[R-P] (Fwd) Labaké envía su mensaje Nº 213.

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Abr 16 06:35:34 MDT 2004


------- Forwarded message follows -------
From:           	"Juan G. Labake" <jglabake en telered.com.ar>
To:             	<Undisclosed-Recipient:;>
Subject:        	Labaké envía su mensaje Nº 213.
Date sent:      	Thu, 15 Apr 2004 22:31:19 -0300


Estimados amigos:
Hace tiempo que  medito sobre la(s) razón(es) de fondo del fracaso de toda propuesta electoral que no responda a los "paradigmas" del neoliberalismo.Creo que este mensaje (¿Es posible reconstruir la Nación  y el Movimiento?) puede aportar  algunas ideas al respecto.
Espero que les sea útil. Son 3 páginas.
Un abrazo.
Juan Gabriel

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Aclaración: en mi último envío a la Red, le quité Ing. Jacobacci a Río Negro, y 

se  lo regalé a Chubut. Pido disculpas por la malversación geográfica cometida.

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Labaké envía su mensaje político Nº 213.  
15-04-04

 ¿Es posible reconstruir la Nación y el Movimiento?

 Por Juan Gabriel Labaké
jglabake en telered.com.ar

 

Quienes conocimos la Argentina anterior a 1976 sufrimos la etapa posterior como una tragedia, una decadencia sin fin ni horizonte. Los más jóvenes, sobre todo los que en 1976 aún no tenían uso de razón política, ven las cosas con otros ojos. La mayoría de ellos, menos preocupados y más resignados que nosotros. Su objetivo, por otro lado,  se ha reducido, por razones existenciales y muy comprensibles, a satisfacer sus necesidades individuales o familiares, sean ellas de comida y trabajo, de depósitos bloqueados 
por el corralito o de seguridad. Lo social es decir, lo del conjunto, lo político en definitiva, lo han abandonado en  manos de los políticos profesionales. Cada cuatro años dan un cheque en blanco, aunque luego salgan con  sus cacerolas, con su capucha y su palo, o con su vela encendida,  a protestar porque los estafaron en su buena fe... o en su comodidad de "yo ya voté". Una minoría está satisfecha, porque "zafó" colándose en el sector social más beneficiado gracias a un "PhD" en Harvard o Chicago (logrado 
por una beca, o por la chequera de sus padres), o a un  "master" en alguna universidad privada "nativa" de alto rango socio-económico, o simplemente por portación de apellido y de familia. "Zafaron" y prefieren no mirar a su derredor.

Para los más viejos, en cambio (y, nobleza obliga, para un puñado de jóvenes heroicos), aunque la vida nos haya sonreído y estemos relativamente bien en lo personal-familiar, la tragedia es nuestra compañera inseparable, porque hemos visto desaparecer hecha añicos la Nación Argentina que conocimos y, en alguna medida, ayudamos a construir. Hoy sobreviven sus despojos, con futuro incierto. 

No vivíamos en el paraíso terrenal, claro está, pero éramos una Nación con todas las de la ley. 

 

La Nación verdadera

La vocación de llegar a ser una Nación digna de ese nombre nació junto con nuestra libertad (1810) y aún 3 ó 4 años antes (1806 y 1807). Se fue plasmando lentamente, pero sin desmayos ni pausas, en los primeros pechos patriotas: San Martín, Belgrano, Artigas, Güemes. Renació con los caudillos federales: Dorrego, Rosas, Quiroga, López, Ramírez, Bustos, Peñaloza, Varela,  Benavídez y tantos otros entre los cuales me atrevo a incluir al  manco Paz.  Experimentó un enorme avance con Yrigoyen y culminó con Perón.

Simultáneamente, nunca murió la idea elitista e interesada de poner a nuestro país bajo el ala "protectora" y "civilizadora" de alguna potencia extranjera.

Desde 1945, la vocación nacional de los argentinos cristalizó en algo  tangible y, aparentemente, irreversible. Fuimos una verdadera Nación, que significa fundamentalmente:

1.- Decisión consciente e irreversible de ser realmente independientes, soberanos.

2.- Reconocimiento colectivo de tener un proyecto propio, un lugar propio   en el mundo, como pueblo nacional soberano.  

3.- Desarrollo de los valores culturales y espirituales propios que son los que dan basamento al proyecto nacional mencionado.

4.- Desarrollo de una economía adecuada a nuestros recursos, a nuestras necesidades y a los objetivos del proyecto nacional, con una estructura empresarial pública y/o privada, una tecnología y un perfil de crecimiento propios que, al menos en nuestro caso, se asiente sobre una acelerada e integral industrialización, con un sólido mercado interno de altos salarios. 

5.- Una organización social que permita la justa distribución de cargas y beneficios entre distintos sectores, la inclusión de todos los habitantes del país a la vida nacional, y el natural agrupamiento de las personas en instituciones intermedias libres que defiendan  sus derechos e intereses y faciliten  su plena realización  humana. Va de suyo que esto incluye salud, educación, esparcimiento, extensión cultural, seguridad, ecología, etc., para todos, y que está cimentado en la indispensable solidaridad 
social. 

Eso es una Nación verdadera. Ésa fue la propuesta que formuló el peronismo en 1945, y concretó de ahí en más hasta 1976, a pesar de todos sus defectos humanos, que los tuvo. Ésa fue la Argentina que no pudo destruir la llamada Revolución Libertadora de 1955, ni la Revolución autotitulada Argentina de 1966. Ésa es la Argentina que ya no existe. De ahí nuestra sensación de tragedia.

 

La destrucción

A partir de 1976, y aprovechando la ausencia definitiva del principal artífice de esa Nación Argentina y conductor del Movimiento Nacional, las minorías del privilegio comenzaron su sistemática e inmisericorde tarea de destruirlo todo, hasta no dejar piedra sobre piedra. El Proceso Militar dio el primer y fundamental paso: mató mucha juventud idealista que nada tenía que ver con el terrorismo o la subversión armada. Tanta juventud inocente hizo desparecer, que logró sembrar el terror en el resto. La resistencia 
nacional, la que necesita utopías y coraje para expresarse, quedó fulminada. El golpe había sido demasiado duro.

Martínez de Hoz y su equipo complementaron la demolición: destruyeron  las bases de la economía nacional y pervirtieron la cultura del trabajo, para transformarla en la de la usura y la especulación.

Aún así, el movimiento nacional daba muestras de tener anticuerpos suficientes para resistir. El tiro de gracia se lo dio, como no podía ser de otra forma, uno de adentro. Ése es el mayor agravio político, la factura más pesada, que tenemos contra Menem: terminó de destruir la fortaleza colocando una inmensa bomba en su interior. Escondido detrás de la piel de cordero, le quitó al peronismo el idealismo y el sentido de misión, de cruzada histórica liberadora, además de su fundamento ético y conceptual 
insustituible. A la Nación le destruyó totalmente su dignidad soberana y la base económica y social. A todos por igual los dejó sumidos en el egoísmo más abyecto y les robó la esperanza  en un nuevo amanecer nacional y popular. Menem completó la obra de destrucción, sin duda alguna.

Acepto que la globalización, más el aprovechamiento ilegítimo de ella por parte de los grupos de poder extranjeros, montados en la falacia neoliberal, tuvieron mucha responsabilidad en nuestra tragedia, pero los nuestros fueron y son los principales responsables.

La pregunta del insomnio es: ¿puede existir o resurgir el peronismo, o el Movimiento Nacional si se prefiere, el que concibió y plasmó Perón, sin esa estructura nacional, sin ese entramado social, sin esa Argentina? Ambos, Movimiento y Nación, se fueron construyendo dialécticamente. En la Nación así estructurada, auténtica comunidad organizada nacional, podía germinar y florecer el Movimiento que, a su vez, apuntalaba a la Nación. Era un círculo virtuoso. También se destruyeron dialéctica, acompasada y 
mutuamente. A medida que los peronistas (sus dirigentes)  defeccionaban y claudicaban ante su misión histórica, la Argentina parida por Perón languidecía hasta agonizar. Cuando ella murió, el Movimiento se quedó sin base sociológica, económica, cultural y humana de sustentación. Murieron los dos a la vez. La Nación, por su transformación en una dependencia del extranjero, en una simple yuxtaposición de individualidades egoístas. El  peronismo, por su metamorfosis en un partido liberal.  

 

La realidad

El cuadro de situación real es que hoy:

-         No existe la vocación de ser una Nación. La mayoría, jóvenes especialmente, se conforma con (o está resignada a) gambetear de la mejor (o de la "menos peor") manera posible la dependencia frente a EEUU. Su objetivo de máxima es mejorar nuestra situación un poco (un poquito) dentro del acuerdo nuestro de cada día con el FMI. El resto es fanatismo o utopía, para ellos.

-          Ha desaparecido el empresariado nacional. Basta con observar los auspicios de los grandes programas de radio y TV, los avisos de los diarios y los "sponsors" de nuestros deportistas. Salvo muy contadas excepciones, todos son empresas extranjeras.

-         No tenemos prensa nacional. Al no existir empresas nacionales que los favorezcan con sus avisos publicitarios, todos los intentos de sacar adelante un  medio nacional de cierta envergadura, y aún los modestos,  mueren por inanición  a los pocos meses de haber nacido.

-         Empobrecieron o pervirtieron a las organizaciones intermedias libres, especialmente los sindicatos obreros, que constituían el principal entramado social de la Nación. Entre el neoliberalismo, la globalización, la robotización y la corrupción apañada y aún fomentada desde arriba, los gremios, la columna vertebral del movimiento nacional,  han quedado hecho hilachas. 

-         La cultura nacional y su escala de valores han sido las víctimas insoslayables y directas de esa entrega generalizada. 

-         Ha desaparecido de la escena el movimiento nacional, el peronismo real, y no hay siquiera un partido decente, salvo que se confunda a estos dos últimos con el mamarracho visto en el Congreso Partidario de Parque Norte y en los bochornosos episodios posteriores. Nadie quiere aceptar la presidencia del PJ, porque todos saben que el poder real reside hoy en los 24 caudillos provinciales. De una Nación vertebrada, con un movimiento que le servía de columna política, hemos pasado a una mera UTE de feudos y 
satrapías, calculadoras y recelosas entre sí.

-         En los 20 años que llevamos de gobiernos constitucionales (no me animo a llamarlos democráticos), el Partido Justicialista ha consagrado dos presidentes electos: uno cambió al peronismo por el neoliberalismo,  estafándonos por la derecha; el otro se niega a llamarse peronista y a presidir el PJ pues sueña con estafarnos por la izquierda y formar otro partido (el propio, el de bolsillo).

 

La tarea

¿Por qué no ha podido surgir una propuesta realmente peronista, nacional y popular, desde nuestras filas, a pesar del esfuerzo de varios  de nosotros? Porque ya no existe aquella base social, económica y fundamentalmente humana que nos dio basamento y razón de ser. Ya no hay empresas nacionales que financien nuestros proyectos, ni sindicatos que nos den respaldo estructural y aún económico (legítimo), ni juventudes utópicas entregadas a la causa de la patria común. Sólo quedan los grandes medios, y especialmente 
 la TV, a disposición del político que obedezca sus designios (el de sus avisadores) y desee comunicarse en vivo y en  directo con cada uno de los argentinos individual y aisladamente. El ideal de los liberales: el hombre solo, aislado, frente al Estado. Y nada más. El paraíso de los plutócratas que se han  adueñado de la llave maestra y única de la comunicación política, y cuya patria comienza y termina en su bolsillo.  

Fuera de ello y como expresión masiva, sólo queda la protesta por motivos individuales (con mucho o poco público), legítima, a no dudarlo, pero sin capacidad ni vocación de  cambio político profundo y duradero.

 En ese punto exacto estamos hoy.  Es necesario reconocerlo aunque  duela, porque sería fatal creer que con una buena cosecha arreglaremos la economía y que con un batacazo electoral refundaremos el Movimiento y la Nación. 

Hay que plantar nuevos cimientos, porque nos han destruido la base de sustentación. Es el momento de recrear el empresariado nacional, el sindicalismo auténtico, la prensa propia, las  sociedades intermedias comprometidas, la juventud maravillosa, y la conciencia de que los pocos que resistimos no podemos seguir desperdigados en  centenares de grupos donde todos quieren ser caciques.

La tarea es tan larga y dura como indispensable. Hay que comenzar de nuevo, desde abajo, desde los cimientos profundos.

 

Buenos Aires, 15 de abril de 2004,

 

Juan Gabriel Labaké

------- End of forwarded message -------

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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