[R-P] ABELARDO RAMOS Y JORGE LUIS BORGES

Leonardo Cofre lcofre en Argentina.com
Mar Abr 6 10:05:09 MDT 2004


Si no me falla la memoria esta carta ya la envié a la lista a poco tiempo de
mi participación en R-P. Bien vale ahora, en estos ciegos momentos, ser
reiterativo. Dos muertes cruzan este envio, la del propio autor, J. A.
Ramos, que no permitió el envio de la replica al diario Clarín; y luego la
del destinatario, C. E. Feilling, a quien tuve el gusto de conocer y hasta
de acompañarlo con un par de tragos en el bar de la vieja librería Gandhi,
específicamente Bourbon, que era lo que el tomaba, hasta casi los pies de la
misma muerte que se lo llevara luego de una terca enfermedad. Su ultimo
libro publicado creo que fue Un poeta nacional.
Esta respuesta de Ramos se adecua no en el orden de la razón, quiero decir
ignoro si se inclina a un lado u  otro, pero si definitivamente cae
atinadamente sobre la figura de Borges, diría en toda la dimensión de su
figura. Y casualmente habla también de un poeta nacional. Irónicamente
sella, estampa una vuelta mas, y deja en evidencia a esta manía del "índice
fácil" que señala y gatilla cipayos por doquier, una practica peligrosa, ya
que hace estéril ante la repetición del termino, todo el peso, todo el
significado que la palabra tiene.

ABELARDO RAMOS Y JORGE LUIS BORGES


----------------------------------------------------------------------------
----

Una crítica literaria aparecida en el matutino "Clarín" llevó a Jorge
Abelardo Ramos a escribir esta respuesta que, al declinar su salud, poco
antes de su lamentado deceso, no fue enviada. Esta carta incursiona, con el
estilo irónico y mordaz que lo caracterizó, en ese entretejido cultural que
forma la intelligentzia de los países semicoloniales. Rescata a Borges,
actor y victima de una tragedia que lo contenía y lo realza en comparación
con ese microscópico universo "progre" compuesto por un amplio sector de la
clase media semi ilustrada, que carga sus tintas en el rencor social y la
frustración personal.

El señor C.E.Feiling me ha proporcionado un estremecimiento inédito. Por sus
iniciales y apellido pienso que el señor Feiling es ingles, y quizás también
lo sea por su evidente erudición y destreza literaria expuestas en su
articulo del jueves último. Quizás sea joven y apasionado, lo que es bueno,
sobre todo tratándose de un ingles.
Además, que un ciudadano de ese origen se ocupe de un modesto argentino, no
deja de ser para mí extremadamente lisonjero.
El señor Feiling sostiene en su articulo que la crítica al imperialismo
contemporáneo ha sido y es desacreditada por el espanto que produce en la
gente de bien los predicadores de tal crítica, entre ellos nada menos que el
Ayatolah Komehini y quien firma.
Este homenaje me abruma. Ignoraba hasta que llegó Feiling, el grado de mi
imprudencia mundial.
Aunque no fuera cierto, le quedo muy agradecido y me siento sumamente
gratificado.
Al fin y al cabo, cuestiones políticas aparte, ajenas por lo demás a la
Argentina, sin duda el Ayatolah Komehini encarnaba, en su momento, el
poderoso fuego de la fe en un milenio escéptico y movilizó millones de almas
en torno a la tradición coránica, que parecía mucho menos importante que el
poderoso ejército del antiguo sha reinante.
Solo quisiera rectificar en un punto al señor Feiling. Se trata de una
atribución errónea.
El señor Feiling dice que yo he tratado a Borges de cipayo. No es así.
Borges no fue nunca un cipayo (la palabra "cipayo" es un vocablo persa o
iraní, la misma lengua del Ayatolah, que quiere decir "hombre de a caballo"
y que, por extensión, en la India se aplicaba a los soldados hindúes que, en
lugar de defender su patria, servían a los ingleses dominantes.)
Y digo que Borges nunca fue un cipayo porque toda su formación, desde su
nacimiento, fue el resultado de varios factores que hicieron de él un gran
poeta cosmopolita bilingüe.
Por un lado, el inglés no lo aprendió en una academia de la calle Maipú,
como tantos cipayitos que quieren huir de su patria, sino que lo bebió de
los labios de su abuela. En la infancia su padre, que era un intelectual
afrancesado y anglicanizado, lo encerró en una maravillosa biblioteca
repleta de literatura inglesa fantástica, donde el nutrió sus primeros
sueños, que son los esenciales en un ser humano. Luego su adolescencia
transcurrió en Ginebra, de la misma manera que fue Ginebra el lugar que
eligió para morir.
Él enseñaba a los ingleses, con una dicción perfecta, el ingles medieval y a
los norteamericanos les enseñaba el inglés básico. Al mismo tiempo era dueño
de un genio verbal por todos reconocido.
Yo diría, más bien, que pertenecía de algún modo y pese a las diferencias de
tiempo y lugar, a ese tipo de intelectual anglo indio que en Bengala, Bombay
o Calcuta soñaban con ser ingleses refinados, con ir a Oxford o a Cambridge,
con incorporarse a la potencia dominante, que era la más poderosa y refinada
de su tiempo y que, ciertamente, hablaban el ingles mejor que Shakespeare.
Muchos de ellos lograron finalmente ser oxfordianos.
Tenían el corazón dividido o, mejor dicho, las dos almas entrelazadas.
Esos grandes intelectuales anglo indios terminaron finalmente, en muchos
casos, yéndose a vivir a la metrópoli.
Repetían, como en el caso de Borges, el drama de Paúl Groussac, un amargo
francés, notable escritor castellano, que siempre soñó con ser escritor en
Francia y que se vio obligado a seguir un, para él, oscuro destino
sudamericano.
No era ni francés ni argentino. Era las dos cosas. Esta especie de
cruzamiento intelectual entre potencia y colonia, en el caso del Río de la
Plata, dio como resultado a un gran poeta anglófilo que, desde ya, detestaba
todo lo que podía ser bien criollo, pero cuyo arte literario de tajante
corte bizantino y de culto a la pura forma, va a constituir la admiración de
todos los textos literarios del porvenir.
Baste recordar, para un último ejemplo que dedico al señor Feiling, con que
apasionada atención centenares de intelectuales hindúes, encerrados en el
inmenso continente colonial, escuchaban por las noches durante la segunda
guerra mundial, entre los golpes de interferencia de la estática de la radio
y el mar, las emisiones de la BBC dirigidas a la India como propaganda de
guerra, donde hablaban nada menos que George Orwell, el filósofo Jhoart
Foster y otros grandes espíritus ingleses sobre temas que concernían
específicamente a la tradición occidental británica y no, por supuesto, a la
milenaria tradición espiritual de la India.
Señor director, le agradecería la publicación de estas líneas y le quedo muy
reconocido por su atención.


JORGE ABELARDO RAMOS








Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular