[R-P] Gore Vidal sobre las Torres Gemelas

Néstor Gorojovsky ngoro en indec.mecon.gov.ar
Jue Oct 31 09:04:34 MST 2002


De la lista a-list.

Para Gore Vidal, la "junta bushista" está implicada en los atentados del 11
de setiembre
El más controvertido novelista de los Estados Unidos pide que se investigue
si el gobierno de Bush permitió, concientemente, que los atentados tuvieran
lugar.

Sunder Katwala
Sunday October 27, 2002

El más controvertido escritor norteamericano, Gore Vidal, acaba de lanzar el
más corrosivo de los ataques contra la presidencia de George W Bush al
solicitar que se investiguen los acontecimientos del 11 de setiembre para
saber si el gobierno de Bush eligió intencionalmente quedarse quieto pese a
las advertencias sobre los planes de Al-Qaeda.

El muy polémico artículo de Vidal -7000 palabras, titulado "El enemigo
interior"- se publicó en la edición impresa del _Observer_ de hoy.  Plantea
que lo que denomina una "junta bushista" utilizó los atentados como pretexto
para poner en marcha una agenda de invasión de Afganistán y un asalto a las
libertades civiles norteamericanas que ya estaba preparada de antemano.

Escribe Vidal: Seguimos sin saber quién nos golpeó ese martes infame, o para
qué lo hizo.  Pero muchos defensores de las libertades civiles tienen en
claro que después del 11 de setiembre no sólo se vino abajo buena parte de
nuestra frágil Carta de Derechos (Bill of Rights), sino también de nuestro
otrora envidiado sistema de gobierno, que ya había recibido un golpe mortal
el año pasado cuando la Corte Suprema se mandó un bailecito en ritmo de
cinco por cuatro y reemplazó a un presidente elegido popularmente por la
junta gasífero-petrolera de Bush y Cheney".

Para Vidal, el verdadero motivo de la guerra de Afganistán era el control de
la puerta a las riquezas energéticas de Eurasia y Asia Central. Apoya su
teoría con extensas citas de un análisis de la región preparado en 1997 por
Zgibniew Brzezinski, quien fuera el Consejero de Seguridad Nacional del
presidente Carter. Pero, plantea Vidal, tanto los gobiernos demócratas como
los republicanos tenían en claro que el público norteamericano se resistiría
a toda guerra en Afganistán a menos que percibiera amplia y masivamente una
amenaza externa.

"Eligieron a Osama por motivos estéticos, paa transformarlo en el
atemorizador logotipo de nuestra largamente estudiada invasión y conquista
de Afgánistan... <porque> el gobierno cree que los norteamericanos son tan
simples que no pueden manejar un escenario más complejo que el de un asesino
venerable, aislado y loco (en esta oportunidad con ayudantes medio zombies),
que hace daño por mero gusto de hacerlo, "que nos odia porque somos ricos y
él no". Vidal ataca también el fracaso del sistema de medios norteamericano
para analizar el 11 de setiembre y sus consecuencias. "Parece que la
taquigrafía por "verdad impronunciable", ahora, es "teoría conspirativa"".

"Que en la vida política norteamericana no hay conspiraciones es un artículo
de fe.  Y sin embargo, quién hubiera pensado hace un año que casi todas las
sociedades anónimas de los Estados Unidos habían estado conspirando, en
connivencia con los contadores, para cocinar sus balances desde... digamos
que al menos desde el brillante amanecer de la desregulación reaganiana".

El núcleo del ensayo plantea preguntas sobre los acontecimientos del 11 de
setiembre y sobre las dos horas que transcurrieron después del secuestro de
los aviones. Vidal escribe que "atónitos, los expertos militares no pueden
sondear los motivos por los cuales no se siguieron las "instrucciones
rutinarias de acción en el caso de secuestro"".


Según explica Vidal, estas instrucciones ordenan que apenas un avión se
desvía de su plan de vuelo tienen que despegar los cazas. No hace falta la
intervención presidencial, salvo para tomar la decisión de tirar abajo un
avión. Pero el 11 de setiembre nadie tomó la decisión de hacer volar los
cazas hasta las 9:40 de la mañana, es decir ochenta minutos después que los
controladores de vuelo supieron del secuestro del Vuelo 11, y cincuenta
minutos después de que el primer avión había impactado en la Torres Norte.


Según la ley, los aviones deberían haber estado en el aire hacia las 8:15.
Si lo hubieran hecho, se habría podido desviar y tirar abajo los aviones
secuestrados".

Vidal se pregunta porqué Bush, el comandante en jefe, permaneció en un aula
de Florida mientras tenían lugar los atentados: "El comportamiento del
Presidente Bush el 11 de setiembre mueve, por cierto, a sospechas nada
sobrenaturales".  Ataca también el "desapego" con el que actuó el General
Richard B Myers, miembro en funciones de la Junta de Comandantes en Jefe, y
su demora en responder hasta que los aviones se habían incrustado en las
Gemelas

Al preguntarse si esta falta de celeridad en la acción se debieron a una
conspiración, a una coincidencia, o a un error, Vidal hace notar que
normalmente la incompetencia tendría que haber llevado a amonestar a los
responsables, y escribe que "Es interesante la frecuencia con que, en
nuestra historia, se considera que la incompetencia es mejor coartada que...
Bueno, sí, claro, hay cosas peores".

Vidal compara el 11 de setiembre con otro "día de infamia" en la historia de
los Estados Unidos, y escribe que "La verdad sobre Pearl Harbour sigue
oscurecida hasta hoy. Pero se la estudió mucho. Es obvio que mientras Bush
tenga algún poder para ello, el 11 de setiembre no se investigará jamás".
Cita informes de la CNN, según los cuales Bush solicitó personalmente a Tom
Daschle, Líder de la Mayoría en el Senado,  que limitara las investigaciones
parlamentarias de lo ocurrido en ese día, argumentando que no convenía
desviar recursos de la campaña antiterrorista.

Vidal define a bin Laden como un "zelote islámico" y como un "malhechor",
pero plantea que no se puede hacerle la "guerra" a una abstracción como el
"terrorismo".  Afirma que "cualquier país sabe cómo protegerse de criminales
del tipo de los que nos dieron un 11 de setiembre; sólo requiere los medios
y la voluntad:  Se le pone precio a la cabeza y se los caza. Italia vino
haciendo eso con la mafia siciliana, y nadie habló de bombardear Palermo".

Vidal también resalta el papel de la inteligencia norteamericana y pakistaní
en la creación de la amenaza terrorista fundamentalista. "Parece que fueron
los pakistaníes (al menos en parte)", pero con apoyo norteamericano.  "A
partir de 1979, y en respuesta a la invasión soviética a Afganistán, se
lanzó la operación ecnu¿bierta más grande en la historia de la CIA ... la
CIA entrenó y patrocinó, en forma encubierta, a estos guerreros".

Vidal también cita la muy respetada revista sobre temas de defensa Jane´s
Defence Weekly para mostrar cómo este apoyo al fundamentalismo islámico se
mantuvo aún después de la aparición de bin Laden: "En 1988, con conocimiento
de los EE.UU., bin Laden creó Al-Qaeda (La Base); un conglomerado de células
terroristas islámicas semiindependientes distribuidas por unos 26 países.
Washinton hizo la vista gorda".

A los 77 años, Vidal  -un hombre de renombre internacional, por sus
premiadas novelas y obras de teatro- se ha convertido en un crítico feroz y
muchas veces solitario del gobierno de Bush, tanto dentro como fuera de los
Estados Unidos. En este momento, vive en Italia. En su libro más reciente,
_El último imperio_, planteó que "Los norteamericanos no tienen idea de la
maldad de su gobierno... desde 1947, hemos protagonizado más de 250 ataques
militares a otros países sin que mediara provocación alguna"





Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular