[R-P] O Lula avanza o Brasil retrocede

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Lun Oct 28 08:00:05 MST 2002



28 de octubre del 2002


O Lula avanza o Brasil retrocede, con todo el Cono Sur, hacia la colonia


Lula sí, si...

Guillermo Almeyra, La Jornada

No está en discusión la victoria de Lula en las presidenciales brasileñas.
Sí, en cambio, los resultados de la misma, y las posibles políticas del
candidato vencedor, que podrían variar profundamente según las presiones que
acepte el futuro presidente, tironeado entre la exigencia popular de un
cambio profundo (pero dentro del sistema) y los requerimientos del Fondo
Monetario Internacional (FMI) y del capital financiero, de realizar sólo los
cambios cosméticos necesarios para que se mantenga la estabilidad del
sistema.

Veamos lo primero. Una buena parte del electorado de Lula rechaza las
políticas neoliberales y desea un cambio: los campesinos sin tierra quieren
terrenos en propiedad para trabajarlos; los obreros desean mantener un nivel
salarial, corroído constantemente; la pequeña burguesía urbana, intelectual
o trabajadora, quiere evitar un desenlace argentino, ampliando el mercado
interno y reforzando el papel del Estado en la economía; una parte de la
misma burguesía industrial desea una política de protección nacionalista que
evite la desindustrialización y pare el Area de Libre Comercio de las
Américas (ALCA). Incluso un sector de los terratenientes (los que están
ligados al mercado, con productos industrializables) ve con terror el
derrumbe de los precios del café y de las materias primas y la posible
supresión del Mercosur.

Lula ha logrado, pues, constituir un bloque electoral pluriclasista, en el
que la hegemonía cultural y política es nacionalista y burguesa. Ese bloque
no desea (según sus documentos y manifestaciones) poner en cuestión el
sistema capitalista (salvo un sector minoritario y radicalizado del
Movimiento de los Sin Tierra y del mismo Partido de los Trabajadores (PT),
sector que se declara socialista, sin tener claro de qué socialismo habla ni
un programa alternativo al desarrollista-nacionalista que propone Lula y, en
el caso del MST, mezclando en parte el mesianismo con el socialismo). Sin
embargo, lo esencial es el impulso al cambio social, que tiene su propia
lógica y su dinámica. Esa fuerza social y ese deseo de cambio votan por
Lula, pero no dependen de él.

El capital financiero internacional, por su parte, está dividido: las
empresas europeas no tienen la misma posición que las de Estados Unidos,
aunque todas busquen la estabilidad del capitalismo en Brasil. Parte de ese
capital financiero le hará la vida imposible al gobierno de Lula, exigiendo
de éste la continuidad para evitar que su país sea proscrito del comercio y
de las finanzas internacionales (un vocero del FMI dijo, elegantemente, que
si Lula se oponía al ALCA debería comerciar sólo con la Antártida). Pero no
cuenta sino con una parte del ejército, cuya cautela hasta el momento revela
la existencia en su seno de una fuerte ala nacionalista (la que se opuso al
Plan Colombia). Tampoco cuenta con el apoyo de la Iglesia católica, una
parte de la cual, desde hace rato (la pastoral social, la de la tierra, por
ejemplo), sostiene al PT. Ni con el apoyo total e irrestricto de los
industriales, que no ven en los sindicatos un peligro revolucionario y que
hasta verían con beneplácito (porque ampliaría enormemente el mercado
interno) una reforma agraria que golpease al sector más reaccionario e
improductivo del latifundio (al fin y al cabo, los campesinos sin tierra
quieren fundamentalmente ser propietarios de la misma y tener créditos, o
sea, ampliar el marco del sistema capitalista actual, que los excluye).

Si el presidente del Partido de los Trabajadores ganase por una mayoría
abrumadora, confirmada por una baja abstención, podría apoyarse a la vez en
una voluntad de cambio masiva y en la moderación de las fuerzas que lo
apoyan (o sea, indirectamente, en el hecho de que las clases gobernantes no
se sentirían directamente en peligro y temerían radicalizar la situación con
una reacción desproporcionada, prefiriendo desgastar al nuevo gobierno para
someterlo). Es muy probable que Lula pueda, por tanto, mantener el actual
frente social para resistir la mayor parte de las presiones internacionales,
sobre todo teniendo en cuenta que está sometido a la contrapresión constante
de sus partidarios, especialmente del MST y de una parte de la Iglesia de
base, que no se identifican con su partido, aunque lo apoyan. En tal caso
formará un gabinete nacionalista y desarrollista y buscará abrir camino a
una reforma agraria moderada y a un reforzamiento del Mercosur, que
favorecería a los industriales y exportadores brasileños y respondería al
nacionalismo de sus simpatizantes.

Si, por el contrario, el Lula del nuevo look conservador hubiese reformado
también sus intenciones (cosa poco probable, porque es un hombre moderado y
sensible a los aparatos, pero no tonto), debería encarar el hecho de que no
es él quien explica el cambio en Brasil, sino que es el proceso social el
que explica a Lula. Si nombrase un gabinete de centro-centro o de
centro-derecha para tranquilizar al capital financiero internacional y
encabezase una revolución pasiva, conservadora, para aplicar una política a
lo Gattopardo, tendría sin duda créditos inmediatos y alabanzas del FMI,
pero graves desbordamientos campesinos y estudiantiles (y hasta obreros). El
golpe al Mercosur sería durísimo y el ALCA podría pasar, pero también a
costa de conflictos en las fuerzas armadas y en la Iglesia. Y Brasil sería
más ingobernable que nunca (ahora todavía no lo es).

El ejemplo argentino se extendería entonces desde el punto de vista de la
crisis económica y desde el punto de vista de la resistencia social. Buena
parte del capital, local e internacional, teme ambas cosas. Porque, por
primera vez en la historia de Brasil, podría surgir una lucha de clases
masiva y radical, y la unidad estatal del país estaría en peligro (con
Estados Unidos controlando la Amazonia y los distintos poderes de los
terratenientes afianzados en sus regiones, como antes de 1930), y la
modernización intentada por Getulio Vargas y buscada en forma reaccionaria y
cruel hasta por la dictadura militar, volvería a fojas uno.

O Lula avanza o Brasil retrocede, con todo el Cono Sur, hacia la colonia.








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