[R-P] Falujah y el terrorismo occidental

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Mie Abr 14 05:24:32 MDT 2004


Comparto todo lo expresado por Aznarez.
La dignidad tiene un nuevo nombre: Falujah.
Rolando
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Falujah y el terrorismo occidental 
Carlos Aznárez *

Más de seiscientos ciudadanos iraquíes han sido
asesinados brutalmente en un par de días en Falujah, 
243 de ellos son niños y otros dos mil pobladores  -  
resultaron heridos gravemente por la operación yanqui
de castigo. 600 cadáveres en una población de 600.000
habitantes.  
Esta es, sin duda, la medicina de los poderosos para
con los pueblos que no se someten. Una receta que
indica que en este mundo ya no hay lugar para la
racionalidad, porque así lo imponen los señores de la
guerra, los Adelantados del  fundamentalismo más
antiguo, el más letal: el de Occidente. 

Seiscientas vidas han quedado segadas tras los
bombardeos. Cayeron despedazados tras las oleadas de
aviones y tanques norteamericanos. Bajo las balas de
la democracia pacificadora, allí,  en Faluja. Niños
descuartizados, jóvenes con su cuerpo hecho girones
por las esquirlas de explosivos ³inteligentes² y la
brutalidad de la metralla. Decenas de fieles
musulmanes achicharrados por las llamas provocadas por
el napalm. ¿Cuál era su culpa?: rezar en una mezquita,
que a la vista de los hombres de la nueva Cruzada
fascista se convirtió en un objetivo militar.  
Pensar es peligroso, rezar es peligroso, vivir es
peligroso, allí, en Faluja 

Hospitales alcanzados por los morteros de quienes
abogan defender la libertad de los iraquíes, escuelas
que han desaparecido del mapa, y la infraestructura de
esta ciudad mártir, que acaba de ser destruida por
completo. 

No olvidarlo. Esta es la cultura que impone Occidente.
Ayer, hoy y siempre. 

Entre esos seiscientos cuerpos mutilados corría a
borbotones, hasta que llegó el invasor, la vida y la
esperanza, pero también la rebeldía, que finalmente
quiso impedir que se mancillara la soberanía de un
pueblo que no acepta ponerse de rodillas ante el
ocupante.  
¿Nosotros, no haríamos lo mismo si nos tocara ser
Falujah? 

Seiscientas mujeres, seiscientos ancianos, seiscientos
hombres de trabajo -hasta que llegaron ellos-,
seiscientos jóvenes y adolescentes, seiscientos niños.
Son tantos que sólo con nombrarlos, acongoja. Sin
embargo, parecen no valer nada para el mundo de esa
jauría asesina que aún después de la masacre intenta
sostener un discurso, unas razones, una excusa. 

Esta enorme cantidad de seres humanos que hoy ya no
existen en Falujah parece ser distintos a otros
muertos tan muertos como ellos. Pongamos por caso, los
de Madrid, sacrificados por el horror de respuesta un
11-M. Los de Tel Aviv, cuando la resistencia palestina
decide ejercitar la venganza a tanta muerte y tanta
afrenta sufrida. O los de otros rincones inhóspitos
del mundo occidental.  
Pareciera que hay, gracias a la hipocresía general,
muertos de primera en este mundo de cuarta.  
Muertos que inspiran al Papa a convocar a sus
creyentes para enfrentar al terrorismo (¿nunca al
Terror de los Estados opresores, Santo Padre?), pero
que no le mueven un pelo al jerarca de Roma cuando los
caídos son iraquíes, afganos, o inocentes corderos de
un Tercer Mundo que estalla por donde se lo mire. 

Muertos con amplísima cobertura mediática, con
manifestaciones multitudinarias de congoja, donde
marchan codo a codo los legionarios de la guerra que
invaden países y masacran poblaciones enteras, con las
víctimas de sus decisiones despóticas de ir a la
guerra para seguir acumulando riquezas.  

Falujah  y Bagdad hoy,  Kabul ayer,  Belgrado antes. 
Palestina siempre, comoVietnam, Corea, Argelia,
PanamአEs el reparto equitativo del horror en nombre
de la civilización de las trasnacionales, codiciosas
hasta el hartazgo. 

No más muertos por culpa de la locura desatada por los
gringos, sean estos yanquis, ingleses, italianos o
españoles. Podría ser  una consigna de la hora para
millones de ciudadanos de todos nuestros países, pero
serían palabras sin sentido si no las convertimos en
acción.  

No más hipocresía a la hora de contar y propagandizar
los muertos de un lado y minimizar y ocultar los
muertos del otro, como si realmente hubiera
diferencias dentro de la tragedia compartida. De lo
contrario: ¿con qué fórmula podríamos impugnar ­aunque
lo hagamos- las porciones de terror que cada tanto nos
tocan en desgracia, en este sector de la trinchera.
¿Con qué argumentos decirle a los ³otros² que no nos
hagan lo mismo que ellos cotidianamente sufren -¡243
niños asesinados en Falujah!- gracias a la bestialidad
de quienes dicen representarnos? 

Falujah, sus gentes, sus resistentes heroicos, tienen
el derecho ganado de que se termine esta sensación de
hipnosis colectiva donde nosotros mismos, los que
queremos, defendemos y apoyamos al valiente pueblo de
Iraq, a veces somos ganados por una parálisis tan
inexplicable como peligrosa para nuestro futuro. ¿O es
que nos estamos acostumbrando al genocidio? 
Si no reaccionamos hoy, cuando nuestros pueblos se
conviertan en Falujah, por obra y gracia de la
ambición de criminales de guerra de la talla de Bush,
Blair, Berlusconi, Aznar o Sharon, mañana será
demasiado tarde. 

FALUJAH. Repitamos ese nombre, y hagamos de él un
símbolo de rechazo planetario al imperialismo más
brutal que recuerde la historia de la humanidad. Ese
que se revuelve en Washington entre los gritos de
terror de sus victimas. 
Como Nagasaki e Hiroshima: FALUJAH.  Debe marcar un
antes y un después en nuestra condición de seres
humanos. 

Carlos Aznárez 
resumen en nodo50.org

* Director de Resumen Latinoamericano


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