[R-P] cacerolazos: Instrucciones
Victor Moron
vicmoron en cantv.net
Jue Abr 8 19:54:19 MDT 2004
Me parece, Jorge (y otros) que si enfocamos el problema así no avanzamos
mucho. Tienes razón en algunos aspectos parciales, pero falta un enfoque más
global. A ver si me explico tocando sólo algunos puntos de tu largo (y
emocionado) mensaje.
Nos cuentas que vienes de una familia muy pobre y que eso no fue obstáculo
para que tú y tus hermanos se calificaran como profesionales y ascendieran
socialmente. Ojo: no es chicana ni cuestionamiento: la calificación
profesional, en aquella Argentina, suponía el ascenso social. Y me parece
que justamente ahí estás pegando en el nudo de la cuestión, y se te pasa
desapercibida. Aquella Argentina (y aquel mundo) no existe más. No digo que
hoy sea absolutamente imposible esa saga familiar, pero sí lo es
estadísticamente (o sea en términos de grandes números). De un mundo en el
que había la esperanza de que los hijos vivieran mejor que sus padres hemos
pasado a otro en el que impera la certeza de que estarán peor. De la
movilidad social ascendente que analizaban los sociólogos de los 60 (y
todavía de los 70, tan fuerte fue la inercia del modelo peronista, en
nuestro caso, o del estado del bienestar, en otros) nos deslizamos a la
movilidad social descendente, a los "nuevos pobres".
Uno (o sea yo, ¡qué fácil es hablar impersonalmente, como si los culpables
fueran siempre los innominados "otros"!) despreciaba el "aburguesamiento" de
los trabajadores, que se rompían el lomo detrás de objetivos tan modestos
(entonces) como la casita con techo de losa (a veces hasta con tejas, un
lujo) y el Fitito o el Citro en la puerta. Hoy uno (o sea yo) añora aquel
pasado y aquel proyecto de vida, porque todo eso se esfumó, y lo peor de
todo es que nos estamos acostumbrando a que se haya esfumado.
El fenómeno no es sólo argentino, pese a la tendencia nacional a una cierta
sensación de exclusivismo, tanto en lo bueno como en lo malo. Y aquí sí meto
una chicana: ¿es que algún combatiente en el mundo moría tan heroica y
espectacularmente como un combatiente montonero?
No se me olvida la frase de un protagonista de la que creo que fue la
primera novela de Norman Mailer, "Costa Bárbara" ("Barbary Shore", en
inglés, el moderador nos podrá decir si la traducción es correcta). El tipo,
un viejo revolucionario, le dice a un joven que está tratando de averiguar
su misterio algo así como (cito de memoria algo que leí hace varias
décadas): "Cuando era joven y paseaba por los suburbios llenos de chalecitos
de mierda, todos iguales, y veía las mamitas de mierda empujando sus
carritos de bebé, despreciaba todo eso. Hoy siento que a las masas de gente
pobre del mundo lo único decente que podemos ofrecerles es un mundo de
chalecitos de mierda y de mamitas de mierda con sus cochecitos de bebé. Los
revolucionarios luchamos por construir un mundo en el que nos sería
imposible vivir".
Nosotros tuvimos los chalecitos y las mamitas. Hoy no queda ni el empleo,
salvo para menos de la mitad de la fuerza de trabajo registrada en las
encuestas, y la mayoría de él, de pésima calidad. ¿Cómo esa debacle no iba a
tener consecuencias culturales? La cultura de la vida, del progreso social,
de la solidaridad, ha sido reemplazada por la cultura del sálvese quien
pueda, de la insolidaridad y de la muerte. Luis Farinello, un amigo muy
querido, lo expresa bien: el modelo neoliberal es un modelo de muerte.
Coincido contigo en que ser pobre no da derecho a ser delincuente. Ser rico
tampoco. Y no ser ni lo uno ni lo otro, tampoco. Sólo registro que en una
sociedad delictiva "el que no llora no mama y el que no afana es un gil", y
vivimos en una sociedad delictiva, amigo Jorge. Delictiva y totalitaria, en
el mejor sentido de la palabra.
Entiendo tu problema cultural con los "garantistas", pero te pido que no
caigas en la trampa. El neoliberalismo es incompatible con la democracia y
con un régimen de libertades. La fundamentación sería larga, pero estoy
seguro de que en eso estamos de acuerdo. Básicamente, ninguna ideología
"totalitaria" (con una imagen unidimensional de la convivencia social)
puede coexistir con visiones alternativas, y necesita erradicarlas. Esto no
es problema en sociedades "laxas", en las que (mal que mal) caben todos, o
casi todos (no soñemos con la sociedad ideal, que por ahora no existe). Pero
cuando la sociedad se transforma en excluyente, la ideología liberal se va
al carajo. Ya no se trata de que mis libertades terminan donde empiezan las
del "otro" (o "los otros"), sino de que mi libertad es un obstáculo para las
libertades de "los otros", que son los que detentan el poder. Y no ese
ersatz autosatisfactorio que es el poder político, sino el poder en serio,
el poder económico.
En medio de esta hecatombe social y cultural, las capas medias tienen las
mismas virtudes y los mismos defectos que los demás sectores de la
población: no entienden nada. Y se vuelven tan fascistas como el resto, en
el sentido de Ferla: "un fascista no es otra cosa que un burgués asustado".
Si el padre de Axel mantuviera su lucidez, razonaría algo así como: "vivimos
en una cultura de la muerte, y la cultura de la muerte, mata". Aceptaría que
su drama particular es parte de un drama colectivo, y que no es cuestión de
instituciones que cumplan su deber, sino de instituciones que no están
diseñadas para enfrentar esta realidad. Si lo estuvieran, su política sería
la "tolerancia cero", al mejor estilo de los departamentos de policía de Los
Ángeles, o de New York. Y así y todo no podrían contener la delincuencia
(como pasa en Los Ángeles, o en New York), porque no sólo los negros (y los
excluidos) delinquen, y para colmo en la Argentina la exclusión está mucho
menos asociada a patrones raciales que en USA.
En marzo de 1994, en un pueblito del interior de Venezuela (al que,
paradójicamente, me había mudado escapándome de la violencia de Caracas) me
atracaron. A las cinco y media de la mañana me desperté con un negro enorme
a los pies de mi cama, apuntándome con una pistola enorme. Eran dos ladrones
que habían entrado por la ventana de un primer piso, forzando la reja. Me
ataron con mis propias corbatas y me saquearon la casa, lo que, reconozco,
fue menos grave que si me hubieran matado. ¿Sabes lo que le decía uno de los
ladrones al otro?: "que bueno, hermano, cómo estamos jodiendo a estos
burgueses". Y vaya que me jodieron, desvalijándome en un momento en que la
retracción económica me hacía especialmente difícil recapitalizarme.
Me costó dejar de vivirlo como un problema personal. Fui un lamentable
episodio (una anécdota, vista a una década de diferencia) de una guerra
social no declarada. Y conste que si hubiera encontrado a esos carajos, los
hubiera cortado en tiritas sin piedad. Menos piedad tiene uno, supongo, si
le matan un ser querido.
Comprendo perfectamente al señor Blumberg, y no puedo pedirle que actúe con
la cabeza fría, porque en este momento no la tiene. Pero sí me parece que
tengo derecho a exigirle cabeza fría al resto de la sociedad (a ti por
ejemplo). Aquí no hay un problema cultural, ni una conspiración gramsciana.
Hay una sociedad escindida y una cultura de la muerte que la invade por
completo. Ni los "represivos" ni los "permisivos" pueden dar soluciones,
porque ambos están pensando en otra sociedad, aquella que comenzó a morir en
marzo del 76.
Personalmente, soy bastante pesimista. Recomiendo volver a ver "Brazil",
aquella formidable película de Gillian. Me parece que ese es el mejor futuro
que nos espera, y en él el señor Blumberg no se va a sentir nada incómodo.
Tampoco tú, por lo que dices en tu correo. Todo lo demás es declamatorio.
Que si las transnacionales o si el imperialismo, que si Gladstone o no sé
que otro inglés muerto hace más de doscientos años. Pero a mí, honesto
consumidor (que no ciudadano, concepto perimido) de clase media, que no me
toquen lo que me costó tanto esfuerzo personal conseguir (como si el
esfuerzo social no hubiera tenido nada que ver, incluso el que nunca fue
recompensado). Porque entonces saco las garras del "por algo será".
Y me temo, amigo Cuello, que estás sacando precisamente esas garras. Eso es
malo, porque uno termina aliándose con sus verdugos. Sospecho que algo así
pasa con las decenas de miles de buenos burgueses que participaron de las
marchas convocadas por el señor Blumberg. A ellos no puedo despreciarlos,
sólo tenerles lástima, porque tienen demasiado tiempo avalando un modelo que
sólo podía terminar en esto, en la muerte cruel de Alex. Y que va a producir
cosas más horribles. El sueño de la razón produce monstruos, dijo Goya. Y
eso que él no conoció ni a Bernie ni a Haddad.
Nos han impuesto una sociedad violenta, delictiva y totalitaria. O la
combatimos, o le exigimos que sea más violenta y más totalitaria, para
limitar el delito que nos afecta a nosotros, los buenos burgueses. O sea,
somos rebeldes o somos fascistas (burgueses asustados, y esto no tiene nada
que ver con nuestro buen amigo fascista-leninista, Edgar). Son opciones que
por ahora nos quedan. Debiéramos aprovecharlas, antes de que sea demasiado
tarde.
Saludos,
Víctor
> -----Mensaje original-----
> De: reconquista-popular-bounces en lists.econ.utah.edu [mailto:reconquista-
> popular-bounces en lists.econ.utah.edu] En nombre de Jorge Cuello
> Enviado el: jueves, 08 de abril de 2004 11:57
> Para: edgar smith
> CC: reconquista-popular
> Asunto: RE: [R-P] cacerolazos: Instrucciones
>
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
> A los muchachos de Asamblea Cid Campeador
> Exceptuando el punto 13, que ademas de ser falso, pues las doscientas o
> trescientas o vaya a saber uno cuantas personas se movilizaron ante el
> congreso, calles aledañas, ciudades o distrituos circundates, capitales de
> provincias, etc. estas personas NO eran todas de esos barrios coquetos que
> Uds. menciona. Habia de todo. Mas aún, es muy posible que de esos barrios
> habria una minima minoria. Vuelvo al principio, exceptuando el punto 13 y
> alguna chicana ridicula mas,la marca de la ropa,por ejemplo pues no se
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular