[R-P] Crítica al "plan" Remes de un asesor de los senadores del PJ (2 de 2)

Gorojovsky Gorojovsky en arnet.com.ar
Dom Mar 24 08:30:35 MST 2002


III. Acciones inmediatas en áreas monetaria y cambiaria.


1. Salida del corralito

a) Desdolarizar todo en la legislación vigente; eliminar todas las
posibilidades de operaciones en dólares dentro del sistema financiero y
entre particulares.

b) Establecer por ley del HCN que el gobierno sale de la convertibilidad,
desdolariza toda las actividades, operaciones y relaciones contractuales  y
adopta un sistema de cambio administrado con controles sobre su política
monetaria, cambiaria, flujos de capitales y transferencias de excedentes y
divisas al exterior.

c) Crear una moneda de referencia de valor constante al igual que impera en
Chile desde 1963: la Unidad de fomento. (UF). Esta moneda permitirá
estabilizar todos los contratos a plazo garantizando el valor constante de
la moneda nacional.

d) Conformar una Canasta de monedas y utilizarla como indicador de
referencia en el mercado siempre y cuando su libre funcionamiento no
potencie especulaciones con el dólar. En situaciones de inestabilidad
cambiaria, el PAD recomendaba utilizar directamente la Canasta como
mecanismo para las operaciones de comercio exterior bajo directa supervisión
del BC.

e) Se trataría de crear dos mercados de cambio: el controlado por el BC con
la Canasta y el libre mercado para operaciones de particulares. En el
controlado por el BC funcionarían todas las operaciones de comercio
exterior: liquidación de divisas de importadores, de exportadores, pago de
servicios, prefinanciamientos, y operaciones de transferencias de excedentes
al exterior: utilidades, royalties, dividendos, intereses, etc. En el
mercado libre, transcurrirán las operaciones de compra y venta de divisas
entre particulares.

f) El gobierno podrá aplicar el IVA a las operaciones de compra de dólares
para elevar su precio transfiriendo tales recursos a sus programas sociales
y controlar severamente el funcionamiento de cuevas clandestinas de cambio.

g) El gobierno podrá crear estímulos para que los privados vayan a los
Bancos a vender sus dólares para el BC. También podrán alquilarlos contra la
emisión de Certificados de Depósitos expresados en dólares conforme las
especificaciones contenidas en el PAD.

h) El gobierno podría proceder a la rápida creación de Fideicomisos por
Bancos integrando como garantía patrimonial, títulos sobre de sus
principales deudores, nuevos recursos patrimoniales aportados por sus socios
propietarios, dólares remitidos por las casas matrices, etc. Con la garantía
de tales recursos patrimoniales, el Fideicomiso procederá a la  emisión de
debentures y contra la entrega de tales papeles recibiría pesos emitidos por
el Banco Central a fin de recomponer sus reservas y proceder a la rápida
reconstitución de los depósitos registrados en sus cuentas en la forma de
UF.

i) Si el depositante lo prefiere, los depósitos, expresados ya en UF, podrán
ser devueltos a la fecha de su vencimiento.

j) Para la restitución de los depósitos a los privados, los dólares que los
Bancos hayan recibido para reconstituir su patrimonio tendrán que ser
vendidos al BC y este entregará pesos al cambio de 1.40.

k) Competerá al gobierno administrar políticas específicas para desestimular
en las empresas y particulares la compra y transferencia hacia el exterior
de dólares y ampliar los estímulos para depositar en los Bancos nacionales
del sistema financiero.

l) El BC tendrá que administrar sus reservas con extremos cuidados limitando
sus transferencias al mercado libre de divisas. Bajo estas normas, el
gobierno debe permitir que el dólar entre particulares se estabilice en el
nivel que el mercado lo desee pero manteniendo bajo 7 llaves el mercado
oficial de cambios para todas las operaciones de comercio exterior.

m) El funcionamiento simultáneo de dos tipos de mercados de cambio, aunque
no cuente con el beneplácito del FMI, la adopción de la canasta de divisas y
la creación de la UF deberían ser los instrumentos más eficaces para liberar
el corralito y volver a la normalidad del sistema financiero. Bajo este
mecanismo de cambio organizado en dos mercados simultáneos, los dólares de
las reservas del BC no serán atraídos para sustentar el mercado libre de
divisas. La cotización libre del dólar quedará exclusivamente en mano de
particulares para operaciones privadas pues las operaciones de exportaciones
e importaciones, serán administradas por el BC bajo el régimen de Canasta y
de cambios múltiples cuando estime conveniente adoptar este mecanismo para
regular determinados tipos de importaciones.

Contraste con la situación actual

El gobierno equivocó el camino cuando aceptó la exigencia del FMI para
adoptar, de inmediato, un régimen de flotación en un mercado libre y único
de cambio. Fue su mayor equivocación y a partir de este error será difícil
estabilizar la moneda nacional y administrar la balanza comercial y de
servicios. La sociedad está siendo afectada en su poder de compra en la
medida en que las cotizaciones del mercado libre de divisas anticipan
expectativas inflacionarias desmedidas. Con un cambio administrado en el
nivel de 1.40 el país corregía su principal problema de competitividad y no
agudizaba las señales de inflación. Este era el camino, dejando la decisión
de unificar los mercados de cambio bajo el régimen de flotación para más
adelante, cuando las condiciones de recuperación económica y la confianza de
la sociedad lo tornen posible. Hasta entonces, la administración del cambio
junto a la fijación de metas de inflación por el BC eran las decisiones más
apropiadas para resguardar los intereses del país y acelerar su
recuperación económica.

En las condiciones actuales,  la volatilidad del cambio que impera en el
mercado libre, imposibilita a la economía disponer de un ancla de precios de
referencia. Este hecho agudiza la recesión,  dificulta las operaciones de
importaciones y afecta, en consecuencia, a todo el aparato productivo
acelerando los niveles de inflación.

Haber desestimado la formación de dos mercados de cambio posibilita la
especulación en el mercado libre y mantiene en la mentalidad de la gente una
alta preferencia por la posesión de dólares en sus activos monetarios. Por
otra parte, la libre transferencias de excedentes hacia el exterior y la
libertad del sector exportador para liquidar sus divisas en el mercado
libre, debilita al gobierno en su rol de estabilizar el mercado de divisas y
obliga al BC a intervenir en el mercado vendiendo divisas para estabilizar
la tasa de cambio.

Conforme ya referido, otro error de significación fue no haber instituido un
régimen de metas de inflación y un sistema de indexación automático de la
moneda en las operaciones de depósitos y deudas, dentro y fuera del sistema
financiero. Al desestimar la adopción de un régimen como la UF y al
permitir, nuevamente, operaciones bimonetarias, el gobierno persiste en la
emisión de señales contradictorias que profundizan en la sociedad los
temores a la inflación y la propensión a atesorar dólares como resguardo de
seguridad.  La aceleración de la inflación afectará el poder de compra de
los asalariados y la presión social consecuente podrá obligar al gobierno a
retomar la práctica de la indexación de los salarios acelerando la
inestabilidad monetaria.


2. Acciones inmediatas en áreas monetaria y cambiaria.


2. Inequidad en la política de compensaciones.

El PAD recomendaba el criterio de pesificar, al cambio de 1 a 1, solamente
las deudas hasta 1 millón de dólares, cubriendo el gobierno el costo del
subsidio equivalente a 0.40 por dólar. Para las deudas superiores a 1 millón
de dólares, el PAD proponía un examen caso a caso de los pocos deudores que
aparecen registrados en las estadísticas del BC. Solo para los casos en que
las auditorías del BC determinaran que los deudores utilizaron los recursos
del crédito para fines de expansión productiva sería posible extender el
subsidio gubernamental. Para aquellas empresas que desviaron los recursos
del crédito hacia otras finalidades o destinaron tales recursos para
expansión productiva en el exterior, el PAD proponía, directamente, que las
propias empresas asumieran ante los bancos las consecuencias de la
devaluación.

Contrastes con la situación actual

El gobierno ha decidido conceder compensaciones a todos los deudores del SF
autorizando la liquidación de sus operaciones bajo conversión de 1 a 1. Con
tal decisión ha potenciado los conflictos de equidad entre pequeños,
medianos y grandes deudores pues asume la misma política para agentes
económicos totalmente diferenciados.

En caso de que el gobierno no pueda volver atrás en esta materia, se estima
que el HCN tendría 2 opciones a considerar:

* sancionar una ley por la cual se instituye un impuesto sobre las deudas
superiores a 1  millón de  dólares. El valor actual del total de impuestos a
pagar por los deudores en el transcurso del tiempo pactado para el pago de
sus deudas,  será equivalente a algún coeficiente aplicado sobre el subsidio
otorgado por el estado al pesificar sus deudas a la tasa de cambio de 1 a 1.
Este coeficiente podrá variar entre 0 y 1 y tendría que ser fijado por el
HCN. Sería un craso error de inequidad aplicar el impuesto   por una única
vez como parece ser el propósito del gobierno.

* sancionar una ley por la cual las empresas deudoras por montos superiores
a 1 millón de dólares deberán entregar al gobierno acciones ordinarias sin
derecho a voto a cambio del subsidio que recibirán del gobierno. Las
acciones se destinarían a integrar el capital del FORED ( Fondo Rotativo de
Estabilización y Desarrollo ) para reactivar la producción y el empleo. El
valor de las acciones a entregar tendría que ser equivalente al valor actual
de los subsidios concedidos por el gobierno.

3. Las relaciones entre emisión monetaria,  reactivación e inflación.

El gobierno precisa jugar todo su esfuerzo para reconstituir la confianza
pública. El funcionamiento transparente de la Justicia y de una nueva
Política Económica, son los dos frentes de actuación cuya reconstitución
debería procesarse de inmediato.

En materia económica, el gobierno debe reconocer que el país requiere moneda
y que la moneda es un fenómeno social de índole cultural. Pero antes,
precisa comprender la esencia del dinero, entender qué es la inflación, cómo
se la dimensiona, como se la administra y cuales son sus principales
determinantes. Sin entender a la moneda no podrá entender a la economía
nacional y sin entender la economía no podrá resolver los acuciantes
problemas que arrastran la desesperación de la sociedad y la quiebra de las
instituciones de la república.

Ante un contexto de profunda recesión como el actual, el gobierno precisa
reconceptualizar la esencia y funcionalidad de una política fiscal y el tema
de la inflación. Por mantener ideas perimidas sobre ambos temas,  el
gobierno entiende que el país debe reducir su gasto público, administrar un
presupuesto casi equilibrado y no  emitir más allá de un mínimo nivel de
moneda estimado en 3,5 mil millones de pesos. Considera, atemorizado, que
toda emisión superior a este monto desencadenaría inexorablemente la
inflación y la hiperinflación.

Por adoptar este criterio, elaboró un presupuesto tradicional y ortodoxo que
propone una brutal política de ajuste, contrayendo el gasto público para no
amplificar el déficit fiscal.  Como consecuencia, se eliminaron recursos
para inversión pública, para programas sociales, para defensa nacional, para
administración pública, para relaciones internacionales y solo pudieron
asignarse recursos insignificantes para asistencia social

Por este enfoque ultra ortodoxo de política fiscal y monetaria, el gobierno
mantiene el ³corralito², mantiene congelada la velocidad de circulación del
dinero, ha forzado a las provincias a renegociar un nuevo acuerdo de
coparticipación eliminando el piso de transferencias, limitando la capacidad
de endeudamiento de las provincias y obligándolas a equilibrar sus
presupuestos en el curso del próximo bienio.

Por creer que todo presupuesto con deficits agrava la recesión, pues
afectaría el financiamiento al sector privado, amplificaría la tasa de
interés, reduciría las inversiones y el empleo y por creer que toda emisión
reproducirá, inexorablemente,  inflación, el gobierno mantiene su férrea
determinación de sancionar un presupuesto pequeño y de limitar la emisión.
De este modo, manifiesta su temor de amplificar los flujos monetarios por
los circuitos del gasto público y del sistema bancario.

Ante tales resquemores, los bancos, cuando normalicen su funcionamiento,
aplicarán severos criterios de garantías para conceder créditos a las
empresas y la necesaria contracción en las operaciones comerciales terminará
arrastrando a la economía nacional hacia niveles más graves de recesión.

El gobierno tiene que entender que la recesión que vive el país no se
inscribe en la teoría de los ciclos de negocios del capitalismo clásico.
Nada que ver. En la teoría ortodoxa la recesión se la concibe como una etapa
natural de saneamiento en la cual el propio organismo económico expulsa, sin
interferencia del gobierno, los excesos de gastos cometidos en etapas
anteriores y genera nuevos equilibrios de ahorro e inversión. Bajo los
preceptos de esta teoría, era lógico entender que la omisión del gobierno en
la creación de moneda debería ser la conducta a seguir. Keynes, hace ya 70
años, destrozó estas ideas y enseñó al mundo nuevas formas de actuación del
Estado en materia de política económica en tiempos de recesión. Sus
revolucionarias ideas económicas, junto a otras circunstancias, salvaron
finalmente al capitalismo.

La recesión actual fue la lógica consecuencia de un sinnúmero de errores
cometidos por los gobiernos y economistas ortodoxos que administraron las
políticas públicas durante los últimos 30 años. En una nueva política de
financiamiento bancario y gasto público el gobierno podrá aplicar una
gestión diferenciada según espacios y tiempos. La diferenciación por
espacios se refiere a regiones y se sustenta en el principio de que la
incidencia sobre la inflación de toda expansión del gasto, dependerá de su
localización geográfica, del tipo de gasto de que se trate y del tipo de
agente económico o social que resulte beneficiario. Cuanto más alejadas
estén las regiones del epicentro de los mercados, cuanto más gasto sea
extendido a personas en situación de infraconsumo y cuanto más gastos se
destinen a bienes o servicios primarios, esenciales, su impacto
inflacionario necesariamente será relativamente menor.

La diferenciación temporal del gasto refiere el tiempo de demora en que la
oferta reacciona frente a la expansión del gasto monetario. Cuanto más
inmediata sea la reacción de la oferta, menor será su impacto inflacionario
y esta variable dependerá, naturalmente, del tipo de gasto y de su
localización. El gobierno tendrá que entender que a 100 kilómetros de la
capital de la república, ya se diluyen, en general, las apetencias por
transformar pesos en dólares en cuanto predominan las actitudes sociales por
transformar pesos en comida. De igual modo, en economías abiertas, la
disponibilidad de divisas para importación facilitará la neutralización de
impactos inflacionarios en la medida en que los abastecimientos externos
podrían normalizar a cortísimo plazo las presiones de la demanda generada
por una inyección monetaria. Por esta razón adicional, el BC debería
administrar el mercado de divisas y aún el cambio múltiple si las
circunstancias determinan su conveniencia.

Bajo estas ideas, la expansión del gasto público en programas regionales y
microregionales de producción y empleos, serían alternativas de alta
importancia estratégica: permitirían la reactivación productiva, el empleo y
la generación de rentas aplicadas, básicamente, en gastos primarios que
admiten una respuesta relativamente rápida desde la esfera de la producción
local. De este modo, la onda inflacionaria que podría producirse por la
expansión del gasto en el interior de las regiones, diluye sus impactos
hasta llegar a los epicentros urbanos de la gran capital.

Los gastos en programas de producción de alimentos, conservación ambiental,
autoconstrucción de viviendas, obras públicas, servicios asistenciales y
otros de igual naturaleza suelen ser los más apropiados para estrategias de
recuperación productiva y desarrollo social sin generar  impactos
inflacionarios de significación. Más aún, en numerosas experiencias
internacionales, el pago de salarios en especie posibilita minimizar la
inyección monetaria propiamente dicha facilitando la masiva ejecución de
este tipo de programas.

Contraste con la situación de Alemania y EEUU durante la gran depresión:
algunas lecciones

Las experiencias en política monetaria y fiscal durante la gran depresión,
ilustran la extrema importancia que asumieron las ideas que, tiempo después,
conformaron lo que vino a denominarse la nueva economía. Keynes,
naturalmente, fue su mayor inspirador. Por su extrema relevancia para
comprender la actual situación argentina, se incluyen, en las próximas
páginas, una síntesis conceptual con referencias extractadas del libro ³El
dinero² de J.K.Galbraith que ilustran, en grandes rasgos,  matices
relevantes de aquellas ideas y discusiones en el seno de Europa y EEUU:

³¡ Lo indudable es que la inflación alemana dejó a los alemanes un miedo
terrible a que se reprodujera. Y fueran cuales fuesen los efectos de la
inflación para allanar el camino al fascismo, las medidas tomadas mas tarde
por miedo a la inflación surtieron indudablemente efecto. Ya hemos observado
y volveremos a verlo, que las acciones más enérgicas contra la inflación se
toman cuando hacen menos falta. El 8 de diciembre de 1931, con un sexto de
toda la fuerza laboral alemana sin trabajo, el gobierno de Heinrich Bruning
decretó una reducción de un 10 a un 15 por ciento en la mayoría de los
salarios volviendo al nivel de cuatro años atrás. Decretó también una
reducción de un 10 % en los precios industriales y una reducción parecida en
los alquileres, los billetes de ferrocarril, los transportes de mercancías
por ferrocarril y los arbitrios por servicios municipales. Anteriormente,
los sueldos de los funcionarios públicos habían sido reducidos en un quinto
y los impuestos sobre sueldos, salarios y rentas se habían aumentado
considerablemente. También se redujeron los subsidios por desempleo. En el
año siguiente, el desempleo afectó a una quinta parte de la población
alemana y al año siguiente subió Hitler al poder².(Pag. 193)

³En 1932, la Reserva Federal consiguió al fin dominar su miedo a la
inflación e iniciar operaciones de mercado abierto. Se negociaron
obligaciones del gobierno y por consiguiente, el dinero afluyó a los Bancos.
Pero era demasiado tarde. Los asustados banqueros retuvieron el dinero
obtenido de esta manera, como una mayor seguridad para el día en que
vinieran sus depositantes. Debido en parte a este temor, pronto tendrían
reservas superiores a las necesarias y así continuarían durante mucho años.
²(Pag. 227).

³En la frase más citada de su primer discurso inaugural, Franklin Roosevelt
advirtió el gran papel activo representado por el miedo en los asuntos
económicos. Se refería a la  manera como el miedo a perder el empleo, las
tierras, la vivienda, los depósitos bancarios o un negocio, hacía que la
gente se comportara con una precaución ilógica que empeoraba más las cosas.
Ya el 4 de marzo de 1933, habría podido advertir el efecto continuado del
miedo a la inflación, que, a su manera, producía un efecto todavía más
paralizador en la acción pública, y que meses a venir, sería su propio
riesgo principal. Este miedo, al excluir cualquier acción que pudiera
aumentar la oferta de dinero, cualquier acción que pudiese aumentar los
gastos y con ellos el déficit en descubierto, cualquier acción que pudiese
amenazar con todo esto y, en consecuencia, debilitar la confianza en los
negocios y producir el síndrome de confianza, era capaz de impedir, mientras
prevaleciera, toda acción pública  en favor de la recuperación. Por ejemplo,
podía hacerse muy poco, fuera del campo de la oratoria, que no aumentase, en
cierto grado, los gastos públicos.². (Pag. 235).

³Desde los primeros días ( ..de la Presidencia de Roosvelt) se tachó la
cuestión de la inflación, no solo afuera, sino también adentro de la nueva
Administración.  Nadie que tuviera cierta importancia en la Administración
estaba dispuesto a declararse inflacionista. Un Político americano puede
estar deseoso de liberarse de los aburridos lazos matrimoniales. Pero nunca
querrá que lo tengan por adúltero. Lo propio ocurría con la inflación.....
En su versión más extrema, Baruch decía: los que hablan de una inflación
gradual podrían hablar igualmente de disparar gradualmente un fusil...El
dinero no puede volver a trabajar en un ambiente que amenaza con destruir su
valor.². (Pag. 237).

³Con el advenimiento del New Deal, se implantaron programas de obras
públicas y de empleo público... Estos se consideraban, no como un paso
delante de la política monetaria ­ una manera de fomentar la demanda,
creando dinero y asegurando su empleo ­ sino como un remedio imperativo
contra el paro. Por consiguiente, era una política en busca de
racionalización, la racionalización que suministró Keynes.²(Pag. 264).

Refiriendo su influencia sobre Roosvelt, Keynes afirmaba ³ hice enorme
hincapié en el aumento del poder adquisitivo nacional resultante de gastos
del gobierno financiados con préstamos. Los hombres del New Deal  no debían
contentarse con hacer que hubiese fondos disponibles para ser prestados y
gastados, sino que se debía tomar prestado y gastar. No podía dejarse nada a
la esperanza o a la suerte.²(Pág. 256/7).

³La creencia de que la economía encontraría su equilibrio en el pleno empleo
se debía en parte a la llamada desde antiguo Ley de Say y en parte al
movimiento corrector de los salarios, los precios y los tipos de interés
donde existía desempleo. La Ley de Say sostenía que con el producto de la
venta de artículos se pagaba a alguien, ya fuese en sueldos, salarios,
intereses, renta o beneficios (o era tomado del hombre que absorbía una
pérdida), lo necesario para comprar aquel artículo. Y lo que se aplicaba a
un artículo regía para todos. Siendo así, no podía haber falta de poder
adquisitivo en la economía. Entonces, los movimientos en los precios, los
salarios, los tipos de interés, reforzaban la posición de Say y aseguraban
también que la tendencia fundamental de la economía se dirigía al pleno
empleo. Las personas y las empresas ahorraban de sus ingresos y este ahorro
tenía, evidentemente, que ser gastado. Esto ocurría cuando se invertía en
viviendas, instalaciones fabriles y equipamientos. Si se ahorraba más de lo
que se invertía, el exceso de ahorro haría bajar los tipos de interés. De
este modo se estimularía la inversión y (al menos en teoría) se combatiría
el ahorro. Así se eliminaría el exceso de ahorro y se apoyaría a Say. Los
precios de los artículos bajarían también a consecuencia de cualquier
reducción del poder adquisitivo que resultase de un exceso de ahorro. Esto
impulsaría a comprar y, al reducir los ingresos con que se hacían los
ahorros, también reduciría éstos² (Pág. 257/8)

..... ³ La aceptación de la Ley de Say era, en alto grado, la prueba que
servía para distinguir los economistas sensatos de los chiflados. Hasta
finales de los años treinta, ningún aspirante al doctorado en una
Universidad americana importante, que hablase en serio de la falta de poder
adquisitivo como causa de la depresión, aprobaría sus exámenes. Sería un
hombre que solo veía la superficie de las cosas y era indigno de codearse
con los eruditos. La Ley de Say es el ejemplo más elocuente de la
estabilidad de las ideas económicas, incluso cuando éstas son
equivocadas².(pag. 258).

³La ley de Say se hundió sin dejar rastros. En lo sucesivo se convino en que
podía haber un exceso de ahorro. Y como contrapartida, podía haber una
escasez de demanda efectiva de lo que se estaba produciendo. La noción de
que la economía podía encontrar su equilibrio con desempleo ­ idea
admirablemente confirmada por la experiencia cotidiana de los años treinta ­
influyó casi inmediatamente². (Pag. 260).

³El reajuste keynesiano a un exceso de ahorro se realiza por medio de una
reducción en la demanda agregada. Cuando baja la demanda algo tiene que
ceder y lo que cede  deben ser los precios o la producción. Si los precios
pueden sostenerse por el poder de las corporaciones en el mercado, tiene que
bajar la producción. Con un poder corporativo de mercado, el desempleo se
convierte en un rasgo sumamente distintivo del reajuste keynesiano.  Y puede
esperarse que el gasto reducido de los que pierden el empleo o de los temen
perderlo, producirá un efecto ulterior deprimente en la producción y en el
empleo. Posiblemente, este efecto sobre la producción y el empleo será mucho
mayor que el que podría ocasionar, en una economía competitiva, la reducción
de precios y salarios que esencialmente concebía Keynes. ³ (Pág. 261.).

³La Gran Depresión demostró la evidente ineficiencia de la política
monetaria para salvar al país de un rápido hundimiento económico para romper
el equilibrio del subempleo una vez firmemente establecido. Para esto sólo
serviría una política fiscal. Unicamente la política fiscal podía asegurar,
no  sólo que hubiese dinero disponible para ser prestado, sino que éste
fuese tomado y gastado. Esta fue la lección de John Maynard Keynes.³(275).

³El efecto de la Teoría General fue legitimar unas ideas que ya estaban en
circulación. Lo que había sido tenido por unas aberraciones de ilusos y de
chiflados, se convirtió en una respetable polémica entre eruditos. Sostener
que podía haber un exceso de ahorro no costaba ya a nadie su título o su
ascenso. En lo sucesivo, el concepto de que el remedio adecuado al exceso de
ahorro era el gasto público financiado por dinero tomado de prestado fue un
tema adecuado de discusión, aunque siguió provocando furiosas réplicas.
Estaba abierto el camino para la acción pública. ³ (Pág. 266).

...²La aparición de la teoría general de Keynes a mediados de los años
treinta  y el estudio anterior de Kuznets sobre el producto nacional bruto y
sus componentes, hicieron posible una expresión cuantitativa a la revolución
keynesiana del pensamiento económico.². De aquella discusión surgió pronto
la propuesta de que había que buscar un compromiso legislativo a favor de
las ideas de Keynes y Kuznets. Inicialmente, este compromiso fue muy firme.
Los primeros proyectos de la Full Employment Act, como fue llamada al
principio esta ley, proclamaban el soberano e indefectible derecho de todos
los americanos a un empleo. Y ordenaba al Gobierno a que especificara y
asegurara anualmente la inversión pública y privada que (compensando los
ahorros calculados en pleno empleo) garantizase este nivel de empleo. En los
años en la que inversión privada no aportara el total necesario, el Gobierno
Federal tendría que tomar prestado y gastar lo preciso para cubrir la
diferencia.

El monto de la inversión necesaria se estimaba en 40.000 millones de
dólares. En 1945 un Proyecto de Ley fue presentado y aprobado en el Senado.
Sin embargo, en la Cámara de Representantes, mucho mas conservadora, fue
disecado, combatido en Comités, y deformado. Se consideraba que esa ley
aumentaría indebidamente los poderes del Ejecutivo Federal, legalizaría los
gastos e inversiones federales, traería el socialismo, sería inviable e
impracticable y se expondría al ridículo por prometer demasiado.
Finalmente fue aprobado, aunque sin especificaciones numéricas y quedó así.

³.....se declaró que la Política del Gobierno de los Estados Unidos  estaba
encaminada a emplear todos los medios practicables....con la ayuda y la
colaboración de la industria, la agricultura, el trabajo y las autoridades
estatales y locales, a coordinar y utilizar todos sus planes, funciones y
recursos, con el fin de promover la libre empresa competitiva y el bienestar
general, las condiciones bajo las cuales se proporcionará un empleo útil a
todos los hombres capaces, bien dispuestos y que quieran trabajar, y a
promover los máximos empleos, producción y poder adquisitivo.² (Pág. 308).

Aunque la fuerza original del Proyecto de Ley de Pleno Empleo no pudo
conseguirse en su versión original, ³ los conservadores de la Cámara de
Representantes, como manera de reducir los poderes fiscales del Presidente y
en parte para sustituir el aparato por la sustancia, introdujeron en la ley
una cláusula para la creación de un cuerpo consultivo especial para asuntos
económicos: El Consejo de Asesores Económicos².(Pág. 309).

En los tiempos de Truman, y de Kennedy, el CAE demostró que el asesoramiento
tanto del Presidente como de todos en general, no es un débil instrumento de
poder. En los 20 años que siguieron a su creación se publicó, cada mes de
enero, el Informe Económico del Presidente, declaración profesionalmente
competente sobre el reciente comportamiento de la economía y sus
perspectivas.

A la luz de la historia referida, resalta la extrema importancia de que en
Argentina pudieran crearse sólidas bases de asesoría económica profesional
tanto para el Poder Ejecutivo cuanto para el Legislativo. Precisamos
terminar con la tradición de que los Ministros de Economía, aprovechándose
del tradicional desconocimiento económico de las autoridades de gobierno,
entronizan su poder y al sabor de sus intereses o creencias, pueden destruir
impunemente las bases de la sociedad. La existencia y funcionamiento regular
de organismos profesionales de asesoría económica, garantizará, seguramente,
mejores decisiones de políticas públicas en la medida en que sus cargos sean
ocupados por la excelencia académica y profesional del país.

Revisión de las ideas en materia de política fiscal y monetaria para salir
de la recesión.

Reflexionando sobre la situación argentina, los factores de poder, el FMI,
los organismos internacionales de crédito, el Banco Central y reconocidos
economistas ortodoxos formados en las escuelas monetaristas proclaman, a
todas voces, que en la base de nuestra involución está el problema de la
insuficiencia de ahorros e inversión. Reclaman, en consecuencia, reducir los
roles y dimensiones del Estado y del gasto público con la consecuente
reducción de los impuestos a fin de posibilitar la inversión y el empleo en
el sector privado. Sus alardes contra el gasto público y la emisión lograron
paralizar al Gobierno y al Parlamento obligándolos a adoptar políticas
monetarias y un presupuesto recesivos que en las actuales condiciones
profundizará la crisis general de la economía. El gobierno, desconcertado,
vacila y no alcanza a posicionarse sobre este tema fundamental. Los medios
de comunicación divulgan y amplifican las recetas ortodoxas sin comprender
su contexto histórico y su real significación en cuanto la inercia
gubernamental necrosa la economía y diluyen las relaciones sociales que
desestabilizan la Nación.

Discrepando radicalmente de tales conclusiones y afirmaciones, podríamos
decir que en la involución de la economía Argentina no fueron la falta de
ahorros ni el exceso de Gasto Público las causas principales. Esta
afirmación no excluye reconocer, naturalmente, que para la recuperación del
país será preciso administrar, con rigor, políticas específicas para
racionalizar la recaudación y el gasto público.

Los datos estadísticos confirman que en la década de los 90, la expansión de
los servicios de la deuda pública y los déficits previsionales originados
por la falsa expectativa de ampliar la competitividad perdida bajo el
régimen de convertibilidad fueron las causas principales de la expansión de
gasto público. En cuanto en países europeos el sector público consolidado
representa entre un 40 y 50  % del PBI, en Argentina nunca sobrepasó el 25 ­
30 %..

Por otra parte, no fue la falta de ahorros consecuencia de nuestra atávica
pobreza lo que ocasionó la involución argentina. Argentina nunca fue Haití
ni Honduras, ni Angola. Por el contrario, hubo exceso de ahorros generados
dentro del sistema pero tales recursos fueron apropiados y concentrados por
el gran capital mediante mecanismos regresivos de distribución del ingreso.
Durante los últimos 30 años, los  ingresos del factor trabajo fueron
comprimidos en un 50 % para beneficio del factor capital en cuanto las
inversiones de origen interno sobre el PBI nunca superaron el 17 % . Con las
inversiones directas procedentes del exterior, llegaron al  20 %.

Los consecuentes excesos de ahorro se configuraron porque los recursos
excedentes no se transformaron en inversiones dentro del país. Una parte se
destinó a consumos conspicuos y el resto fue sistemáticamente transferido
hacia los centros hegemónicos del capitalismo mundial debilitando,
consecuentemente,  la masa de inversiones productivas en el país.

Además de otros factores relativos al estilo de desarrollo y a los gastos
improductivos del excedente potencial, la consecuencia directa de aquellas
transferencias, fue el desempleo y la pobreza creciente de nuestra sociedad.
En recientes publicaciones del autor, se consigna que las transferencias
anuales de excedentes hacia el exterior alcanzaron alrededor del 40 % del
volumen total de la inversión bruta fija dentro del país. Esto es, algo
cercano a los 20.000 millones de dólares anuales.

Síntesis conclusiva.
Una vez clarificado el escenario de las ideas económicas, se deduce que el
actual gobierno se encuentra ante una cruda alternativa: conseguir el apoyo
del FMI  para llegar al 2003 cimentando las bases de un ajuste ortodoxo y
manteniendo las alianzas con el gran capital o intentar la fundación de un
nuevo país, con un nuevo modelo de políticas públicas - sustentado en los
principios del capitalismo y de la democracia vigente en los países de
occidente - para superar los estados de recesión e hibernación en que se
encuentra la economía nacional.

La primera decisión, como pesada mochila, podrá permitirle al gobierno
recibir recursos externos pero, simultáneamente, le exigirá utilizar sus
instrumentos represivos para enfrentar los crecientes reclamos de la
sociedad. Sin resultados concretos en el plano económico, podrá pasar a la
historia como aquel gobierno provisorio que trató de reconstituir la
economía argentina profundizando las mismas políticas liberales de gobiernos
anteriores. La segunda decisión, por el contrario, aproximará el gobierno a
las amplias mayorías sociales pero le enfrentará directamente con los
factores de poder que reducirán su apoyo político y presionarán a escala
internacional por  la defensa de sus tradicionales intereses.

En definitiva, el gobierno provisorio se encuentra ante dos caminos y dos
destinos posibles que en conjunto definen una  encrucijada  histórica que
tendrá que resolver en los días actuales. Transcurridos ya más de dos meses
de administración, el gobierno debe asumir su final decisión.  En la opinión
de quien esto escribe, aunque la segunda opción lleve a la sociedad
argentina a transitar días de extremo rigor en su lucha por la supervivencia
cotidiana, el país habrá ganado la partida si los próximos dos años
pudieran utilizarse, simultáneamente,  para el renacimiento de una cultura
del desarrollo nacional, para reconstituir las bases de la Justicia y para
garantizar el funcionamiento de algunas instituciones claves de la
República.

Lográndose tales propósitos, el nuevo gobierno del 2003 tendrá la misión de
consolidar el desarrollo nacional y el gobierno provisional que hoy se
encuentra en el medio de la tempestad, habrá corregido y marcado el rumbo
definitivo para la recuperación del país cosechando méritos suficientes como
para justificar su paso por la historia. Siempre renacerán los tiempos para
reconstituir la cooperación del gran capital nacional e internacional cuando
el país, de la mano de un Plan Sustentable de largo plazo,  abra y explote
sus inmensas  riquezas para el beneficio de las grandes mayorías nacionales.

Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar

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Compañeros del exercito de los Andes. 

...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: 
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos 
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos 
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, 
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: 
seamos libres, y lo demás no importa nada...

Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.

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