Como autor de varios libros marxistas me gustaría decir lo siguiente.
El hecho de que el presidente de Venezuela citara en televisión
libros
marxistas ante millones de personas en realidad debería ser una
satisfacción para cualquier activista de la izquierda que no esté
cegado por el prejuicio sectario. Independientemente de la opinión
que
uno tiene de Hugo Chávez, la propagación de la literatura marxista
ante una audiencia de millones -principalmente trabajadores y
campesinos- es un hecho muy progresista que sólo puede beneficiar, a
los marxistas venezolanos que están trabajando para ganar a la
mayoría
del movimiento revolucionario.
Debería añadir que muchos trabajadores, sindicalistas y activistas
que
vieron el programa más tarde me hicieron comentarios favorables y me
expresaron sus felicitaciones. Eso es importante. El gemido de las
sectas no.
La campaña Manos Fuera de Venezuela
Nuestros amistosos críticos también atacan la campaña Manos Fuera de
Venezuela (MFV), dicen que proporciona una cobertura de izquierda a
Hugo Chávez. Se quejan de que la campaña MFV pide firmar que estás de
acuerdo con la "defensa del proceso revolucionario" en Venezuela y su
página web se subtitula "en solidaridad con la revolución
venezolana".
¡Un momento! Todo el mundo sabe que la intervención estadounidense en
Venezuela está dirigida contra el gobierno de Hugo Chávez. La lucha
en
Venezuela es la lucha entre dos bandos. Por un lado están las fuerzas
contrarrevolucionarias (la "oposición") dirigidas por los banqueros,
capitalistas y terratenientes, con el apoyo de la prensa millonaria,
la Iglesia y todas las demás fuerzas reaccionarias. Por otro lado
está
la clase obrera, los campesinos y los pobres urbanos que apoyan a
Chávez y al movimiento bolivariano.
La cuestión por lo tanto no es abstracta sino muy concreta. Y a una
cuestión concreta siempre hay que dar una respuesta concreta. Hacemos
a nuestros críticos algunas preguntas directas: ¿En la lucha entre
los
chavistas y la oposición contrarrevolucionaria es lícito ser neutral
para la tendencia marxista? ¿Sí o no? ¿En la actual campaña del
referéndum que consejo deberían dar los marxistas a la clase obrera?
Vamos a responder en términos muy simples para que incluso un
sectario
pueda entenderlo: ser neutral en esta lucha sería una traición a la
revolución, a la clase obrera y al socialismo. Sería un descrédito
absoluto para los marxistas ante los ojos de las masas y haría
imposible la tarea de construir un partido revolucionario en
Venezuela. Y aunque nuestros críticos siempre estén hablando del
partido revolucionario (esto lo hacen muy bien), sólo son buenos en
la
construcción de partidos revolucionarios en las nubes. En esta tierra
pecaminosa demuestran que no tienen ni la más mínima idea de cómo se
puede construir el partido.
Como marxistas no limitamos nuestras actividades a discusiones
infinitas ante una taza de café, sino que luchamos para intervenir en
el movimiento real. Por eso iniciamos la campaña Manos Fuera de
Venezuela. ¿Por qué iniciamos esta campaña y por qué motivo? Se creó
en respuesta al cierre patronal contrarrevolucionario (descrito
incorrectamente como una "huelga" en los medios de comunicación) para
movilizar al movimiento obrero mundial en apoyo de la revolución
venezolana.
Esta campaña ha tenido un eco importante internacionalmente en el
movimiento obrero, sólo hacer falta echar un vistazo a la página web
para verlo. Creo que fue, al menos hasta hace poco, el único intento
significativo de la izquierda internacional para movilizar la
solidaridad con la revolución venezolana. ¿Cuál fue la respuesta de
nuestros críticos a esto? Ninguna, sólo el mismo silencio
ensordecedor. No movieron un dedo para ayudar a la población
venezolana y se limitaron a pontificar a Chávez, como todavía hacen
hoy.
Las sectas nos acusan de disolver la política de la clase obrera de
Venezuela en el "chavismo", o al menos dar una justificación marxista
a esto. Esto resulta increíble. Nuestros amigos tienen una capacidad
asombrosa para leer y leer, y no comprender ni una sola palabra de lo
que han leído. En todos nuestros artículos, documentos y discursos
hemos insistido en la necesidad de mantener la independencia política
y organizativa del proletariado en la revolución venezolana.
No hay ni un solo átomo de verdad en la afirmación de que sostenemos
la "disolución de la política de la clase obrera de Venezuela en el
chavismo". Para construir una tendencia marxista es necesario ganar
el
oído de los trabajadores, comenzando con la capa más activa. Es
necesario expresar nuestras ideas de forma tal que encuentren un eco.
La aplastante mayoría de los trabajadores venezolanos apoyan el
movimiento bolivariano y además están activos en él y en lo que le
rodea. Para un sectario, por supuesto, lo que piensan los
trabajadores
es irrelevante. Ellos no escriben para los trabajadores sino sólo
para
sí mismos y otros grupos similares. Precisamente por esa razón nunca
construirán nada.
Para llegar los trabajadores y jóvenes revolucionarios de Venezuela
es
absolutamente necesario participar en el movimiento de masas, y en
Venezuela éste es el movimiento bolivariano. Fuera de este movimiento
no hay nada y como dijeron los antiguos griegos: "De la nada no sale
nada". Si lo que quieren decir las sectas con "no disolver a la clase
obrera en el chavismo" significa construir el movimiento
revolucionario fuera del movimiento de masas, sólo podemos encogernos
de hombros y decir: "¡Después de ustedes caballeros!"
Las sectas y el referéndum
Aparte de sus exquisitos métodos de polemizar, lo de estas personas
es
realmente tremendo. Piden que denunciemos a Chávez en medio del
referéndum revocatorio, cuando todas las fuerzas de la reacción están
unidas para derribar al gobierno e instalar un régimen
contrarrevolucionario por medios constitucionales. Eso supondría un
duro revés no sólo para la revolución venezolana sino también para la
revolución en toda América Latina. Sólo un ciego puede no comprender
esto. Y no hay más ciego que el que no quiere ver.
La construcción de un partido revolucionario es un arte que no se
puede aprender en un libro de recetas. Requiere no sólo una línea
firme y de principios, sino también una tremenda flexibilidad táctica
y organizativa, además de un sentido del tiempo: cada verdura tiene
su
estación, como le gusta decir a mi buen amigo y camarada Ted Grant.
Es
necesario comprender en cada momento las tareas que hay en el orden
del día. En este momento es necesario movilizar todas las fuerzas del
movimiento de masas para estirar cada músculo y derrotar a los
contrarrevolucionarios en el referéndum. Los futuros acontecimientos
dependen de esto.
¿Qué dicen nuestros críticos sobre el referéndum? No demasiado. Ellos
falsifican y arman bulla por esta o aquella cita de Alan Woods, pero
sobre las tareas urgentes de la revolución venezolana, como es
habitual, no tienen nada que decir. No pueden (se presume) apoyar a
la
oposición. Por otro lado, si apoyan a Chávez estarán cometiendo el
pecado imperdonable de "dar a Chávez un apoyo incondicional" y
proporcionar una "cobertura marxista para disolver a la clase obrera
en el chavismo". Al final acaban en el caos absoluto.
La charlatanería de los ultraizquierdistas, que suena muy bien en los
cafés y bares de Londres y París, no suena tan bien en Caracas.
¿Dónde
está la "política proletaria independiente" en la campaña del
referéndum? Un referéndum no son las elecciones. No puedes defender a
un candidato obrero independiente. Sólo puedes votar sí o no. ¿Qué
debemos hacer? ¿Quizá debemos defender la abstención ante los
trabajadores? La abstención no es un posición y los trabajadores lo
ven (muy correctamente) como una ayuda a la reacción.
La única política correcta es participar activamente en el movimiento
para derrotar a la oposición, mientras que al mismo tiempo nos
oponemos a todos los intentos de los reformistas de derecha de llegar
a un acuerdo con la oposición, y exigimos que la revolución no se
detenga a medio camino sino que aseste un golpe decisivo contra el
imperialismo y la oligarquía.
Intrigas reformistas
Lo que hace falta es una línea política que abandone claramente el
ultraizquierdismo y el oportunismo. En las condiciones existentes en
Venezuela la única política revolucionaria correcta, la única línea
de
acción lícita, es el apoyo crítico a Chávez. Nuestros críticos se
quejan porque describo a Hugo Chávez como un hombre honesto y
valiente, pero ya he dicho muchas veces que, aunque el presidente
Chávez es un hombre honesto y valiente, el valor y la honestidad no
bastan para garantizar el éxito de la revolución. Lo que hace falta
es
una política correcta. Y nuestra política difiere en aspectos
importantes de la que defiende actualmente Hugo Chávez.
Como Chávez no es un marxista piensa que es posible desarrollar el
país y librarse del dominio imperialista manteniéndose dentro de los
límites del capitalismo. Esto no es posible. Esa es la debilidad
fatal
de su programa, política y perspectivas, esa es la línea que nos
divide. A pesar de todo su coraje él puede ser empujado, y está
siendo
empujado en diferentes direcciones según las presiones ejercidas.
Cuando hablé con él en abril, había algunos síntomas de que él estaba
girando a la izquierda, sus discursos antiimperialistas estaban
provocando alarma entre el ala reformista de la dirección. Pero en
las
últimas semanas las presiones del imperialismo y la oligarquía se han
intensificado enormemente. Éstas se reflejan en la fracción
reformista
de derecha que ahora ha conseguido el control del palacio de
Miraflores y está ejerciendo presión sobre Chávez para que modifique
su postura antiimperialista. Estas son indicaciones de que están
teniendo éxito.
Hay síntomas claros de que el ala de derechas de la dirección ha
pasado a la ofensiva durante los últimos dos meses y que ahora está
en
ascenso. La aceptación del referéndum -a pesar de ser un hecho
conocido el que la oposición no había conseguido las firmas
necesarias- es una prueba de esto. La vanguardia del movimiento
bolivariano tenía razón para sospechar del referéndum. Durante
generaciones, Washington ha desarrollado un formidable arsenal para
mantener y extender su poder en todo el mundo. Parte de este arsenal
-pero sólo parte- está formado por cohetes, tanques y bombas. Pero
posee otro, con armas no menos letales. Después de haber fracasado
reiteradamente en echar a Chávez con un ataque frontal, ahora están
recurriendo a maniobras e intrigas entre bastidores.
Un papel pernicioso lo están jugando la Organización de Estados
Americanos y Jimmy Carter, el ex-presidente de EEUU que pretende
"mediar" entre Chávez y la oposición. Carter es una serpiente
venenosa
en la hierba. Sus hipócritas, religiosas y suaves palabras, con su
permanente sonrisa y palabras ambiguas sobre la democracia y los
derechos humanos, son mucho más peligrosas que George W. Bush, que al
menos tiene el mérito de atacar de frente. El ex-presidente Carter,
por otro lado, nos trae a la mente la famosa frase de Shakespeare:
"Hay puñales en las sonrisas de los hombres".
¿Están los reformistas intentando llegar a algún tipo de acuerdo
secreto con Carter y la OEA? Es posible. Ellos verían esto como una
"política realista". Estos elementos desconfían de Chávez al que ven
como excesivamente radical. Quieren aislarlo de las masas e incluso
hablan de "chavismo sin Chávez". Si es así, la perspectiva no es
buena. Es tan imposible para la revolución llegar a un acuerdo con la
contrarrevolución como mezclar el agua y el aceite. Por supuesto, el
presidente de Venezuela puede discutir con quien quiera, pero los
revolucionarios siempre deben tener la guardia alta y advertir contra
cualquier concesión a personas como Carter o Cisneros.
Carter representa la bota izquierda del imperialismo estadounidense,
así como Rumsfeld representa la bota derecha. Aunque el presidente no
ha bajado el tono de sus discursos antiimperialistas, está claro que
Chávez sufre la presión de la oligarquía y el imperialismo. Además
están los habituales cantos de sirena en la dirección del movimiento
bolivariano que piden una política "más cauta", diálogo, negociación,
etc. Todo esto en nombre del "desarrollo de Venezuela, teniendo una
aproximación patriótica y en oposición a la oligarquía que ha cedido
ante el imperialismo".
La oligarquía en realidad se ha entregado al imperialismo. Pero más
aún, constituye una especie de quinta columna del imperialismo en
suelo venezolano. En la medida que la oligarquía continúe controlando
en sus manos las palancas más importantes del poder económico
-especialmente los bancos-, las conquistas de la revolución nunca
estarán a salvo. Hace una semana, en una reunión de masas, Chávez
habló con términos muy enérgicos de derrotar a la oligarquía. Esto
fue
recibido con entusiasmo por las masas que desean fervientemente que
la
revolución se complete.
Chávez ha tenido reuniones con los empresarios, no los pequeños, sino
con los representantes de las grandes empresas como Daimler-Chrysler.
Chávez también se ha reunido con Cisneros (el hombre más rico de
Venezuela y el propietario de los medios de comunicación que apoyaron
hace dos años el golpe de estado). Los empresarios han hecho todo
tipo
de exigencias y Chávez ha hecho todo tipo de ofertas para calmarlos.
Dice que la revolución bolivariana no es comunista y que no
representa
una amenaza para la propiedad privada.
Aquí vemos la diferencia fundamental entre el marxismo y el programa
de incluso la democracia pequeño burguesa revolucionaria más
avanzada.
La noción de que la revolución venezolana puede triunfar con los
capitalistas y los banqueros controlando las palancas vitales del
poder económico es un error descomunal. En las condiciones modernas,
la burguesía de los países coloniales y ex-coloniales es incapaz de
llevar a cabo las tareas de la revolución democrático burguesa. Ni
una
sola de las conquistas de la revolución puede estar garantizada sin
la
expropia de la oligarquía.
La negativa de Chávez de emprender una acción decisiva contra la
oligarquía significa que todo puede volverse en su contrario. La
experiencia ha demostrado que la "moderación" no convencerá a los
enemigos de la revolución para que adopten una actitud más favorable.
Todo lo contrario, la debilidad invita a la agresión. La política
defendida por los reformistas, que ahora tienen una situación
ventajosa en el palacio de Miraflores, constituye el peligro
principal
de la revolución bolivariana.
Es necesario un sentido de la proporción
A pesar de todo, el ambiente de las masas sigue siendo totalmente
favorable a Chávez, pero es crítico con los dirigentes reformistas
del
Comando Ayacucho que fue desmantelado de repente hace unas semanas,
después de estar completamente desacreditado. Mientras que mantenemos
una postura de principios, debemos defender consignas y
reivindicaciones que encuentren eco en el movimiento de masas,
comenzando con las capas más activas. Los marxistas no podemos
alejarnos demasiado de las masas o ellas se alejarán de nosotros.
Debemos tener un sentido de la proporción -algo que no poseen los
ultraizquierdistas-. No debemos olvidar que nuestro enemigo es el
imperialismo y la oligarquía. Estamos luchando para derrotar a ese
enemigo y gustosamente colaboraremos con aquellas fuerzas que quieran
hacer lo mismo. Al mismo tiempo criticamos enérgicamente a esos
elementos de la dirección del movimiento bolivariano que están
adoptando una actitud conciliadora con el enemigo, que intentan
detener la revolución y llegar a un compromiso con la oligarquía y el
imperialismo. Debemos decir concretamente qué medidas son necesarias
para llevar hacia adelante la revolución.
Dirigimos nuestro fuego contra la tendencia reformista que es fuerte
entre las capas superiores del movimiento, pero que prácticamente no
existe en la base. Eso es lo que quieren los elementos más avanzados
en la vanguardia, pero esto no es suficiente para nuestros críticos
ultraizquierdistas. ¡Ellos piden que lancemos un ataque frontal
contra
el burgués Chávez! ¡Piden que proclamemos el partido revolucionario
en
Venezuela y rompamos con el movimiento bolivariano! Piden, exigen,
...en realidad no hay un final para sus exigencias. Pero como no
tienen fuerzas para llevar a cabo estas exigencias, y ya que no nos
hace falta su consejo sobre natación o sobre cualquier otra cosa,
podemos ignorar sus demandas y centrarnos en nuestra tarea de
construir las fuerzas del genuino marxismo en Venezuela e
internacionalmente, porque somos la única tendencia que está en
posición de hacerlo.
La campaña Manos Fuera de Venezuela ha tenido un gran éxito. Fue
reconocida por Chávez cuando en marzo de este año públicamente
expresó
su gratitud a In Defence of Marxism, manifestando su "gratitud por
vuestra solidaridad en favor de la revolución bolivariana". Esto, por
alguna razón, es tomado como una "prueba" de nuestra "traición". Esto
es real sólo en su cabeza. Defender la revolución venezolana contra
el
imperialismo y la oligarquía contrarrevolucionaria no es una
traición.
Pero no hacerlo sí lo es.
Hablemos claramente. Este silencio de los llamados grupos marxistas
en
un momento en que la revolución venezolana está luchando por
sobrevivir fue, y es, un escándalo y una deshonra. Si estamos de
acuerdo en que la prueba principal para las organizaciones
revolucionarias es su actitud hacia la revolución, entonces tenemos
que decir que todos los grupos que hoy se unen para atacar a los
marxistas por cumplir con su deber revolucionario han fracaso
miserablemente. Por eso precisamente ahora sienten la necesidad de
intensificar sus ataques, para cubrir sus espaldas desnudas y
justificar su total inactividad en la cuestión clave de Venezuela, y
cuya existencia acaban de descubrir.
Ahora intentan desesperadamente subir al vagón, pero es demasiado
tarde. Se consuelan a sí mismos y a sus seguidores (que están
haciendo
preguntas incómodas) desvariando y divagando sobre la supuesta
"complicidad" de Alan Woods con Chávez y el chavismo. Bien, damas y
caballeros, sigan desvariando. Ninguna persona seria puede prestarles
la más mínima atención. Pero dejen de malgastar el tiempo de personas
que están intentando hacer un trabajo serio.
El simple hecho es que, como la zorra de la fábula de Esopo, nuestros
críticos están descontentos porque hemos hecho una campaña de
solidaridad ejemplar, porque hemos conseguido que las ideas del
marxismo tengan una audiencia amplia en Venezuela e
internacionalmente, porque estamos consiguiendo construir
exitosamente
las fuerzas del marxismo en el movimiento bolivariano, y por último,
porque hemos tenido éxito. Y como la zorra, ahora no tienen otra
alternativa que apretar los dientes de impotencia y murmurar: "Estas
uvas están verdes". A lo cual respondemos con la moraleja de Esopo:
Es fácil despreciar lo que no puedes conseguir.
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Néstor Miguel Gorojovsky
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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
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