[R-P] Pobladores expulsados de las tierras que colonizaron

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Jue Oct 3 04:41:30 MDT 2002


Extranjeros en su propia tierra. En el más literal de los sentidos. 
Esta historia ya la habíamos vivido en la Argentina, y don Arturo 
Jauretche la relató, para el caso de la familia criolla de los Lazos, 
en una estancia del Sur cordobés propiedad de los Cárcano. Es, en el 
fondo, el mismo drama del Martín Fierro. A los pobladores pioneros de 
Malargüe los une con los desocupados del Gran Rosario el mismo hilo 
conductor: la inconcebible cipayería de nuestros vendepatrias.
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MENDOZA, 1(PSI).- EXTRANJERIZACIÓN DE TIERRAS 
EN LA ARGENTINA. 
Tras las recientes denuncias de prensa sobre la compra de 
grandes extensiones de tierra por parte de 
particulares o empresas extranjeras continúan las 
mismas, y en este caso que damos a conocer, dejando de 
lado la ley que prohibía en la zona andina la compra 
de tierras por parte de extranjeros a menos de 100 
kilómetros de la frontera con Chile, la colega 
Teresita Sancho, Corresponsal en Malargüe del matutino 
“Los Andes” de Mendoza, publicó la siguiente nota, 
por demás ilustrativa de una situación en particular, 
pero que muestra la realidad de la extranjerización 
ante la pasividad y despreocupación de los gobiernos 
nacional y provincial.

 “LOS PUESTEROS QUE RESISTEN EN LAS 
TIERRAS DE LOS MALAYOS. 

De tanto andar, conocen todos 
los recodos del camino, huellas abiertas a pura 
pisada. Con sólo observar la dirección del viento, 
saben los cambios del clima y hasta reconocen cada 
ruido que se produce en el silencio casi sepulcral. En 
ese puesto en el corazón de la montaña, se criaron los 
cinco hermanos Díaz. Y ni en sus más amargas 
pesadillas se les representó lo que hoy les está 
ocurriendo: "Nos quieren echar, nos piden que dejemos 
todo y nos vayamos porque unos malayos compraron estas 
tierras", dice Ricardo (42), el mayor. Cómo lo iban a 
imaginar, si hace 26 años que sus padres llegaron al 
lugar y trabajaron sin descanso 
hasta transformar el desierto en oasis. "No había 
nada, ni una planta", cuenta y señala los sauces, 
durazneros, manzanos, perales y damascos que rodean la 
humilde casa. Basta mirar alrededor, hasta donde la 
vista alcanza, para saber lo que lograron: una isla 
llena de vegetación rodeada de tierra seca y flora 
autóctona, a 30 kilómetros de Malargüe y a 3 al norte 
de la ruta 40- . Nada allí fue fácil. "La forestación 
es muy complicada porque el terreno está formado por 
piedras", aclara Hugo (26). Necesitaron mucho ingenio 
para que las plantas no murieran de sed. La única 
forma era bajar agua de un arroyo que nace en lo alto 
de la montaña. Armaron una cañería de más de mil 
metros de extensión, que sube y baja serpenteando los 
cerros. Otro sistema semejante idearon para el consumo 
familiar, pero en este caso trasladando agua de una 
vertiente cercana. En la casa -de tres ambientes con 
pisos de cemento y techos de barro y tablas- cuentan 
con lo indispensable. Una pantalla solar provee la 
energía eléctrica y la cocina se alimenta con gas por 
medio de una garrafa. 

Todo estaba bien para la familia hasta 
el 21 de enero pasado, cuando les arrancaron unos 
carteles en el ingreso al puesto -sobre la ruta 
nacional 40-, donde anunciaban un emprendimiento de 
agroturismo. "Sin ninguna explicación, un hombre que 
dice representar a los nuevos dueños y la gente de 
Gendarmería se los llevaron". Al otro día escucharon 
por radio, la única conexión que tienen con el 
exterior, que un grupo de inversores malayos había 
comprado esas tierras. "Inmediatamente nos fuimos a 
Malargüe y compramos los diarios para averiguar", 
relatan. Pero no se preocuparon porque "en al artículo 
decía claramente que los compradores iban a respetar 
la propiedad de los puesteros". 

La esperanza duró poco: el 11 de marzo les llegó una 
notificación de desalojo, en la que les daban 10 días 
para presentar pruebas sobre la titularidad de la 
tierra. "Es nuestra, si todo lo que hay lo hicieron 
mis padres y nosotros", afirma convencido Hugo. Aunque 
no tienen documentación que pruebe que ese terreno les 
pertenece, no aceptan pagar un alquiler, como el resto 
de los puesteros. Desde ese momento, la vida de los 
Díaz cambió. Llevaron el caso a la Justicia y entre 
papeles, asesores y abogados, fueron aprendiendo sus 
derechos. "Conocemos el expediente de memoria, las 
palabras que no entendemos las buscamos en el 
diccionario", dicen. La venta de chivos, sustento de 
la economía familiar, les alcanza para sobrevivir, 
pero los tres varones sentían deseos de superarse e 
idearon un proyecto: Llevar turistas al puesto y 
enseñarles a disfrutar los placeres de la montaña. 
Así, el año pasado, comenzaron los arreglos. Un cartel 
en la puerta de la casa es la prueba. Con viejos 
eslabones de cadenas escribieron: "Bienvenidos". Los 
Díaz explican la situación de los otros puesteros que 
están en la zona: "Ya arreglaron con Nieves de Mendoza 
(la firma que adquirió los terrenos). Les cobran el 
10% anual de la producción de animales, así sacan unos 
2 mil pesos por puesto". Por eso sienten que están 
luchando contra la corriente. "Tenemos que defender lo 
argentino. A nuestros vecinos no les interesa la 
nacionalidad", dicen. Ellos confían en la Justicia 
"por más dinero que tenga esta gente, se tiene que 
cumplir con la ley. Ninguno de nosotros va a dejar de 
trabajar".

La compra. A fines del año pasado un 
grupo malayo adquirió unas 250 mil hectáreas en 
Malargüe. El comprador. Según la escritura, los 
terrenos son ahora de la empresa "Nieves de Mendoza 
SA", cuyo presidente es Carlos Alfredo Nogueira 
Martearena. El destino. La intención de los 
inversionistas sería desarrollar un proyecto agrícola 
y otro turístico. Conflicto. "No existe en el terreno, 
sólo en los mapas que están superpuestos", explicó 
desde el Ministerio de Ambiente y Obras Públicas Angel 
Azpillaga.

Pioneros. El matrimonio Díaz llegó al 
puesto el 20 de octubre del '76, acompañado por sus 
hijos que hoy son expertos crianceros de chivos. 
Comparten la casa Ricardo, Hugo, Fabián y Elida (62), 
la madre. Silvia (22), la menor, es maestra y trabaja 
en Malargüe. Separado por un par de kilómetros está el 
puesto de Fermín (35), otro de los hermanos, quien 
vive con su esposa y 4 niños, de entre 10 y 6 años. 
Ricardo resume el sentimiento de la familia: "Son 
pocas las personas que en este país se preocupan por 
la tierra. Y si logramos atraer visitantes con el 
agroturismo y nos va bien, tal vez más adelante nos 
haga falta tomar gente y así se va generando el 
empleo. Muchos en Malargüe están esperanzados en los 
150 pesos de los programas sociales, y así la cosa no 
va".- XXX

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca 
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos 
los latinoamericanos.
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