[R-P] Sobre conciencia y economía, por Gabriel Fernández
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Mie Sep 11 07:33:17 MDT 2002
Apuntes sobre conciencia y economía
La (verdadera) pastilla de cianuro
Por Gabriel Fernández
La lectura de los casi cinco mil documentos reservados sobre la dictadura
militar que fueron desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos
puede ser imposible en breve lapso, pero su repaso no. Es válido recorrer
los ítems hasta encontrar algunos de real interés, que quizás promuevan
reflexiones hondas sobre pasado y futuro argentinos: suponer que estamos
ante informaciones conocidas, por el simple hecho de tratarse de datos que
la militancia popular maneja, implica desperdiciar una ocasión importante
para analizar lo que pasa, e intentar salir al cruce de probables retornos
tan cíclicos como enfermizos.
Uno de los documentos, fechado en 1977, da cuenta de la íntima vinculación
entre las empresas argentinas y la represión militar. El informe de la
Embajada norteamericana no deja lugar a dudas: "Las desapariciones son el
resultado de operaciones de inteligencia realizadas por agentes de la
Escuela de comunicaciones de Campo de Mayo. Hay mucha cooperación entre la
patronal y las fuerzas de seguridad, con el objetivo de eliminar infiltrados
terroristas en las fábricas y minimizar el riesgo de agitación laboral".
El caso más evidente del período, que la representación yanqui decidió
marcar cual ejemplo de lo ocurrido, fue el de Lozadur, fábrica de cerámicos
de Bella Vista. Allí las fuerzas dictatoriales secuestraron 19 obreros,
según la orientación sugerida por la misma dirección de la empresa. Viene
bien la mención específica, porque a partir de allí podemos entender que se
trata de un problema vigente que los argentinos necesitamos resolver: es
claro que los Estados Unidos cooperaron con el golpe y los crímenes, así
como es transparente que las grandes multinacionales, las franjas
oligárquicas terratenientes y el sector financiero impulsaron y
usufructuaron el movimiento. Pero no es menos cierto que el empresariado
argentino colaboró con entusiasmo.
Señalar esta cuestión es trascendente por dos motivos centrales y algunos
derivados. Por un lado, ese segmento empresarial zafó con cierta elegancia
de los profundos y justos cuestionamientos recibidos por muchos militares,
políticos y medios de comunicación debido a su accionar durante el tramo
1976 - 1983. Por otro, ese mismo sector fue damnificado grandemente por las
políticas económicas impulsadas por la franja hegemónica -nítidamente
desnacionalizadora-ya que sus actividades estaban vinculadas al mercado
interno. Cuando planteamos este comentario, asentado en la información
precedente, lo hacemos hilvanándolo con los trabajos anteriores sobre la
conciencia nacional. (*)
El empresariado argentino existió, más allá de su concepción. De hecho, a
partir de mediados de los años 30 y con especial impulso en la década
peronista (46 - 55), se fue gestando una industria local poderosa, que
abarcaba casi todos los rubros relacionados con el consumo de las grandes
masas populares. Ese creciente espacio económico no frenó su expansión en
los años 60 debido al sostenimiento relativo de la capacidad adquisitiva de
la población y a la continuidad de un régimen educativo que le proporcionaba
técnicos, científicos, investigadores y obreros especializados de altísima
capacitación.
Las corrientes populares surgidas en ese período de nuestra historia tomaron
en cuenta este proceso aunque la imagen pública difundida hoy pretenda
indicar lo contrario. El peronismo revolucionario, la izquierda nacional,
pero inclusive el socialismo revolucionario en sus distintas acepciones,
efectuaron planteos y acciones que evaluaban la liberación como cauce básico
de sus rumbos, y la defensa de la pequeña y mediana industria local como un
camino adecuado que debía ensamblarse con los intereses colectivos. El
debate sobre la anulación integral y absoluta de la propiedad privada
resultó, en verdad, un planteo general hacia el largo plazo esgrimido por
algunas organizaciones, pero no se manifestó en la práctica política de las
mismas.
Para ir a fondo al respecto y despejar algunas dudas, precisemos que aún el
Partido Revolucionario de los Trabajadores tomaba en cuenta esa distinción y
que las diferencias con las vertientes peronistas y nacional populares al
respecto no pasaba, en los hechos, de constituír un matiz. Importante a la
hora del debate estratégico, intrascendente al momento de luchar por un
nuevo programa económico progresivo e inclusivo. Entre las organizaciones
peronistas, se registró una dualidad al respecto entre Montoneros y el
Peronismo de Base, pero su derivación no fue más lejos que la polémica sobre
la actitud a seguir ante las estructuras orgánicas del Movimiento Nacional
Justicialista.
Pero vamos más lejos: los delegados de fábrica -aproximadamente el 50 por
ciento de los desaparecidos tienen ese origen-poseían vinculaciones
relativas y no necesariamente estrechas con esas organizaciones. Por lo
común, se trataba de peronistas, socialistas e independientes que se
encontraban directamente abocados a la defensa gremial de sus compañeros de
trabajo; enmarcaban esas acciones en una concepción general popular que
presentaba variadas aristas, pero que en todos los casos bregaba por un
mejoramiento de los niveles de vida de la población. Digámoslo: el alza del
consumo en el primer lustro de los 70 se debió --¡también!-al éxito de las
luchas sindicales en particular y populares en general; la creciente de la
empresa nacional en ese período está directamente imbricada con ese avance
social.
Bien: los testimonios de los delegados sobrevivientes y en ocasiones de los
mismos empresarios resultan perturbadores. En todo el período es claramente
detectable la preocupación de los patrones argentinos por el
perfeccionamiento de la organización gremial de base, por los pedidos
puntuales de los asalariados (básicamente destinados a sostener el salario
ante la inflación, a mejorar la seguridad laboral y a considerar el tema de
la higiene y la salubridad en general), sin tomar en cuenta que sus
beneficios estaban absolutamente ligados al poder de compra de la sociedad y
sin considerar la existencia de un "mundo" externo con procesos productivos
avanzados, que ante cualquier esbozo de apertura podía invadir en mejores
condiciones el territorio local.
La aquiescencia de esta franja -con excepciones, por supuesto-para con el
golpe de Estado de 1976, para con la política represiva (como queda claro) y
para con el programa fundacional planteado por José Alfredo Martínez de Hoz,
pero especialmente la asimilación de sus dirigentes al ideario liberal que
empezaba a renacer con energía inusitada, habla a las claras de una
mentalidad empresarial lisiada, de una alienación profunda que confundía el
interés del oligarca y el financista con el propio, y de una formación
cultural, humana y patriótica sumamente deficiente. Todo esto derivó en la
cooperación con un genocidio que a su vez se constituyó en un gigantesco
autoboicot del empresariado argentino, con muy pocos antecedentes en el
planeta.
Aquí efectuamos algunas aclaraciones de importancia. En principio, este
artículo no propone un análisis del comportamiento de cada organización
revolucionaria ni de cada segmento sindical. Esboza un trazo grueso
comprobable: los empresarios argentinos estaban bastante más seguros en el
período de auge de la "guerrilla" que en el actual tramo con control de la
policía bonaerense, que busca fondos mediante secuestros. Luego, no
suponemos que todos los empresarios actuaron igual, ni que a todos les
aguardó el mismo destino: hubo dignos ejemplos de hombres valientes y
honrados, y se registraron a lo largo de estos años casos de
empobrecimiento, de fusiones, de quiebras, de ventas exitosas. Pero esas
empresas -Lozadur es un buen ejemplo-ya no fueron lo que eran, por
responsabilidad directa de sus propios dueños.
En la Argentina han estallado varias certezas y no pocas estructuras. Los
conceptos liberales, en ocasiones aggiornados por un neoliberalismo de vasta
difusión, en otras repantigados sobre un conservadurismo moralero, siempre
atravesados por el rentismo y la falta de audacia emprendedora, están siendo
cuestionados por una parte mayoritaria del pueblo argentino. Sin embargo, no
se percibe una revisión por parte de los pocos estamentos empresariales
locales que han quedado deteriorados pero en pie. No emerje un mea culpa por
lo actuado durante la represión, pero tampoco -y esto es en verdad grave con
vistas al futuro-una reelaboración de preceptos económicos en base a los
intereses propios.
Los intereses propios pueden desgajarse en lo social - regional y en lo
empresarial nacional. No le pidamos peras al olmo (los empresarios
argentinos tendrían que estar preocupados por la gestación de un
nacionalismo latinoamericano vasto, incluyente del MERCOSUR y de las masas
que allí -aquí-habitan), pero sí al menos un sinceramiento acerca de la
relación directa entre sueldo y comprador para la posibilidad de poner en
las góndolas un producto de venta al público. La preocupación transmitida en
esta nota es simple: hay cosas demasiado evidentes que los empresarios
argentinos siguen sin comprender. No es una preocupación inocente, que
olvida el "interés de clase": lo grave del asunto es que, precisamente, lo
contempla.
¿Cómo se evidencia la continuidad del "error" del empresariado durante la
dictadura? Por un lado, en la actitud de algunas de sus cámaras ante el tema
de la seguridad, por otro, en el respaldo de muchos de estos sectores a los
candidatos políticos que persisten en un discurso neoliberal, también, en el
apoyo a espacios comunicacionales que batallan por su hundimiento, y
finalmente, en el torpe despliegue de una idea fuerza que releva al genuino
nacionalismo: "la solución está en exportar". En lugar de aspirar a dominar
un mercado de 40 millones de personas -insistimos en que aún eso merece
considerarse escaso si se dimensiona la gran ocasión que representa el
MERCOSUR-prefieren complicadas articulaciones en busca de "nichos" externos,
volátiles como el tipo de cambio y las regulaciones protectoras de los
países a los que arriban.
Los documentos desclasificados por el gobierno estadounidense -4.677, para
ser exactos-han sido receptados con escasa sagacidad por las corrientes
políticas que se verían beneficiadas por su difusión. Tal vez muchos de los
debates cruzados en el seno del campo popular -alianzas, sumatorias,
proyectos, límites-se verían beneficiados por el abordaje intenso, con
ejemplos concretos, de un pasado fastidioso y tan cercano. Hay algo seguro:
la expansión de este tipo de consideraciones, inclusive hacia sectores
empresariales que pretenden "jugar" en la política local, resultará
favorable a quienes no sólo desean salir del atolladero sino que necesitan
lograrlo así como precisan del aire para respirar.
GF/
(*) Nos referimos a los artículos "La vuelta del zonzo", "Una fresca mañana"
y "Hacia el fin del mitrismo", entre otros trabajos del año en curso.
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