[R-P] SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN (I)

Domingo Schiavoni domingoschiavoni en arnet.com.ar
Mie Oct 2 07:51:49 MDT 2002


Compañeros/as: ayer se publicó en la página web de Izquierda Nacional esta
nota que me solicitaran oportunamente los compañeros Moser y Cangiano, del
Foro de la Izquierda Nacional. Deseo compartirla con todos ustedes. La envío
en dos partes, debido a su tamaño.
Un abrazo. MINGO.

Septiembre de 2002

GLOBALIZACION

¿Para cuándo nuestro ingreso a la sociedad de la información?

* "Vivimos rodeados de información que no sabemos quién produce, y
desconocemos las estrategias que las guían". (José Saramago, premio Nóbel de
Literatura).

* "La información y la comunicación son derechos fundamentales de los seres
humanos. Los ciudadanos, las organizaciones sociales y los grupos étnicos
deben recuperar el papel activo y protagonista en el proceso comunicativo y
romper el proceso unidireccional de la información, que les relega a meros
espectadores de lo que ocurre en el mundo. (Pronunciamiento del Centro de
Colaboraciones Solidarias, de la ONG "Solidarios para el desarrollo", con
sede en Madrid).

Generalmente lo contingente -para nosotros la agobiante crisis económica-
casi no deja espacio para la reflexión sobre los grandes temas que hacen al
desarrollo autónomo aunque vincular de los pueblos.

Por Domingo Schiavoni


Ha sido casi una obsesión para mí desde hace muchos años indagar con
testarudez de escéptico acerca de las verdaderas causas eficientes de
nuestro subdesarrollo comparativo en la región.
No se trató de que no me resignase a aceptar como postulados certeros la
historia del despojo y la tradicional indolencia de nuestras clases
dirigenciales, pero advertía que aquellas aproximaciones culturales y
sociológicas a la elucidación de esta verdadera incógnita necesitaban tener
un vínculo diríase que epistemológico con la cuestión del conocimiento, que
suele otorgar una perspectiva mucho más universal y que acaso comprendiera a
las otras justificaciones.
Cuando en la década de los '80 Alwin y Heidi Toffler sorprendieron al mundo
primero con "La tercera ola" y luego con "El cambio del poder", al declarar
extinguida la era industrial y definitivamente instalada la era de la
economía súper simbólica, improntaron la esencia de su tesis con una frase
de inigualable hondura en el prólogo del primero de esos libros. Citando a
Mao y a su consigna "el poder nace de la boca de un fusil", la modificaron
formal y conceptualmente en forma verdaderamente revolucionaria al sostener
que ya desde hace por lo menos tres décadas "el poder nace de la terminal de
una computadora".
Me sorprende que en "Las guerras del futuro", su último aporte, los Toffler
ratifiquen aquel presupuesto, porque conocimiento y comunicación pasaron
desde entonces a constituir dos categorías imprescindibles para medir los
estadios de avance de las sociedades. ¿Porqué no deducir entonces -con
cierta audacia- que el atraso santiagueño, como también el de otras
provincias arramacidas en lo que con acierto se describe como "el país
periférico", radica hoy por hoy en que justamente todavía no hemos podido
treparnos a la cresta de la "tercera ola"?
Por analogía, la sacrosanta teología de la globalización y la cruda y
decisiva ingerencia de la extranjería en nuestras cuestiones internas,
vuelve a esta percepción más abarcativa. Casi se diría que lo que
reflexionamos acerca de la comarca provinciana se aplica por extensión a la
Patria toda.
Más acá de los Toffler y mucho más cerca de la realidad hemisférica, Beatriz
Sarlo incorporaría dos aportaciones extremadamente valiosas, en su condición
de rigurosa escrutadora de la realidad social (no obstante la rémora de su
viciosa ubicación europeo-centrista): determinó en primer lugar que las
viejas formas de ejercer la política habían cedido su espacio al "video
poder", contra el que poco y casi nada podían hacer las fosilizadas
estructuras de los partidos políticos tradicionales frente al auge del
ejercicio mediático de la "sugestión y la fuerza" de las que hablaba hace ya
más de medio siglo Bertrand Russell. Y ponía como ejemplo a las elecciones
en los Estados Unidos, que se ganaban o perdían de acuerdo al buen o mal uso
que de la televisión hicieran los candidatos, antes que a la solidez y
capacidad de convicción de sus propuestas. Las primarias sólo convalidaban
la estructura de poder interno que en los propios partidos norteamericanos
había edificado el video poder.
Sarlo avanzó luego bastante al describir otra característica de la sociedad
de nuestros días como consecuencia del reciclaje del individualismo y la
fobia a lo social que plantea el modelo capitalista contemporáneo: la
pérdida del espacio público.
Sea por razones de seguridad o por la gradual pérdida de la ética de la
solidaridad, la gente ya no circula por las plazas, la calle no es más el
sitio del encuentro de los ciudadanos, que prefieren vivir encerrados en sus
departamentos, provistos de todas las comodidades y ajenos absolutamente a
la suerte de sus prójimos más cercanos. El delivery sustituyó a la ritual
recorrida por el mercado, las compras semanales se efectúan en sólo un par
de horas en supermercados donde no hace falta regatear ni buscar marcas, y
las salidas públicas se sustituyen con reuniones familiares y con visitas a
las casas de los amigos. Nada que ver, por cierto, con el "imperio del
individuo" por el que abogaba Guy Sorman hace más de diez años. Aquel
planteaba una recuperación liberal de la persona por sobre la masa. Este, en
cambio, era un individualismo defensivo, diríase que hasta cobarde, que
enmascaraba el más obsceno descompromiso con lo público, con la condición
social de los seres humanos.
A ello debe sumarse, en nuestro caso al menos, como santiagueños, o
tucumanos o catamarqueños, un doble aislamiento: el que experimentamos como
estados provinciales mediterráneos, condenados a la lejanía de los grandes
centros industriales e impedidos, por la magnitud de nuestros espacios, de
ejercer un verdadero dominio territorial. Nuestros gobiernos han procurado
atajos ingenuos: de la mano de lo que eufemísticamente se llamó el Plan
Social Educativo, se llevaron computadoras a parajes donde ni siquiera había
energía eléctrica, y se gastaron verdaderas fortunas en un parque
informático que fue a parar a escuelas cuyos maestros no sabían ni siquiera
el elemental manejo de un programa de procesamiento de textos.
Más recientemente, el portal educ-ar naufragó en sus auroras. Hasta los
críticos más indulgentes suponen que apenas se trató de un intento de
negocio próspero por parte del hijo de un presidente al que derrocó la
informe rebeldía popular.
En 1982 Marshall Berman escribió un texto brillante y optimista: "Todo lo
sólido se desvanece en el aire". El título del libro, se sabe, es un
aforismo de Carlos Marx. Berman recuerda que fue J. J. Rousseau el primero
en utilizar la palabra moderniste en el sentido con que habría de usarse en
los siglos XIX y XX. Rousseau, dice Berman, es fuente de algunas de nuestras
tradiciones modernas más vitales, desde la ensoñación nostálgica hasta la
introspección sicoanalítica y la democracia participativa. En su "Julie, ou
la nouvelle Héloise" (1761), o en su "Emile, ou de l'education" (1762),
Rousseau registra "el torbellino social" y advierte el "borde del abismo" en
que se hallaba la Europa de aquellos años, anticipando así los estallidos
revolucionarios que se avecinaban y que habrían de remover los obstáculos al
proceso de modernización y al libre desenvolvimiento de la cultura del
modernismo.
Las futuras adaptaciones exigirán grandes agitaciones sociales y políticas;
pero la modernización siempre ha prosperado en el conflicto... En tal
atmósfera, la cultura del modernismo seguirá desarrollando nuevas visiones y
expresiones de la vida, pues los mismos impulsos económicos y sociales que
transforman incesantemente al mundo que nos rodea, para bien y para mal,
también transforman las vidas interiores de los hombres y las mujeres que lo
habitan y lo mantienen en movimiento.
La globalización hoy no tiene gobernación. Tiene garrote. Hay muchos
gobiernos subalternos y un gobierno mundial hegemónico, pero no hay Estado,
un Estado correspondiente al alcance de la globalización.
Salvo unos cuantos barruntos -nada desdeñables y expresados en las regiones
multinacionales que comienzan a configurarse- se ha globalizado el mercado
de mercancías, de servicios, el mercado financiero, la información, el
conocimiento -algo distinto es la posibilidad de acceso al mismo-, pero no
los derechos universales, las instituciones que los respalden y hagan valer,
las leyes que regulen a la "presidencia imperial", cuyos fundamentos fueron
puestos expresamente, con todas sus letras, entre el gobierno de Theodore
Roosevelt (1901-1909) y el de Franklin Delano Roosevelt (1933-1945). Desde
esa nueva institucionalidad estadounidense fue organizado el mundo de
posguerra: la creación de la ONU, la Carta de La Habana y el GATT, los
acuerdos de Bretton Woods, la creación del FMI y del Banco Mundial, la OTAN,
la OEA y algunas instituciones multilaterales más. Fue ese el primer intento
de organización de un mundo que comenzaba a "globalizarse" con rapidez.


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