[R-P] Colombia: El café, víctima del neoliberalismo

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Oct 28 05:29:22 MST 2002


Transcribimos esta ponencia sobre la crisis mundial del cultivo del 
café, presentada por el presidente de Unidad Cafetera Nacional, 
Aurelio Suárez Montoya.

SEMINARIO 
SITUACIÓN DEL CAFÉ EN UN CONTEXTO GLOBALIZADO: RETOS Y PERSPECTIVAS 

  "El Café un producto colonial, víctima de la globalización 
neoliberal"

Ponencia de Aurelio Suárez Montoya, Presidente de Unidad Cafetera. 
Bogotá, 19 de septiembre de 2002 


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1. "Un producto colonial"   

Hay que recurrir a esta definición, conocida por todos, para recordar 
las características del café como mercancía, o commodity, en el modo 
de producción capitalista. Las condiciones del cultivo en los 
estadios previos fueron impuestas por las reglas feudales, emanadas 
de poderes divinos e incontrovertibles; en esos tiempos su difusión 
entre nosotros se debió a ellos, incluida "la penitencia" que los 
pecadores debían pagar por sus faltas como rezan algunas crónicas 
referidas al cura párroco de Salazar de las Palmas, una aldea ubicada 
en  lo que es hoy el departamento de Norte de Santander en Colombia. 
En otros continentes, como en Africa, su implantación de manera 
masiva en las primeras décadas del siglo XX tuvo rasgos similares. 
Algunas obras de la literatura universal como la famosa  Out of 
Africa de la baronesa Karen Blixen - Isak Dinesan- describen con 
vivacidad lo que por esa época y en dichas tierras aconteció.   

Como producto básico tropical, el café ha estado sometido a las leyes 
que rigen en la economía de mercado a tales géneros. Su tendencia a 
la superproducción, la consecuente línea descendente de los precios 
en medio de la volatilidad, el crecimiento vegetativo de la demanda y 
el natural deterioro en los términos de intercambio con los bienes 
manufacturados han regido a plenitud las relaciones de la economía 
cafetera casi desde que Charles Dow incluyó los contratos de café 
como bien intermedio en la Bolsa de Valores de New York y los 
inscribió en el mundo de la especulación que a finales del siglo XIX 
ya  había alzado vuelo.   

Los desarrollos posteriores del sistema económico, hacia la 
concentración y el monopolio y la división internacional del trabajo 
entre los países poderosos y débiles, conspiraron para que las 
tendencias negativas propias ya descritas agravaran las secuelas 
derivadas de características naturales. Después de la Segunda Guerra 
Mundial se había configurado un cuadro absurdo: el café era el 
segundo producto básico en comercio después del petróleo, todos los 
países productores eran del denominado Tercer Mundo que obtenían la 
mayor cantidad de divisas de sus exportaciones del grano verde, un 
cartel de firmas comercializadoras transaban más de la mitad del 
volumen y otro de empresas procesadoras industriales gobernaban el 
negocio en los grandes centros de consumo desde los muelles de 
destino hasta los mostradores al detal, los apostadores de las lonjas 
lo tuvieron entre sus favoritos y, para colmo de males, los 
diferentes orígenes se mezclan en el famoso blend donde, incluidos 
los granos más defectuosos, se utilizan en el principal cometido: 
obtener el menor precio posible para la materia prima y captar la 
mayor renta deseable para todos los agentes localizados en la orilla 
ancha del negocio, lo cual cobija a los mismos Tesoros Públicos de 
las metrópolis. ¡No es posible idearse un mercado más imperfecto! Y, 
en  la mayor ignominia se decide así mismo que es con ese producto 
con el cual los países tropicales, entre ellos  Colombia, van a 
construir su desarrollo nacional y su futuro por generaciones.   

2. Las decisiones políticas y el mercado imperfecto del café   

Si alguna rama de la economía mundial sirve de ejemplo para la 
célebre máxima, "los problemas económicos se  solucionan 
políticamente", es la del café. Y hay antecedentes históricos que 
ratifican lo antes dicho. Las instituciones nacionales, reguladoras 
de la producción y el comercio, surgieron de decisiones de política 
pública inspiradas en los criterios del "New Deal". El primer 
acuerdo, el Interamericano de Cuotas liderado por Estados Unidos con 
los países productores de América en los años cuarenta, tiene el más 
grande acento político y, el paradigma, el Pacto Internacional de 
Cuotas iniciado en 1962 y concluido en 1989 no puede entenderse sino 
como el apalancamiento a las economías altamente dependientes del 
ingreso cafetero en medio de los fuegos cruzados de la "Guerra Fría", 
que obligaban a salvaguardar a toda costa las correspondientes zonas 
de influencia. Casi siempre que hay desorden bajo los cielos  hay que 
contratar convenios de productos básicos, al menos mientras el orden 
mundial esté como en el presente. Hubo uno contra el nazismo y otro 
contra el comunismo.   

Las palabras del señor Paul Keating, pronunciadas en Manizales 
(Colombia) en mayo de 1985 en el II Seminario Internacional de 
Economía Cafetera, en ese entonces presidente de la General Food 
Corporation, sirven para verificar la incidencia de las relaciones 
políticas en el mundo del café: "Básicamente hay tres razones por las 
cuales nosotros pensamos que el Acuerdo (de Cuotas) sería lo mejor 
por una parte y, sencillamente el Departamento de Estado dijo que 
ellos estimaban que sería bueno para el país y para el ambiente 
público y para el clima político, nosotros como buenos ciudadanos 
decidimos estar a favor del Departamento de Estado. El moderador nos 
dice cuáles son las reglas del juego y nosotros las jugamos."  
(Corporación Universitaria Autónoma de Manizales, II Seminario sobre 
Economía Cafetera, 1985)   

El profesor de Harvard, Robert H. Bates, en el texto "Política 
Internacional y Economía Abierta" cita a Hubert Humphrey en la sesión 
del Comité de Relaciones Exteriores del Senado que apoyó el ingreso 
al acuerdo cafetero en 1962, "ésta es una cuestión de vida o muerte, 
de castrismo o de libertad... El castrismo se extenderá como una 
plaga por toda América Latina, a menos que se haga algo con los 
precios de las materias primas que allí se producen". Pero Bates va 
más allá. A partir de que la cooperación es una forma de control de 
los mercados, deja traducir que entre los países mayores productores, 
Brasil y Colombia, se ejerció una coalición adicional con las grandes 
firmas tostadoras, en particular General Foods y Procter & Gamble, en 
la cual mediante un intercambio recíproco de tratos comerciales 
preferenciales y cabildeos ante el gobierno gringo, las dos partes 
reforzaban sus respectivas posiciones dominantes desde la oferta y la 
demanda. (Bates, 1999)  

Aparte de las evidencias que pudieran probar esta última afirmación, 
lo contundente en Bates es concluir que "Los estudios sobre la 
economía del café llenan importantes bibliotecas de Río de Janeiro, 
Londres y Bogotá. Algunos de ellos han sido tan distinguidos que 
fueron la base de importantes carreras en la academia y en la esfera 
pública. Sin embargo, su cantidad y su calidad ocultan una profunda 
ironía porque lo que caracteriza al comercio del producto es 
justamente su sorprendente grado de semejanza con el Estado: el 
control político que ejerce sobre el mercado cafetero internacional. 
Y, en comparación con la investigación sobre la economía 
internacional del café, se ha hecho poca investigación sobre la 
política internacional del café".  ( Bates, ibid.)    

Y, en ese mismo sentido, y precisando la relación entre la política y 
el café en el caso colombiano, Jorge Enrique Robledo, en el análisis 
independiente sobre "El Café en Colombia", concluye: "el vínculo 
entre el monocultivo cafetero y la estrategia de dominación de 
Estados Unidos sobre Colombia es uno de los hechos menos conocidos de 
la historia del país, pero no por ello menos cierto". (Robledo, 1998) 
Ese vínculo, en efecto, data desde los inicios como país productor, 
en los periodos de crecimiento y también en los de terribles 
padecimientos y, gracias a él, corren una buena cuenta de nuestras 
desgracias como nación pobre.   

3. La globalización neoliberal: la bancarrota de las ventajas 
comparativas   

Las tragedias del café, su naturaleza colonial, sus singularidades 
como producto básico,  y la imperfección del mercado, se han hecho 
más evidentes que nunca en trece años de neoliberalismo. El toque de 
trompeta emitido por Lee Iacocca,  "es la hora de dedicarnos a los 
negocios", resonó con estridencia en el mundo del café.  El Pacto 
Internacional de Cuotas voló en pedazos y la cooperación del pasado 
se tornó en la más aguda confrontación económica de consumidores y 
productores y de  productores entre sí. Después de estos años lo 
primero para destacar, luego de las monstruosas utilidades de los 
grupos y consorcios que controlan los grandes centros de consumo 
final, es la derrota de las naciones más productivas  por unidad de 
área antes de 1990: Costa Rica y Colombia. Las teorías clásicas del 
comercio internacional, subsidiarias del teorema de la ventaja 
comparativa,  perdieron toda validez. El mercado escogió por los 
precios, y no por las calidades; tampoco funcionaron las 
lucubraciones de la ventaja competitiva.   

Los  incrementos de la pobreza y la ruina generalizada en los países 
productores, incluidos los que pueden aparecer como victoriosos en 
esa batalla, han rebasado toda imaginación. En Colombia, el poder 
adquisitivo del producto con relación a los bienes de consumo, con 
los cuales el campesino recupera su fuerza de trabajo, se redujo a la 
mitad,  respecto al fertilizante y al jornal en casi un 60%, 
proporción que es superior todavía en el caso del combustible. La 
globalización en el café no sólo afectó los ingresos individuales de 
los 20 millones de caficultores del mundo, un 82% de ellos 
minifundistas,  según lo expresara OXFAM en una publicación 
internacional de hace pocos años, y de los 125 millones de personas 
involucradas directamente en el cultivo, sino que los flujos masivos 
de capitales que se volcaron hacia las economías de estos países 
propiciaron fuertes revaluaciones que, en la práctica, menguaron  los 
recursos necesarios para solventar de algún modo la crisis. Para 
Colombia, en ese lapso, los cálculos menores estiman ese decremento 
en cuatro mil millones de dólares.    

Las relaciones de desigualdad se agravaron. La deuda pública que se 
ha convertido en la mayor carga para los pueblos de los países de 
Asia, Africa y América Latina y, a la vez, en el mayor filón para el 
capital especulativo mundial, crece en proporción inversa a los 
ingresos por las exportaciones cafeteras. En 1998, por ejemplo, el 
endeudamiento público externo por habitante en Colombia era de 452 
dólares, en 2001 había aumentado a 501 y lo mismo con el servicio de 
deuda que pasó, en esos cuatro años, de 167 dólares a 183, ambos 
subieron un 10%. En contrario, los reintegros de las ventas de café 
en el exterior por habitante disminuyeron en ese mismo lapso de 63,7 
dólares a 24,7, 60% menos. Esta comparación puede ser terrible si se 
agregara a cada habitante el cargo de la deuda pública interna 
nominada en pesos.   

Pero todo tiene que ver con la distribución global de la renta del 
café. Literatura reciente está mostrando que la repartición jamás ha 
sido tan inicua, más allá de las viejas relaciones de uno a diez o 
algo más entre el precio del grano verde y la mayoría de las 
presentaciones al detalle. En el escenario de las más bajas 
cotizaciones del café verde desde 1821, en dólares reales de 2000, se 
dan hechos tan oprobiosos como que, según Néstor Osorio, Director 
Ejecutivo de la OIC, "lo que el cultivador recibe hoy del precio de 
venta al por menor de una taza de café en un establecimiento de 
servicio es, probablemente, menos de un 2 por ciento". O también que 
"a comienzos del decenio de 1990 eran de 10.000 a 12.000 millones de 
dólares los ingresos que los países productores percibían del café", 
cuando "el valor de las ventas al por menor en los países 
industrializados era de 30.000", mientras "en la actualidad, cuando 
el valor al por menor excede de 70.000 millones, los países 
productores apenas reciben 5.500". Estamos ante un traslado de 
recursos de la producción primaria hacia la industria, los 
intermediarios y otros agentes ajenos al proceso sin precedentes en 
la historia económica. (OIC. Comunicación a la Cumbre Mundial sobre 
el Desarrollo Sostenible, Johannesburgo, 2002)   

Y, hablando de agentes ajenos a la operación productiva e industrial 
propiamente dicha, vale la pena nombrar que un estudio de Landell 
Mills en 1994 sobre la composición del precio al por menor de una 
libra de café tostado en Europa y Estados Unidos asignaba a los 
Tesoros de los países consumidores un 24.7% del ingreso en forma de 
impuestos, casi el doble de lo entregado a los productores. Para 
2001, un estudio de la ONU, del experto Iván de Rementería, acusaba 
que, de todos los negocios que a escala global involucran al café, 
los gobiernos de los países del consumo captaban al año, por concepto 
de tributos, 45.000 millones de dólares, en tanto los productores ya 
sólo reciben 5.500.   

¿Qué  ocasionó tan dramático estado de cosas? La globalización 
tampoco escapa a las decisiones políticas, a pesar de la prédica del 
libre mercado. Aprovechando la desregulación, así como la Unidad 
Cafetera lo advirtió en enero de 1996, se indujo " un desplazamiento, 
patrocinado por los compradores y los organismos multilaterales de 
crédito, de la caficultura mundial a naciones cafeteras con más bajos 
costos" y también se denunció: "Ayuda internacional, intervención 
estatal y, por encima de todo, mano de obra barata, he ahí la clave 
del boom cafetero vietnamita" (Suárez, 1996). Incentivos similares se 
han otorgado a India, Laos y a México, primer proveedor de Estados 
Unidos gracias al Tratado de Libre Comercio. Todo ello empeorado con 
el incremento del Brasil, comprometido en una iniciativa de volúmenes 
de inmensas magnitudes.   

4. La solución ahora también es política   

En medio de la confusión brotan múltiples propuestas y alternativas 
de solución a la crisis. Si bien no podría dudarse de la buena fe que 
las pueda inspirar, es difícil pensar en sus fructíferos y reales 
alcances, no solamente por lo hasta aquí manifestado sino porque no 
es fácil prescindir de definiciones tan escuetas de la  globalización 
como que es "un  nombre que los americanos le dan a la expansión de 
su economía y al flujo de sus capitales especulativos", al decir de 
John Kenneth Galbraith o la muy difundida de Kissinger, "otra 
denominación al papel predominante de los Estados Unidos en el 
mundo".   

El "sello verde", los cafés especiales y gourmet, la venta de 
producto con valor agregado, todas ellas con el encanto de los dogmas 
contemporáneos como la competitividad, los nichos de mercado y las 
alianzas estratégicas, dejan a un lado el aspecto primordial del 
mercado del café en su historia: el aspecto político. Y de ello no 
puede decirse otra cosa que la defensa del ingreso del café es, ante 
todo, una política de Estado. Si se añade la trascendencia para la 
nación de lo que ahora denominan "capital social", acorde con las 
nuevas teorías del crecimiento  y, así mismo, la necesaria 
retribución que como en el caso de Colombia, el país le adeuda por 
millonarias transferencias a este sector, todo nos lleva a concluir 
que la parte sustancial de la solución no está en las góndolas ni en 
los mostradores ni tampoco en las tiendas especializadas o coffee box 
sino en los foros mundiales, en el debate internacional o en las 
cancillerías y en los recintos diplomáticos.   

Es bueno recordar que en el pasado muchas de las presentaciones que 
en un momento dado se impulsaron como nuevas oportunidades, en el 
largo plazo no pasaron de ser otras formas de competir entre las 
casas industriales en los mercados domésticos. Así sucedió con el 
soluble en los años cincuenta, con el congelado en los sesenta y el 
descafeinado en los setenta y del mismo modo con las nuevas marcas. 
Al mencionar esto no pretendo crear desánimo ni zozobra pero sí 
acogerme a la validez del referente histórico.   

La Unidad Cafetera logró entender con rapidez las nuevas formas que 
han tomado las contradicciones en la globalización del café. Ha 
dedicado sus principales esfuerzos y sus energías en defender, 
mediante la Resistencia Civil, a los productores, exigiendo que a las 
medidas neoliberales externas no se sumen las disposiciones internas 
del mismo corte. Desde marzo de 1993, en una marcha hacia Bogotá con 
delegaciones provenientes de las principales regiones cultivadoras, 
manifestamos la vocación indeclinable de no permanecer inmóviles ante 
la amenaza que se venía. En términos gremiales se han alcanzado 
algunos éxitos relativos, pero hay plena conciencia que sin una 
actitud erguida y digna del gobierno que nos representa en el 
concierto mundial, para hacer valer el trabajo nacional y para 
impedir las maniobras de los países y los monopolios que envilecen el 
precio y colocan a las diversas industrias cafeteras a competir como 
antropófagos modernos por un mendrugo de pan, todos los demás 
esfuerzos serán vanos y hasta las instituciones, valiosas e 
imprescindibles herramientas para el sostenimiento del más de medio 
millón de cafeteros, ahora con serios problemas patrimoniales y de 
liquidez, podrían dar al traste del todo.   

Dentro del orden de ideas expuesto, valoramos toda ayuda o soporte 
que 
se brinde a la noble causa de la producción agrícola del café, pero 
encontramos como insustituible el acompañamiento en el reclamo ante 
los 
causantes del problema, conminarlos a restituir la lesión enorme que 
nos 
han infligido y a estimular a los gobiernos de los países productores 
a 
emprender sin temores ni consideraciones menores la necesaria y justa 
cruzada de recuperación de una riqueza que les corresponde con 
justeza a 
los cultivadores. Ojalá que sea el gobierno colombiano el líder de 
esa tarea 
que no debe desdeñar ni omitir; ello le podría acarrear ser superado 
por su 
propia nación, representada en las organizaciones que decidieron no 
dar su 
brazo a torcer en ese patriótico empeño y mucho menos cuando podemos 
llegar al peor de los mundos, el que bajo los mismos parámetros 
neoliberales nos depararía el Área de Libre Comercio para las 
Américas,  
ALCA. Lo que aspiramos, por el contrario, es a un mundo totalmente 
distinto, donde no sólo se remunere bien al café sino que las 
naciones que 
construyamos sean soberanas en todas las áreas estratégicas, en la 
producción de alimentos, en el crecimiento armónico de las industrias 
básicas y, en particular, que se relacionen en pie de igualdad con 
todas las demás del planeta.  


Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca 
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos 
los latinoamericanos.
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