[R-P] (revista noticias 4/8/2004) Confesiones ministeriales//Bajo la ira de Néstor

omar zanarini bobarlt en yahoo.com.ar
Mie Ago 4 15:52:27 MDT 2004


  
  Bajo la ira de Néstor 
  Hartos del maltrato al que los somete el Presidente,
dos ministros cuentan cómo Kirchner castiga al
Gabinete. Gritos, insultos y llamadas al amanecer. El
método que terminó con Beliz. Las escuchas. 



Si algo aprendió Gustavo Beliz en su paso por el
ministerio de Justicia es que hablar por teléfono
puede ser una experiencia extraña. Cada vez que
terminaba una llamada se sentía aturdido. En su
teléfono oía de todo menos las voces de sus
interlocutores: ruido a lluvia, un eco interminable,
sonidos más propios de una radio destartalada que de
su celular plateado con pantalla color. Consultó a
especialistas y no tuvieron dudas: su teléfono estaba
intervenido –"pinchado", en la jerga de los espías-.
Detrás de esos ruidos alguien grababa todo. 
Beliz enfureció y le escribió al jefe de la SIDE,
Héctor "El Chango" Icazuriaga, amigo de los Kirchner:
"¿Por qué no pinchan los teléfonos de los corruptos en
lugar de los nuestros?". Nunca recibió respuesta del
"Chango", ni del Presidente: "No te preocupes,
Gustavo", se desentendía Kirchner.
Esta semana, luego de que el echado Beliz denunciara
que "Kirchner te humilla, te humilla", dos ministros
se animaron a contarle a NOTICIAS lo que sienten
trabajando en un Gobierno donde todo el tiempo tienen
la sensación de estar vigilados por la SIDE y el
Presidente. Ambos ministros coincidieron: Kirchner los
maltrata y puede pasar semanas sin que les responda el
teléfono. Uno de ellos fue más allá: "Beliz se quedó
corto. Lo que no contó es que la SIDE también manda a
controlar las agendas de los funcionarios para ver con
quién se reúnen". 
La única condición que pusieron para hablar fue que no
se los identificara. Temen una represalia presidencial
por haber osado contar sus secretos, un pecado capital
en el universo K. Pura catarsis oficial a cambio del
anonimato. Y NOTICIAS lo aceptó amparándose en el
artículo 43 de la Constitución, que garantiza el
secreto de las fuentes de información. Lo aceptó
entendiendo el derecho de la sociedad de saber cómo es
el Presidente cuando nadie lo ve. Incluso, cómo es más
allá de lo que él dice que es. 
El temor al pingüino. En ese miedo que genera Kirchner
entre sus subordinados se explican muchas de las
actitudes de un gobierno que gira sólo en torno a la
estrella del Presidente. Nadie habla si no es con su
consentimiento. Nadie osa tomar vuelo propio o poner
en marcha una medida, aunque mínima, sin consultarlo.
Eso suele generar que problemas de Estado queden
varados durante semanas si el Presidente no quiere
prestarles su atención. Es mejor un retraso, explican
los ministros, que escuchar luego los reproches y
gritos de un mandatario iracundo. Además, el
Presidente decidió que en su mandato no haya reuniones
de Gabinete para evitar filtraciones. Por eso, todos y
cada uno de los ministros deben peregrinar y esperar
por horas para ser atendidos de a uno, sin testigos. Y
se quedan con el corazón en la boca. Si llegara a
trascender lo que hablaron, se pondrá en marcha el
método k de disciplinamiento. 
La primera confesión. Los dos ministros que se
animaron a hablar con NOTICIAS exigieron hacerlo fuera
de sus despachos. Uno explicó por qué: "Ya me pasó que
los pinguinos creyeron que yo andaba contando cosas
que no debía. Para investigarme se metieron en las
computadoras de la entrada del ministerio para
chequear con quién me había reunido". Al hombre se lo
nota cansado y con ojeras: "Cuando Kirchner está de
mal humor es insoportable. No lo podés tratar. Se
enoja y grita por cualquier cosa. Cuando algo lo saca
de las casillas desaparece por días. No atiende el
teléfono y si lo hace te reprocha lo que sea. Hace
unas semanas, por ejemplo, me citó en la Rosada, me
hizo esperar una hora y media y después me criticó
porque mi ministerio estaba comunicando mal. ¿Cómo
querés que comunique si no sé para dónde vamos porque
nunca te hablo?, le contesté. No hay mística porque
apenas hablamos entre nosotros". 
La confesión se extenderá por varios minutos y siempre
se interrumpe con el mismo argumento: "Por favor, no
le digan a nadie que me vi con ustedes...". El
ministro juguetea con su celular: "Mi teléfono está
pinchado, seguro, pero no puedo hacer nada. Sólo me
cuido al hablar. El otro día, un hombre de extrema
confianza del Presidente le tiró dos carpetas a otro
funcionario diciéndole ‘che, mirá lo que estás
hablando por teléfono’... Tenés que ser cuidadoso". 
En el Gabinete están espantados. Según explican los
ministros, la paranoia es tal que no descartan que,
además de tener los teléfonos intervenidos, también
sean seguidos y filmados por agentes de la SIDE. Se
dice que hasta los funcionarios solteros miran para
los cuatro costados en sus citas amorosas. Todos creen
que en cualquier momento pueden quedar presos de una
operación de prensa, lanzada desde el mismo vientre de
la SIDE o desde algún aparato paralelo de
Inteligencia, con datos sobre sus vidas privadas.
Tanto ciertos como falsos. "Los espías saben que todos
somos falibles: no es necesario que un funcionario sea
corrupto, ellos ‘trabajan’ otras debilidades", dice un
ministro en alusión al espionaje sexual.
Humillados y ofendidos. Uno de los pocos que se salvan
del maltrato presidencial, dice el mismo ministro, es
el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. ¿El Presidente
se ganó su fama de maltratador sólo por no atender los
llamados o generar la paranoia oficial de la
"vigilancia permanente"? El ministro lanza una
carcajada. A medida que pasa el tiempo su lengua
parece soltarse cada vez más. Ya no piensa cada frase
como al principio: "A todos nos humilla, pero depende
de si le parás el carro o no. Al que peor trata es a
su secretario Daniel Muñoz. En un viaje yo vi como lo
despertó de un cachetazo en la cara, haciéndose el
simpático, pero cachetazo al fin. Me quedé indignado.
Pero no pude decirle nada. Me dio bronca porque
Kirchner no se puede ni hacer el nudo de la corbata.
Se lo hace Muñoz. Es muy normal ir a la Casa Rosada y
escuchar cómo le grita porque le trae una carpeta
equivocada, por ejemplo. De esas cosas ya estamos
todos curados de espanto. El problema es cuando te
encara a vos".
No todos los ministros sienten el mismo pánico por
Kirchner. Algunos, como el de Economía, Roberto
Lavagna, supieron ganarse su respeto a fuerza de
imponerle límites. Pero los que no ganan para sustos
son los funcionarios que provienen de Santa Cruz, la
provincia de Kirchner. Ellos lo conocen desde hace
años y le tienen terror. Vuelve a tomar la palabra el
ministro despechado con su jefe: "Es humillado quien
se deja humillar, pero hay que aguantarlo a Néstor...
Los más indefensos son los santacruceños, a ellos les
grita y los insulta cuando se vuelve loco, sin
importarle si hay testigos. Los gritos a Julio de Vido
son un clásico. Es gracioso verlos en el sector
presidencial. Hasta tienen miedo de golpearle la
puerta del despacho".
Made in Kirchner. El mal humor de Kirchner no reconoce
fronteras. El Presidente no tiene problemas en
maltratar a sus funcionarios fuera del país, aún
frente a delegaciones extranjeras. 
Hace tres meses, en un viaje a Brasil donde se acordó
la firma de un documento binacional, Kirchner dejó una
pésima impresión entre los diplomáticos brasileños. No
fue porque les haya hecho algo a ellos, sino porque
calló de muy mal modo al canciller Rafael Bielsa, como
si fuera un chico, para incomodidad de los locales.
Una fuente de cancillería brasileña comentó que sintió
vergüenza ajena ante ese maltrato y que nunca había
visto nada igual en todos sus años como diplomático.
No fue la única vez que Kirchner maltrató a sus
funcionarios frente a dirigentes extranjeros. Quien lo
cuenta es el mismo ministro. En el viaje a China se la
agarró con el subjefe de Ceremonial, Rubén Zacarías,
con quién suele jugar de manos, uno de sus pasatiempos
preferidos. Aunque esta vez no estaban jugando. ¿Qué
había pasado? Antes de partir hacia un encuentro con
empresarios chinos, Zacarías condujo a la nutrida
delegación argentina hacia la residencia oficial donde
Kirchner y su esposa estaban descansando. Cuando el
Presidente vio a los gobernadores, diputados y
senadores, enrojeció de furia: "¡Qué hacen acá! ¡No
los quiero acá!", le gritó a Zacarías, quien sólo
atinó a decir que cumplía órdenes del protocolo
oriental mientras recibía una bofetada presidencial:
"A mí me dijeron que los traiga para acá,
Presidente...". Los legisladores presentes no podían
creer lo que veían, aunque luego de varios días junto
a Kirchner terminaron acostumbrándose.




	
	
		
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