[R-P] efecto lula
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Sab Oct 12 12:00:56 MDT 2002
¿Efecto Lula o coincidencia?
Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada
La propuesta del candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT)
en Brasil, suscrita por el empresario nacionalista que aspira a la
vicepresidencia, se inscribe en el marco del sistema capitalista, pero en un
proyecto que tiende a frenar la dinámica neoliberal sostenida por Fernando
Henrique Cardoso y que ha traído como consecuencia no sólo el aumento de la
pobreza en ese país sino también el de las desigualdades sociales y
económicas entre la población. Lo fundamental de la propuesta de la fórmula
Lula-Alencar no es acabar con los mercados -dijo Da Silva-, sino la
imposición de un modelo económico con énfasis en la producción y no en el
dinero fácil del capital especulativo. La idea es disminuir no sólo la
pobreza, sino también, no menos importante, las desigualdades sociales que
han llevado a Brasil a ocupar el primer lugar mundial en este rubro (México
ocupa el segundo sitio en desigualdad social según el Banco Interamericano
de Desarrollo). Para llevar a cabo este proyecto se ha resuelto impulsar el
crecimiento económico interno y ampliar el mercado, es decir, el número de
personas que estén en condiciones no sólo de producir sino de consumir lo
que el país produce. Esta ampliación del mercado interno implica,
necesariamente, aumentar el número de empleos, mejorar los salarios directos
e indirectos de la población más pobre e imponer impuestos progresivos al
capital, de tal forma que se garantice la ganancia de los empresarios, sí,
pero también la distribución de la riqueza producida.
Como puede apreciarse, no se trata ni de lejos de un programa socialista.
Pero este cambio de rumbo, planteado por un ex obrero metalúrgico y un
poderoso empresario textil, ha conquistado el apoyo de millones de
brasileños, incluidos los militantes del poderoso Movimiento de los Sin
Tierra, además de las alianzas partidarias que ya se están tejiendo para
hacer ganar a Lula en la segunda vuelta electoral.
Hace 50 años, digamos, un proyecto como el propuesto por el PT en estas
elecciones hubiera sido rechazado o por lo menos cuestionado, pues en
aquellos tiempos todavía se pensaba en el desarrollo nacional que, por
definición, suponía acciones muy semejantes a lo que ahora proponen
Lula-Alencar, de llegar al gobierno. Pero hace 50 años las cosas eran
distintas.
La globalización neoliberal que se impuso desde principios de los años 80
con Thatcher y Reagan en los gobiernos de Gran Bretaña y de Estados Unidos,
respectivamente, ha provocado tal desastre en el mundo que los viejos
tiempos se consideran mejores que los actuales, a pesar de que tampoco
fueron buenos para la mayoría de la población mundial. La tendencia de
ahora, según parece, es frenar el capitalismo salvaje de la globalización
neoliberal, y en esta lógica se inscriben tanto los críticos sociales (de
derechas y de izquierdas) del modelo, como muchos empresarios que también se
han visto afectados.
¿Será casualidad? Puede ser. Pero a partir del triunfo de Lula en la primera
vuelta electoral en Brasil, el Presidente mexicano declaró que será
necesario el crecimiento interno de la economía, fortalecer el mercado
interno, ampliar los créditos bancarios a las micro, pequeñas y medianas
empresas (que son las que dan empleo al mayor número de mexicanos), así como
extender los servicios de salud a toda la población e incentivar la
inversión en infraestructura y en construcción de vivienda, hospitales y
universidades. El argumento de Fox ha sido que la economía de Estados Unidos
no parece estar en condiciones de estimular la nuestra. Pero este argumento,
como tal, no parece ser muy sólido, puesto que hace dos semanas o cinco
meses la economía estadunidense ya se encontraba en condiciones recesivas.
Como puede observarse, las propuestas de Lula como las citadas de Fox,
aunque las declaraciones de este último se hayan dado en un escenario sin
impacto mundial, tienen cierto parecido. Si creemos a Fox, pues no siempre
es consistente en sus declaraciones, podríamos pensar que se intenta, al
menos coyunturalmente, imprimirle algunas correcciones al modelo neoliberal
que de entrada aceptó puntualmente desde el primer día de su gobierno. Si
esta relativa vuelta de tuerca en materia económica y social obedece o no a
los tiempos político- electorales hacia 2003, a las derrotas del Partido
Acción Nacional en las pasadas elecciones estatales y municipales y a la
baja de popularidad del presidente mexicano, lo importante es que se está
dando y que quizá estamos en presencia de una restructuración del modelo
hacia el futuro inmediato. Si no es el caso, pues tendríamos que reconocer
que se trata de una simple coincidencia. Me inclino por aceptar esto último.
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