[R-P] el muerto que parla

leo cofre lcofre en hotmail.com
Jue Jun 13 00:22:50 MDT 2002


Se sabe que es fácil trazar cualquier analogía si se dan dos puntos o
coordenadas: fútbol y política, por ejemplo. dentro de esta  los segmentos
marcados serán tantos como las voluntades. Ahí es donde me pierdo en el
articulo enviado "se juega como se vive".
Lo mismo si pienso en el articulo de N. Casullo. sobre la selección
extranjera. ahí me quedo mas en esa vocación de encontrar en cualquier
eventualidad las ganas del autor de accionar el gatillo fácil del
pensamiento.


Un aporte mas a la confusion.

Fiel a esa posibilidad que indico mas arriba, la de establecer un marco
posible para digerir, este "garrón" futbolero es que acomodo un texto de R.
Barthes, si se me permite, desde su condición de Francés, país quedado en el
camino, como nosotros, como su autor: atropellado también y ya sin
posibilidad de defenderse .

Entonces, el muerto que parla, se podría llamar esto.

Por estas horas varios comentaristas deportivos y también por que no,
políticos insisten en hablar de la tragedia que nos toca vivir tras la
suerte de país que pareció acompañar como sombra nuestros pocos pasos en el
campeonato mundial.
Pero en realidad se acerca mas a un mero drama que a una tragedia, por lo
menos en  términos clasicos.

"Para merecer la tragedia es necesario que el alma colectiva del público
alcance un cierto grado de cultura (Nietscheanamente hablando), esto es, no
de saber, sino de estilo."

También a esta altura las ocurrencias mediáticas solo proponen nombres
propios para salvar las distintas dificultades con respecto a la selección
nadie acude al propio nombre de Bielsa como una verdadera posibilidad de
continuar un proceso coherente, y como en muchos anios no tuvimos en el
futbol.
Y siguiendo por esa línea fácil de transitar, la analogía, podríamos decir
que en el fútbol esta vez se hicieron las cosas seriamente, con estilo, no
salió,
claro, pero es lo que se pedia. Y también en politica. sin ir mas lejos el
profesor Grondona decía días atrás: "donde estará ese Bielsa de la política"

. el profesor también compro esa idea de hacer.
*
Las masas corrompidas por una falsa cultura pueden sentir en el destino que
las abruma el peso del drama; se complacen en el despliegue del drama, e
impulsan este sentimiento hasta poner drama en cada uno de los pequeños
incidentes de la vida. Aman en el drama la ocasión de desbordar un egoísmo
que permite apiadarse indefinidamente de las más pequeñas particularidades
de su propia infelicidad, de bordar de patetismo la existencia de una
injusticia superior, lo que aparta muy oportunamente toda responsabilidad.

En este sentido la tragedia se opone al drama; ella es un género
aristocrático que supone una alta comprensión del universo, una claridad
profunda sobre la esencia del hombre. Las tragedias del teatro no han sido
posibles sino en países y épocas en que el público presentaba un carácter
eminentemente aristocrático, sea por rango (siglo XVII), sea por una cultura
popular original (entre los griegos del siglo V). Si el drama (cuyo género
decadente fue el melodrama, y uno se aclara por el otro) procede de la ganga
cada vez más desbordante de las desdichas humanas, frecuentemente en lo que
tienen de más pusilánime, la tragedia no es más que un esfuerzo ardiente de
despojar el sufrimiento humano, reducirlo a su esencia irreductible,
apoyarlo -estilizándolo en una forma estética impecable- sobre el fundamento
primero del drama humano, presentado en una desnudez que sólo el arte puede
alcanzar.


Todos los pueblos, todas las épocas, no son igualmente dignas de vivir la
tragedia. Ciertamente, el drama es generosamente dispensado a través del
mundo. La tragedia es más rara, pues no existe en estado espontáneo: se crea
con sufrimiento y arte; presupone de parte del pueblo una cultura profunda,
una comunión de estilo entre la vida y el arte. Lo propio del héroe trágico
es que mantiene en sí, tanto más por cuanto que es gratuito, «el ilustre
encarnizamiento de no ser vencido» (Hugo).

Hace falta, pues, una gran fuerza de heroica resistencia a los destinos o,
si se prefiere, de heroica aceptación de los destinos, para poder decir que
es tragedia lo que un hombre o un pueblo crean en su vida.

Así, nuestra época, por ejemplo: ella es ciertamente dolorosa, hasta
dramática. Pero nada dice aún que sea trágica. El drama se sufre; la
tragedia, en cambio, se merece, como todo lo grande.





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