[R-P] En el 2 Abril, un capítulo de Ramos s/ Malvinas, agregado a Hist.de La Nacion Latinoamericana

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Vie Abr 2 04:47:29 MST 2004


Esta capítulo, no estaba en las primeras ediciones de
ese formidable libro -para mi el mejor- de Abelardo,
que es Historia de La Nacion Latinoamericana.

Por tal motivo, y en homenaje a la fecha, y a la I.N.,
abanderada consecuente de la Causa de Malvinas, lo
reenvío.

Rolando
=======================================================
CAPITULO XVII

DE BOLIVAR A LAS MALVINAS

La guerra de las Malvinas replanteó con el lenguaje de
las armas, última ratio de la historia, la exigencia
de consumar la unidad política económica y militar de
la Patria Grande. Debemos concluir de una vez con la
intolerable ironía de que la América Criolla sea una
Nación en todos los aspectos, menos en aquéllos que
resultan decisivos para defender su dignidad, el nivel
de vida de sus hijos y su gravitación cultural en el
mundo.

1. Bolívar y el movimiento de las nacionalidades
en el Siglo XIX.

Ni Bolívar ni San Martín combatieron pura y
simplemente por la independencia de las colonias
españolas en América. Por el contrario, ambos
capitanes se esforzaron por todos los medios en
mantener unidas las provincias americanas del Imperio
a su centro metropolitano español. Tal es el
significado de las conversaciones de San Martín con el
Virrey La Serna en Pinchauca. En Colombia, Bolívar
meditaba lo mismo que San Martín. De allí nació su
proyecto de una Confederación entre América y España.
Sería un Imperio "compuesto de Repúblicas
perfectamente independientes, reunidas para su
felicidad bajo el dominio de una Monarquía
constitucional".

Pero las Cortes liberales de 1820, que ni siquiera
querían admitir la igualdad de las provincias
americanas con las de España, rechazaron el proyecto.
Eran la expresión de la raquítica burguesía española,
incapaz de realizar su revolución democrática y que
capitula una y otra vez ante el absolutismo.
La independencia fue irremediable y, a la vez,
trágica. Pues la independencia de España nos costó la
"fragmentación" en 20 repúblicas impotentes y la
subordinación a los nacientes imperios anglosajones.
¿Cuál era, en consecuencia, la esencia del pensamiento
político de Bolívar? Crear una Nación americana. Si
era posible, proteger su crecimiento y fortalecer su
débil estructura bajo el manto protector del viejo
Imperio Español, con la garantía del carácter
constitucional de su centro monárquico.

La explicación es muy simple. Tanto Bolívar como San
Martín, O'Higgins, Alvear y muchos otros soldados de
las guerras contra España habían sido oficiales del
Rey en la metrópoli. Eran hijos de una época dominada
por dos grandes temas: la revolución francesa, con sus
Derechos del Hombre y del ciudadano y las campañas
napoleónicas, que contribuyeron a la constitución de
nuevos Estados Nacionales. El Siglo XIX ha sido
llamado, justamente, el siglo del movimiento de las
nacionalidades. Pero la formación de los Estados
Nacionales unificados en Europa, que serían
formidables palancas para su progreso, encontró
insuperables obstáculos en la América Criolla. No sólo
se oponen a la unidad nacional de América Latina las
potencias anglosajonas, cuya divisa, tomada de los
romanos, sería divide et impera, sino que las
oligarquías portuarias y los grandes hacendados
fortalecidos después de las guerras contra España,
habrían de confiscar el poder. Las clases dominantes
criollas se aliaron al poder imperialista extranjero. 

Despojaron al pueblo de América Latina de dos valores
esenciales: a) la democracia política y económica, y
b) el acceso a la civilización moderna, sólo posible
por la unidad de la América Criolla en una poderosa
Confederación. Tal sería un resumen posible de la
historia de América Latina.

2. Oligarquía e imitación.

El triunfo del parasitismo oligárquico, que requiere
para continuar en el poder la fragmentación de la
Nación Latinoamericana, se revela esencial al dominio
imperialista, lo mismo que la formación de un sistema
de partidos políticos domados, una "inteligencia"
colonizada y un aparato cultural que, en el caso de la
Argentina, adquiere una fuerza semejante al de un
ejército de ocupación. Tales apoyos del poder
imperial, que hablan generalmente nuestro mismo
idioma, constituyen una pieza clave de la aludida
dominación extranjera. El Gobernador Roberts decía en
1842, en la India conquistada por Gran Bretaña,
palabras de una claridad penetrante: "Es una terrible
experiencia gobernar sin la ayuda de intermediarios de
extracción nativa".

La división de América Latina desencadenó un proceso
contradictorio: los centros mundiales de poder se
enriquecían mientras las nuevas Repúblicas se
empobrecían. El imperialismo saquea América Latina y
realiza su acumulación, es decir, la realiza a costa
de nuestra impotencia y atraso. Las clases nativas
mencionadas se forman culturalmente en la veneración
de las instituciones europeas, sus modas, sus libros,
sus ideas y Constituciones, sus vinos y trajes,
mujeres y vicios. Toda una literatura a principios de
siglo va a dar testimonio deplorable de la anglomanía
o francomanía lugareñas. Cada país latinoamericano se
incomunica entre sí y estrecha sus lazos con un poder
imperial. Las provincias se llaman ahora naciones,
pero en realidad son semi-colonias apenas disfrazadas
por los símbolos externos de una país soberano:
escudos, banderas, monedas, Constituciones, Códigos
Civiles, instituciones parlamentarias, aduanas
cerradas para sus vecinos y abiertas para los
imperios, etc. Todo se vuelve estéril o imitativo. Las
burguesías comerciales se reparten, junto al capital
extranjero depredador, la riqueza nacional. Una parte
de la inteligencia literaria, profesional o técnica de
la América Latina no cesa de imitar o de adorar cuanto
producto proviene de Europa, cuando no va a Europa a
arrodillarse ante él. Como el orangután que imaginaba
Blanco Fombona y que al imitar a su amo mientras se
afeitaba, terminó por degollarse con su navaja, ante
el espejo.

Así esa inteligencia en la Argentina, en las palabras
de Borges, expresará: "soy un europeo en el
destierro".
La escritora oligárquica Silvina Bullrich escribiría:
"Mi hogar está en París y mi oficina en Buenos Aires".
Julio Cortázar afirma que se fue de la Argentina hace
30 años porque "los altoparlantes con los bombos
peronistas le impedían escuchar los Cuartetos de Bela
Bartok" y que "prefería ser nada en la ciudad que lo
es todo a ser todo en la ciudad que no es nada".

Que unos sean de derecha o de izquierda, poco
importaba en la factoría pampeana hechizada por la
Inglaterra victoriana. Estos intelectuales y partidos
"demo-liberales", hace 40 años apoyaban jubilosamente
a las democracias coloniales en guerra con las
potencias europeas totalitarias. Son los mismos que
hoy consideran la guerra de las Malvinas como una
aventura irresponsable. En 1941 pugnaban por el
ingreso de la Argentina a la guerra imperialista a fin
de defender a Inglaterra. Ahora rechazan la guerra
argentina contra Inglaterra. El orangután sigue frente
al espejo.

Muchas colonias terminan por independizarse
políticamente de las metrópolis y adquieren la ficción
de un "status" jurídico de soberanía formal. Entonces,
el imperialismo mundial, en particular en los últimos
veinte años, enlaza a las antiguas colonias con las
cadenas del endeudamiento financiero y vuelve a
someterlas mediante el poder extorsivo de la deuda
externa. Es interesante a este respecto citar
nuevamente al patriota Nehru, que escribió las
siguientes reflexiones, detenido en una prisión de su
propio país, la India, por orden del "gran demócrata"
Churchill, mientras Inglaterra luchaba por la
"democracia" mundial en 1944: "Para los ingleses la
India era una finca muy vasta que pertenecía a la
Compañía de las Indias Orientales y el propietario era
el representante mejor y más natural de su finca y de
sus arrendatarios. Ese criterio se mantuvo incluso
después de que la Compañía de las Indias entregara su
finca de la India a la Corona Británica, con una muy
lucida compensación a costa nuestra. Así comenzó la
deuda pública de nuestro país. Era el precio de compra
de la India pagado por la India."

Así fue como en 1902, Venezuela fue amenazada en sus
costas por una flota inglesa y otra alemana, enviadas
por los acreedores europeos. Fue en esa ocasión que el
General Roca, Presidente de la Argentina, por medio de
su canciller, formuló la Doctrina Drago, que condenaba
en América el cobro compulsivo de la deuda externa.
Era un fugaz relámpago del pensamiento bolivariano,
sometido a prolongados eclipses. El Atlántico Sur
ahora lo convoca con inmensa fuerza en los días que
corren.

3. Breve historia de piratas.

En 1806 desembarcaron en las proximidades de Buenos
Aires 7.000 soldados Británicos. Venían al mando del
General Beresford. Ocuparon a una Buenos Aires aldeana
con toda facilidad. Beresford se instaló en el Fuerte
(actual Casa de Gobierno en la Plaza de Mayo) y
comenzó a estrechar lazos con algunas familias de la
"gente decente". Pero los gauchos de los alrededores
se organizaron en milicias y con algunos regimientos
españoles y criollos, empezaron a luchar. Las mujeres,
desde los techos bajos de las casas cercanas al
Fuerte, arrojaban sobre los ingleses aceite hirviendo
y grandes piedras. Se luchó casa por casa y los
criollos vencieron a los soldados del Rey inglés.
Beresford fue tomado prisionero pero logró huir,
ayudado por Saturnino Rodríguez Peña. Este porteño
anglófilo fue pensionado de por vida en el Brasil por
el gobierno de Su Majestad. A pesar del tiempo
transcurrido, todavía Beresford cuenta en la Argentina
con abnegados amigos. Al día siguiente, el Imperio
Británico persistió en el intento. En 1807 

aparecieron 110 velas en el Río de La Plata.
Desembarcaron esta vez 12.000 hombres al mando del
General Whitelocke. Derrotados por los criollos,
fueron capturados y reexpedidos a Inglaterra.
La tercera invasión inglesa obtuvo mejor éxito. En
1833 desembarcaron en las Islas Malvinas y se quedaron
150 años. Para imponer su presencia comercial en los
ríos interiores argentinos, una flota anglo-francesa
se abrió camino en el Paraná en 1845. Escasas fuerzas
argentinas, al mando del General Lucio Mansilla,
tendieron una cadena, a falta de naves nacionales, en
la famosa batalla de la Vuelta de Obligado. En 1877
una cañonera británica pretendió intimidar al gobierno
argentino para favorecer una maniobra financiera poco
clara de un gerente inglés en un Banco de la ciudad de
Rosario. Finalmente, en 1982, la flota de la Reina,
cargada de oficiales coloniales y de gurkas
degolladores, con un refinado armamento electrónico,
reocupó las Islas Malvinas, y estableció una base con
armamento nuclear en el suelo de América Latina.

4. Antes de Galtieri.

Un año antes de la reconquista de las Malvinas se hizo
perceptible que los ingleses, al cabo de 150 años de
intercambio de notas diplomáticas, se disponían a
mover otra pieza en su tablero estratégico. Por un
lado habían resuelto deshacerse de su flota, reliquia
de mejores tiempos imperiales. Por otro, aspiraban a
contar con las Islas Malvinas a un bajo costo y a la
luz de las exigencias de su posición actual en el
mundo. Esto último debe entenderse en el sentido de
proceder sin dificultades a la explotación del
petróleo del área malvinense que los geólogos
consideran de una capacidad mayor que la de Arabia
Saudita y a la industrialización del Krill, pequeño
crustáceo de alto poder proteico, que es una de las
mayores reservas mundiales en materia de alimentación.


Finalmente, reforzar la importancia inglesa en la
OTAN, mediante el control militar del Estrecho de
Drake y sus aspiraciones a la Antártida. Pero
Inglaterra no deseaba negociar con la Argentina.
Advirtió mediante el M16 (Servicio de Inteligencia
Británico) en Buenos Aires, que la Argentina no
aceptaría el cumplimiento de los 150 años de la
ocupación inglesa en las islas sin una modificación
sustancial de dicha situación. Desde 1965, en los
Estados Mayores de las Fuerzas Armadas se venían
realizando anualmente ejercicios y planes alternativos
para la ocupación de nuestro Archipiélago. Sólo
faltaba la decisión política. A partir del año
mencionado, siempre hubo planes militares para la
acción inmediata.

Los ingleses elaboraron un proyecto maestro a bajo
costo, truncado el 2 de abril de 1982 por la ocupación
militar de las Malvinas. Ese plan consistía en
"descolonizar" las Malvinas. Se trataba de fundar de
la noche a la mañana un nuevo "Estado Soberano", el de
las "Falkland Islands", con un Primer Ministro (quizás
el mismo "barman" del único "pub" de Port Stanley),
pedir a las grandes potencias un intercambio de
cónsules y solicitar su admisión a las Naciones Unidas
y a la OEA. El reconocimiento diplomático de Gran
Bretaña, Estados Unidos y demás socios de la OTAN
europea sería inmediato. No menos fulminante sería el
tratado que el flamante Primer Ministro malvinés
firmaría con Estados Unidos, otorgándole un contrato
de arriendo por 99 años para la construcción de una
base aeronaval, que sería luego puesta a disposición
de los socios de la OTAN. La intriga no sólo encajaba
dentro de la tradición de Lord Ponsonby sino también
en el plan de austeridad fiscal impuesto por el
gobierno conservador de la señora Tachter.

Nada podía ser más oportuno que llevar a cabo la
operación diplomática en el feliz año de 1982, en que
al fin un verdadero Presidente militar pro-occidental
se había hecho cargo del gobierno en la Argentina.
5. ¿Por qué se plantea hoy la unidad de América
Latina?
La unidad del Estado se forma en Europa como resultado
del desarrollo del capitalismo. Al trocarse en
potencias imperialistas, impiden a su vez a otras
regiones del planeta históricamente rezagadas que
ingresen al camino del capitalismo y se constituyan en
Estados Nacionales unificados. Tal es el caso del
Medio Oriente árabe o de los Estados de la América
Criolla. El imperialismo se opone al crecimiento del
capitalismo en las colonias. Gracias al resorte
propulsor e involuntario de las grandes crisis
mundiales (1914, 1939, el crack del 1929) aparecen en
los países coloniales o semi-coloniales formas
embrionarias de capitalismo industrial. Grupos de
burguesías locales se vinculan al mercado interno. Por
su parte, el gran capital imperialista, estrechamente
vinculado a las oligarquías agrarias, mineras o
financieras, se opone al desenvolvimiento de estas
nuevas burguesías, empleando todos los medios, sean
políticos, económicos o militares.

Esta lucha de clases se da con frecuencia, pero no se
trata de la lucha de clases habitualmente conocida
como el duelo entre la burguesía y el proletariado
según el modelo europeo, sino de una lucha menos
mencionada en los libros y más vista en la realidad,
que es la lucha entre la clase oligárquica y la nueva
burguesía. En este sentido, podría decirse que la
dictadura militar en la Argentina, guiada por la
pandilla de Martínez de Hoz, ha luchado con tal éxito
contra la burguesía nacional, que ha terminado por
destruirla. Pero esto no podría significar en modo
alguno que Martínez de Hoz ha llegado al socialismo,
sino, por el contrario, que la oligarquía ha logrado
dejar sin trabajo a dos millones de obreros y obligado
a los industriales a transformarse en importadores,
financieros, estafadores, o, en otros casos, a
emigrar. A diferencia de todos los países de Europa o
Estados Unidos, donde la norma es el triunfo económico
y político de la burguesía urbana sobre sus antiguos
adversarios de la nobleza agraria, en América Latina
la burguesía industrial es minoritaria en todas partes
y rara vez está en condiciones de ocupar el poder,
sino mediante caminos indirectos como en el caso del
Ejército y del peronismo entre 1945 y 1955, en la
Argentina.

Resulta evidente, ante todo lo dicho, que la unidad de
América Latina no se plantea hoy como exigencia del
desarrollo de las fuerzas productivas en busca del
grandioso mercado interno de las 20 Repúblicas, sino
justamente por la razón opuesta. A fin de lanzarnos
resueltamente por el camino de la civilización, la
ciencia y la cultura, exactamente para desenvolver el
potencial económico de nuestros pueblos sea por la vía
capitalista, por medio del capitalismo de Estado, por
la ruta de un socialismo criollo o por una combinación
de todas las opciones mencionadas, América Latina
necesita unirse para no degradarse. No es el progreso
del capitalismo, como lo fue en Europa o Estados
unidos el que exige hoy la unidad de nuestros Estados,
sino la crisis profunda y el agotamiento de la
condición semi-colonial que padecemos.

La guerra de las Malvinas, en el cuadro de esta lenta
decadencia, ha irrumpido y vuelto a plantear todo de
nuevo y aquella figura retorizada, abrumada en el
bronce, venerada en la rutina escolar inmovilizada y
divinizada, es decir Simón Bolívar, ha cobrado vida en
el Atlántico Sur. Vuelve a montar a caballo. Toda la
América Latina ha recobrado la memoria histórica
perdida. Ahora se entiende al fin el significado de
voces olvidadas y precursoras: Torres Caicedo, Manuel
Ugarte, José Vasconcelos, Haya de La Torre. Y se podrá
comprender que ni el nacionalismo, ni la democracia,
ni el socialismo poseen el menor significado en
América Latina, si no se reencarnan en un programa
general de Revolución Nacional Unificadora de La
Patria Grande. La guerra de Malvinas, con el fulgor
del relámpago, enseñó a los latinoamericanos que
realmente tienen una patria común.

6. Nacionalismo de los países opresores. Nacionalismo
de los países oprimidos.

La guerra de las Malvinas permite reformular problemas
de una gran importancia, frecuentemente oscurecidos
por una fraseología que gira alrededor de un
"democratismo" puramente verbal. La asimilación de un
país imperialista u opresor con el nacionalismo de una
país oprimido o semicolonial es un concepto
típicamente europeo. De ese modo, no faltaron
"demócratas" y aún "marxistas" que identificaron el
nacionalismo de Hitler con el nacionalismo de Perón, o
el nacionalismo de Gandhi con el de Mussolini. Aunque
se trata de una trivialidad teórica (que se degrada
hasta trocarse en impostura política), será preciso
referirse a ella pues los poderosos intereses que
regulan en América Latina el poder real, han
introducido tales falacias hasta en el olimpo del
ámbito académico. La guerra de las Malvinas reabrió el
debate. Algunos sectores, en la propia Argentina y,
naturalmente en Europa, legitiman la agresión de la
flota inglesa en el Sur. Al fin y al cabo era una
lucha entre la democracia británica contra la
dictadura militar del General Galtieri.

El nacionalismo de Hitler expresaba la suprema forma
del terrorismo del capital financiero en busca de una
redistribución colonial en un mundo oprimido por las
potencias rivales. La democracia inglesa, belga o
francesa, por el contrario, eran "pacifistas". Gozaban
de la explotación colonial de continentes enteros. Su
servicial doctrina reposaba en el "Statu-Quo". Una
guerra sólo podía poner en peligro el botín
conquistado. Así Inglarerra resulta hoy pacifista en
relación con la Argentina. Hasta hay en Buenos Aires
"pacifistas anglófilos". Desean poner fin a la disputa
en nombre de una paz imperial.
El nacionalismo de Perón o de Velazco Alvarado, a
diferencia del nacionalismo japonés, nazi o fascista,
encarnó la resistencia de los pueblos débiles contra
un imperialismo explotador oculto tras la "máscara
democrática" de las potencias de occidente o de
Oriente.

Justamente el caso de la oposición entre democracia
formal y democracia real adquiere en Bolívar su
profundo significado. Para abrir el camino a una
sociedad civilizada unida y soberana, Bolívar concibe
el Proyecto de una Presidencia vitalicia. Belgrano y
San Martín, en el Sur, meditaban un proyecto parecido,
el de establecer una Monarquía, instalando en el trono
a un descendiente de los Incas. El sol de la Bandera
creada por Belgrano y que es hoy la bandera argentina
de guerra, es símbolo inca. Los Libertadores
perseguían el objetivo central de encontrar un foco
centralizador del poder que evitase las tendencias
centrífugas generadas por el atraso, las grandes
distancias y las intrigas diplomáticas anglosajonas.
Como América Latina, tras la larga dominación
española, carecía del desarrollo capitalista, con una
burguesía urbana y una monarquía absoluta, factores
esenciales para generar la unidad del Estado, Bolívar
había meditado una forma especial de centralización
del poder que preparase en un largo trecho histórico
el tránsito hacia una democracia representativa. Por
tal razón, así como San Martín fue acusado de
"monárquico" por los tenderos del puerto de Buenos
Aires interesados en el libre cambio, Bolívar, a su
vez, fue combatido por el célebre leguleyo Santander,
localista como el porteño Rivadavia, de aspirar a la
"dictadura. Y, en efecto, tanto Santander, como
Rivadavia o Casimiro Olañete en el Alto Perú, eran
"demócratas" en el sentido de que eran elegidos por
las reducidas oligarquías comerciales, mineras o
latifundistas de sus comarcas respectivas para impedir
la formación de una gran Nación. En la recién fundada
Bolivia, todos los propietarios de indios y minas eran
opuestos a Sucre y Bolívar que habían abolido en el
papel el régimen de la mita, o sea la esclavitud
indígena, antes de desaparecer de la escena.
América Latina es el objeto del hazmerreír europeo por
las crisis cíclicas de sus instituciones democráticas.


Sin embargo, para conocerse a sí misma, América Latina
debe preguntarse: ¿cómo lograron la democracia las
naciones europeas que más próximas han estado de la
historia de nuestro continente?

En primer término, abrieron el camino a la democracia
por medio de la dictadura. Oliverio Cromwell,
Protector de Inglaterra, cortó la cabeza a Carlos I,
encarnación del absolutismo. A su vez, en Francia,
Robespierre y el partido jacobino, decapitaron a Luis
XVI y su mujer, con los mismos fines. Estos regicidios
no eran el único recurso. Hicieron lo mismo con parte
de la nobleza feudal que se resistió al nuevo poder
burgués y popular. La segunda fase del proceso
democrático en Europa pasa por la explotación
colonial. La acumulación de capital extraído de las
colonias africanas, asiáticas y americanas, permite
mantener cierto nivel de vida en las metrópolis,
desarrollar la técnica, investigar la ciencia,
mantener grandes flotas, construir enormes fábricas y
echar las bases de la democracia europea. En cambio,
para sostener la democracia en las metrópolis, se
requiere mantener el terror y el despotismo militar en
las colonias. Democracia y dictadura son indisociables
en la historia de las potencias europeas.

"El saqueo de Bengala ayuda a la revolución industrial
de Inglaterra",escribe en sus memorias Pandit Nehru.

7. Los generales argentinos occidentales se enfrentan
con Occidente.

En diciembre de 1981 de General Galtieri y su nuevo
Canciller, el Dr. Nicanor Costa Méndez, se habían
referido públicamente a la necesidad de purificar,
"blanquear" la política exterior de la Argentina. Esto
no era nuevo. Ya el Ministro del Interior precedente
de la dictadura, General Albano Harguindeguy, se había
envanecido en una conferencia de prensa de que la
"Argentina se contaba entre los dos o tres países
blancos del mundo".

Al mismo tiempo, expulsaba del país a trabajadores
chilenos, bolivianos y paraguayos. Cierto tipo de
militares latinoamericanos participaban del mismo
punto de vista. Por ejemplo, el General boliviano
Vázquez Sempertegui, ilustre pensador contemporáneo,
de la misma escuela filosófica que el general
argentino, había dicho: "Hay que mejorar la raza
mediante la inseminación artificial".

El General Galtieri afirmó que era imperioso ubicarse
junto al Occidente. Su canciller, el Dr. Costa Méndez
se refirió despectivamente al conjunto sospechoso de
los Estados del Tercer Mundo. El General Calvi, Jefe
del Estado Mayor del Ejército, había elogiado, por su
parte, las relaciones argentinas con la racista
Sudáfrica. El genio inventivo de García Márquez quedó
reducido a la nada cuando la elusiva y fabulosa Clío
desenvolvió toda la intriga. Los Estados Mayores de
las fuerzas armadas, advertidos de los planes
británicos, resolvieron precipitar la acción de
reconquista de las Islas Malvinas. Fundaron su
decisión en varias hipótesis, todas erróneas. La
primera de ellas era la neutralidad benévola de
Estados Unidos en la solución del problema. Resultaba
lógico para los militares argentinos suponer que el
gobierno norteamericano, agradecido por el envío de
500 instructores militares a Centroamérica para ayudar
a los planes yanquis de invasión de Nicaragua y El
Salvador, jamás actuaría contra los intereses
argentinos en las Malvinas. Tampoco Gran Bretaña, en
vísperas de vender su flota, y aliada de Estados
Unidos, reaccionaría mediante acciones militares. Era
sensato suponer que Estados Unidos mediaría para
lograr una solución tan satisfactoria para su aliado
anticomunista del Sur como para su aliada europea de
la OTAN. Por lo demás, se contaba con el apoyo
diplomático mayoritario en el Consejo de Seguridad de
las Naciones Unidas. Pero nada de eso ocurrió. Sucedió
exactamente lo contrario. El 3 de abril, al día
siguiente de la ocupación argentina, en el Consejo de
Seguridad votaron contra la Argentina tres de los
gobiernos que cuentan con poder de veto: Estados
Unidos, Gran Bretaña y Francia. Los dos gobiernos que
también son miembros permanentes del Consejo de
Seguridad y asimismo tienen poder de veto, se
abstuvieron en la votación: fueron los gobiernos de la
URSS y de China. Sólo un país, de la América Criolla,
votó gallardamente a favor de la Argentina en el
Consejo de Seguridad. Fue la República de Panamá, por
la boca de su Canciller, el Dr. Jorge Illueca. En esa
misma tierra, en 1826, el Libertador Simón Bolívar
había convocado a los estados emancipados del Imperio
español a reunirse en una gran Federación. De Panamá
regresaba ahora el eco del gran mensaje, que parecía
olvidado para siempre. Y así fue: Bolívar, Panamá, las
Malvinas.

Hasta último momento, a mediados de abril, Galtieri y
los generales esperaron que Estados Unidos cumpliera
con sus amigos del Sur. Cuando el Presidente Reagan
anunció que su gobierno apoyaría con todos sus medios
a Gran Bretaña, ya navegaban en aguas del Atlántico
Sur los submarinos atómicos ingleses. Su bloqueo
marítimo impidió a la Argentina la afluencia del
material de guerra, en particular la artillería de
costa de 155 mm, que habría vuelto inexpugnable la
invasión inglesa a las Malvinas. Recién entonces, los
generales argentinos pro occidentales comprendieron
que había que enfrentar una guerra con el Occidente
colonialista. Entraron en guerra cuando ya era tarde
para hacerlo. Si hubieran sabido desde el principio lo
que ocurriría, jamás hubieran ocupado las Malvinas. El
general Galtieri se volvió antioccidental; y el Dr.
Costa Méndez, abogado de grandes empresas inglesas,
pronunció excelentes discursos antiimperialistas. 

Estos cambios son frecuentes en la historia universal.
Más allá de las intenciones y propósitos de los
participantes; los acontecimientos que desencadenaron
son infinitamente más importantes que los
circunstanciales actores. Hegel llamaba a tales
disparidades, "ironías de la historia".
Los Generales debieron declarar abominable todo lo que
habían adorado y dar vuelta al poncho bajo el torrente
de hierro y fuego. América Latina y el Tercer mundo
los esperaban.

8. Explicación histórica de fondo de la crisis de las
Malvinas.

La inesperada guerra del Atlántico Sur exige una
dilucidación más profunda que los simples hechos
narrados o que una investigación del misterio
psicológico del general Galtieri. Es perfectamente
trivial, cuando no ridículo, suponer que la mayor
operación de guerra aeronaval emprendida por la
tercera potencia militar del mundo desde la crisis del
Canal de Suez en 1956, obedeció a que el General
Galtieri pretendía mejorar "su imagen" o aspiraba a
quedarse en el poder. No han faltado aquéllos que han
visto en el drama de las Malvinas un duelo entre la
democracia inglesa y la dictadura argentina.
La explicación esencial reside en que la imponente
arquitectura económica, política y cultural erigida
sobre la complementación productiva y comercial entre
el Imperio Británico y el Río de La Plata (Uruguay
incluido) ha desaparecido para siempre. Duró algo más
de un siglo. Después de cien años de esplendor ya nada
queda de aquella alianza que llegó a su cima en la
década posterior a la muerte de la Reina Victoria y
que luego declinó lentamente. Había constituido una
expresión notable del intercambio entre los
"países-granja" y la "nación-taller", una verdadera
muestra "in vitro" de las teorías de Adam Smith. Por
lo demás, la contribución inmigratoria de los países
agrarios atrasados de Europa, permitió construir una
sociedad criolla europea, con una pátina de
modernidad. De tal manera se formó una clase media
demoliberal con fuertes propensiones imitativas en el
orden cultural, tanto como en el orden político, así
como una oligarquía dominante intensamente educada en
las normas de los refinados consumos de la plutocracia
europea. La "semi-colonia próspera" comienza a
desaparecer y a hundirse en una crisis profunda a
medida que Inglaterra y Europa se retiran del Río de
La Plata. La fundación y funcionamiento del Mercado
Común Europeo hacia 1960, va a cerrar el período. No
resultó una casualidad que el terrorismo de ciertos
sectores de la clase media acomodada del Uruguay y la
Argentina hagan su aparición al mismo tiempo que se
disuelven en la nada los lazos económicos, políticos y
culturales que habían permitido un siglo antes traer
al mundo social esas mismas clases.

La Comunidad Económica Europea se esfuerza por
encerrarse en sí misma, en procurar un mercado
pan-europeo y en realizar su propio abastecimiento
agrícola y ganadero. El año 1981 la Europa de la CE
exporta al mercado mundial 600.000 toneladas de carne
subsidiadas con "precios políticos". Esto no sólo
significa la ruptura radical con los países del Plata
que durante un siglo habían abastecido con sus
praderas al consumidor europeo, sino también el fin
oficial y categórico del "liberalismo económico" y de
la "división internacional del trabajo". Todas las
clases sociales ligadas en la Argentina al comercio
exterior con el Viejo Mundo, quedan marginadas. Y
todos los símbolos literarios, jurídicos y políticos
elaborados durante el prolongado período histórico de
complementación que acabo de señalar y que habían
destacado a la Argentina como al "país más europeo y
menos latinoamericano" de la América Criolla, se
ofrecen a la curiosidad pública como piezas
anacrónicas: las razas inglesas de toros Shorton, las
categorías libre-empresistas de la oligarquía
pampeana, el orgullo dudoso de pertenecer a una raza
blanca (dentro del área bonaerense) y hasta el propio
poeta Borges, sobreviven como reliquias de una época
que ha tocado a su fin.

El enfrentamiento armado por las Malvinas había sido
inconcebible tres décadas antes: ningún gobierno
argentino lo hubiera emprendido y ningún país europeo
habría respondido con la guerra. Pero ya nada unía a
la Argentina ni con Inglaterra ni con Europa,
convertida al más cerrado proteccionismo.

La guerra de las Malvinas, por el contrario, pondría a
prueba, como en un laboratorio gigantesco, la
solidaridad política, económica y militar
latinoamericana con la Argentina. La patria
bolivariana resurgiría nuevamente ante el asombro del
mundo entero.

9. El giro militar en las Malvinas y el doble carácter
de los Ejércitos latinoamericanos.

El brusco viraje de los generales argentinos hacia la
guerra con Inglaterra y la adopción de un lenguaje
anticolonialista requiere algunas observaciones.
En su mayoría, los oficiales de las Fuerzas Armadas en
América Latina, proceden de las clases medias. Del
mismo modo que los egresados de las Universidades, los
miembros de las Fuerzas Armadas están sometidos a las
presiones políticas y culturales de todas las fuerzas
que libran su batalla en las frágiles sociedades de
América Latina. Esto explica las mutaciones corrientes
de los Ejércitos.

Los aviones argentinos, a un alto costo de vidas,
lograron destruir, dañar o hundir a numerosas fragatas
misilísticas, poner fuera de combate al portaaviones
"Invensible", dañar seriamente al portaaviones
"Hermes", hundir en total a cerca de 30 naves y poner
en crisis al esquema marítimo militar de la OTAN. En
efecto, la flota de la OTAN está compuesta por naves
de alta complejidad electrónica, envueltas en una
delicada película de aluminio. Hasta los aviones
"Pucará", fabricados en la Argentina, lograron
perforar el aluminio. Los jefes de la OTAN siguieron
con los ojos bien abiertos la prueba de fuego del
Atlántico Sur. Si se considera que la única flota de
guerra del mundo que está acorazada con planchas de
acero es la soviética, bastará para señalar que los
pilotos argentinos han desbaratado el perfil bélico de
la flota de la OTAN. En segundo lugar, las
adaptaciones a tierra de los Exocet, concebidas por
ingenieros argentinos y los vuelos de la aviación
nacional a sólo 3 metros del agua que burlaron todos
los dispositivos de prevención del radar de las naves,
constituyeron una prueba más de los factores políticos
de toda guerra. La historia militar propiamente dicha
de la guerra está en elaboración, pero si se pone a un
lado la impericia de ciertos generales, no hay duda
que la imponente flota inglesa estuvo muy cerca de ser
aniquilada. Hay algo más importante todavía.

Ha saltado por los aires el Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca, firmado en Río de Janeiro en
1947, para uso privado de los Estados Unidos. Es un
simple papel mojado. La Doctrina Monroe ha sido
enterrada por los propios norteamericanos con pocos
honores. Ha quedado destruída también la "Doctrina de
la Seguridad Nacional", la teoría de las "fronteras
ideológicas" y el mito de los "valores de Occidente". 

Ahora, los militares argentinos saben que los valores
de Occidente se cotizan en la Bolsa de Londres. La
integración argentina al Tercer Mundo enseñará a las
Fuerzas Armadas que si los europeos y norteamericanos
gozan de un modo de vida occidental, los
latinoamericanos padecen de un modo de vida
accidental. Tales lecciones han sido recogidas en las
aguas ensangrentadas del Atlántico Sur y nadie podrá
olvidarlas.

Ha quedado en evidencia que los países del Pacto
Andino pueden y deben reemplazar las menguadas compras
de la Comunidad Económica Europea. La oleada de
entusiasmo patriótico y fervor antiimperialista debe
ser incluida en este sumario balance.

Los cambios generados por la guerra con Inglaterra
obligaron a la dictadura militar a trascendentales
modificaciones en su política exterior. De acuerdo a
un informe de la CIA al Consejo de Seguridad de la
Casa Blanca, publicado en Washington, la crisis de las
Malvinas impulsó a los Estados Unidos a practicar
modificaciones profundas en su estrategia en
Centroamérica. En efecto, según dicho informe, el
compromiso adquirido por el General Galtieri de enviar
instructores militares para hostilizar a Nicaragua y
El Salvador, se quebró por la conducta observada por
Estados Unidos al apoyar a Inglaterra. Dichos
instructores, dice el informe de la CIA, fueron
retirados y la heroica República de Sandino
experimentó así el primer beneficio de la lucha en las
Malvinas. Estados Unidos debió enfrentar por sí mismo
y abiertamente la defensa de su política agresiva
hacia Centroamérica.

El abrazo del Dr. Costa Méndez con Fidel Castro en La
Habana, por lo demás, simbolizó la reorientación no
ideológica, sino política, que la Argentina de la
dictadura militar se veía obligada a adoptar a causa
de la guerra. Al concurrir a Managua, Nueva Dehli y
Belgrado, los representantes militares de la Argentina
debieron aceptar que nuestro país se encuentra en el
campo revolucionario de la historia moderna, es decir
en el Tercer Mundo.



------------
Los mejores usados y las más tentadoras 
ofertas de 0km están en Yahoo! Autos.
Comprá o vendé tu auto en
http://autos.yahoo.com.ar




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular