[R-P] El Embajador de la Represión vuelve a Bolivia
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Mie Oct 16 00:42:40 MDT 2002
15 de octubre del 2002
El Embajador de la Represión vuelve a Bolivia
¿Otra vez, mister Greenlee?
Wilson García Mérida
Bush designó hace dos semanas al sucesor de Manuel Rocha como embajador en
Bolivia. Se llama David Greenlee, experto en operaciones encubiertas. Ya
estuvo en Bolivia manejando interinamente la Embajada norteamericana por
casi dos años, desde la crisis de Huanchaca. Bajo su corta pero desenfrenada
gestión el país vivió tormentas de sangre y vergüenza como la llegada de
tropas del Comando Sur al Chapare, la masacre de Villa Tunari, la aprobación
de la Ley 1008 o el atentado dinamitero contra George Shultz. La historia de
Greenlee en Bolivia parece arrancada de un relato negro de Graham Greene.
El presidente de Estados Unidos George W. Bush acaba de nombrar oficialmente
a su nuevo Embajador en Bolivia, David N. Greenlee, quien ya actuó en
nuestro país a fines de los ochenta, como Ministro Consejero y Embajador
interino, habiendo administrado situaciones poco diplomáticas como la
tragedia de Huanchaca en 1986 y la masacre de Villa Tunari en 1988.
La designación de Greenlee está sujeta a una confirmación del Senado
norteamericano, lo cual se producirá en las próximas horas según confirma la
Embajada de Estados Unidos en La Paz.
Greenlee se desempeñó como Embajador de su país en el Paraguay desde el 19
de julio del año 2000. Previamente ocupó el cargo de Coordinador Especial
del Departamento de Estado para Haití. Con anterioridad, de 1996 al 97, fue
Jefe del Grupo de Monitoreo Israel-Líbano. Entre el 95 y el 96 ejerció como
Consejero Político del Comando Sur con sede en Panamá.
Su relación con Bolivia data de los años 60, cuando sirvió como voluntario
del Cuerpo de Paz en el altiplano boliviano, antes de partir a Vietnam.
Luego se especializó como experto en operaciones encubiertas con altas notas
en las belicosas escuelas diplomáticas norteamericanas, compartiendo
experiencias --entre otros funcionarios de carrera que se desplazan como
peones de ajedrez en el tablero mundial del imperio-- con el actual jefe del
Comando Sur, Gary Speer, y con Otto Reich, el hoy influyente Secretario del
Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos en América Latina.
Conocimos muy de cerca a David Greenlee a fines de septiembre de 1988, dos
años después de los sucesos de Huanchaca. El señor Greenlee llegó a Villa
Nueva, una comunidad cocalera del Chapare, para entregar algunas obritas del
PL-480 al estilo de Alianza para el Progreso, junto con Giovani Quaglia y
Reginald van Ralte, funcionarios de Unfdac y Usaid, y se dirigió a los
campesinos utilizando palabras en idioma quechua (su currículum oficial
indica que es experto en lenguas indoamericanas). Registramos ese acto
mediante un reportaje que publicamos en la revista Facetas de Los Tiempos,
el 2 de octubre del 88.
Greenlee cumplía en ese momento el cargo de Embajador interino en nuestro
país, y lo ejerció durante casi dos años en los cuales la Embajada de
Estados Unidos en Bolivia había quedado acéfala tras la crisis que sufrió
esa legación a causa de los crímenes del 5 de septiembre del 86.
Previamente a la tragedia de Huanchaca, David Greenlee era el responsable de
los asuntos políticos de su Embajada en La Paz, es decir el número uno de la
CIA en Bolivia, bajo el encubierto puesto de Ministro Consejero. Desde ese
cargo administró las operaciones que trajeron tropas del Comando Sur para
realizar ejercicios de guerra en el Chapare, y en alguna otra zona del
oriente afectada por el narcotráfico.
La tragedia de Huanchaca
En julio de 1986 comenzó a ejecutarse en Bolivia la operación "Blast
Furnace" ("altos hornos"), la primera experiencia de intervención militar
norteamericana, para Bolivia, en la llamada "guerra contra la drogas". Hasta
noviembre de ese año llegaron al país, para quedarse, seis helicópteros
artillados UH-1H que operaron en la guerra del Vietnam, junto con 200
"rangers" enviados por el Comando Sur.
"Blast Furnace" fue el sueño de Reagan que se cumplió en esta parte de los
Andes, desde que el presidente norteamericano había fracasado en su intento,
durante las dictaduras militares, de crear una fuerza multinacional
"interamericana" bajo la batuta del Comando Sur en los marcos de la
"Iniciativa de Defensa Estratégica" inspirada por el ultraderechista Lyndon
LaRouche. La operación "Blast Furnace", sin embargo, fue un rotundo fracaso
en Bolivia.
El Operativo "Blast Furnace" incluía la participación activa de la DEA,
organismo éste (todavía atado a una lógica estrictamente policiaca) que
tenía el propósito de asestar un duro golpe interviniendo el mayor
laboratorio de producción de clorhidrato de cocaína, situado en la serranía
de Huanchaca, sobre la frontera cruceña con Brasil. La información sobre
aquella incursión promovida por la DEA se filtró hacia los narcotraficantes
y provocó una tragedia impensable. Cuando los ocupantes de la factoría se
hallaban desmantelando el laboratorio pocos días antes del anunciado
operativo, éstos fueron sorprendidos con la llegada de una misión científica
española encabezada por el biólogo boliviano Noel Kempff Mercado, que
aterrizó accidentalmente en Huanchaca; los narcotraficantes, confundiendo a
los acompañantes de Kempff con agentes encubiertos, los acribillaron a
ráfagas de metralleta. Fue el 5 de septiembre de 1986. Vicente Casteló, un
piloto español, fue el único sobreviviente que reconoció el acento brasileño
de los sicarios y pudo contar el cuento ante el estupor del país.
Este incidente provocó una grave crisis dentro la Embajada norteamericana en
La Paz. El jefe de la DEA en Bolivia, Frank Macolini, acusó a los agentes de
la CIA de haber interferido en las acciones para tomar Huanchaca debido a un
pacto que se habría acordado con el cabecilla de la banda que operaba en ese
laboratorio, un padrino llamado Jorge Roca Suárez, alias "Techo de Paja",
actualmente preso en una cárcel de Texas con privilegios de ciudadano
norteamericano.
"Techo de paja" aprovechó la estadía en su cárcel dorada de Texas para
estudiar Arquitectura y Derecho, profesiones que le permitirán desarrollar
"limpiamente" sus actividades cuando retorne a Bolivia. Recientemente, el
pasado mes de agosto, la justicia boliviana resolvió, por decisión de los
jueces Saúl Saldaña y Ana Cañizares, devolver los bienes incautados a su
familia.
Una ruta al Golfo de México
Tras los crímenes del 86, Frank Macolini sindicó concretamente a Jesús
Gutiérrez, un agente cubano traído a Bolivia precisamente por David
Greenlee, de haber infiltrado la información sobre la toma de Huanchaca.
Según el entonces jefe de la DEA en Bolivia, Gutiérrez habría ejecutado la
negociación con Roca Suárez. El agente cubano brindó protección a "Techo de
Paja" permitiéndole inclusive transportar cocaína por una ruta directa al
Golfo de México a cambio de información para desmantelar al cartel
colombiano de Medellín. Investigamos sobre este tema en 1990, cuando
conocimos casos de secuestros de avionetas en la frontera con Brasil y
Paraguay para usar esas naves "desechables" en la ruta al Golfo de México.
Se pudo establecer que en aquellas operaciones criminales de secuestro de
pilotos y robo de avionetas participaban grupos ligados al clan
Villavicencio, que posteriormente se dedicó al lavado de dólares
desarrollando actividades inmobiliarias en el municipio de Cochabamba. Los
dineros de "Techo de paja" se reciclaron también en organizaciones como
Finsa.
La DEA, supuestamente, se oponía a esta alianza de la CIA con el
narcotráfico boliviano.
Las relaciones de "Techo de paja" y la CIA se remontan a la época de García
Meza, cuando este joven y emprendedor traficante conspiró contra su tío y
mentor Roberto Suárez Gómez, entregando información decisiva para la captura
del entonces "rey de la coca". Jorge Roca aprovechó su influencia en los
entornos del ministro Arce Gómez para expandir e intensificar la producción
de pasta base de cocaína en los bosques subtropicales del Chapare, donde la
dictadura tendió un cerco militar para impedir la salida de hojas de coca
hacia las haciendas de Roberto Suárez en el Beni. Es conocido el episodio de
la masacre de "zepes" (hombres hormiga que transportaban coca ladeando las
orillas del Río Chapare), quienes fueron exterminados por el Ejército para
cortar la provisión de hojas de coca hacia los dominios amazónicos de
Suárez.
La militarización del Chapare ordenada por García Meza y Arce Gómez le
permitió a "Techo de paja" dar un salto "modernizador" hacia la
cristalización de cocaína (clorhidrato), montando laboratorios industriales
como el de Huanchaca. Roberto Suárez en cambio, más conservador, prefería
mantener al Chapare como simple proveedora de hojas de coca,
especializándose en simi-elaborar la droga en estado de sulfato base, para
enviar esa mercancía a laboratorios de Colombia. Eso explicaba la buena
relación que Roberto Suárez mantenía con el cartel de Medellín, a diferencia
de "Techo de paja" que se constituyó en competidor y adversario feroz de los
colombianos.
La CIA y su golpe de timón
A raiz de las disputas entre los agentes de la DEA y de la CIA en la
legación norteamericana de La Paz, despertadas por el asunto Huanchaca y la
protección a "Techo de Paja", se precipitó la renuncia del entonces
embajador Edward Rowell, un buen hombre, quien no pudo sostener aquella
situación en un ámbito rigurosamente diplomático. Rowell, asqueado del
asunto, tomó la decisión de huir del país a pocos días de producirse, en
noviembre del 86, el asesinato del diputado Edmundo Salazar. Este legislador
que investigaba el caso Huanchaca se aproximó demasiado a la verdad y fue
acribillado a plena luz del día por dos sicarios en motocicleta.
El embajador Rowell abandonó Bolivia en enero de 1987, subrepticiamente y
sin ofrecer una explicación oficial sobre su alejamiento; quedando la
Embajada en acefalía hasta noviembre del 88. En ese lapso, es decir entre
enero del 87 cuando el embajador Rowell abandona el país y noviembre del 88
cuando llega el sucesor Robert Gelbard, David Greenlee, el principal de la
CIA en Bolivia, toma control de la Embajada en calidad de "embajador
interino".
Al haber fracasado la operación "Blast furnace" en su objetivo anti-droga
(aunque el objetivo político de someter el sistema de seguridad boliviano
bajo los lineamientos del Comando Sur se había logrado), la Embajada de
Estados Unidos, ya al mando de David Greenlee, emprendió una nueva fase
punitiva lanzando la operación "Snow cop" ("boina de nieve"), la cual
incorporó en las acciones militares a elementos de la "migra" estadounidense
y otras agencias como el FBI. El inicio de esta operación coincide con la
salida del embajador Edward Rowell y el ascenso de Greenlee al rango de
"embajador interino".
La primera medida de Greenlee fue alejar a Frank Macolini del país,
gestionando su traslado a Centroamérica, y a partir de entonces el accionar
de la DEA en Bolivia se "despolicializó" y comenzó a desarrollarse bajo una
lógica estrictamente política y militar.
La operación "Snow cop" tuvo el principal objetivo de desmantelar y
deslegitimar las propuestas campesinas de desarrollo alternativo, que en ese
momento se traducían en el Plan Integral de Desarrollo y Sustitución
(Pidys), basado en la erradicación voluntaria de cocales y en la
participación sindical campesina en la planificación de programas agrícolas
alternativos. Greenlee se opuso tenazmente a esa propuesta, insistiendo en
abordar el problema coca-cocaína desde un enfoque eminentemente militar,
identificando así al cocalero como el enemigo principal.
El primer síntoma de esta política agresiva y anticampesina promovida por
Greenlee se produjo el 27 de mayo de 1987, en la zona de Parotani, cuando
cinco campesinos murieron en un choque con fuerzas de la Unidad Móvil para
el Patrullaje Rural (Umopar) que respondían al mando directo de agentes
norteamericanos.
Greenlee y la masacre de Villa Tunari
David Greenlee promovió la incursión ilimitada de asesores militares
norteamericanos en el Chapare que asumieron el mando de las tropas nativas
de Umopar. Fueron esos mismos agentes norteamericanos quienes abrieron fuego
desde sus helicópteros artillados UH1H, el 27 junio del 88 (apenas un año
después de los hechos de Parotani), en la población chapareña de Villa
Tunari, acribillando a centenares de campesinos que se oponían al uso de
herbicidas para erradicar cocales, siendo Greenlee dueño y señor de la
Embajada norteamericana en La Paz.
La masacre de Villa Tunari dejó un saldo 12 muertos, entre ellos varias
mujeres y niños; y más de 20 heridos, muchos de ellos con invalidez de por
vida. Aconteció cuando centenares de campesinos realizaban una toma pacífica
de las oficinas de la Dirección de Reconversión de la Coca (Direco), donde
se almacenaban defoliantes que debían ser usados para fumigar los campos
cocaleros. Varios cadáveres aparecieron flotando en el río Chapare. Lo
extraordinario de aquel hecho fue que algunos policías bolivianos que
participaron en la matanza disparando fusiles M-15, se hallaban bajo
investigación de la DEA por sus conexiones con redes oficiales de protección
a narcotraficantes. Después de lo de Villa Tunari, la Embajada de Estados
Unidos, a cargo de Greenlee, hizo llegar sendos memorándums de felicitación
a esos mismos policías.
La violación belicista de los derechos humanos se constituyó en el método
dominante de la política antidroga dirigida por Grenlee, en una estrategia
nítidamente orientada a provocar reacciones también violentas entre el
campesinado agredido, obligado desarrollar acciones autodefensivas que
servirán a Estados Unidos para argüir que los sindicatos cocaleros forman
parte de una "red narcoterrorista". 1988 será el año clave para imponer esta
visión torcida y guerrerista de la realidad en el Chapare.
La gestión de Greenlee como Ministro Consejero en el 86 y "embajador
interino" en el 88 no sólo produjo episodios abrumadores como Huanchaca o
Villa Tunari. La presencia de este hombre fuerte de la CIA en nuestro país
impactó profundamente en el proceso democrático boliviano introduciendo
elementos de incertidumbre, inestabilidad e inseguridad, mediante el
chantaje sistemático, para reacomodar los factores internos de poder en
función a los dictámenes de la potencia extranjera.
El Gran Viabilizador
Greenlee fue el "viabilizador" de la política guerrerista de su gobierno,
que aún prima respecto a la cuestión de la coca, y fuimos testigos de la
prepotencia norteamericana en nuestro país ya en abril del 88, cuando el
"embajador interino" llevó de paseo en el Chapare al nefasto Fiscal General
de los Estados Unidos, Edwin Meese.
El fiscal Meese, estrecho colaborador de Reagan, según la revista Newsweek
había obtenido el cargo en retribución a un hecho de encubrimiento en favor
de la corporación Wedtech, en un cierto negociado por equipos de espionaje
satelital en el Pentágono. Meese llegó al cuartel de Umopar de Chimoré
protegido por un batallón de marines que nos impidieron, a los periodistas
bolivianos, realizar la cobertura de esa visita. En un bochornoso incidente,
los agentes norteamericanos desalojaron al entonces Ministro del Interior,
Juan carlos Durán, del recinto donde Meese, Greenlee y los efectivos de la
DEA y del Comando Sur asentados en la zona se reunieron durante más de tres
horas. Actualmente, Edwin Meese es socio de Lyndon LaRouche en varias
empresas privadas dedicadas a vender "servicios" de inteligencia,
seguimiento y asesoramiento "antiterrorista", además de comercializar armas,
en países del tercer mundo donde opera la asistencia militar norteamericana.
La captura de Roberto Suárez, el "rey de la coca" destronado ya durante
García Meza, fue otra "obra estrella" de mister Greenlee. Con la caída de
Suárez, quien se entregó voluntariamente en julio del 88 tras resistir un
cerco policial-militar de cinco meses en su hacienda de Santa Ana, la
Embajada norteamericana logró poner en segundo plano las repercusiones de
Huanchaca. Antes de la captura de Suárez, propiciada por su ex discípulo
"Techo de paja", se sucedieron hechos insólitos como la aparición de unos
"narcovideos" que mostraban a conocidos políticos pidiendo al viejo
narcotraficante plata para financiar campañas electorales; o la clausura del
sistema radiotelevisivo del "compadre Palenque", por haber entrevistado a
Roberto Suárez desde la clandestinidad, lo cual produjo un inesperado
estallido populista en el país.
El cerco y la captura de Suárez, y la tenaz persecución desatada en contra
de dirigentes y campesinos cocaleros, crearon, además, condiciones
favorables para que la Embajada norteamericana conquiste la aprobación
congresal, el 19 de julio de 1988, de la Ley 1008 de Sustancias Controladas,
que penaliza a la hoja de coca con idéntica furia que a la cocaína. Paz
Estenssoro tardó cinco meses en promulgar esa ley ante la resistencia de los
campesinos que sufrieron en ese lapso los efectos aterradores de aquella
"guerra de baja intensidad" comandada por Greenlee.
Tras la aprobación de la Ley 1008, Bolivia recibió la visita del Secretario
de Estado George Shultz, en agosto de ese mismo año, visita que fue
respondida con un atentado dinamitero perpetrado por el Ejército de
Liberación Zárate Willka. Greenlee estaba como pez en el agua. Se quedó en
el país asesorando al nuevo embajador Robert Gelbard, hasta 1989, año en que
logró desarticular a esa pequeña banda ultrista cuya aparición puso al país
en el mapa ideal del terrorismo internacional. Y misión cumplida.
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Las listas negras del Embajador
Antes de su anunciado retorno a Bolivia, David Greenlee fue Embajador en
Asunción, Paraguay, donde se puso al centro de una polémica permanente por
su política intervencionista a través de unas famosas "listas negras" que
afectaron a centenares de personalidades paraguayas incriminadas por
Greenlee, quien se puso oficiosamente a la cabeza de una supuesta "lucha
contra la corrupción" en el país vecino.
Mister Greenlee desató en Paraguay un clima de persecución e intimidación
pública "investigando", con un sofisticado aparato de inteligencia bajo su
servicio, supuestos casos de corrupción entre funcionarios, jueces,
sindicalistas y periodistas, algunos de ellos vinculados con acciones de
resistencia a procesos de privatización. Los paraguayos que entraron en las
"listas negras" de Greenlee fueron sancionados por la Embajada con la
suspensión de sus visas para ingresar a Estados Unidos.
Las "listas negras" de Greenlee condicionaron el funcionamiento del sistema
judicial paraguayo a los intereses de las compañías trasnacionales que
operan en ese país. Jueces y fiscales aterrados por la posibilidad de perder
sus visas y ante la inminente muerte civil que implica caer en las "listas
negras" de Greenlee, comenzaron a bloquear recursos de inconstitucionalidad
de varios contratos petroleros que presentaron sindicalistas paraguayos.
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"Previamente a la tragedia de Huanchaca, David Greenlee era el responsable
de los asuntos políticos de su Embajada en La Paz, es decir el número uno de
la CIA en Bolivia, bajo el encubierto puesto de Ministro Consejero. Desde
ese cargo administró las operaciones que trajeron tropas del Comando Sur
para realizar ejercicios de guerra en el Chapare"
"Lo extraordinario de la masacre de Villa Tunari fue que varios policías
bolivianos que participaron en la matanza de campesinos, se hallaban bajo
investigación de la DEA por sus conexiones con redes oficiales de protección
a narcotraficantes. Después de la masacre, la Embajada de Estados Unidos, a
cargo de Greenlee, hizo llegar sendos memorándums de felicitación a esos
mismos policías"
"La presencia de este hombre fuerte de la CIA en nuestro país impactó
profundamente en el proceso democrático boliviano introduciendo elementos de
incertidumbre, inestabilidad e inseguridad para reacomodar los factores
internos de poder en función a los dictámenes de la potencia extranjera"
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