[R-P] Aguafuerte salteña en Página 12 ...

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Sab Abr 24 15:54:43 MDT 2004


La banda de los Printicos

Por Julio Nudler

Hay que empezar por el principio. En 1992, Salta consolidó las deudas del 
Estado provincial con particulares, en línea con una ley nacional (23.982). 
Roberto Guzmán, entonces ministro de Economía, manejó el lanzamiento de dos 
títulos diferentes. Uno a 16 años para cancelar las deudas en litigio o 
controvertidas, y otro a 5 años para la deuda corriente. Los papeles de 
emitían en pesos o en dólares, a elección del acreedor. La operación 
involucró unos 400 millones de pesos/dólares. A partir de ese momento se 
hizo sentir la presión de “las fuerzas vivas, o los vivos de la fuerza”, 
como los describe Guzmán (el mismo que luego protagonizaría la recordada 
limpieza del Instituto Nacional de Reaseguros), para que se elevara el valor 
de mercado de esos títulos de consolidación (TC), canjeándolos por otros que 
estuviesen garantizados por la coparticipación federal de impuestos. Guzmán 
se negó, y tampoco admitió acortar los plazos de amortización. Pero cuando 
el gobernador Roberto Ulloa lo remplazó por otro ministro, fueron lanzados 
los Printicos, sigla que significaba Proyectos de Inversión con Títulos de 
Consolidación. Estos nuevos papeles, además de contar con la garantía de la 
coparticipación, servían para obtener créditos del Banco Provincial de 
Salta, que los tomaba en garantía. Con ello se cerraba el círculo: el banco 
estatal aceptaba como garante al Estado local, que a su vez dependía de la 
asistencia de ese mismo banco. Quienes recibían en canje Printicos a 5 años, 
los calzaban con créditos a igual plazo, con lo cual era como si cobrasen 
cash su acreencia. Además, los nuevos bonos eran en dólares.
El 11 de diciembre de 1995 asumió la gobernación Juan Carlos Romero, 
procediendo a modificar una vez más los Printicos: además de avalarlos con 
la coparticipación, añadió como colateral las regalías hidrocarburíferas. La 
provincia hacía cesión irrevocable de ambas fuentes de ingresos públicos en 
favor de los tenedores de Printicos. Las amortizaciones ya no serían 
semestrales sino trimestrales. Más tarde, por otra modificación el plazo fue 
bajado a 4 años, lo que equivalió a un rescate anticipado.
En la ingeniería y la negociación de los títulos jugó destacado papel Andrés 
Desimone, que era el cerebro de Dinar, la línea aérea que luego quebraría. 
En Salta, la firma se dedicaba a negocios turísticos, cambiarios, 
financieros y bursátiles. Andrés, quien pereció dos años atrás en un 
accidente automovilístico, ya en 1986, cuando gobernaba Roberto Romero, 
padre de Juan Carlos, tomaba Letras de Tesorería provinciales, colocadas por 
el banco estatal. Llegó el momento en que éste no podía afrontar los 
servicios de esa deuda, que sólo devengaba, hasta que el Banco Central lo 
clausuró en 1987.
Esas Letras defolteadas fueron consolidadas en otro título, que tomó entre 
otros Argemofin, financiera de capitales uruguayos que sería comprada por 
los Madanes y actuaría en una controvertida operación de Aluar, que 
Página/12 reveló en su momento. Dinar le compró los papeles salteños a 
Argemofin, y al asumir Hernán Cornejo la gobernación en 1987 recibió en pago 
Certificados Fiscales por 2,5 millones de dólares, aptos para el pago de 
impuestos provinciales. En 1991, la empresa se presentó ante Guzmán, 
reclamándole que le abonasen 1,9 millones por los CF que no había aplicado 
hasta ese momento, en concepto de intereses y ajuste. Como el ministro se 
rehusó, Desimone fue bajando sus pretensiones hasta decir –según aseguró 
Guzmán a este diario– que aceptaría 200 mil pesos. Pero siguió recibiendo la 
negativa por respuesta.
Graciela Castro, que era Directora de Rentas, y hoy es jefa regional de la 
AFIP, le contaría después, cuando ya lo había sucedido en el ministerio 
Julio César Loutaif, que éste le reconoció a Desimone 2,5 millones, 
entregándoselos en CF adicionales. Dinar los había presentado de inmediato 
ante Rentas. Fue ése el primer gran negocio del grupo con el gobierno 
salteño, aun detentado por Ulloa. Luego Loutaif emitiría los Printicos. 
Ulloa había girado 180 grados. De los iniciales, Dinar recibió 14 millones. 
Sabiendo de antemano los canjes favorables que se sancionarían, el grupo se 
dedicó a comprar títulos a 16 años, que eran los más baratos y los que más 
se revalorizarían. En el fondo, en eso consisten todos los negociados con 
estos bonos: manejar información privilegiada y tener acceso preferente al 
poder para conseguir los títulos más respaldados.
En definitiva, las empresas que más títulos embolsaron fueron Dinar (73,4 
millones), Bodegas Lavaque, a la que el rumor asocia con los Romero (66,7 
millones) e Inmobiliaria Cervera (9,0 millones). Entre las restantes está el 
hoy ya rebautizado Banco de Salta S.A., que es del Grupo Macro y cuya 
conducción ejerce Jorge Brito, a la vez presidente de la Asociación de 
Bancos Argentinos (Adeba). Brito también preside la Fundación Salta, creada 
por Romero. Macro se presentó como interesado en adquirir activo y pasivo 
del Banco Caseros, que había absorbido al Cooperativo del Noroeste, 
aduciendo la voluntad de mantener la fuente de trabajo. En realidad, el 
banco ya estaba cerrado.
Como nuevos dueños del antiguo Banco Provincial tras su privatización, Macro 
se alojaba como inquilino en la histórica sede de la casa central porque 
ésta no se vendió con la entidad. Utilizando Printicos compraron entonces el 
edificio del Cooperativo del Noroeste, y luego le ofrecieron a la provincia 
permutarlos, propuesta que fue aceptada. La operación fue brillante, porque 
se quedaron con el inmueble del ex Banco Provincial, frente a la plaza 9 de 
Julio, la principal de la ciudad, pagándole a la provincia con el dinero de 
ésta, ya que los Printicos usados para adquirir el edificio dado en trueque 
los habían comprado en el mercado secundario con descuentos de entre 85 y 90 
por ciento.
Los Printicos se entregaban en canje por los Títulos de Cancelación a 
quienes se comprometían a realizar alguna inversión, pero no estaban 
obligados a presentar ninguna garantía de realización. En muchos casos, los 
mentados proyectos resultaron inexistentes o notoriamente inflados. Una de 
las empresas que recibió papeles, en un monto de 3.987.900 pesos 
“convertibles” (1 a 1), fue Finantur, de Hernán López Velasco. Este es hoy 
el “arrepentido” del affaire. Sus denuncias ante el periodista Sergio Poma 
movieron a éste a presentarse ante la Oficina Anticorrupción en Buenos 
Aires.
A López Velasco lo convencieron de armar un proyecto por 5 millones de 
dólares para obtener Printicos destinados a comprar ómnibus de turismo y 
erigir diversas instalaciones. Como no tenía Títulos de Cancelación, 
necesarios para recibir en canje los Printicos, proyecto de inversión 
mediante, fueron adquiridos en el mercado al 15 por ciento de su valor 
nominal. Pero todavía faltaba la carpeta del proyecto. El gobernador Romero, 
quien fue candidato a vicepresidente junto a Carlos Menem, y Emilio Marcelo 
Cantarero, quien era senador y está seriamente involucrado en el escándalo 
de la Ley Banelco, renacido gracias a otro arrepentido, Mario Pontaquarto, 
lo orientaron hacia el estudio Laham, cuyo titular es auditor de la 
Gobernación.
Así recibió López Velasco 4.700.000 Printicos y habría ido con ellos –según 
declara con lujo de detalles al periodista Poma en una conversación grabada 
a la que accedió este diario– a negociarlos en el Banco Macro, agente 
financiero de la provincia. Como se señaló arriba, los Printicos contaban 
con doble respaldo (coparticipación y regalías), ejecutable sin riesgo 
alguno ni demora a través del Banco de la Nación.
La secuencia es así: el Estado provincial le cancelará a Banco Macro en 36 
cuotas los 4,7 millones, que irán siendo retenidos de la cuenta del Nación 
donde el Tesoro nacional acredita a la provincia coparticipación y regalías. 
De manera que esos fondos, en vez de servir para que Salta cubra sus gastos 
genuinos y sus inversiones, irán a parar a quienes habrían montado esta 
seudo inversión para alzarse con los Printicos a muy bajo costo.
El deschave de López Velasco parece obedecer a una razón evidente: mientras 
los demás implicados se habrían llevado la jugosa ganancia, él apenas obtuvo 
20.000 pesos, y hasta lo hicieron sufrir para eso. Aquello sucedió a partir 
de abril de 2003. Al presente lleva cobrados “ciento y pico”, según 
manifiesta, pero en su patrimonio figuran los cuatro millones largos de la 
operación, y ahora tiene que pagar Ganancias y Bienes Personales sobre ellos 
y no sabe cómo.
En su relato señala a cuatro responsables: “Están prendidos Carballo, 
Cantarero, Juan Carlos (Romero) y Andrés (Desimone) –dice–. Son los cuatro 
cabezas que están prendidos. Cantarero para el grupo y Andrés para él solo. 
Por eso Andrés creó el compromiso de que él arreglaba conmigo... Me ha ido 
tirando así de a chauchas.” Cantarero le habría explicado que la plata la 
necesitaban (se supone que Romero y él) “para la campaña, para cubrir gastos 
de la campaña”. Su balance es que “se han ganao 3 palos. Tres millones se 
han ganao”, porque sólo usaron un millón y medio para conseguir los títulos.
Otra pieza clave es Ricardo Gómez Diez, quien fue candidato a vice con 
Ricardo López Murphy. Fue vicegobernador de Salta, es senador provincial y 
hombre fuerte del Partido Renovador, hoy la primera oposición. Para arreglar 
con el PR hay que entenderse con él, como ha hecho justamente el 
justicialista Romero, según es vox populi en la provincia. Loutaif, el 
artífice de los títulos, es hombre de Gómez Diez, quien además sabía 
cultivar estrecha relación con Andrés Desimone y concurrir a sus lujuriosas 
fiestas. No sería justo olvidar a Gilberto Oviedo, ministro de la Producción 
que aprobó con su firma el proyecto apócrifo de López Velasco. La verdad es 
que lo cajoneó como un mes, pero al final se rindió ante las órdenes de 
Romero y Cantarero, hombres de poder y de inmensas fortunas. Además, tiene 
dos procesos en su currículum.
López Velasco, en cambio, era un arbolito en la céntrica calle España, con 
parada en el café El Griego. Un tipo tranquilo y afable. Con dos ómnibus que 
compró llevaba y traía pasajeros de los aviones de Dinar en Aeroparque, pero 
para eso tuvo que ponerlos a nombre de esa empresa y pintarlos con sus 
colores. Cuando Dinar quebró, los vehículos de López Velasco cayeron en la 
volteada. Y se quedó de a pie.

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