[R-P] sobre nuestra responsabilidad, de P. Gonzalez Casanova, Mexico

Bibiana Apolonia bibiapo en sinectis.com.ar
Dom Nov 17 22:26:22 MST 2002


La Jornada. México D.F. Domingo 17 de noviembre de 2002

Pablo González Casanova

Sobre nuestra responsabilidad

Hay problemas que han sido tabú en ciencias naturales y sociales. Entre 
ellos se encuentran los problemas de la Creación y los problemas del 
Apocalipsis. Reformulados por las nuevas ciencias que florecieron desde la 
segunda mitad del siglo XX, esos problemas se plantean hoy en relación con 
los orígenes y el término de los sistemas. No me extiendo sobre las 
investigaciones de sistemas autopoiéticos o creadores, en que fueron 
pioneros Humberto Maturana y Francisco Varela -dos distinguidos biólogos 
chilenos-, ni sobre las investigaciones acerca de los "sistemas disipativos" 
y la historia irreversible y creadora que descubriera el físico y químico 
belga Ilya Prigogine.

Lo que quiero destacar en este acto es que hoy disponemos de un instrumental 
teórico y metodológico que nos permite determinar las zonas y tiempos de 
crisis, de turbulencias y entropías, de apoptosis y necrosis, de 
catástrofes, caídas y recomposiciones en los más distintos sistemas de la 
materia, la vida y la humanidad.
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Hoy mismo podemos determinar que estamos en una etapa y en un mundo en que 
priva la incertidumbre -concepto científico que ha resaltado el gran 
historiador estadunidense, Immanuel Wallerstein.

Los desequilibrios del sistema social y del ecosistema pueden derivar en una 
catástrofe para la humanidad, pero también pueden conducir a una salida 
creadora sin que el futuro sea previsible en términos deterministas o en 
términos probabilísticos. Lo que sí podemos afirmar es que el futuro va a 
ser muy distinto para el conjunto de la humanidad y del planeta, en función 
de las medidas que tomemos incluso en pequeños espacios sociales y 
geográficos.

En condiciones lejanas al equilibrio, como las que vivimos, se dan 
tendencias no lineales en las que acciones locales pueden tener efectos 
globales, en las que acciones micro pueden tener efectos macro. Asumir 
nuestra responsabilidad política y moral como personas, como universitarios, 
como mexicanos, puede tener efectos mucho mayores de lo que ahora nos 
imaginamos. Puede corresponder al principio de nuevas estructuraciones, de 
nuevas tendencias que hagan de la esperanza una virtud no sólo teologal y 
moral, sino política, social, cultural.

Sobre esas bases yo querría plantear aquí un problema que a todos nos 
preocupa: la grave situación del mundo en relación con la paz. El punto que 
quiero destacar es que no vivimos sólo la crisis de un sistema, ni sólo la 
alternativa entre socialismo o barbarie. Tampoco vivimos un conflicto de 
civilizaciones o de barbaries, o de la civilización contra la barbarie.

Más que la crisis de un sistema social, vivimos una crisis de la humanidad. 
Los especialistas en medio ambiente, biosfera, y ecosistema encuentran un 
silencio dramático frente a sus llamados para la preservación del planeta. 
La guerra por la conquista de territorios en Asia Central y en el Medio 
Oriente es una de las más peligrosas amenazas para la sobrevivencia de la 
humanidad. Va a aumentar la zozobra y la agresividad no sólo de pequeñas y 
medianas, sino de grandes naciones. Al mismo tiempo, el neoliberalismo de 
guerra insiste en seguir aplicando las políticas que han devastado la 
naturaleza y que han empobrecido a la mayoría de los habitantes del planeta. 
Eso es sumamente peligroso, suicida, ecocida. Luchar por la paz implica 
luchar por políticas alternativas en el mundo y en nuestro propio país, con 
las armas intelectuales, morales y políticas de que cada uno de nosotros y 
cada organización a la que pertenezcamos pueda disponer.

Las ciencias sociales siempre se han planteado como objetivo hacer realidad 
valores e intereses. Hoy vivimos un momento en la historia en que desde el 
lugar de la tierra donde nos encontremos, y dada la posibilidad de vencer 
los peligros que a la humanidad amenazan, debemos hacer un esfuerzo 
creciente por precisar las políticas alternativas que de acuerdo con nuestra 
conciencia y conocimiento fortalezcan la paz social y mundial, la democracia 
y la libertad. He aquí -en una nuez- como diría nuestro gran Alfonso Reyes, 
lo que un compromiso con la paz en México y en el mundo implicaría, según 
las más serias investigaciones y reflexiones. Y tómense estas palabras más 
que como un manifiesto, como un conjunto articulado de hipótesis probables y 
fundadas en que debemos ahondar, que debemos precisar y que tal vez podamos 
realizar.

Un compromiso por la paz, la justicia y la dignidad implica que el pueblo y 
el gobierno de México establezcan movimientos solidarios que pongan un alto 
a la guerra y al terrorismo, yendo a las causas más profundas que los 
generan a partir de las más inmediatas y que son ampliamente reconocidas. 
Así, es urgente:

1º. Poner un alto a la creciente inequidad y exclusión que padecen más de 
las cuatro quintas partes de la población.

2º. Detener el agotamiento de recursos naturales como el agua, el petróleo, 
el gas, las selvas, y la grave contaminación del aire, los mares, los lagos 
y los ríos.

3º. Ratificar la solidaridad con todas las fuerzas que en el mundo luchan 
por una paz con democracia, pluralismo cultural, ideológico y político, y 
poder efectivo de los pueblos y las naciones para participar en formas 
directas o representativas en las grandes decisiones que los afectan.

Dentro de un proyecto de paz con democracia, justicia y dignidad, México 
debe y puede asumir un papel de avanzada. Para ello necesita, en primer 
término, comprometerse con un programa mínimo de gobernabilidad democrática 
en nuestro propio país. Las mexicanas y los mexicanos habremos de 
consolidar, en el derecho y los hechos:

1º. Una política exterior que dé prioridad a la lucha por la paz para que, 
con base en el orden jurídico mundial, cesen las intervenciones militares de 
las grandes potencias y la ocupación de territorios.

2º. Una política fiscal que no haga pe-sar la carga impositiva sobre las 
poblaciones de menos ingresos.

3º. Un presupuesto de egresos que fortalezca la autonomía municipal y el 
pacto federal, así como las inversiones y gastos públicos que contribuyan a 
resolver los graves problemas de desempleo, desnutrición, insalubridad, 
analfabetismo e infraestructura, que la globalización neoliberal ha agravado 
en los pasados 20 años. El presupuesto tendrá que proponer el fomento de 
políticas que atiendan ésos y otros problemas sociales, en especial la 
educación pública y gratuita a todos sus niveles, desde la preprimaria hasta 
las universidades e institutos superiores de cultura. Al proponerse esos 
objetivos, el Estado dará prioridad al mercado interno, a las políticas de 
ocupación con fines sociales, y a las políticas de inversión en 
infraestructura y artículos de primera necesidad. Pero a diferencia del 
pasado, su lógica no se basará sólo en el Estado y el mercado para supeditar 
uno a otro, si-no que aumentará la participación creciente de la sociedad 
civil y de sus organizaciones de base, actuales y virtuales.

4º. Una política que preserve los recursos que son propiedad de la nación y 
asegure el buen manejo de los mismos. Durante más de medio siglo han sido 
fuente de ingresos y prestación de servicios sociales muy importantes la 
electricidad, el petróleo, el gas y sus derivados. Hoy no sólo debemos 
defender ese patrimonio nacional sino el del agua y la biodiversidad, objeto 
de nuevas acometidas de depredación encubierta y abierta. El respeto a las 
propiedades ejidales y comunales y la no disposición de las mismas en formas 
unilaterales y autoritarias es fundamental para preservar la paz en la 
nación.

5º. Una política que no prive de sus derechos a los trabajadores de México 
con el pretexto de una "desregulación" que es "necesaria" para atraer a los 
"inversionistas". Hacer efectivos los derechos de los trabajadores y 
complementarlos con otros es lo verdaderamente necesario, es lo urgente. El 
argumento de que no vendrá el capital extranjero si no le damos una mano de 
obra barata, exenciones de impuestos, subsidios y concesiones, es un 
argumento que agravará todos los problemas de desarrollo, estabilidad y 
gobernabilidad democrática. De imponerlo, llevaríamos a la nación y a sus 
habitantes a una mayor pobreza, dependencia y vulnerabilidad. El argumento 
de que no hay que dar subsidios y apoyos a los agricultores sino dejarlos a 
las fuerzas libres del mercado es un argumento falso y corresponde a una 
política que no practica nadie: tanto la Unión Europea como Estados Unidos 
dan amplísimos apoyos a sus agricultores y campesinos.

6º. Una política legislativa en relación con los derechos efectivos de los 
pueblos indios que abra una puerta a las negociaciones interrumpidas y a la 
verdadera reforma del Estado que sólo puede emprenderse si fortalecemos, con 
la autonomía municipal, la de los pueblos indios, y con el sufragio 
efectivo, la representación de los ciudadanos de un país pluricultural como 
es el nuestro.

7º. Una política de seguridad que se oponga a la vez al terrorismo, a la 
guerra y al neoliberalismo. Un mínimo de honestidad intelectual exige 
reconocer que las promesas del neoliberalismo globalizador han sido 
disconfirmadas por los hechos en todas partes, todo el tiempo, y hasta por 
sus propios autores. La deuda social que ha dejado el neoliberalismo en el 
mundo entero es fuente de inestabilidad, ingobernabilidad y violencia 
crecientes. En sus manifestaciones aberrantes, el neoliberalismo adquiere 
las características del terrorismo, el neomilitarismo y la guerra. La 
política de seguridad nacional y social requiere realizar de inmediato una 
renegociación de la deuda externa para su cancelación y saldo en un plazo 
perentorio. El no hacerlo seguirá produciendo de forma sistemática la 
violación a los derechos humanos y a los derechos de los pueblos. Fomentará, 
con la corrupción y la irresponsabilidad en el manejo de la cosa pública, el 
crimen organizado y la acracia, fuentes, esas sí, de la barbarie civilizada 
y fundamentalista.

8º. La política de gobernabilidad democrática y de paz con libertad y 
justicia implica un nuevo pacto social y un nuevo pacto internacional. Ambos 
se pueden concretar en medidas que tomen como base el derecho constitucional 
y el derecho internacional vigentes, incluso para cambiarlos. Su prioridad 
se concretará a detener la tendencia a un nuevo reparto del mundo basado en 
la conquista y el colonialismo de territorios y continentes, y decidido a 
imponer una dictadura mundial en nombre de la libertad humana. Tanto el 
pacto social como el pacto internacional deben ser parte de un proyecto 
conjunto y coordinado que presente una alternativa respetuosa de los 
derechos humanos y de los derechos de los pueblos, de su soberanía y de su 
autonomía.

En el caso de México, como en muchos otros países, el pacto no sólo luchará 
por imponer un plan concertado para acabar con la sangría y la sujeción del 
pago de la deuda externa que ya absorbe la mayor parte de los ingresos 
fiscales del Estado, ni sólo luchará por reformular el Tratado de Libre 
Comercio con Estados Unidos en las cláusulas que afectan a la economía 
nacional, sino que se opondrá firmemente a los proyectos que tienden a 
revivir y ampliar la política de enclaves coloniales y de zonas dominadas 
por las "compañías" como el Plan Puebla-Panamá o el Área de Libre Comercio 
de las Américas.

Tal vez no logremos los objetivos mínimos señalados. La soberbia ha cegado y 
ensordecido a los poderosos. En todo caso, el pueblo de México luchará por 
estos objetivos para influir en las decisiones del Congreso y del Ejecutivo, 
y se preparará para seguir luchando por ellos en una historia que será muy 
dolorosa si se mantiene el neoliberalismo por el terror y la guerra.

No sólo estamos viviendo la crisis de un sistema social mundial o nacional, 
económico, político o cultural. Estamos viviendo una grave crisis de la 
humanidad y del ecosistema. La voluntad colectiva que imponga el respeto a 
los derechos humanos tendrá que hacerse de muchas voluntades colectivas que 
aseguren el futuro de la humanidad. Nuestro pensamiento y acción deben estar 
dirigidos -con el de millones de seres humanos- a crear una nueva 
civilización que haga realidad la libertad y la vida. Como universitarios 
todos -profesores, estudiantes y trabajadores- tenemos una responsabilidad 
enorme. Asumámosla.



Palabras de Pablo González Casanova, al recibir el Doctorado Honoris Causa 
de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, el 8 de noviembre de 2002.






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