[R-P] LA CONQUISTA DEL DESIERTO, R. Ferrero

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Lun Oct 14 21:12:18 MDT 2002


Excelente y contundente selección.
Esta vez no voy a decir "por ahí andaba Garay" porque sería tomado como una
chicana.
Voy a decir: gracias compañero José María.
Gabriel


----- Original Message -----
From: "José María Cavalleri" <ingcavalleri en hotmail.com>
To: <reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Monday, October 14, 2002 10:40 AM
Subject: [R-P] LA CONQUISTA DEL DESIERTO, R. Ferrero


>
>
>
> LA CONQUISTA DEL DESIERTO,
> LOS INDIGENAS Y EL INDIGENISMO
>
> Roberto A. Ferrero
>
> Fotografías posteriores a la Conquista del Desierto nos muestran vencidos
> caciques en sus patéticos trajes de coroneles de la Nación o grupos
> familiares temerosamente apiñados ante el "chasirette". Al verlas, no se
> puede sino experimentar un sentimiento de compasión hacia ellos y un
repudio
> espontáneo a aquella campana del general Julio A. Roca de 1879, si esos
> fueron los resultados de la Conquista. Y, sin embargo, aquellas viejas
fotos
> no representan sino una pequeña parte de la verdad. Los indios que
poblaron
> belicosamente el sur de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba,
> San Luis y Mendoza y los territorios nacionales se ajustan mal al
> estereotipo del "buen salvaje" dulce, hospitalario y noble, despojado
> primero y explotado después, por los "blancos". Aquellos hijos del
desierto
> eran indudablemente valerosos en extremo y también hospitalarios con los
> cristianos perseguidos que llegaban a sus tolderías - que lo digan sino el
> coronel Manuel Baigorria y los hermanos Pincheira o los Saá - pero en
cuanto
> al resto de las supuestas virtudes que les son atribuidas, debe decirse
que
> no eran mejores ni peores que sus enemigos del otro lado de la frontera:
> ranqueles y pampas robaban, cautivaban y engañaban como cualquiera en
> aquella época bárbara de nuestra historia.
>
> Eramos un país violento y de aquella violencia participaban todos, indios
y
> blancos, civiles y militares. Quizá no haya existido otra alternativa que
la
> que se dio en las relaciones del Estado argentino y las parcialidades
> indígenas del desierto.
>
> Cada una de esas parcialidades, araucanas o araucanizadas ya - la ranquel
> con centro en Leubucó, la de Sayhueque en el Neuquén y la confederación de
> Calfucurá con su corte en Salinas Grandes- se estaban constituyendo ya en
un
> proto-estado que acumulaba poder con el apoyo abierto o encubierto del
> gobierno y los particulares de Chile. Tenían su jerarquía de Gran Cacique,
> caciques secundarios y capitanejos y jefes de guerra; los lenguaraces y
> escribas al servicio de los caudillos indios eran embriones de cancilleres
y
> ministros de estado; Calfucurá había aprendido de los blancos la teoría
del
> origen "divino" de su autoridad y calificaba de "príncipe heredero" a su
> hijo Namuncurá, según cuenta Schoó Lastra (1). Aquel jefe, lo mismo que
> Pincén, Mariano Rosas o Yanquetruz trataban de igual a igual a las
> autoridades provinciales y muchas veces derrotaron a las tropas argentinas
> en batallas formales. Tal era la importancia dada por el estado nacional a
> las relaciones con ellos que en la época de Rosas estaban reservados a
éste,
> como Encargado de las Relaciones Exteriores, la conclusión de los tratados
> de paz y prohibida su firma a los gobernadores.
>
> Aunque estas tribus realizaban un mínimo de tareas agrícolas, en realidad
la
> base de su economía eran el abigeato y la comercialización de la hacienda
> robada. El malón era el "instrumento de producción" absolutamente
> preponderante: salvo el caso de partidas sueltas de "indios pobres", no
> sujetos a la disciplina tribal, no se trataba de "hurtos famelicus" los
> realizados, sino de una verdadera "industria sin chimeneas" a gran escala.
> Los ganados robados por decenas de millares a los esforzados criadores
> criollos de la frontera eran engordados en sitios especiales -como las
> "estaciones" de Tandil en la provincia de Buenos Aires, Cerro de los
Viejos
> en La Pampa, Malargüe en Mendoza o Ruca Choroi en Neuquén- y luego
> conducidos en grandes hatos por trayectos y rutas regulares hasta la
> frontera con Chile, en donde eran vendidos (2) Los comerciantes,
hacendados
> y traficantes de armas y alcohol chilenos impulsaban decididamente esta
> actividad "delictiva-industrial" y el gobierno transandino la fomentaba
con
> su tolerancia cómplice, con vistas a su política expansionista sobre la
> Patagonia argentina.
>
> (1) Dionisio Schoó Lastra. El indio del Desierto, Biblioteca del
Suboficial,







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