[R-P] otro mundo es posible, cual?
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Vie Sep 13 23:27:09 MDT 2002
Otro mundo es posible. ¿Cuál?
Octavio Rodríguez Araujo
Adolfo Sánchez Vázquez (1915) ha obtenido recientemente un doctorado honoris
causa en la Universidad de Buenos Aires. Por este motivo ha sido
entrevistado por Karina Avilés en La Jornada (9/9/02). En esta entrevista
Sánchez Vázquez sostiene que la izquierda de nuestros días ha dejado de lado
el socialismo como alternativa al capitalismo y ha tratado "de situarse en
los cambios posibles dentro del sistema, pero perdiendo la perspectiva de
que la alternativa verdaderamente emancipatoria tiene que venir de un
sistema que destruya las bases fundamentales del capitalismo" (las cursivas
son mías).
Cuando a partir del Foro Social Mundial en Porto Alegre se reivindica la
frase "otro mundo es posible", no se nos dice cuál, en qué consistiría ni en
cómo se lograría. Las posiciones anti globalización neoliberal unen, en la
acción, a miles de personas de diversos puntos del planeta, pero existe la
impresión de que esas posiciones anti no conducen a la elaboración de un
programa ni a la precisión de un objetivo. Se ha dicho, con buena dosis de
razón, que un programa de lucha y la precisión de un objetivo desunirían a
quienes hoy se identifican por su oposición a varias de las manifestaciones
visibles (y a veces superficiales) del capitalismo.
Y cuando uno les dice a sus defensores qué quieren, además de oponerse, me
contestan sin rubor que esos activistas que se oponen a la globalización
neoliberal son anticapitalistas aunque no se hayan dado cuenta. ¿Son
socialistas?, pregunto, e invariablemente me dicen que eso no importa.
¿Tienen un programa?, vuelvo a preguntar, y me responden con una frase de
Marx que, a 127 años de que la escribió, ha cobrado una enorme importancia
"teórica" para los defensores del movimientismo: "cada paso de movimiento
real vale más que una docena de programas". Fácil, sobre todo si no se toma
en cuenta el contexto de ese texto de Marx a Bracke, con motivo de la
crítica del primero al Programa de Gotha en 1875.
Yo diría que algo muy semejante escribió Eduard Bernstein, el padre del
revisionismo reformista que nutrió a los socialdemócratas por décadas y que
les dio armas teóricas para justificar su gradualismo hacia un socialismo
que nunca quisieron. Bernstein escribió: "En mi concepto, lo que se llama
fin último del socialismo no es nada, pues lo importante es el movimiento",
que Trotsky sintetizó, atribuyéndoselo a Bernstein para criticarlo, como "El
movimiento lo es todo, la meta final nada", que es más contundente para
justificar el movimientismo actual. No deja de ser paradójico que un sector
de las nuevas izquierdas de hoy se nutra, para justificarse, de pensadores
antagónicos (Marx y Bernstein) con sus oraciones citadas y utilizadas fuera
de contexto.
Lo que Marx implicaba en su carta a Bracke lo dijo con absoluta claridad. Se
trataba de una crítica al proyecto de unidad de los eisenachianos (el grupo
de Bebel, Liebknecht y otros) con los lassalleanos, que eran incompatibles.
Lo que decía Marx es que las diferencias entre ambos grupos daban, si acaso,
para "concertar un acuerdo para la acción contra el enemigo común" (las
cursivas son mías), no para hacer un programa de principios y con base en
éste proponerse una organización o algo semejante para una lucha por una
meta final. Igual que ahora, con muchos de los llamados globalifóbicos.
No es lo mismo "concertar un acuerdo para la acción" que coincidir en lo que
se quiere como resultado de esa acción. ¿Quién estaría en contra de la
afirmación de que otro mundo es posible? En esto coincidirían tanto los
socialistas como los anarquistas, tanto la izquierda como la derecha y hasta
la ultraderecha. Todos estamos de acuerdo en que otro mundo es posible. Pero
las coincidencias se romperían en el momento en que se defina o caracterice
lo que cada quien entiende por otro mundo posible.
Los defensores del movimientismo, emocionados porque el 0.001 por ciento de
la población mundial se reunió en Porto Alegre a principios de este año (60
mil personas), se oponen a la posibilidad de un programa y a la definición
de una meta final porque saben que habría desunión, y creen, en una utopía
sin base de realidad, en una utopía extática (así, con x), que así, sin un
programa y sin acuerdos sobre una meta final, se vencerá a los dueños del
dinero sin formar un contrapoder (porque también desdeñan todo lo que tenga
que ver con el poder y la política, los partidos incluidos). Sin embargo,
las diferencias ya afloraron, pero muy pocos parecen estar dispuestos a
debatirlas. Como si cada quien prefiriera encerrarse en "su verdad" y
tolerar a los demás. Es el movimiento y, con éste, la incertidumbre de una
utopía sin propuesta.
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