[R-P] Editorial La Jornada, lunes 25-03

Julio Fernández Baraibar julfb en sinectis.com.ar
Lun Mar 25 23:49:39 MST 2002


Decía Adolfo Gilly en el artículo de ayer:
"Que esos gobernantes crean que el México surgido de la Reforma y de la
revolución mexicana ya se desvaneció,  es para ellos tan insensato e
ignorante como, digamos, sería para el gobierno francés creer que en su
nación y en su Estado se ha desvanecido la herencia de la revolución
francesa".

Esta editorial de Jornada, enviada por Bibiana, ratifica, creo esta
afirmación. Dice el editorialista:
"para nuestro país resulta necesario mantener esa relación --fuente
inevitable de roces y problemas, habida cuenta de las asimetrías y las
diferencias entre ambas sociedades-- en los términos menos conflictivos
que se pueda, pero, también, en términos de inequívoca independencia y
soberanía".

Puedo equivocarme fiero, me ha pasado la mayor parte de las veces, pero
tengo la sensación que los gringos se pasaron.

Estados Unidos es un país que accede directamente al capitalismo. Es, en
este sentido, único en su caso. No tuvo pasado de ningún tipo que no
fuera capitalista. La burguesía norteamericana, por ello, carece
absolutamente de sentido histórico -cosa que Trotsky también señalaba en
la clase obrera norteamericana-.
Como décía un compañero yanqui en otra lista de discusión: "para un
burgués norteamericano hablar de Luis Napoléon es como hablar de las
guerras médicas". Es algo que pasó hace un infinito de tiempo y que, por
ello, no tiene ninguna relación con el presente. El envío a esta lista
realizado por Leo Cofre hace unos días, acerca de la propuesta de
cambiar la recompensa por la entrega de datos sobre Bin Laden dirigida a
los afganos de dólares a ovejas, revela de una manera casi cómica este
desconocimiento de la historia y por lo tanto de las diversidades, que,
en última instancia, son las manifestaciones actuales del pasado. Y
estos tejanos incultos -recordar que Texas se reserva
constitucionalmente el derecho a escindirse de la Unión, ya que los
predadores que se la arrancaron a México no se consideraban a sí mismos
como agentes de un Estado sino como individuos que construían un Estado
que voluntariamente se unía a los EE.UU.- que hoy gobiernan los EE.UU.
expresan de manera paroxística este desconocimiento.
También Escudé, nuestro propio y especial hijo de puta, actúa de la
misma manera. Pero en su caso, el origen de su indiferencia a las
determinaciones históricas no es el mismo. Escudé piensa y actúa así
porque es un absoluto, total y autoconciente cipayo. Es decir, repudia
nuestras propias determinaciones históricas porque preferiría que
hubiesen sido otras.  Si no tuviera la importancia que el establishment
le da a este orate, sería simplemente un caso para alguna de las
múltiples ramas en que se dividió la escuela de Viena.

Volviendo a los yanquis, este desconocimiento a la contradicción
esencial entre Estados Unidos y América Latina, que en nosotros tiene
carácter ya cultural, es decir impregna el plano de lo inconciente, los
ha llevado a una práctica que se asemeja y hasta exagera la caricatura
que nosotros mismo hacemos sobre ellos: la vulgaridad, el matonismo, el
camón boys, el desprecio a lo distinto, la soberbia del blanco ante
seres más cerca de la naturaleza que de la historia.

El editorialista de Jornada simplemente dice: "no galope que hay
aujeros".

Julio Fernández Baraibar
>
>
> No hago comentarios sobre esta editorial ya que es elocuente lo MAL
que quedo el Castañedas, ni que decir del zorrillo, lo interesante de la
editorial es la concepcion de "soberania".
> Bibiana.
>
> Editorial
> México D.F. Lunes 25 de marzo de 2002
> DE LA SOBERANIA A LA CLAUDICACION
> La relación económica y geopolítica más importante para México ha
sido, es y seguirá siendo la que mantiene con su vecino del norte. Tres
mil kilómetros de frontera común, el flujo migratorio más importante y
constante del mundo y una integración económica creciente nos atan a ese
país y nos condenan a convivir con la mayor potencia militar,
industrial, financiera, tecnológica y comercial del mundo; para nuestro
país resulta necesario mantener esa relación --fuente inevitable de
roces y problemas, habida cuenta de las asimetrías y las diferencias
entre ambas sociedades-- en los términos menos conflictivos que se
pueda, pero, también, en términos de inequívoca independencia y
soberanía. En esa lógica, el Estado mexicano desarrolló, por décadas, la
habilidad de resolver los desacuerdos más candentes con Washington sin
permitir que el país se deslizara más de la cuenta a la poderosa y
enorme zona gravitacional de Estados Unidos.







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