[R-P] SILVIO RODRIGUEZ:"voto por mi patria socialista"
silvina selva1a
selva1a en yahoo.com.ar
Jue Jun 27 09:20:50 MDT 2002
Voto por mi Patria Socialista perfectible; para decir
que cierro filas como cuando era un milicianito de
catorce años
Comandante Fidel,
General Raúl,
Presidente Alarcón,
miembros de la Asamblea,
invitados,
seres que me escuchan:
Comprendo la responsabilidad histórica de manifestarse
hoy aquí, en esta Asamblea Extraordinaria, y me
impresiona la belleza del acto.
Al confirmar principios que le han dado sentido a
nuestras vidas es como si quisiéramos grabarlos en la
trama del tiempo. La intención no es petrificar este
instante, porque las petrificaciones significan
muerte, sino anunciarlo hoy y mañana, como suelen
hacer los enamorados en los árboles y los muros.
Estamos escribiendo nuestros nombres en un tronco, en
una pared del tiempo y todas nuestras historias, las
colectivas y las personales se funden en una, que
clama por lo que nuestra Cuba está clamando desde que
tuvo noción de sí misma: por libertad, por soberanía,
por justicia.
En este empeño hay tantos nombres entrelazados que no
creo posible hacer un recuento exacto. Unos son
recogidos por la historia y otros no. Como diría
Brecht: "¿A dónde fueron los albañiles la noche que
terminaron la Muralla China?" Los pequeños eventos son
parte de la materia que conforma la historia. De todo
tipo de fragmento estamos hechos y cada partícula, por
minúscula y modesta que parezca, ayuda a diseñar el
gran mosaico de este acto. Y quien lo dude, que pase
lista a los oficios, a las historias que aquí se
reúnen, fractales de aspecto y espacio precisos en un
entramado nacional.
Es rara la entrevista en la que no me preguntan sobre
mi condición de Diputado, a veces con admiración,
otras con reproche, pero siempre con curiosidad. A mí,
como soy cubano acostumbrado a la Revolución, no me
sorprende que el hijo de dos familias pobres esté
formando parte de la Asamblea, pero como nunca tuve
vocación de político siempre me sobrecoge el
privilegio de hablar en nombre de muchos.
Sin embargo hay una famosa enciclopedia, editada en
este año, el 2002, que dice: Rodríguez Silvio: Su
influencia sobre toda una generación, junto a sus
compañeros de "la nueva trova cubana" ha sido
reconocida en todo el mundo, incluso por quienes no
están de acuerdo con sus ideas políticas.
Yo confieso que primero tuve ideas y después —en
realidad mucho después— me pregunté el significado de
la palabra política. También primero le di rienda
suelta a mi vocación de hacer canciones y después me
pregunté por qué y de qué forma las estaba haciendo.
Así que no sé a qué poco aconsejables ideas políticas
se refiere esa enciclopedia. No sé si se refiere a que
la primera canción mía que pudiera considerarse
"política", la escribí siendo recluta, en el
campamento militar de Managua, allá por 1964 ó 1965, y
trataba sobre la discriminación racial. No sé si se
referirán a cuando en febrero de 1968 Haydée
Santamaría nos invitó a cantar en el Centro de la
Canción Protesta de la Casa de las Américas. Supongo
que no, porque entre los tres trovadores no reuníamos
la cantidad suficiente de canciones "políticas" como
para hacer un concierto.
—¿De qué protestan ustedes?— solían preguntarnos
burlonamente algunos compañeros mayores en edad que
nosotros, los que nos tomaban por jóvenes algo raritos
y desviados.
Yo siempre pensé que todas las ocupaciones y
preocupaciones humanas caben en la poesía y en el
arte, y por supuesto en la canción. Y que es deber de
nuestra sociedad socialista defender que así sea,
porque en esos testimonios se imprimirá parte de
nuestra memoria histórica como pueblo, además de parte
de nuestra capacidad de inventiva. Creo que las artes
no solo tienen el derecho sino el deber de expresarse,
porque eso, junto con los datos que aportan la prensa
y otras manifestaciones, contribuye a dejar un
registro histórico lo suficientemente variado como
para que el mañana comprenda todas nuestras
características y pueda aprender de nosotros.
Por ejemplo, creyendo en la poesía y en el arte, a los
20 años llegué a la conclusión de que la Revolución no
era propiedad privada de nadie, que la Revolución era
de todo el que fuera capaz de hacerla y defenderla.
Por lo que les dije a los burócratas que se creían los
administradores de los sueños:
La pobre gente que dispone
de la vida por oscuros corredores,
¿qué se hará?
Y los que venden la palabra,
los que ríen, los que no hablan
¿quiénes los despedirán?
Serán como el insecto aquel,
muriendo solo, sin después
Morir así es no vivir.
Morir así es desaparecer para siempre.
Creyendo en la poesía y en el arte me fui al mar con
la Flota Cubana de Pesca, de donde regresé intacto con
estas interrogaciones:
Compañeros de historia,
tomando en cuenta lo implacable
que debe ser la verdad, quisiera preguntar
—me urge tanto—
¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?
Si alguien roba comida
y después da la vida, ¿qué hacer?
¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?
¿Hasta dónde sabemos?
Obseso de la poesía y el arte, pedí la devolución de
11 pescadores frente a la Oficina de Intereses. En
esos días algunos apostaban por bloquearnos y al mismo
tiempo, el pueblo nos nombraba sus representantes en
un festival. También por entonces, junto al Grupo de
Experimentación Sonora, fui uno de los compositores de
"Granma", obra que celebraba el 20 aniversario de ese
barco llegando a nuestras costas.
Qué sabrá mi niño de doce olas
que no se posaron junto a la arena.
Qué sabrá mi niño de doce olas
que cogían camino al coger vereda.
Qué sabrá mi niño de doce olas
que no se rompieron en el peñasco.
Que sabrá mi niño de doce olas
que volaron tras empujar su barco.
Un día inesperado llega una carta de Camagüey,
pidiendo una canción sobre Agramonte. Y creyente de la
poesía y el arte mambisas cometo aquel acercamiento a
la estatura de El Mayor:
El hombre se hizo siempre
de todo material:
de villas señoriales
o barrio marginal.
Toda época fue pieza
de un rompecabezas
para subir la cuesta
del gran reino animal,
con una mano negra
y otra blanca mortal.
Fieles a la poesía y a las artes, muchos artistas
aterrizamos en Angola, en plena guerra. Algunos
llegamos en febrero del 76 y pasamos meses haciendo
recorridos desde Cabinda hasta Cunene, conociendo
héroes —algunos de los cuales están en esta sala—, a
veces dándoles las buenas noches a compañeros que a la
mañana siguiente ya eran materia de canciones. Entre
ellos Arides y Ciro Berrios, por quienes siempre
valdrán la pena aquellos sentimientos que decían:
Si caigo en el camino
hagan cantar mi fusil
y ensánchenle su destino,
porque él no debe morir.
Puede ser que vivencias y canciones como estas hayan
dado lugar a las afirmaciones de la enciclopedia de
que hablé y también a esas misteriosas ideas políticas
que nunca aclararon y se supone que profeso. Puede ser
que expresiones como yo me muero como viví no parezcan
lo suficientemente devotas de la poesía y el arte, y
hayan incordiado a algunos. Este tipo de estigma
malamente velado que quieren endosarnos, cuando menos
significa una lectura mediocre de la relación que
hemos tenido con los pueblos. Porque decir que la
gente nos quiere a pesar de nuestras ideas políticas
es querer meter un forro que nadie que haya estado en
un concierto nuestro se lo traga.
Por mi parte tendría que decirles a esas ilustres
personalidades que, desde que fui elegido diputado en
virtud de la democracia —como nosotros la entendemos—,
pienso que soy un signo viviente de la pluralidad de
esta Asamblea, ya que he sido un hombre cuestionado
por conflictivo, por criterioso, por libretero, o
cuando menos por imprevisible (como puede que estén
demostrando estas palabras).
Sin embargo estoy aquí como parte de mi pueblo, de mi
historia, de mi Revolución y de mi amigo y hermano
Fidel, haciéndome partícula de esta aventura, de esta
expedición realista y surrealista que dirigimos y
protagonizamos todos con él, para decir que voto por
mi Patria Socialista perfectible; para decir que
cierro filas como cuando era un milicianito de catorce
años, mojándose a la noche con un Máuser viejo,
esperando la bomba atómica que le tocaba por la
mañana.
Y porque esto sucede ya no soy sino el hijo de
Dagoberto y Argelia, un enamorado más escribiendo en
el tiempo —y a pesar del tiempo— en una larga rama que
nos llega desde gloriosas profundidades, donde muchos
conocidos y desconocidos, hacedores e hijos de este
pueblo, han grabado bellezas de todos los tamaños y
significados.
Compañeros, permítanme un rincón donde dejar estos
mínimos versos:
Puede que algún machete
se enrede en la maleza;
puede que algunas noches
las estrellas no quieran salir;
puede que con los brazos
haya que abrir la selva,
pero a pesar de los pesares,
como sea, ¡Cuba va!
Silvio Rodríguez
Publicado 26-06-2002
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