[R-P] Privatización ferroviaria, saqueo y dilapidación
Gorojovsky
Gorojovsky en arnet.com.ar
Sab Mar 16 09:27:42 MST 2002
[Publicado originalmente el Le Monde Diplomatique, edición
Cono Sur, febrero 2002. Se envía sin gráficos]
Revista Línea
“Ferrocarriles en vía muerta”
por Félix Herrero* y Elido Veschi**
Los autores son conocidos por sus notas críticas al proceso
de privatizaciones que fragmentó al Estado, deformó la
producción y desintegró al país. El caso de
loscferrocarriles es uno más de los fracasos de la
privatización, que en muchos casos regaló los recursos
naturales (que son propiedad de todos los argentinos, y en
especial de los que nacerán en el futuro) y destruyó bienes
físicos que eran herencia de muchas generaciones argentinas.
El presente artículo fue publicado originalmente en Le Monde
Diplomatique ("el Dipló") en Buenos Aires, en la edición de
febrero de 2002.
En una reciente declaración[1] se recuerda que a fines de
1989 se rubricó en el Salón Blanco de la Casa Rosada el
Decreto 666/89, por el cual se prometió una "etapa de
modernización y desarrollo de los ferrocarriles argentinos".
El decreto enfocaba hacia una asociación entre el Estado y
el sector privado: el Estado con las firmas privadas
constituirían nuevas empresas que, mediante un plan de
inversiones, iban a prestar nuevos servicios, mejorar la
tecnología y lograr la expansión de la red, mientras el
Estado mantendría la planeación y la política regional del
sector. Pero a poco de andar, los negocios del menemismo
comenzaron con el llamado a licitación del primer corredor
ferroviario, a concesionar como Red Ferroviaria Concurrente
al Puerto de Bahía Blanca. La licitación, cuyo pliego habría
sido redactado en las oficinas del grupo contratista
Techint, dio como adjudicatario a la sociedad Ferroexpreso
Pampeano Sociedad Anónima (FEPSA). Al comienzo todo fueron
mieles: sectores sindicales comprometidos en el negocio
celebraron públicamente la privación nacional, aunque hoy se
escandalizan por el cierre del servicio. A pesar de los
extraordinarios beneficios que recibió la empresa
privatizada no efectivizó las inversiones comprometidas, ni
el pago de los cánones, ni las multas que le fueron
aplicadas con benevolencia.
La crisis ferroviaria también ha llegado a la Argentina
Hasta hace pocos días se mantenía oculta la crisis de las
empresas privatizadas que se posesionaron de los
ferrocarriles argentinos. El ocultamiento alcanzaba a gran
parte de la opinión pública, pero no a los pasajeros de la
mayoría de las líneas metropolitanas ni a los pequeños y
medianos productores de nuestro campo. Claro que no todos
los pasajeros y no todos los productores: los que viajan en
los trenes desde Retiro a San Isidro y a otros barrios
vecinos de ingresos más altos ven vagones pintados y
provistos de aire acondicionado; incluso conocieron una
inversión nueva con el ahora quebrado Tren de la Costa. Sin
embargo, esta imagen resulta parcial si se mira el
calamitoso estado de los vagones en la mayoría de las líneas
de pasajeros. Tampoco los grupos económicos concentrados del
campo o de las actividades aceiteras y del cemento que se
hicieron de las concesiones tienen porqué quejarse: los
trenes les sirven para completar la integración vertical de
sus negocios; llevan sus propios productos que, obviamente,
se benefician del monopolio del transporte en ferrocarril en
cuanto a la preferencia de carga y a la fijación de tarifas.
En Argentina también se disimuló el colapso de los
ferrocarriles británicos, que por fin provocó su
renacionalización el 7 de octubre pasado. Es curiosa la
diferente dedicación periodística ante dos hechos de similar
importancia: cuando en 1996 se privatizó la tradicional
empresa británica de los ferrocarriles algunos diarios
locales lo informaron profusamente; pero ahora, ante la
reversión de la medida, los medios no parecen tener interés
en publicarla. Inmediatamente después del colapso de los
ferrocarriles británicos, tan relacionados con nuestra
historia económica, se declaraba públicamente en la
Argentina la quiebra de algunas de las empresas
privatizadas.
La fragmentación de la red ferroviaria argentina
La privatización rompió la integración del sistema
ferroviario argentino, dividiéndose sus tres subsistemas
(pasajeros urbanos, pasajeros de larga distancia y
transporte de cargas) en varias empresas, concediéndose no
sólo el transporte sino también la posesión de la propiedad
pública (vías, estaciones, sistema de señalización,
electrificación, talleres, edificios, tierras aledañas,
etc.). La fragmentación del sistema sirvió para crear una
sensación de mercado abierto y de monopolio limitado: entre
los muchos milagros que la política privatizadora de los
servicios esenciales no pudo hacer fue convertir el
monopolio natural en un mercado competitivo. Todas las
sutilezas utilizadas para crear la sensación de un mercado
competitivo se caen, sobre todo cuando, como en el caso
argentino, las concesiones fueron obtenidas por las muy
conocidas empresas de la patria contratista. Esta fue la
principal conversión lograda: el paso de patria contratista
a patria privatista, como manifiestamente se ve no sólo en
el caso de los ferrocarriles, sino en el petróleo, el gas y
la energía eléctrica.
¿Cómo se configuró el nuevo mapa ferroviario?
Los seis ferrocarriles de carga se concedieron a cinco
empresas, que mantienen solo los ramales que dejan mayor
ganancia: el Ferrocarril Belgrano (dividido en dos), el
Mitre, el San Martín (Pacífico), el Urquiza (Mesopotámico) y
el Roca. Con el Ferroexpreso Pampeano (une la región
cerealera desde Rosario a Bahía Blanca) se beneficieron
Techint, Pérez Companc y Soldati, mientras el Roca se
entregó a Loma Negra, empresa controlante de Ferrosur. El
Belgrano fue otorgado a la Unión Ferroviaria bajo la
denominación de Belgrano Carga, y el Mitre (Central
Argentino) a la empresa Nuevo Central Argentino (NCA)
controlada por la Aceitera General Deheza, mientras que el
San Martín (Pacífico) y el Mesopotámico se otorgaron a
Pescarmona[2]. En cuanto a los ferrocarriles de pasajeros
del Gran Buenos Aires, se concedieron 6 líneas a cuatro
empresas: Ferrovías (Belgrano Norte), Trenes de Buenos Aires
(TBA) (Mitre y Sarmiento), Metropolitano (San Martín, Roca y
Belgrano Sur), y Metrovías (Urquiza y los subterráneos).
Los ferrocarriles interurbanos de pasajeros que quedaron
pertenecen a las provincias de Buenos Aires –que mantiene
los viajes a la zona balneraria–, Formosa, Chaco, y a dos
empresas privadas. Ultimamente se reiniciaron los viajes
desde la Capital Federal a Tucumán y corren algunos trenes
de la estación Once a La Pampa, y de Retiro a Rosario.
La crisis de las privatizadas
En un sistema económico como el actual, con empresas que
operan sin control, sus balances no son del todo
convincentes ni proveen información públicamente
consultable[3]. Las crisis que padecen son por mala
administración, ausencia de inversiones, falta de eficiencia
y, muchas veces, están provocadas por una caída de las tasas
de ganancias a límites que dichas empresas consideran
inaceptables.
En la larga lista de fracasos empresarios de las
privatizadas[4] ahora hay que agregar a las empresas que,
sin ser ferroviarias, tomaron el control del servicio.
Algunas de las empresas ferroviarias quieren transferir los
efectos de la crisis que sufren a la población y al Estado.
Techint, Pérez Companc y Soldati, grupos controlantes de
Ferroexpreso Pampeano, quieren que su ineficiencia se
resuelva a través de una reducción del 30% del personal (a
pesar de los compromisos que tomaron en el contrato de
concesión) y de una rebaja salarial mayor aún, con la
amenaza de abandonar la concesión en enero o marzo de 2002.
Las empresas Ferroexpreso Pampeano, TBA y Azurix, al no
encontrar compradoras (como cuando Pescarmona vendió a la
empresa paulista), quieren devolver las concesiones, lo que
solo debe aceptarse si el Estado no debe reponer un solo
peso. Por supuesto que las empresas que operan en petróleo,
gas, energía eléctrica y teféfonos jamás estarán dispuestas
a revertir sus concesiones. El grupo Techint-Pérez Companc-
Soldati acusa una pérdida superior a los 40 millones de
dólares en los pocos años que gozó de la concesión
monopólica del ferrocarril cerealero. El martes 11 de
diciembre Ferroexpreso Pampeano suspendió los servicios de
todos sus trenes, al mismo tiempo que presionaba, una vez
más, para que se fuera tolerante con su obligación de
invertir (incluso en la zona inundada debería hacerlo el
Estado, manteniendo el viejo principio patriacontratista de
que los riesgos deben ser públicos y las ganancias
privadas), se le perdonaran los cánones debidos al Estado,
se la eximiera de las multas acumuladas, se autorizara el
despido del 30% del personal y una rebaja salarial del 20%.
Las justificaciones del fracaso empresario y sus
consecuentes pretensiones resultan ridículas: la Provincia
de Buenos Aires debería 26 millones de dólares (según la
privatizada) por usar sus vías y la inversión realizada, de
sólo 39 millones de dólares, tendría que ser absorbida por
el Estado nacional.
El martes 14 de diciembre los cuatro directores de Techint,
Pérez Companc y Soldati votaron el cierre del "servicio
público". El representante sindical (4% de las acciones) se
opuso mientras que el director del gobierno (1% de las
acciones) se abstuvo. También el Grupo Metropolitano, que
pertenece a Trainmet (60%) y a Ormas (40%), terminó
reconociendo su ineficiencia: el 21 de diciembre pasado, al
día siguiente del estallido social, ante la imposibilidad de
afrontar una deuda de 25 millones de dólares, solicitó los
concursos de las empresas Transportes Metropolitanos General
San Martín SA (que entró en cesación de pagos el 19 de
noviembre pasado), Transportes Metropolitanos General Roca
SA en cesación de pagos desde el 23 de noviembre, y
Transportes Metropolitanos Belgrano Sur SA, en cesación de
pagos a partir del 26 de noviembre. El Grupo Metropolitano
también exige no realizar las inversiones comprometidas y
que el Estado abone subsidios adeudados por 24 millones de
dólares.
Análisis de desempeño y resultados
Pérdida de integración territorial y cierre de ramales.
Como sostiene el ingeniero Silva[5], los concesionarios de
carga centraron su actividad en los ejes troncales de sus
redes privilegiando el transporte masivo punta a punta, por
ser el más redituable. De este modo abandonaron el resto de
los servicios y muchas poblaciones perdieron la posibilidad
de seguir integradas, perjudicando a decenas de miles de
pequeños y medianos productores que perdieron el beneficio
de poder despachar su producción por medio del
ferrocarril.[6] Otro factor que se suma a la
desintegración social del país, por lo menos de los sectores
menos favorecidos social o económicamente, es la
desaparición, o casi, de los trenes de transporte de
pasajeros de media y larga distancia. El ferrocarril fue
desplazado por el ómnibus: desde el punto de vista de la
economía global, el país se perjudicó porque un transporte
más caro (por el uso de combustibles de mayor valor)
sustituyó a un transporte más económico (que insume
combustible más barato). Esto ayudó a reemplazar una matriz
energética por otra más irracional y dilapidadora.
Puntualidad y aumento de cargas y pasaje transportado. El
aspecto positivo que muestra la comparación de una década de
privatización es la puntualidad horaria, pero queda
eclipsada por el hecho de que, en general, la aptitud
promedio de velocidad se ha malogrado (en el caso de los
ferrocarriles de carga el menoscabo impresiona: el sector
troncal del transporte de carga (de 7.500 km) tenía en 1988
una aptitud promedio de velocidad de 100 a 120 km/h y en
1998 solo alcanzaba un promedio de 40 km/h). El otro
beneficio consistiría en el desempeño medido por la cantidad
de carga operada y de pasajeros transportados, como se ve en
el Cuadro 1.
Pero, entonces, ¿por qué el propio gobierno reconoció en
1998 el colapso del sistema? ¿Acaso la operación ha sido
realizada en forma irracional, para lograr resultados
inmediatos, ganancias rápidas, abandonando el mantenimiento
y la inversión? "El decreto de las concesiones de carga es
una pieza para el anuario Guiness. Mientras vemos que en los
diarios y en las revistas especializadas las empresas
concesionarias de carga afirman que baten récords, el
decreto de renegociación firmado por el presidente Menem, el
ministro Roque Fernández y el secretario Canosa dice que el
sistema ferroviario está al borde el colapso porque se
equivocaron en la previsión".[7]
Tasa de ganancia.
La ausencia de controles claros impide conocer el
comportamiento y los verdaderos resultados de las
concesionarias. En ninguna otra parte del mundo existen
concesiones sin justificación de costos y ganancias (o
pérdidas reales) de las empresas que tienen a su cargo
servicios públicos de naturaleza monopólica.
Falta de inversiones.
En los ferrocarriles, el incumplimiento de las inversiones
pone en riesgo la continuidad del servicio y hace difícil
que alguna vez el Estado pueda recibir los bienes físicos
que concedió al valor de transferencia descontado el uso
normal con mantenimiento. A fines de diciembre de 2001, el
conjunto de las concesionarias comunicó que no invertirá los
300 millones de dólares correspondientes a las principales
obras comprometidas, al tiempo que exige el pago de los
altos subsidios estatales. Las inversiones que declinan
realizar corresponden a la electrificación de las líneas de
diesel y la incorporación de nuevas unidades. En noviembre,
Bastos y Ludueña, ministro de Infraestructura y secretario
de Transporte respectivamente, pretendieron aceptar la
suspensión de todas las inversiones comprometidas hasta el
31 de diciembre de 2001, proponiendo, además, que los
aumentos tarifarios del gasoil y los fondos provenientes del
ajuste anterior de las tarifas destinados al pago de las
inversiones nuevas (que tampoco se realizaron), podían ser
resignados a inversiones y a los subsidios estatales no
efectuados. Estos funcionarios, en vez de exigir las
inversiones adeudadas por Ferroexpreso Pampeano, aceptaron
la renegociación interminable.
Hasta el presente todas las renegociaciones resultaron en
menor inversión. La industria de la renegociación ha dado
frutos muy importantes a las privatizadas, cuyos directivos
son eficaces lobistas pero ineficientes empresarios. El caso
de los Soldati es típico, ya que quiebra la primera vez que
realiza una inversión con riesgo, sin utilizar al Estado
como variable boba de las renegociaciones: se trata del
ineficiente trencito turístico de la costa en la zona norte
del gran Buenos Aires.
Tarifas.
El aumento alcanza valores muy importantes en el período en
que la convertibilidad y la baja inflación no justificaban
incrementos de precios; por otra parte, dichos incrementos
no se reflejaron en inversiones ni en mejora de la calidad
de los servicios. Las tarifas han aumentado sustancialmente
en el sector ferroviario. La de carga aumentó durante la
década en una proporción del 25% y la de los pasajeros
urbanos en 95%.
Incumplimiento del pago de cánones.
Las empresas de transporte de carga, cuya concesión era por
20 años, luego prorrogados a 30 años, se obligaron a pagar
cánones anuales al Estado concedente. Las empresas
privatizadas ferroviarias llevan más de 3 años sin
efectivizar los cánones que se obligaron a pagar. El
transporte urbano concesionado por 10 años no paga canon al
Estado, sino que recibe subsidios.
Subsidios.
El subsidio comprometido por el Estado en 10 años es de
1.528 millones de dólares, de los cuales 684 millones están
destinados a la explotación del servicio y 844 a
inversiones, pero las continuas renegociaciones y los
subsidios implícitos han elevado considerablemente estos
montos. Así, el déficit pasó a ser subsidio, duplicando el
valor del déficit de la empresa estatal (triplicándolo si se
cuantifican los subsidios encubiertos que reciben las
privatizadas).
Pérdida de fuentes de trabajo.
El cierre de los talleres ferroviarios y la disminución de
los servicios redujo sustancialmente la ocupación de los
trabajadores ferroviarios. En el Informe de Argentina 1989
el Banco Mundial pauta esta política entre las principales
medidas neoliberales del modelo[8], que deberían llevarse a
cabo cualquiera fuera el presidente electo. Un dato poco
conocido es que la consultora canadiense Booz Allen &
Hamilton preparó antes de la privatización el acuerdo con el
Banco Mundial por el cual este organismo financiero se
comprometía a prestar 700 millones de dólares para el pago
de indemnizaciones, aumentando la deuda externa pública del
país, a pesar de que se tomaba en beneficio de las empresas
que serían privatizadas.
LA SÍNTESIS DEL FRACASO Y NUEVAS PROPUESTAS
El siguiente cuadro permite comparar el comportamiento,
entre 1988 y 1998, de la empresa pública ferroviaria con las
empresas privadas concesionarias en la década de los
noventa:
Situación en 1988 Situación en
1998
Red operable nacional total (km) 35.746 (1) 8.339 (2)
Red buena y muy buena (km) 15.381 839
Red buena y regular (km) 15.164 0
Red regular y mala (km) 5.201 7.500
Carga (millones ton/km) 8.959 9.824
Pasajeros urbanos (millones pas/km) 7.265 (1987) (3) 10.982
Pasajeros interurbanos (millones pas/km) 5.365 (1987)
978
Tarifa de cargas (dól/ton/km) 0,0252 0,0313
Tarifa pasajeros urbanos (dól/ton/km) 0,0168 0,0326
Tarifa pasajeros interurbanos (dól/ton/km) 0,0219 s/d
Déficits/Subsidios (millones dólares) 222 384 (4)
Personal ocupado (personas) 98.134 17.000
Notas: Las tarifas están calculadas como promedios.
(1) Eran las vías en operación; el total de las vías
alcanzaba a 45.000 km.
(2) La concesión de carga comprendía 28.293 km pero solo
centran su actividad en 7.500 km de red troncal; los trenes
provinciales tienen 3.338 km y el transporte urbano de
pasajeros 839 km, lo que hace un total general de 11.677 km.
(3) No incluyen la elusión de boletos.
(4) No incluyen los 22 millones que las Provincias otorgan a
los tres ferrocarriles provinciales de transporte de
pasajeros.
Fuente: Asociación del Personal de Dirección de
Ferrocarriles Argentinos y Administración General de Puertos
(APDFA) (2000), Análisis de los resultados del proceso de
privatizaciones Ferroviarias en la República Argentina, XX
Congreso Panamericano de Ferrocarriles, La Habana,
setiembre.
La comparación de los datos antes y después de la década
privatizadora hace evidente que los objetivos de dicha
política no fueron alcanzados, mientras que los problemas se
agudizaron: los déficit aumentaron sustancialmente; las
tarifas se comportaron en igual sentido (a pesar de la
disminución del plantel de empleados y de la red atendida);
la red en funcionamiento disminuyó gravemente; la falta de
mantenimiento de la infraestructura provocó que las
velocidades promedios disminuyeran de manera alarmante; las
empresas comienzan a huir de las concesiones abandonando los
servicios; la calidad del servicio de pasajeros, excepto
casos particulares, cayó notablemente; no se atiende la
infraestructura y se desmantelaron los talleres; muchas de
las obligaciones contractuales tomadas por las empresas no
son cumplidas (y tampoco reciben sanciones); desaparece la
actividad planificadora de los gobiernos; y no se establece
un control medianamente confiable. Pocos son, por otra
parte, los aspectos positivos logrados, entre ellos la
regularidad horaria.
Cuando el gobierno menemista realizó la privatización
ferroviaria se alegó que era la única salida posible para
lograr la eliminación del déficit y la modernización del
sistema. Ninguno de estos objetivos se cumplió: los
subsidios duplican o triplican ahora los déficit, y la
modernización quedó para un futuro lejano ya que la
infraestructura ha sido seriamente degradada, no hay
incorporación tecnológica ni mejora de calidad. El
fundamento de la eficiencia empresaria, tampoco se ha
comprobado, porque las empresas, especializadas en obtener
ganancias del Estado a través de sus contratos, no se
deciden a arriesgar nuevas inversiones sin garantía estatal
ni a producir más servicios a menores tarifas.
El fracaso de la privatización ferroviaria es evidente. Ni
siquiera en el Reino Unido, donde se separó la concesión de
la infraestructura de las concesiones de los servicios de
transporte, se pudo mantener la privatización. En Argentina
se constata el incumplimiento de la mayor parte de las
obligaciones principales de las empresas concesionarias, por
lo que técnicamente el Estado nacional podría pedir la
reversión de las concesiones. APDFA ha solicitado que el
Estado nacional proteja la seguridad jurídica de los
usuarios y el patrimonio social de todos los argentinos
interviniendo, como en el Reino Unido, a los concesionarios
privados de carga por falta de cumplimiento de sus
obligaciones.[9]
Si el país quisiera asegurar un sistema ferroviario en el
futuro, el Estado debería seguir el ejemplo británico y
renacionalizar el sector de la infraestructura. Parece una
paradoja: Gran Bretaña privatizó los ferrocarriles después
de Argentina y los renacionalizó antes, a pesar de que el
colapso es mayor en nuestro país. Gran Bretaña pretende
lograr una empresa pública de carácter social no lucrativo,
con la participación en la dirección de Railtrack de los
productores (cooperativas, empresas industriales y
agropecuarias), usuarios (pasajeros), industria ferroviaria,
trabajadores, técnicos, municipios, etc. En el caso
argentino debería crearse un organismo o empresa nacional
que asuma la titularidad de la propiedad de toda la
infraestructura, haya sido "cedida" o no, para detener la
depredación de los bienes físicos de nuestro sistema
ferroviario. Por último, se debe terminar con los
generosos subsidios a las empresas privadas, otorgados a
pesar de operar una red sustancialmente reducida, que
superan con amplitud el déficit que tenían los ferrocarriles
estatales. Es necesario un sistema regulatorio –ya se
origine en ley, decreto o reglamento– que obligue a los
reguladores actuar como funcionarios públicos, con
independencia de criterio y privilegiando los intereses de
la nación.
* Abogado (UBA) y Licenciado en economía (UBA). **
Ingeniero industrial (UNLA) y Presidente de APDFA.
[1] Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles
Argentinos y Administración General de Puertos (APDFA),
Concesiones ferroviarias: un final anunciado, diciembre de
2001.
[2] La venta de las dos concesiones que tenía Pescarmona a
la empresa brasileña ALL América Logística nunca se informó
al Congreso de la Nación. En APDFA, Jornadas de trabajo
sobre Política Nacional Ferroviaria, Buenos Aires, setiembre
de 1998, se afirmó que Pescarmona quería vender en 53
millones sus derechos contractuales de concesión, cuando ya
debía 110 millones de dólares (90 millones por
incumplimientos y 20 millones por canon no pagado). Esto
demuestra que Pescarmona, a pesar de sus compromisos, puso
menos de 53 millones de dólares para la gestión,
mantenimiento e inversión en ambas concesiones de 20 años de
duración. O sea que en realidad venía invirtiendo anualmente
menos de 2,5 millones de dólares.
[3] A muchos analistas les llama la atención que las
petroleras ESSO y Shell declararan no tener beneficios en el
año 2000.
[4] Nadie puede olvidarse de la presentación en convocatoria
de Aerolíneas Argentinas (grupo Iberia) ocurrida el 21 de
mayo pasado, ni la del Correo Argentino (grupo Macri) el 19
de setiembre pasado. Tampoco puede ignorarse el caso de las
concesiones del agua en la Provincia de Buenos Aires
(Azurix, controlada por la corruptora y quebrada Enron y la
menemista Pérez Companc, socias también en la transportadora
del gas patagónico y en otros emprendimientos) y en Tucumán
donde, ante el conflicto con Aguas del Aconquija, controlada
por la Général des Eaux, el Estado debió hacerse cargo del
servicio.
[5] SILVA, José Adrián (2001), La posibilidad de reestatizar
la gestión y el control de la infraestructura ferroviaria
nacional como herramienta para reactivar y ordenar este
medio de transporte, Instituto de Planeamiento y Desarrollo
Urbano, Universidad Nacional de Tucumán, San Miguel de
Tucumán, octubre.
[6] SILVA, J. A., idem.
[7] Intervención del Ing. Veschi en las Jornadas de trabajo
sobre Política Nacional Ferroviaria.
[8] La política a favor de la desocupación provocó
innumerables acciones por parte de los trabajadores
ferroviarios. Para una referencia completa de los
conflictos, véase Eduardo Lucita (1999), "El movimiento
huelguístico ferroviario de 1990-1992. El fin de un ciclo
histórico", La Patria en el Riel. Un siglo de Lucha de los
trabajadores Ferroviarios, Ediciones del Pensamiento
Nacional, Ed. Colihue, Buenos Aires.
[9] APDFA, Marcha federal por la Empresa Nacional de
Ferrocarriles, Rosario, mayo de 2001.
Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar
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Compañeros del exercito de los Andes.
...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos:
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres,
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios:
seamos libres, y lo demás no importa nada...
Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.
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