[R-P] Sociedades sin trabajo
Bibiana Apolonia
bibiapo en sinectis.com.ar
Vie Nov 1 19:24:11 MST 2002
y va sin comentarios, Bibiana.
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EL HOMBRE SIN TRABAJO
Noticias sobre la sociedad ausente Mil millones de personas, la
sexta parte de la humanidad, está desempleada o precarizada. Las regiones
más azotadas son Asia y América latina. La Argentina duplicó la media de
desempleo del continente. Qué cambios traerá para la condición humana la
pérdida de la cultura del trabajo.
Tengo fiaca". En calzoncillos y atrincherado en su cama, Norman Brinsky
esgrimía esa frase como un argumento imbatible a favor de su decisión de no
ir a trabajar. Terminaban los 60. La sociedad de pleno empleo no era una
utopía y la glorificación al trabajo permitía ese lujo: aspirar a trabajar
menos. Treinta años después, los calzones caen en los mineros humillados de
Full Monty. Y el cine no para de hablar de la metamorfosis del trabajo: cómo
repercuten en la sociedad y la familia las decisiones empresariales
(Recursos humanos); cómo genera enfermedad, culpa y desintegración social la
falta de empleos (Soplando en el viento); cómo se le roba a los jóvenes la
vida digna (Pizza, birra y fasos).
¿Hay una era laboral que está desapareciendo frente a nuestros propios ojos?
El concepto del empleo full-time, de que un ciudadano tiene derecho a
dedicar la mayor cantidad de su tiempo —por lo menos 8 horas diarias— a
trabajar colapsó en todo el mundo. Todos los expertos coinciden con la
afirmación tajante de Alberto Robles, profesor de Derecho del Trabajo en la
UBA y director del Instituto Mundo del Trabajo. Cada vez más la vieja
aspiración de empezar a trabajar desde que uno termina los estudios hasta
que se jubila es una rareza. Como contrapartida crecen en el mundo el
desempleo y el trabajo chatarra.
"Mil millones de personas están hoy desocupados o con empleos precarios en
el mundo", anunció este año Juan Somavía, director general de la OIT.
Argentina, en una crisis excepcional, registró 470.000 personas sin trabajo
en 9 meses, sin posibilidades de reinserción.
Pero el fantasma del desempleo sacude a todo el mundo. La FIAT despedirá a
8.100 trabajadores. El mayor consorcio privado italiano pidió socorro al
Estado saltando el dogma neoliberal que ve como pecado la intervención
estatal. La Siemens alemana anunció que echará un total de 35.000
trabajadores de todas las filiales del mundo. El canciller Schroeder casi
pierde las elecciones por el aumento del desempleo en su país y por no poder
prometer nuevas fuentes de trabajo. El martes, el diario berlinés Der
Tagesspiegel le puso cifras al drama: "las 30 mayores empresas líderes de la
economía alemana eliminaron en el primer semestre de 2002 un total de 25.000
puestos de trabajo".
Los mismo sucede en Japón donde sólo entre las superempresas (compañías con
ventas anuales superiores a los 805 millones de dólares) se cerraron este
año 187 fábricas o en Estados Unidos donde sólo en los primeros cinco meses
del 2001 hubo 650.000 despidos.
La falta de empleo no distingue áreas: compañías aéreas, sector financiero,
laboratorios, industria de la construcción, automotrices. Ni hace diferencia
entre grandes multinacionales o pequeñas empresas; entre el mundo del
desarrollo o los países arrasados por la especulación y el capital
aventurero. Los países de la ex Unión Soviética pasaron del pleno empleo a
un promedio desocupacional del 30% (cifras benévolas del oficialismo). En el
Sudeste de Asia, los desocupados se duplicaron entre 1990 y 2000. En la
misma década, en América latina la falta de trabajo asoló a decenas de miles
de familias en todos los países (menos México según cifras de la CEPAL). La
Argentina, el fracaso más resonado de las políticas del FMI, tocó su record
histórico: 21,5%.
El pleno empleo se ha vuelto económicamente imposible. Hoy, en los países
industrializados el 45% de la población activa tiene trabajo temporal con
intervalos de desempleo. Se estima que la tendencia va a crecer hasta el 75
% ¿cómo será esa sociedad del futuro donde la mayoría no tenga empleo fijo?
¿Qué formas tomará esa incertidumbre permanente? ¿Habrá un "salto
civilizatorio" inteligente que nos ayude a todos a trabajar menos y mejor
(como augura el profesor Robles) o la falta de empleo permitirá la
superexplotación de los que trabajan y la indignidad de los excluidos? ¿Qué
sueños, qué organización familiar, qué lazos humanos se gestarán en un
cambio que afecta especialmente a los que hoy son jóvenes?
Lo que sí se sabe es que las consecuencias actuales de los problemas
laborales son terribles. En primer lugar, el hambre, la falta de salud, la
deserción escolar. Además, condicionados culturalmente a considerar el
trabajo como espina dorsal de nuestra vida personal y social, el no tenerlo
resiente la autoestima, corroe los vínculos familiares y, muchas veces,
empuja a la dependencia química (alcohol o drogas), a la pérdida de las
raíces culturales, a la violencia y a la migración forzada.
En los 80 y 90 se amasó el cambio en las reglas del juego. En los 90, se
hablaba de las nuevas condiciones del mercado de trabajo a las que debían
adaptarse las leyes y los trabajadores, dijo a Zona la antropóloga Estela
Grassi, especialista en políticas sociolaborales y de asistencia al
desempleo y la pobreza. Por esa época varios autores europeos especulaban
con el "fin del trabajo", concepto que para Grassi es una estrategia de
lucha ideológica para cambiar las condiciones laborales y dejar al
trabajador sin protección y sin recursos de derecho para disponer de su vida
como un sujeto autónomo. La flexibilidad laboral hizo que se "inflexibilice"
la vida familiar y social de las personas.
Representativo de esta nueva ola laboral, el yuppy criminal de la novela
American Psycho sintetiza los rasgos distintivos del "joven exitoso".
Grandes marcas, comidas en restaurantes de autor y, muy especialmente, un
trabajo inestable.
Como muchos ejecutivos de fin de siglo, el yuppy Pat Bateman cambia
permanentemente de trabajo porque las empresas se disputan —o se roban— a
los directivos como él. La movilidad en el trabajo a nivel gerencial se
erige en un modelo laboral a imitar de la misma manera que el estilo de vida
y la apariencia personal de los "jóvenes ganadores".
Esta arremetida cultural del neoliberalismo fue deglutida sin masticar por
jóvenes (y padres) de casi todo el mundo quienes, creyendo que se entregaban
al "éxito" terminaron en la "precariedad laboral". Muchos jóvenes aceptaron
con convencimiento la flexibilización laboral, una nueva disciplina del
trabajo que supone estar disponible siempre para lo que demande el puesto de
empleo, por encima de cualquier otra necesidad familiar o social del sujeto,
dice Grassi. Nadie pensó, continúa, en qué significaría esto para la
sociabilidad, la estabilidad familiar, la creación de vínculos y sentido de
pertenencia, para la vida cultural y social en general. En la Argentina se
sumó otra falsedad. Se prometieron nuevos empleos. Pero se crearon
poquísimos y se destruyeron muchos, especialmente en 1995.
¿Y la desocupación genera mayor delicuencia? Hay que ser muy cuidadosos con
ese tema, enfatizan Robles y Grassi. Hace unos meses Noam Chomsky advertía
que el aumento mundial de la pobreza genera problemas de control social que
en muchos países suelen neutralizarse con escuadrones de la muerte y otros
modos de violencia. El peligro de que los despojados de su mínimo derecho a
trabajar y alimentarse sean criminalizados cuando marchan o cortan rutas
también existe.
No se puede asociar desocupación y delincuencia. Esto puede llevar a
prácticas discriminatorias y aumento del prejuicio, dijo Grassi. El culto al
éxito; la impunidad desvergonzada de políticos, empresarios y sindicalistas;
el comportamiento "rapiñero" de las corporaciones económicas; los medios de
comunicación banalizando los problemas; el largo trabajo de desvalorización
de la escuela (de la educación en general) y del pensamiento reflexivo por
parte de un amplio arco ideológico y por varias décadas, todo esto
contribuyó al desvalor de la participación creativa y productiva en la vida
social.
La humanidad sigue atada a una estructura cultural que está colapsando y que
dicta que el que no trabaja 8 horas es un vago, un despreciable agregó
Robles.
El desocupado —continúa— queda expulsado de la sociedad, de la raza humana,
del mapa. Pero el desempleo no genera un tipo social. Genera falta de lazos
sociales entre la gente, ausencia de sociedad y donde pasa esto hay guerra.
Si uno le dice a alguien que no es humano ¿te ataca, no? La exclusión hace
sentir a la gente que perdió sus derechos y sus obligaciones. Entonces no
tiene que llamarnos tanto la atención que mucha gente crea hoy que no tiene
la obligación de respetar la vida o la propiedad de los demás.
Los jóvenes son los más golpeados por la incertidumbre laboral: el desempleo
juvenil se duplicó en la última década. De cada 100 nuevos empleos, en
América latina, 7 fueron ocupados por jóvenes y 93 por adultos, dice la OIT.
Pero también son quienes más fácilmente se adaptan.
Cuando la generación joven hoy tenga 40 años, a diferencia de nosotros que
hemos tenido muy pocos empleos en toda nuestra vida, va a haber pasado de la
changa a trabajos de tiempo parcial, al pleno empleo por unos meses,
entremezclado con períodos de desempleo, destaca a Zona Julio César Neffa,
investigador del Conicet. Sin duda los valores van a ser otros. Ya hay
cambios. Los jóvenes se ayudan mucho más que los adultos para conseguir
empleo, se pasan el dato. Hay una solidaridad casi espontánea ante la
precariedad que antes no había.
Si una era laboral está desapareciendo ante nuestros ojos estamos frente a
una gran chance, piensa Robles. El trabajo es como el aire, dijo a Zona. Si
empieza a faltar el que te lo dé puede hacer lo que quiera con vos y vos
cualquier cosa por respirar. Es obvio que para evitar un caos hay que
repartir equitativamente los metros cúbicos de aire. Con el trabajo es lo
mismo. Para Robles es obvio que el neoliberalismno fracasó y que hoy es
imprescindible un nuevo contrato social para armar un nuevo estilo de
sociedad en la que estén todos adentro.
Estamos en condiciones de dar un salto civilizatorio, concluye Robles. Y
explica por qué en esta revolución cultural las empresas juegan un papel
clave. Algunas empresas piensan que sólo les incumbe lo que pasa adentro de
sus paredes y eso se les vuelve en contra. Actúan como si la sociedad fuera
una especie de basurero. Despiden a una persona y se la tiran a la sociedad
para que resuelva el problema. Otras empresas se dieron cuenta de que la
sociedad es un lugar donde la empresa vive, una especie de medio ambiente. Y
si hay menos trabajo, no echan a nadie, simplemente hacen trabajar a todos
menos horas. Así el desempleo puede ser cero.
Disminución del tiempo de trabajo; ingreso mínimo de subsistencia para todos
e inclusión social plena, sería la gran apuesta para que la globalización
generara humanos y no mutantes.
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